No resulta fácil realizar el ejercicio de contorsionismo intelectual, para llegar a imaginar como debe de ser todo lo que nos rodea, pero visto desde el lado de la estupidez.

Hoy, leyendo una entrevista realizada por el diario El Español a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, uno de los prestigiados juristas del régimen y autor, entre otros logros, de la Constitución de Guinea Ecuatorial de 1968, me he percatado de que en España la clase política ha sido capaz de un logro inimaginable: han atravesado el espejo y así observan nuestra mundana realidad desde el otro lado; desde el lado de la Alicia de Lewis Carroll en la aventura inédita del Staatspolitischen.

“El Estatuto de Cataluña de 1979 era un verdadero pacto de Estado. El que crea que el Estatuto de Cataluña es como la ley del Tribunal de Cuentas se equivoca. El Estatuto de Cataluña, sea el que sea, debe ser siempre un pacto de Estado. Y hay que respetarlo como tal. No pidiendo la secesión, que es romper el pacto de Estado”

Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón –  2016

En esa otra realidad, la del Estado partidocrático, sus pobladores, funcionarios burócratas y enemigos de la política, están inquietantemente próximos a la gran solución final, la que desembocará próximamente en el Nirvana o en un estado inefable de permanente éxtasis. Los parteros y próceres corretean agitados por los pasillos de los grandes edificios institucionales, ultimando los detalles y preparando así la llegada del nuevo paradigma de lo que quizás podrán llamar, pomposamente, “la postverdad transdemocrática”.

Uno de los innovadores e increíbles conceptos que manejan en esa realidad paralela, desde la cual observan a todos los súbditos, es el del “pacto de Estado”. Y, ciertamente, no alcanzo más que a calificarlo como de algo portentoso y único en el mundo. Resulta casi increíble pensar que, en miles de años de ridículas y absurdas luchas y conflictos entre seres humanos, algo así no se le haya ocurrido antes a nadie. Tanto rodar y topar y hete aquí que la solución estaba en algo llamado “pacto de Estado”. Todos sabemos que un pacto existe al menos entre dos partes pero, cuando se trata del Estado… ¿con quien pacta? ¿cual es la otra parte?

La verdad es que, tras esta entrevista a la que me refería, nadie sabe explicar aún lo que es un “pacto de Estado”. Por el momento, ninguno de los portavoces oficiales del régimen ha salido a los balcones institucionales (o aparecido en los programas televisivos donde explican “las políticas”)  a explicarnos, al resto de los mortales, en qué consiste ese concepto tan vanguardista.

Hasta donde es posible imaginar, y según se rumorea, todos los jueces, los militares, los órganos del Estado y por tanto, todos los partidos, el rey e incluso los ángeles y los santos del cielo, pactarán de forma que ya no quepa la corrupción en ninguna rendija. Y puesto que todo está pactado, ¿quién osaría corromperse en un clima donde ya ni siquiera es necesario el Derecho o la ley? La maravilla se halla pues en EL PACTO. ¿No es prodigioso? Dicen que “España es una democracia” porque se pacta. Y los españoles, en el otro lado del espejo, aplauden entusiasmados “la postverdad”.

Es mas, este prodigioso logro permitirá eliminar completamente la política y únicamente será necesario el diálogo. La “burocracia dialogante” del Estado de partidos se encargará de pulir los pequeños detalles y roces que puedan surgir. Y así, como resultado de las líneas maestras trazadas, y gracias a una “eficientísima” acción funcionarial burocrática y técnica, “el pacto de Estado” será perfectamente dialogado antes de ser expuesto y disfrutado en cualquiera de los escaparates de nuestra patria plurinacional y multilateral.

El único obstáculo que hay que salvar entonces, algo bastante menor, pero que produce tremendos quebraderos de cabeza al monarca, a Mariano Rajoy, a Pablo Iglesias el paladín de la reina Leticia y a todos los partidos del reino es que, la masa tonta, la grisácea sociedad civil española, parece que es un poco reticente ante la idea de pactar todos entre sí. Deberán explicarles que ya ni siquiera es preciso votar porque todo está perfectamente pactado y blindado como los tanques de los militares.

Como pertenecen a parroquias diferentes, han sido adoctrinados en unos sentimientos adhesivo-religioso-politicos, y son tan heterogéneos los líderes a los que elevan sus plegarias, les resulta un poco difícil aún, asumir que lo que deben hacer es pactar también ellos, para así integrarse absolutamente en la solidez estatal y de ese modo convertirse, no ya en la democracia más avanzada del mundo, sino del universo. Con un pacto se acabó la corrupción. ¿Qué es ese pequeño pacto para el Estado, sino un gran logro para la humanidad?

El Estado por fin habrá alcanzado un estado sólido, pétreo y robusto donde, gracias al pacto, no sea siquiera necesaria la ley. Superando a Fukuyama, volamos mas allá del fin de la historia; el régimen de partidos estatales ha logrado llegar a la política terminal. Ha alcanzado su cenit, han creado el “monismo plural”, han logrado, por fin, superar la reconciliación y dar un paso mas; ahora únicamente resta que los súbditos españoles, los que no viven dentro del espejo, sean capaces de comprenderlo. Tienen que ver mas la televisión, ahí está LA VERDAD.

 

Y ahora corran… corran todos a votar!

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