Red Superman son (foto: ElDave) Caballero de Lilit Don Jesús Neira es, sin duda, un hombre valiente. Lo es entre los suyos, en la envidia de los cobardes y en las cámaras de seguridad de los hoteles. Pero ha dejado de serlo en la poltrona. En el Estado de Partidos los héroes muertos son Historia mal conocida y bien aprovechada, pero los que no lo están sólo pueden ser espantajos. Cuando un espantajo es nombrado comisario político encargado de velar honoríficamente por la integridad de la mujer celtíbera, asciende al rango de Caballero de Lilit. El caballero posmoderno ya no lucha; se presenta gentilmente en todas las galas acompañado de muchas cicatrices hechas de teoría, galardones provincianos y hostias de tarado, y luce un blasón, rojo y estrellas, que simboliza el honor visto desde arriba. Es ingenioso, viril y vehementemente crítico con el régimen, pero ¿quién mejor que él para ocupar el cargo? Al menos sus dudas son honestas, y quizá no todos sus nuevos amigos lo sean por interés, es posible que exista un mérito real y por fin tantos años de rebeldía se vean justamente recompensados. Como a la diestra, ocupando la vitrina cultural, está el señor Dragó -el Rey Pescador-, estará Neira a la siniestra del liberalismo moderado y de la moderada civilización, instalado en el ojo libidinoso del poder, o lo que es lo mismo, en la moral de máxima audiencia. La Lilit que por voluntad propia abandonó el Paraíso acechaba los lechos masculinos para robar el derramado de las poluciones espontáneas y así engendrar sin conocer hombre. Nuestra Lilit Aguirre, señora del caballero Neira, espera mientras su campeón – …sentado en la silla de Pedro, repartiendo castigos y premios…- se momifica velando por ti, mujer. Cada hembra protegida, cada bofetada castigada, cada gozosa palmadita en el trasero que pueda evitarse, alimentará la seca feminidad de esa Aguirre que tanto desea escapar del papel secundario que el edén partidocrático le ha reservado. Su celador caballero tiene muchos y duros trabajos por delante pero… es un héroe en casa y el hombre total en el corazón de las vírgenes ultrafranquistas; conseguirá entregar a su mentora todos los frutos de tu vientre… Jesús.
La dignitat de Catalunya
La dignitat de Catalunya El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación. Qué diferencia existe si sustituimos la palabra nación por Estado-nación y la palabra Cataluña de la última frase por “catalanes”. El parlamento de Cataluña define a un territorio administrativo y político que forma parte del Estado español, como una nación. La dignidad de Cataluña, está en juego si el TC decide que el parlamento no puede definir a una Comunidad Autónoma como a una nación. Para la prensa catalanista es lo mismo que decir que la estructura político administrativa de Cataluña, no posee dignidad si no se define como nación. Es una concepción de la dignidad puramente nacionalista. El nacionalismo demanda que cada nacionalidad esté organizada en un Estado soberano. Kropotkin lo describe como “envidia de Estado”, Geller escribe: El nacionalismo es en primer lugar un principio político que sostiene que la unidad política y la unidad nacional deben ser congruentes. El sentimiento nacionalista es la rabia provocada por la violación de tal principio, o el sentimiento de satisfacción provocado por su realización. Así, lo importante es que lo nacional (religión, lengua, cultura, tradición), se materialice en la política de un Estado soberano, aunque en el pragmatismo catalanista la fórmula se invierta sutilmente, y sea lo político lo que cree lo nacional. El principio físico de la acción-reacción es también así, un principio del nacionalismo. La supresión de una cultura y la supremacía de la otra utilizando el Estado para ello, su dinámica. El capitalismo ha logrado supeditar alguno de los pilares nacionalistas, como la lengua, a la ley del mercado. Para Aristóteles, el lenguaje sólo es una estructura formal para permitir la comunicación. La comunicación sólo puede ser principio político del Estado si acepta el uso de cualquier lengua y promueve el uso estatal de la más universal por razones de eficiencia, sin supresión de la comunicación hacia él en cualquier otra por parte del ciudadano. La libertad exige que la voluntad de no aprender pertenezca al ciudadano y que el Estado la reconozca, así como la libertad civil de comunicarse en cualquier lengua. La desobediencia civil es el principio político de la libertad cuando el Estado no cumple con estos requisitos. Cuando sólo existe un poder político oligárquico nacionalista que apela a la voluntad general y a la soberanía sin sujeción a una Constitución democrática, sólo existe tiranía. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"
Ciencia o política
