Abbott
Quiosco de prensa en Nueva York. 1935. (Foto: Berenice Abbott)

España, único gran país europeo que sube los impuestos en plena crisis. Queda dentro del orden lógico de las cosas: Los partidos del régimen partidocrático forman una sociedad estatal totalmente desvinculada de la sociedad civil que vota pero no elige. Se constituyen en facciones del Estado, que consideran un instrumento a su servicio que hay que engordar a costa de la gente, que queda por debajo como en una clásica sociedad estamental al estilo del llamado Antiguo Régimen (el I.V.A. aplicado a las mascarillas es otro síntoma evidente y sangrante; recordaba hace poco el economista Luis Riestra que, durante la crisis de 2008, subieron los gastos relacionados con las necesidades básicas un 40%, mientras que la casta política no reducía para nada su red clientelar); a ello se añade el particular carácter mafioso de la partidocracia española. El único medio pacífico de oponerse a este régimen político de explotación es dejar de votar: la ideología existe en la sociedad civil, no en la sociedad estatal de los partidos políticos, cuyo único objetivo es la consecución y reparto del poder del Estado, mientras reparten falsas camisetas ideológicas para ilusos.

PSOE, Podemos y ERC pactan un cambio en la ley educativa que facilita la inmersión lingüística. Esta enmienda a la nueva ley educativa -enésima variante de la LOGSE-, ha provocado cierta indignación. Pero quien se indigna -decía Antonio García-Trevijano- lo hace porque desconoce las causas de su indignación. Si Franco utilizó una idea de España ad hoc para mantener su poder, sus herederos, la oligarquía del Estado de partidos, utilizan una idea de la ‘no-España’ para afianzar el suyo (la misma actitud machacona de exigir que se hable de ‘castellano’ y no de ‘español’ es reveladora al respecto), aproximándose progresivamente en sus posturas extremas, pues la oligarquía degenera en dictadura. El nacionalismo es una ideología totalitaria que supone el asalto de la nación, de la sociedad civil, por parte del Estado. Y uno de sus instrumentos es la lengua, como bien demostró el nazismo alemán.

Iván Redondo refuerza sus ‘geometrías variables’ para mantener a Pedro Sánchez en el poder. La degeneración de la oligarquía de partidos en dictadura se acentúa en esta fase crítica de la Partidocracia: un presidente partidocrático (al que sólo le interesa mantenerse en el poder, y cuyo propio partido no es más que un pretexto necesario) y su asesor principal, que parece versado en la teoría de juegos, juegan con los diversos partidos minoritarios buscando su apoyo puntual, haciendo primero que hagan gala de sus presuntos principios ideológicos (falsos por ende, pues están envueltos en la misma lucha por el reparto del poder del Estado que los partidos mayoritarios del régimen), para luego concederles migajas de dicho poder, a cambio de la renuncia o el silenciamiento de tales primeras posiciones, con lo que quedan cada vez más enredados en la dependencia del partido en el gobierno: el círculo infernal del consenso partidocrático, que aumenta el poder absoluto del partido en el gobierno de turno, controlador al tiempo del poder legislativo, el ejecutivo y de la potestad judicial.

Isabel Celaá cambia el nombre de la asignatura Lengua Cooficial: pasará a llamarse Lengua Propia. El poder de la Partidocracia se basa en la integración (la de las masas en el Estado al modo fascista), por medio de la identificación ideológica, en vez de la representación (uno de los principios de la democracia formal). Es así que en el régimen partidocrático proliferan los nacionalismos (pequeñoburgueses, y racistas) que suponen la apropiación de la nación por parte del Estado, poniendo por delante lo «propio» frente a lo «común», el sentimentalismo aldeano, y el uso fascista de la lengua como instrumento de integración obligatorio. Para al final poner todo ello al servicio de la ambición de las oligarquías regionales de constituir un Estadito donde ejercer un poder sin control, puramente partidocrático.

El gran analista bursátil y repúblico Alberto Iturralde señala que la aparición de la vacuna de Pfizer – cuya cuestionable eficacia se hace más evidente cada día- tenía, por un lado, el objetivo de que los altos ejecutivos de la compañía se enriquecieran vendiendo acciones (plan de venta de acciones preparado desde del 19 de agosto) y, por otro, responder a la necesidad del sistema financiero de vender los activos bursátiles que habían comprado para mantener el mercado artificialmente con el fin de facilitar la victoria de Trump, creando ahora un ambiente de euforia favorable a la compra masiva de esos activos. La partidocracia utiliza, por ende, esta cascada de anuncio de vacunas a cada cual mejor para dar una cuestionable esperanza a una población cada vez más sumisa a sus arbitrariedades legales.

El parlamento echa a Teresa Rodríguez del grupo de Adelante Andalucía con los votos de PSOE, Cs y la abstención del PP. Lo ocurrido con esta político del régimen partidocrático es producto de la falta de representatividad del diputado en éste. Al ser expulsados ella y sus compañeros de un grupo parlamentario, como se indica en la noticia, «pierden algunos derechos, porque el reglamento del Parlamento de Andalucía excluye a los diputados no adscritos de las iniciativas reservadas a los grupos parlamentarios, entre las que se encuentran la iniciativa legislativa, las proposiciones no de ley, las mociones, la participación en debates de totalidad de proyectos de ley, de investidura del presidente o presidenta de la Junta, y en general todas aquellas reservadas a los grupos parlamentarios». Si tal diputada contara con un mandato de sus electores según el sistema electoral mayoritario de distrito uninominal, y no fuera – como es- más que una mera integrante de una facción del Estado según el sistema electoral proporcional de listas de partido, sería imposible excluirla de la iniciativa legislativa, pues es esa precisamente su función: ser representante de su distrito electoral de forma inalienable.

