Anuncio de esclavo negro en venta (NY, 1789) Los nuevos campos de algodón Cuando caminas hacia las urnas tus pasos te llevan hacia la esclavitud   Yo quiero un caballo negro y unas espuelas de plata. Para atrapar a la vida, que se me escapa, que se me escapa. No es mía la frase, que de Atahualpa Yupanqui y su guitarra criolla, pero me ha acompañado toda la vida desde aquel momento en que me encontré con ella, allí donde se quedaron los quince años. He visto en la vida de todo. Es decir, he visto en la vida todo lo que la vida ha querido que yo viese de ella. Así que no voy a repetir ahora frases inteligentes e ingeniosas que otros antes que yo han dicho sobre la estupidez humana. Y recuerdo a Albert Einstein y su revolucionario cabello cano. Canas que se van volviendo mis sienes mientras pasa agosto, ese mes que hemos decretado ausente de pálpito y prisas, cedido al sol, tan amante de quebrar con fuego las piedras.   Hasta los más flojos de entendederas han entendido, eso creo entender, que el deceso del verano no será como aquellos epílogos de amores muertos que dejaba en sus canciones el Dúo Dinámico: “El final del verano llegó y tu partirás. Yo no sé hasta cuando este amor recordarás”. No, esa era otra España. De bloque y cemento. De 600 y carreteras bacheadas. De tinto con casera. De cuerpos destapándose venidos de lejos, asado de carne sobre parrilla de arena al tueste de luz mediterránea y pupila libidinosa. Me dijeron que por entonces Fernando Fernán Gómez se compró un pisito y un poco después un tal Alfredo Landa tuvo líos con la vecina del quinto. Yo era pequeño y conocía este país de la mano de mi padre en un coche americano que siempre estaba rodeado de gente. A la entrada y a la salida. De ese modo, entre el paisaje, el sonido del ocho cilindros y la voz grave que conducía, me enteré de que los neumáticos pisaban los alquitranes que unían heterogéneas tierras a las que llamaban patria. Y que tenía su bandera roja y gualda. Y que ese país caminaba hacia Europa como nosotros hacia Mota del Cuervo. Era otra España. Era otro yo mi yo.   No sé cuantas vueltas han dado las agujas de aquel Longines tan bonito que mi padre me prestó y yo dejé olvidado en la ducha de mi habitación en un hotelito de una pequeña aldea de los Alpes franceses. Allí seguirá en otra muñeca, que para mi padre el tiempo es ya eternidad. En cuanto a mi, ese olvido no me lo perdonaré jamás. Tantas vueltas dieron las manecillas, decía, que me encuentro ahora en el agosto ardiente de otra España. Un país en ebullición porque una burbuja despidió bloques y cementos hacia otras galaxias. No son ya los mercados sitios donde gritan verduleras y pescaderas, que no se sabe a ciencia cierta dónde están ni lo que venden. Los amores han perdido carmines de poesía y epitafios al convertirse en comida basura y los ciudadanos, sin saber que sólo son súbditos, miran con todas las formas que tiene el mirar de ojos alucinados. Advierten como aquellos que, después de un 20 de noviembre y tras brindar la muerte de un muerto con cava, seres de repugnante mal gusto, los han llevado al más completo de los desastres. Que es desastre y confusión. Yo siempre pensé que dejarle la gestión de los agostos a Georgie Dann no nos llevaría a buen puerto. Pero entonces no sabía patronear un velero.   No voy a narrar aquí las cuitas que acontecieron ni especular con las que acontecerán entre el 20-N de 1975 y el 20-N de 2011, fecha esta última que ha fijado la dictadura kitsch que soportamos para la trashumancia más sucia y cobarde. Los rebaños serán trasladados a las urnas del engaño y la mentira, prometidos de esos pastos tan frescos y jugosos llamados libertad, trabajo y paz, cuando la verdad es que esas montañas de papel llenas de nombres sin nombre perpetuarán el erial que constituye la vida sin libertad política colectiva. Las alimañas conseguirán, pretenden conseguir como han hecho siempre, de una simple ranura un agujero negro que devore las siglas de ansias de cambio que surgen continuamente en las calles. Lamentablemente, salvo el MCRC, no logran definir posiciones ni rumbos, desdibujándose como cirros de inútil palabrería y frustrando cualquier posibilidad de acción efectiva. Los rebaños, afeitados en el intelecto con esa cruel lobotomía que fraudulentamente reza al voto como 'deber cívico', no pondrán reparos a la terrible y paradójica liturgia de extender en unos sobres legitimidad para ser despojados de vida y destino. Sólo les quedará el existir mientras no se conciencien de que el voto es un derecho político. Y de ahí su fuerza. Nadie en sus cabales ejercería un derecho político para ser anulado y pisoteado. Nunca iría a una reunión donde al final son degollados los asistentes.   