El incentivo científico siempre ha sido la gratitud de resolver problemas averiguando las causas ocultas de los fenómenos observables. La ciencia nunca se acaba puesto que cada descubrimiento amplía los horizontes que inducen al científico a responder con más trabajo que le acerque a la realidad de los hechos, con más ciencia. Hasta la segunda guerra mundial la mayoría de la investigación científica se realizaba al margen del Gobierno pero, por desgracia, los grandes descubrimientos durante aquellos años motivados por la guerra en el ámbito militar pusieron de manifiesto la gran importancia de los avances científicos para las naciones. A partir de entonces los gobiernos comenzaron a crear infraestructura para el desarrollo científico. Entre 1945 y la década de los 60 se dio el periodo de mayor productividad científica de la historia. Pero algo ocurrió a partir de entonces que causó la ralentización de los grandes descubrimientos, aunque no el número de publicaciones científicas: el cambio de paradigma científico; ya no se investigaba por la motivación del descubrimiento sino por el miedo, que actúa como fuente de motivación científica en sentido contrario a la gratitud, en contra de la resolución de los problemas tiende a perpetuarlos. Este hecho junto a la magnitud que habían alcanzado las instituciones científicas provocó que la empresa científica dejara de depender del talento y la singularidad de los científicos. La combinación de estos factores favoreció la creación de burocracias y dependencias políticas que otorgaban potencialmente al poder el timón de la ciencia. Aunque la ciencia nunca evoluciona de manera lineal, habiendo periodos sin grandes descubrimientos y otros de grandes avances, no es casualidad que salvo la explotación a gran escala de sus aplicaciones industriales y de consumo, hoy vivimos sobre la misma base científica que hace cincuenta años. Sociedades científicas, laboratorios de investigación, academias nacionales de las ciencias, agencias gubernamentales y hasta las universidades, son estructuras jerárquicas en las que cargos y políticas son decididos por un pequeño consejo ejecutivo o incluso por un solo individuo. Esto facilita la politización de la ciencia mediante influencia en esos cuerpos, cuyos miembros suelen no ser científicos pero se atribuyen el prestigio de la institución y de los científicos que la forman, para forzar posiciones científicas en función de ideologías o agendas políticas. La tentación de politizar la ciencia aun a riesgo, o incluso la certeza, de que ésta deje de serlo es abrumadora y viene de largo. La confianza del público en la ciencia la ha convertido en objeto de deseo de los poderosos para dar prestigio y credibilidad a sus propios objetivos y programas. Pero ni esos objetivos son científicos ni esos programas son ciencia.
Servilismo
Boris Karloff Servilismo Un afamado actor televisivo ha mostrado su malestar en rueda de prensa concedida recientemente a raíz de la obtención de su último galardón y refiriéndose a los recién otorgados premios "Ondas” del grupo Prisa: “en los últimos premios Ondas había personas que no eran dignas de recoger galardones”. Aludía a un “presentador de moda” premiado: “el premio otorgado a ese personaje deshonró a los Ondas”; “a veces uno se cuestiona si los premios deben darse a personas así”. Continuaba con un montón de improperios que es mejor no transcribir, para terminar diciendo: “esto no es democracia, es servilismo". Efectivamente, la televisión, en nuestra desdichada España, ha sido y continúa siendo cada día más, la que ayuda a encumbrar personajes y crear ídolos en todas las artes. Normalmente de escasa valía o de ninguna, en comparación con los muchos que se quedan en las canteras donde existen verdaderos artistas e incluso genios. Los privilegiados se convierten de esta manera, inmediatamente, en propagandistas serviles del régimen. El arte escénico resulta el más contaminado, adulterado y por consiguiente el más perjudicado. En estos tiempos para ser “actor” o “actriz” sólo hay que enamorar a una cámara o ser hijo o nieto de algún personaje ya encumbrado, que con idéntico servilismo haya expresado en sus apariciones públicas que “vivimos en democracia” y participado con imagen y con nombre en actos o movilizaciones programados por la partitocracia. Esta proyección mediática ha hecho que miles de jóvenes, inocentes, hayan sentido o creído sentir, la vocación del noble arte de la interpretación, saturando las pocas y desprestigiadas escuelas oficiales de Arte Dramático, lo que ha dado paso a un sin fin de escuelas privadas -sin necesidad de homologación-, donde tienen un gran negocio desaprensivos serviles del régimen. Después de años de estudio y sacrificio estos jóvenes actores se suman a otros con muchos años en las tablas y pasan a engrosar las voluminosas listas de parados. Al final, unos pierden la esperanza porque saben que nunca llegará el éxito y otros están en permanente estado de ansiedad a la espera de que salga algún trabajillo, por mísero que sea. Sin duda el afamado actor premiado, al hacer las mencionadas declaraciones ha querido situarse en el plano cultural en el que debería encontrarse. Hablaba para otro sector de la sociedad civil. No para aletargados telespectadores como “el presentador de moda”. Pero su complicidad en la elaboración de la serie emitida en Febrero de este año por TVE, televisión pública, sobre el 23F, propaganda descarada de la Monarquía de Partidos para confundir a los españoles difundiendo la mentira de que “vivimos en democracia”, nos demuestra que efectivamente esto no es democracia, esto es servilismo.
