El empresario del Madrid Arena prepara una nueva “Fiesta de la Muerte” para Nochevieja

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Diviertt, la empresa que organizó la fatídica fiesta de Halloween en el Madrid Arena mantiene el cartel para la fiesta de Nochevieja en el mismo recinto. A pesar de su procesamiento, Miguel Ángel Flores, el organizador de la Thriller Music Park, sigue autorizando la venta en los comercios ontickets y ticketmaster  de las entradas del Spacefest, ‘el mayor festival del año’ en el Madrid Arena la madrugada del 31 de diciembre. Dieciocho días después del fatídico suceso, las entradas siguen a la venta por Internet.

En la página web www.spacefest.com aparece un apartado en el que se dan instrucciones de cómo hacerse con una entrada para el evento. También se pueden conseguir a través de las páginas Fnac o Carrefour. Igualmente, se pueden adquirir a través de un centro comercial o por medio de los relaciones públicas. La entrada adelantada para la fiesta de Nochevieja, a la cual ya han confirmado su asistencia una veintena de DJs, se puede adquirir por 55 euros. La organización recomienda llegar al recinto “con cierto tiempo de antelación” para “evitar las colas” que se montan cuando “son varios miles de personas las que quieren acceder al recinto”. Antes de la entrada al mismo, “todas las mochilas o bultos que lleven encima serán registradas conforme a la ley”. En la noche de Halloween, en la que cuatro jóvenes perdieron la vida en uno de los pasillos que desembocan en la pista central, decenas de jóvenes denunciaron que nadie les había pedido el DNI ni les habían registrado antes de entrar.

Diviertt ha cancelado las tres macrofiestas de música tecno que tenía preparadas en el Arena para las próximas semanas. La primera cancelación se produjo el jueves pasado, el día que debería haber actuado ‘Boys Noize’. Tampoco tocarán el próximo día 30 el ‘KlubbersMeeting Vitalic’ ni actuará ‘Oro Viejo’ el 1 de diciembre. La compañía, sin embargo, mantiene la fiesta de Nochevieja desafiando a Ana Botella que ha anunciado que prohibía las macrofiestas “No sé si el empresario continúa vendiendo entradas, es su problema, pero no se va a celebrar”, zanjó. El recinto, situado en la Casa de Campo, depende de la empresa municipal ‘Madrid Espacios y Congresos’, cuya página web fue hackeada el jueves y sigue sin actualizar. Anteriormente, esta web era la única que alertaba de que la fiesta del Spacefest estaba ‘cancelada’.

 

                                                                                             

 

Por otro lado, se ha sabido que Miguel Ángel Villanueva, el primer responsable municipal que dio la cara tras el trágico suceso, ofreció a la opinión pública los datos que la empresa Diviertt le facilitó a través de un mensaje de móvil que decía textualmente: “Metimos 9.650 personas pero el aforo máximo que nos dais es de 12.000”. Mensaje que envió  Miguel Ángel Flores directamente, a petición del coordinador de producción de Madrid Espacios y Congresos, Francisco del Amo. Con este texto Miguel Ángel Villanueva ha querido probar que no quiso defender los intereses de Diviertt, pero lo que evidencia es que actúo directamente como su portavoz, informó El Confidencial.

El aforo de la fiesta sigue siendo la gran incógnita del suceso. El titular y el secretario del Juzgado de Instrucción número 51 de Madrid recontarán las entradas decomisadas de la fiesta de Halloween del Madrid Arena el próximo viernes, según ha adelantado el fiscal de Madrid, Manuel Moix. Esta diligencia procesal se ha pospuesto varios días para garantizar que estuvieran todas las partes personadas en el proceso. Los tiques fueron hallados en un local anexo al lugar de celebración del evento y están en posesión de la Policía, que precintó las urnas en las que fueron localizadas.

 

 

Miguel Ángel Flores, promotor de la fiesta de Halloween en el Madrid Arena, en la que fallecieron cuatro jóvenes, admitió en su declaración ante el juez haber dado orden para que se emitieran 17.000 entradas, de las que se imprimieron 13.500. Flores admitió ante el magistrado del Juzgado de Instrucción número 51 de Madrid, Eduardo Rodríguez Palop, que “podía haber duplicidades” por Internet, y aludió a la imprenta que había emitido las entradas. Además, afirmó que, en teoría, las entradas sobrantes -hasta las 10.600 permitidas por Madrid Espacios y Congresos- se habrían ido destruyendo conforme se iban vendiendo los tickets.