Tétrica fecha – la cabra tira al monte – ha elegido Zapatero para ponerse fin a si mismo después de haberle puesto fin a España, demostrando con genialidad que se puede ser imbécil y a la vez presidente de un país. Obviamente, el 20-N que viene no es una casualidad sino el resultado de las misas negras de la fontanería de Rubalcaba, quien aprovechará el discurso fácil – ¡llámame Alfredo ! -, los tópicos y las comparaciones parvularias para engatusar a los más simplones con el desafinado estribillo que presenta a la corrupta socialdemocracia – qué será eso – como la ruta al paraíso, cuando en realidad estamos en el infierno camino del Tártaro. Zapatero llegó enarbolando “el talante” como forma de gobierno. Una audaz innovación dentro de la partidocracia que, como todo circo, necesitaba un payaso para cubrir la plantilla. Pero un payaso sin sentido del humor es un contrasentido y, así, ha terminado convertido en un hombre que da hasta pena, si no fuera por los índices socioeconómicos desastrosos, la falta de libertades y la quiebra absoluta del Estado, la moral y nuestra credibilidad internacional. Ya digo que carece de sentido del humor, pero, teniendo en cuenta la fecha elegida para el nuevo timo, debiera construirse un 'bobomóvil' – Benedicto XVI puede asesorarle, después de la 'macrofiesta de la fe', sobre cómo se lo monta él con el papamóvil – un 'bobomóvil', digo, caracterizado de UCI y en él recorrer las calles del Madrid de Esperanza y Gallardón con tubos y cables asomándose por sus orejas. Rajoy y Cospedal aparecerían en TV con las preceptivas lágrimas, como hiciera Arias Navarro, anunciando la defunción política de quien nunca estuvo vivo y cantando a la alternancia pero en arameo. Para que no se entienda nada.   Acabo más serio sin que haya dejado de estarlo en todo lo anteriormente expresado, no se equivoquen. Si el 20-N de 1975 supuso la muerte de un dictador, el de 2011 puede significar una muerte más de todas las que hemos sufrido desde que la transición instauró en España una impresentable mafia de partidos con un rey de juguete. Cada cita electoral, lejos de suponer un avance, ha significado la perpetuación de un régimen carente de todo aquello que debe conformar un sistema democrático, régimen que ha devenido finalmente y fatalmente en siniestro total. Acercarse a las urnas en noviembre, ese mes de santos y difuntos, es cometer una auténtica locura. De las próximas Elecciones Generales sólo saldrá beneficiada la casta política y la 'clase social política' a ella adherida. Nadie más. Debe entenderse de una vez que da lo mismo votar en cualquiera de las formas y colores posibles. Porque el problema no reside en el destino del sufragio sino en la misma acción de ejercerlo. Votar es únicamente, porque no puede ser otra cosa, dar el placet a un régimen político nefasto que ha conseguido escalar las cimas más altas de la infamia y la corrupción. Y no votar no es alienarse sino todo lo contrario. La abstención activa es la más dinámica manera de contestar a la nueva llamada de las sombras. Es enfrentarse a un trabajo muy duro: desde la Libertad Constituyente transformar a España en una democracia formal, en una República Constitucional, donde la persona deje de ser número y estadística para convertirse en ser humano con libertad política colectiva.   No será éste, ya lo dije, el final de un verano cualquiera. Los esclavistas, en una situación desesperada, desarbolados en medio de una monstruosa tormenta económica, sin timón ni compás, buscan la cuadratura del círculo: otorgar algo para finalmente no dar nada. Prestidigitadores, trileros, falsos profetas, buscavidas, patanes, comisarios, traidores, embaucadores, se han lanzado a las calles para preparar la cosecha. Pretenden que el algodón se siga recogiendo en silencio aunque en ocasiones teñido de grana de látigo. No obstante, donde hay silencio hay canto. Hay música. El próximo 20-N los ciudadanos deben colocar las notas en los pentagramas del futuro mostrando libre y abiertamente su ¡No! al desquiciado régimen que soportamos. Sólo la abstención activa podrá cambiar nuestro destino. El 20-N la libertad no está en llenar las urnas sino en dejarlas vacías. Todos lo sabemos, aunque muchos miren para los celajes.   “When you're sad and lonely. Thinking about you only. Feeling disgusted and blue. Ah, your heart is aching. Yes, it's almost breaking. No one to tell your troubles to. That's the time you'll hang your head. And begin to cry”. Bessie Smith, la 'Emperatriz del Blues'. Abril 1894 – Septiembre 1937.

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