El Congreso de los Diputados busca una empresa que ofrezca desayunos a los diputados por 1,15 euros. Se entiende que una noticia como ésta pueda indignar, aunque la indignación – repetimos- oculta en realidad un desconocimiento en el indignado de las causas de su indignación, como decía Antonio García-Trevijano. El que personas que no hacen más que votar las consignas que les pasan los lidercillos de los partidos que les han dado trabajo poniéndolos en las listas que los votantes-creyentes no hacen más que refrendar – por lo que son muy bien pagados-, desembolsen una cantidad irrisoria por un desayuno completo no es más que una muestra chusca de su necesidad de afirmarse como casta privilegiada, aparte y superior, a la manera que hacían los nobles e hidalgos otrora, no pagando impuestos o pechos, o haciéndose beneficiarios de prebendas o exenciones. La diferencia con entonces es que el pueblo llano no votaba, y ahora sí vota, dándoles el poder, a la gente que vive de ellos y los explota sin la menor vergüenza. No taxation, without representation, ése era el grito de la libertad.

Kichi carga contra Unidas Podemos tras la expulsión de Teresa Rodríguez: «Ya son establishement». El pequeño oligarca local, tras la implacable defenestración de su pareja y compañeros (de nada sirvieron las llamadas a la sororidad, cuando se impone la, digamos, «sorodomía» de la descarnada lucha por el poder y la eliminación del posible adversario o adversaria – ya saben, eso de que sólo puede quedar una-), llama pedantemente «establishment» a la oligarquía de la que él mismo forma parte… para después, presa quizás del pánico, declarar que está dispuesto a presentarse a las nuevas votaciones municipales de 2023, contra lo que había prometido anteriormente, pretextando la situación de crisis creada por la pandemia, que podría hacer «necesaria» su presencia pública. «Yo estoy dispuesto a cumplir mi compromiso de, tras ocho años, estar fuera de la política, donde me espera una vida dedicada a mi mujer, a mis hijos, a mi familia, a mis amigos. Pero si Cádiz, si la gente me dice que puedo seguir siendo positivo para la ciudad, porque la historia se ha roto por la pandemia, por mi no habrá ningún impedimento», declara el síndico, aunque es revelador que en esa enumeración de objetivos de dedicación postpolítica falte la mención… al trabajo. Cortada su posibilidad de pasar a la política nacional como diputado apesebrado, sólo le queda la opción de atornillarse al sillón de alcalde, pues la perspectiva de volver a las aulas, después de haber gustado las mieles de la casta, del «establishment» como dice él, debe de ser muy dura, y lo de volver a conseguir ser liberado sindical debe también de estar como que muy disputado. Tiene, en todo caso, razones para inquietarse este alcalde ya que su reelección no dependerá de los votos de los gaditanos, que, igual que en todas partes, no pueden ni siquiera elegir directamente a su alcalde gracias a nuestra antidemocrática partidocracia, sino de los pactos a posteriori de las fuerzas políticas del régimen, que pueden darlo por finiquitado (o no).

Pablo Iglesias asegura que hay tensiones en el gobierno: “Hay pruebas inequívocas de que Unidas Podemos no se ha moderado”. Excusatio non petita, accusatio manifesta, dice el adagio latino. El chico del régimen para dirigir por los cauces partidocráticos a la indignación ignara del 15-M, quiere reafirmar su caché de «malote» de la política, de enfant terrible como se decía en tiempos más cultos, cuando no es más que otro oligarca farsante atento a satisfacer su ansia de poder, y colmar la necesidad de identificación ideológica de una masa de gente que, ante todo, tiene necesidad de creer (I want to believe) para autojustificar su predisposición a la servidumbre voluntaria.

Ruben Gisbert tira de videoteca para demostrar la falsedad de Abascal, quien en 2015 criticaba la falta de separación de poderes típica de nuestra partidocracia, para pedir ahora, cuando están plenamente integrados en el régimen (como Podemos), su cuota de participación en la elección de los miembros del CGPJ, es decir, aquellos que eligen a los jueces del Supremo que juzgarían a los políticos a quienes deben el puesto.

Interior lanza un plan de “reeducación” para políticos presos por corrupción con careos con las víctimas. «Médico, cúrate a ti mismo»: el cinismo del régimen partidocrático alcanza cotas siderales cuando se saca de la manga programas de reinserción (unidos a alivio de penas) para políticos condenados, basados en explicaciones psicológicas (como el narcisismo y la baja autoestima) para su proceder delictivo, que en realidad está en consonancia con la corrupción inherente al consenso político partidocrático, donde ésta es la base de funcionamiento de un régimen no fundado en la representación política del ciudadano, sino en la satisfacción del ansia de poder dentro del Estado de los partidos que se constituyen en facciones de este.

1 Comentario

  1. Esta revista sólo muestra la punta del iceberg de las incoherencias de la casta política, del uso del lenguaje, de la desvergüenza general de los oligarcas, etc…
    Si aún hay gente que cree en el sistema en fin…
    ¡Enhorabuena!

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