Por otra parte, el promotor de la fiesta señaló a su propio padre como la persona encargada de ir destruyendo las entradas, aunque no dio garantías de que efectivamente se hubieran destruido. Según el Ayuntamiento, la misma noche de la tragedia Flores daba por hecho en un SMS dirigido a Madrid Espacios y Congresos que el aforo permitido era de 12.000 personas, y no de 10.600.

El diario El Mundo informó que dos amigas de la hermana de Katia Esteban Casielles, una las jóvenes fallecidas en la fiesta de Halloween celebrada en el Madrid Arena, han pedido a los asistentes que les envíen el resguardo de la compra de la entrada para demostrar el exceso de aforo. Han establecido para ello un correo electrónico: ‘[email protected]‘.

 

 

Sin embargo, muchos de los asistentes ni cuentan con el resguardo ni con la entrada. Es el caso de Ana F: “En este tipo de eventos, tras pasar la entrada por el lector de código de barras, cortan una parte y te entregan la entrada. En este caso no nos la devolvieron, con lo cual muchos de nosotros no tenemos forma de demostrar que hemos asistido a dicha fiesta”. “En vez de rompernos un poco la entrada y devolvérnosla, nos la quitaron. Ahora no tenemos cómo demostrar cuántas personas estuvimos allí”, sostiene J.L.

Otro lector, I.G.N., apunta que “desde antes de que empezara el concierto ya se rumoreaba que se habían vendido entradas de más. Me pidieron la entrada, le hicieron un corte y cuando la pedí para guardármela como recuerdo, no me la dieron. Dijeron que no podían devolver la entrada”. El testimonio de Juan Rodríguez también va a en esa línea: “Lo que más me sorprendió es que al recogernos las entradas las iban metiendo a una bolsa negra de basura, en vez de guardarlas en una caja o pasar un láser por el código de barras. El que diga que allí había menos de 15.000 personas miente, porque yo me caí al suelo junto con amigos más de 6 veces de los constantes empujones que había en la pista central, y tuve incluso que empujar yo para que no aplastasen a gente que estaba en el suelo”.

 

 

Carlos Duque es de similar opinión: “Al entrar al recinto nos pidieron la entrada […] El personal nos la cogió y se la quedó, sin tomar ningún tipo de registro de nuestra entrada. Esto me parece un claro caso de duplicación de entradas por parte de la misma empresa”. En su testimonio, Ana MF también recalca esta idea. “Nada más subir al Metro nos dimos cuenta de cómo iba a ser esa fiesta, todos los vagones colapsados, tuvimos que esperar dos trenes ya que algunos ni abrían sus puertas porque no cabía más gente. Una vez allí estaba el botellón, alrededor del Metro y en las proximidades de la entrada a la fiesta. Para entrar había que pasar dos controles. Un primero destinado a registrar a la gente, en el que se limitaban a estar en la puerta sin hacer nada, no sabían siquiera si la gente que estaba entrando por esa puerta tenía entrada. Y un segundo en el que, en teoría, pedían la documentación y la entrada, aunque aquí sólo pedían la entrada”.

“Corroboro lo que dicen muchas personas de que el código de barras de la entrada se lo miraban a quien les daba la gana”, sostiene Alejandro L.A., otro lector que ha enviado sus palabras. “Cuando llegabas a la altura de las personas de seguridad, te cogían la entrada o el papel, se lo quedaban y no hacían comprobación alguna. De ahí que mucha gente que accedió a la vez que nosotros se jactara de haber fotocopiado el justificante de alguien y haber entrado gratis. De ahí que se disparara el número de personas dentro del local, sin control ninguno”, concluye Luis García-Mon, otro de los usuarios de ELMUNDO.es. “En mi opinión vendieron más entradas de la que se tenían que haber vendido […] Yo las compré dos días antes cuando en teoría llevaban agotadas una semana”, explica Alejandra de Cruz.

 

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