La clase política no se cansa de hacer el ridículo y exponer a España internacionalmente como un país tercermundista. Al parecer, no tenemos aquí bastantes órganos consultivos, pesebres de la flor y nata partidocrática local, y hay que pedir consejo a los de la Unión Europea, para saber si se legisla bien (por el Gobierno).

No sirven el Consejo de Estado, no valen los órganos consultivos de las comunidades autónomas. Tampoco los letrados del Congreso ni del Senado. Tienen que venir de Venecia para darnos su criterio, porque los de aquí o no saben o tienen intereses ocultos. Será que no existen también intereses sobre la situación española en el extrarradio europeo.

El nombre oficial de la «Comisión de Venecia» es el de Comisión Europea para la Democracia a través del Derecho. Como si se pudiera llegar a la democracia a través del derecho y no de la libertad. Es precisamente al revés. La libertad colectiva es fuente y motor de los derechos.

En esta ocasión, su intervención trae causa de la petición evacuada por el Partido Popular, utilizando su mayoría en el Senado. Olvidan que la primera vez que intervino fue a instancias del propio Puigdemont recabando infructuosamente su auxilio para que avalara la legalidad del referéndum separatista. Lo del roto y el descosido, ya se sabe.

No se sabe que es más patético. Que el Gobierno pretenda apoyarse en el informe de la burocracia europea para seguir con sus planes de amnistía o que los ilusos de la oposición pongan sus esperanzas en aquella para salvar a España de lo que solo a ella corresponde. La Unión Europea es un reflejo supraestatal de las partidocracias continentales, que no conciben la independencia de la justicia del poder político, sino su sometimiento, en el que esta facultad estatal debe parecer independiente sin serlo.

Merece la pena pararse a pensar qué clase de pronunciamiento, qué auxilio o qué esperanza puede depositarse en instituciones que emanan de una estructura jurídica supranacional que se llama Unión, pero que no facilita ni permite la detención e inmediata puesta a disposición de un huido de la justicia de uno de sus países miembros que se encuentre en otro país miembro.

5 COMENTARIOS

  1. Mercadear, RAE: Hacer trato o comercio de mercancías.
    Muy acertadas estas reflexiones. Queda claro que la soberanía nacional, la libertad, la independencia de los tribunales, la economía, y tantas otras facetas de la vida política y social, son meras mercancías sujetas a oferta y demanda, ya sea en una u otra Comisión de la UE.
    Recuerdo la famosa sentencia en que el demandante pedía cobrarse un kilo de carne del cuerpo del demandado, -“sólo de carne”- sentenció el juez -“sin una sola gota de sangre”-. En el actual estado de las decisiones judiciales aquél pobre hombre habría fallecido desangrado, como está falleciendo hoy la UE y las ilusas naciones que la desintegran.

  2. Me da por pensar que todo esto es una pantomima. Hacer sin hacer. Lo que Don Antonio decía: como si. Como si hicieran algo. Buscar soluciones a problemas, donde se producen los problemas es un circo, pura comedia, que por cierto, no produce ninguna gracia. Es doloroso y dramático ver la situación que vivimos en España. Con todo siempre hay esperanza, porque todos sabemos que ningún régimen ha sido eterno. Y espero que estemos todos suficientemente preparados, para que cuando llegue el momento, se pueda reconducir la situación, hacia la conquista de la libertad política colectiva.

  3. Esta Monarquía borbónica de partidos y de autonomías NO es democrática.Los contribuyentes españoles confunden las libertades de que gozan con la libertad política de la que NO tienen.La corrupción,los golpes de Estado y la inmoralidad pública NO son productos aborrecibles de la democracia,sino frutos naturales y nefastos del régimen oligárquico de las Repúblicas o Monarquías de partidos.

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