La ola
El mundo oligárquico postmoderno ordena un avance sin tregua y sin meta. Librado a sí mismo, es, por eso mismo, un movimiento de naturaleza eminentemente suicida. Se extiende sin fin definido y sin coordenadas. Y lo que es peor: sin noción de sus raíces, de su historia. Nada más totalitario que la pretensión de que la historia no tiene ningún peso; de que el hoy es un abracadabra salido de la nada, y que por tanto nos lo podemos inventar a nuestro gusto. Se trata, en esencia, de un movimiento depredador, regocijado en su aventura sin leyes, pero, eso sí, armado de un reglamento hecho a su medida y labrado a golpes de oportunismo. En estas circunstancias, y sin ideales cuerdos en perspectiva, el recuerdo que se precisa para fundamentar la libertad torna en simple nostalgia, síntoma de impotencia. De lo cual se aprovechan las rapaces para proseguir su saqueo. Si la dictadura de una voluntad unitaria que éstos desprecian y aquéllos invocan incita ciertamente a la rebelión de los Pocos, su mano de hierro no es tan arbitraria como la pintan los que surfean en la ola de la postmodernidad. Y, además, el servilismo actual se fundamenta precisamente en la ilusión de creerse héroes –como ese rey traidor nuestro– de algo que ni muchísimo menos conquistaron con sus manos. Ellos menos que nadie –aplastante mayoría de conformistas de todo– pueden lamentarse de la dictadura. El truco lo descubre hasta un niño: su berrinche esconde la ambición de poder dictaminar ellos, ahora entre las grietas de la depravación oligárquica. Una oligarquía financiera y mediática europeizante que se comerá a España hasta donde les dejemos; complacida por la creciente disolución de la conciencia nacional, fruto de muchos siglos de empeños únicos e irreemplazables, nutrientes de la libertad; feliz ante los destapes de los independentismos y amiga de la depredación material y moral reinante, que confunden adrede con una libertad colectiva con la que jamás soñaron, no digamos ya comprendieron. Estos anónimos vampiros à la Ronald McDonald se han introducido subrepticiamente en todas las esferas de la vida nacional. Si bien en muchos casos el daño no es todavía irreparable, habrá que asistir a una irrecognoscibilidad aún mayor de nuestra identidad para que se active el magma interno de la nación y comience así a configurar el horizonte de su lealtad. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"
Actuar ahora
En 2050 un asteroide chocará con la Tierra causando la destrucción de la mayor parte de las especies que la habitan. Aunque en realidad, la certeza de que esto ocurra es sólo del 50%, un porcentaje que irá aumentando a medida que nos vayamos acercando a la fatídica cita. ¿Deberíamos empezar a preocuparnos y buscar soluciones, o dejamos que pasen los años, con el riesgo de que si se confirman las malas noticias no dispongamos de tiempo para evitar la colisión? De todas formas, muchos de nosotros no viviremos para presenciar la próxima gran extinción, así que, ¿qué nos importa lo que le ocurra al planeta? Las beneficiadas, como siempre, serán las grandes industrias armamentísticas americanas, que querrán desarrollar armas nucleares que pulvericen el asteroide, o quizás las grandes farmacéuticas, que desarrollarán una vacuna anti-meteorito que nos inmunizará ante el impacto. El asteroide lleva por nombre cambio climático, y si no actuamos ahora las consecuencias futuras pueden ser (porcentualmente) dramáticas. Siendo el clima dependiente de tantos factores interconectados, con los modelos actuales es imposible tener una seguridad del 100% para predecir los acontecimientos futuros. Se ha establecido un límite de 2° C de calentamiento como el máximo que el planeta debería alcanzar para no sufrir consecuencias catastróficas, aunque ese calentamiento ya traerá de por sí efectos muy graves para una gran parte de la población mundial, especialmente en los países menos desarrollados. Aunque después de Copenhague se llegue a un acuerdo para limitar las emisiones de CO2 a la atmósfera, si