Monet Arte de mirar Los griegos llamaron teoría a mirar los espectáculos, y teórico, a su contemplador. Con el arte de mirar comenzó la primera reflexión de la filosofía. Y sin el reconocimiento de la necesidad de una visión activa, distinta de las que recorren pasivamente las cosas ordinarias sin posarse en ellas, no habría nacido la admiración estética. La dramaturgia se admiró por la unión de la plástica a la tragedia. La pintura se realiza como poesía que mira. El verso, como palabras que se reclaman por sinfonía. Y el amor no prende sin la dulzura o el fulgor de las miradas cruzadas con miramiento. Este cuidadoso modo de mirar respetuosamente a lo mirado, condiciona la duración, calidad e intensidad de la admiración. Sin miramiento no hay dignidad ni posibilidad de penetración en la mirada. Cada cosa o persona llamadoras de atención piden que se las mire de modo diferente y con distinta intensidad. El miramiento hace una especulación instantánea sobre el placer o displacer que produciría lo mirado si, además de verlo, se mirara más tiempo. Es un error suponer que las bellezas humanas gratifican igual a todos sus miradores. Sin saber mirarlas, como se mira un escueto dibujo, una rica pintura, una sólida escultura o una fotografía sensible, verdadero arte de mirar, no se captarían las emociones singulares que produce la singularidad de cada admiración por la belleza personal. El instante supremo del miramiento llega cuando la mirada devuelve, en la misma sintonía, la mirada recibida. El tiempo y la distancia se desvanecen al instante. Empieza el misterio indescifrable de la persona, termina la curiosidad efeméride y asoma el riesgo de la emoción. Al ser más insinuantes que definidoras, las miradas atractivas han de ser siempre incompletas. A las personas sensibles les ofenden los miramientos excesivos o defectuosos. Denotan incapacidad de percibir la armonía interior que traslucen las bellezas inteligentes. Lo que complace a los sentidos, sin trascenderlos, no es bastante. “Solo el amor las puede prender, guardar, ser justo hacia ellas” (Rilke).

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