Muerte de Juan Escobedo. Lorenzo Vallés, 1879

Libertad: facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

Verdad: expresión indubitable, clara, concisa y sin tergiversación.

Lealtad: cualidad de fidedigno, verídico y fiel a su génesis, en el trato o el desempeño de un oficio o cargo.

Estas definiciones del diccionario de la lengua española determinan cómo debemos valorar la acción política en estos tiempos en España. Cuanto más se refugian los gobiernos en la libertad, la verdad y la lealtad, más se descubre su colosal engaño.

La facultad de obrar y responsabilizarse solidaria e inexcusablemente está quebrada, lo que llaman «libertades democráticas»: expresión, reunión, manifestación, información, participación, asociación, sindicación, etc., se suspenden y limitan.

No es la libertad inicial colectiva, sino los espejos de ésta, lo que pretenden defender como razón de la democracia. Pero hasta esas «libertades democráticas», que ensalzan como fundamento y evidencia de su «democracia», también se impiden de modo despótico e imponiendo las «suyas»: si no aplaudes todas las tardes eres insolidario; una reunión familiar de doce personas es una «fiesta ilegal»; alguien que pide explicaciones periciales médicas es un maleante; alguien que no lleva mascarilla es un malhechor; si se sale de casa, del municipio o de la provincia se es infractor; si se cuestionan las medidas sanitarias eres negacionista, sin que haya afirmacionistas; si se denuncia la malversación del erario en material inútil, caro, escaso y opaco se es facha; si se duda de las vacunas te llaman apocalíptico; si observas algún incidente de sus «verdades» te obligan a que denuncies y multen al vecino; si remites correos a tus amigos con mensajes «inadecuados» – según el Gobierno– te rastrean, localizan y sancionan; si cambias de canal de televisión, tras cuarenta minutos de pandemia, eres ególatra; si te manifiestas junto a comerciantes, autónomos, agricultores, granjeros y proveedores eres antisistema…

No hay libertades personales, no hay verdad razonable, no hay lealtad a los principios sociales. Violan la libertad, atropellan la verdad y traicionan la lealtad con sus dictados y decretos. Estos políticos son abominables, pero los anteriores son sus precedentes, no hay año 2020 si no hubo 2000, o antes, 1978, origen del estado actual. La corrupción sanitaria, política, económica, social, educativa, existencial y colectiva se origina en los fundamentos de la ley otorgada en diciembre de 1978. Estos vicios no se evitan con diálogo, mesas y consenso; nada remedia lo que tiene mal origen: nunca se pensó en la auténtica libertad, en la verdad y en la lealtad. Así vagamos por la indecencia del Estado de partidos: de mal en peor.

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