Para comprender el verdadero significado de la actualidad, marcada por las actitudes aparentemente incomprensibles de ETA y Zapatero, los acontecimientos han de examinarse con reflexiones que no se centren en los elementos subjetivos, de los que trata el periodismo de información, sino en las dimensiones objetivas de los factores que los determinan o condicionan.

La falta de libertad de pensamiento, y de su expresión critica de la realidad, ha creado el hábito de tomar el pulso del momento político con los dedos de la coyuntura. Los opinantes en los medios se parecen a los antiguos médicos de cabecera. Ignoran que las dolencias sociales, como las que afectan a la salud personal, solo pueden diagnosticarse con radiografías y análisis clínicos. Pero a los editorialistas de la Monarquía no podemos exigirles que nos enseñen lo que pasa en el interior del cuerpo político. No disponen, los pobres, de aparatos mentales ni de instrumentación cultural para ello. Así se explica que, en España, la opinión pública haya sido suplantada por la opinión informada.

Los partidos estatales y los medios de comunicación nos dan la misma información sobre la actitud de los tres factores subjetivos que han intervenido en el “proceso de paz”. Primero, ETA rompe la tregua del terror, como si el atentado de Barajas no la hubiese roto. Segundo, Zapatero no pone fin a dicho proceso y, ante la nueva circunstancia, decide continuarlo con la Inteligencia que antes le ha faltado. Tercero, Rajoy exige la regresión del falso proceso como requisito de la Unidad.

Nadie puede aclarar el misterio de esta triada subjetivista porque nadie denunció hace quince meses, cuando se consideró antipatriótico dudar de su éxito, el fraude objetivo que supone llamar con énfasis proceso de paz, donde no hay guerra, a lo que solo era una procesión de rogativas a ETA para que dejara de matar. Y la diferencia entre procesión y proceso no es una mera cuestión de procedimiento. Es la marca del abismo mental que separa el modo de pensar antiguo del moderno.

Para definir la procesión como modo en que las formas de la realidad dependen unas de otras, y las inferiores de las superiores, Bréhier sostuvo en 1922 (La filosofía de Plotino) que “los hombres del final de la antigüedad y de la edad media piensan las cosas bajo la categoría de procesión, como los de los siglos XIX y XX las piensan bajo la categoría de evolución (proceso)”.

Fueron Zapatero y Rubalcaba quienes, con sus llamadas metafísicas a la unidad y la inteligencia, me pusieron en la pista de los neoplatónicos que resolvieron el misterio de la trinidad. De lo Uno (Padre-Zapatero) procede la Inteligencia del Verbo (Hijo-Zapatero) y de ambos, el anima del mundo (Espíritu Santo-Zapatero). Pues toda procesión se realiza mediante semejanza de lo secundario con lo primario (Proclo). Donde no exista semejanza con Zapatero no cabe realidad alguna.

Lo primario en España es el talante del prócer Zapatero, tan capaz de impulsar una procesión intransitiva de Diálogo de Civilizaciones (anima mundi), como de crear una procesión de paz con la descarriada ETA. Pero no una procesión espacial para ir ordenadamente de un lugar a otro, como las de semana santa, sino una procesión temporal e intransitiva que dejara a ETA en la misma posición. La procesión ha consistido en pasearla a hombros del dulce talante del Gobierno para crear en la inocencia gobernada la expectativa del fin del terror.

El análisis metafísico de la actualidad descubre la realidad de la mente que nos gobierna. La sociedad española no esta dividida ya entre mentalidades de izquierda y de derecha, ni entre progresistas y conservadores, sino entre partidarios de ilusiones procesionarias y partidarios de seguridades regresionarias. Y mientras tanto, el problema de la unidad, la libertad, la lealtad y la inteligencia de España, permanece sin solución, a causa de la gran Procesión intransitiva de la Monarquía de Partidos, que impide la posibilidad de iniciar procesos de creación. Únicas formas de producir nuevas realidades. El fin del terror lo logrará la creación de inteligentes instituciones democráticas que, sin regresión ni encapuchados, compensen las tendencias a la separación.

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