Conspirar, conspiración, significa que varias personas se unen contra un superior o soberano, según la RAE. Otros diccionarios precisan que ese acuerdo es contra el Estado o el poder establecido, acotándolo al terreno político, y otros tantos incluyen la condición del secreto en la reunión y la violencia en la ejecución, con fines desestabilizadores. El artículo 17.1 del Código Penal se ciñe al delito, como es lógico, de modo que «la conspiración existe cuando dos o más personas se conciertan para la ejecución de un delito y resuelven ejecutarlo». Etimológicamente, conspiratio, conspirationis, se compone del prefijo con- (indica unión) y del verbo spirare (respirar, vivir, y en sentido figurado aspirar a algo, estar ávido de algo o anhelarlo). Suficiente con esto para el objeto del presente artículo.
Son los gobernados, las personas corrientes, quienes hablan hoy de conspiraciones y lo hacen para señalar aquellos planes secretos que contra ellos hacen las oligarquías que se reparten el poder. Esto ha sucedido siempre, no nació ni mucho menos con internet, igual que siempre se han creado noticias falsas -o fake news, como dice el Presidente del Gobierno Sánchez-.
“Última hora: acaba de finalizar la reunión secreta entre George Soros, el presidente de España y el barón de Rothschild, en un remoto y vigilado palacete de los Alpes suizos. Sánchez se ha comprometido ante ellos a implementar la última fase del plan migratorio con el fin de consumar la desintegración de España y Europa“. Cosas por el estilo se han podido leer durante los últimos 100 días y cosas muy parecidas se han leído durante los últimos 100 años, cambiando algunos nombres, no todos.
Quien escribe estas líneas no tiene ninguna duda de que los oligarcas hacen cosas de oligarcas, todos los días y a todas horas. No cuestiona que las conspiraciones las realizan quienes están en el poder, por mucho que eso contradiga al diccionario. Opina que lo que está a la vista de todos, lo que no precisa de informes secretos, ya es gravísimo y suficiente para señalar a los muñidores de tan terribles pactos. No es necesario que nadie le convenza de que los efectos sobre la población serán cada vez más inhumanos.
Y entonces, se produce la paradoja. ¿Por qué no conspiran los gobernados?
Causa asombro ver cómo una gran parte de las personas que no se conforman con esta situación, dedican su tiempo y esfuerzo a investigar los tejemanejes de los oligarcas. Quieren medrar donde nunca les van a escuchar y no hacen lo único que pueden hacer ¿Por qué no se unen, respiran, viven y aspiran a conquistar la libertad política colectiva? ¿No es atractiva esa conspiración?
Posiblemente hoy hayas compartido los datos que nadie publica sobre la tesis de Sánchez, esos que te han llegado vía whatsapp. Quizá hayas puesto tu granito de arena con el tema de Cataluña y de la inmigración, difundiendo algún video grabado con el móvil y acompañado con signos de exclamación: ¡¡¡ABRID LOS OJOS!!!
No te engañes, no me digas que además de eso también luchas por la libertad política colectiva. Te están distrayendo a fuerza de cosas reales y no olvides que el Estado no va a parar de inventar -realidades, no digo que no-. Vienen meses en los que se va a hacer más patente que nunca la degeneración de la partidocracia en España. Meses en los que se volverá a cuestionar el régimen del 78 como hace 40 años.
Los planes de palacio son muy malos, malísimos, pero serán suficientes si tú sigues sin explicar cada día por qué no hay que votar, por qué los partidos políticos deben estar anclados en la sociedad, sin poder alguno en el Estado, por qué en España no hay Constitución y qué significa constituir; en definitiva, si sigues sin conspirar activamente, públicamente, por la libertad política colectiva.

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