Una imagen de la película «El Padrino».

Demomafia es el sistema político que se sustenta en la complicidad de la ciudadanía con facciones, bandas o partidos detentadores del poder.  Estas facciones, bandas o partidos son grupos organizados que tratan de defender sus intereses sin demasiados escrúpulos e incluso se valen del embeleco y el fingimiento para dar certidumbre y credibilidad al fraude.

La demomafia la defienden quienes, conociendo la estafa, la disfrutan sin límites y la adornan de una aureola de ventajas, inexistentes para la mayoría, pero muy provechosas para los impostores.

Esta demomafia se origina tras un enorme trauma, choque emocional grave o catástrofe colectiva. Tenemos ejemplos en Europa, donde tras la segunda guerra mundial se impuso un sistema falsamente llamado democracia, sin libertad constituyente, ni una verdadera separación de los poderes del Estado ni tampoco una auténtica representación de la ciudadanía.

Pasaron más de treinta años y la construcción de las “democracias” europeas dieron sensación de estabilidad y mejora sobre los sistemas precedentes, pero la segunda parte de aquella maniobra –en 1978- fue mucho peor que la primera parte.

En primer lugar, porque no hubo verdadero cambio. No se condenó la dictadura, sino que se toleró el paso “de la ley a la ley”; engendro mal concebido, pero bien aceptado por la razón de su origen. Con un jefe de Estado que mantiene el carácter de generalísimo y mando supremo de la violencia del Estado. Una cuota de poder omnímodo entre los partidistas jefes y autócratas de la nueva clase política. Y un Estado a repartir.

En segundo lugar, porque faltó visión de futuro y anticipación a la corrupción consecuente. Se creó un sistema ignominioso, perverso, arbitrario y abusivo. Sin embargo, existiendo un proyecto de verdadera democracia, se debió considerar su aprobación y vigencia, no lo que soportamos hoy día.

Y en tercer lugar, porque los remedios, paños calientes, enmiendas y composturas, que se plantean como superación del fracaso, son tan negativas y deficientes como el original. La desintegración para la federación es una idea absurda. La idea de reducir los poderes legislativo y judicial para gobernar sin ambages y subordinación es contraria a toda democracia. La idea de crear “la verdad oficial” y controlar disidencias es la prueba del nueve de la tiranía.

Así es la demomafia, el cambiar todo para que nada cambie.

Sí, la demomafia se ha consolidado. Gran parte de la población colabora en la tramoya y costará años revelar el “como si…”. Pero es una obra necesaria, propia de titanes y seres libres.

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