entre 2000-50 se emitiesen mil millones de toneladas de CO2 (entre 2000 y 2006 ya llevamos aproximadamente 230), todavía habría un 25% de posibilidades de exceder los dos grados de calentamiento. Si en esos cincuenta años emitiésemos mil quinientos millones de toneladas, la probabilidad estaría en el orden del 50 %. Es decir, aunque redujésemos las emisiones globales al 50% a partir de ahora, la probabilidad de no poder parar el cambio climático es aun muy alta. ¿Quiere esto decir que estamos condenados y cualquier esfuerzo es inútil? Por supuesto que no: el objetivo ha de ser el de minimizar al máximo las emisiones producidas por las economías mundiales. El coste económico se ha calculado en aproximadamente un 1% del PIB mundial. Comparativamente, rescatar a las entidades financieras en los dos últimos años de crisis ha supuesto un 5%. Porque, de todas formas, ¿cuál es la otra opción? ¿Esperar durante treinta años a ver como transcurren los acontecimientos? Si los chamberlains modernos que minimizan los efectos del cambio climático estuviesen en lo cierto (los que sigan vivos para entonces) podrán decir: “ya lo decíamos nosotros”. Si, por el contrario estuviesen equivocados y no se hubiese actuado en su momento, el daño causado al planeta sería irreparable, y habríamos hipotecado el futuro de las próximas generaciones. Actuar ahora en la disminución de las emisiones de CO2 será beneficioso sí o sí, incluso aunque las previsiones no fuesen tan catastróficas. Cada uno es libre de elegir la opción que considere más razonable.
Excomunión regia
Juan Carlos I y Benedicto XVI Excomunión regia Seguir la lógica jurídica de la imposible construcción pseudoinstitucional y simbólica de esta monarquía de poderes inseparados nos lleva a llamativas paradojas que acreditan su debilidad original. Si la instrucción garzonita del franquismo en sede judicial incoando causa general nos llevaba irremisiblemente a la necesaria actividad judicial investigadora del papel del actual Jefe del Estado como personaje protagonista de los hechos, los motivos de excomunión latae sententiae expuestos por Monseñor Martínez Camino que afectarían a los diputados que voten favorablemente a la propuesta gubernamental de reforma sobre la regulación legal del aborto, llevan indudablemente a la del propio monarca. Sin entrar en valoración alguna del contenido material del proyecto normativo, y desde el simple contraste del Derecho Canónico y la función regia establecida en la Constitución de 1.978 no puede llegarse a otra conclusión. Como Martínez Camino refiere con irrefutable pulcritud en Derecho Canónico, la actitud del católico facilitador legal del aborto quedaría conceptuada como herejía o cisma que el Canon 1.364.1 dentro de los Delitos Contra la Religión y Unidad de la Iglesia específicamente pena con la excomunión al señalar que: “El apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren en excomunión latae sententiae, quedando firme lo prescrito en el Canon 194. 1, 2; el clérigo puede ser castigado además con las penas enumeradas en el Canon 1336 1, 1, 2 y 3”. Censura que precisamente por su carácter latae sententiae no precisa de expresa declaración particular ad homine sino de la que se es acreedor por la mera comisión del acto de forma pública o notoria, como acertadamente el obispo ha manifestado. Por otro lado el Art. 62 a) de la constitución de 1.978 atribuye como primera de las funciones del rey la de: “Sancionar y promulgar las leyes”. Por tanto su actuación y concurrencia para la eficacia de la norma que constituye el acto canónicamente reprochable resulta absolutamente indispensable ya que sin la regia sanción, ésta nunca saldría adelante. Si el rey no sanciona, la norma no se aprueba. El necesario respeto de la legislación eclesiástica al orden público estatal hacen de aplicación al supuesto de hecho el Art. 28 del Código Penal, que definiendo la participación del autor criminalmente responsable incluye en tal categoría comisiva en su apartado b) a: “Los que cooperan a su ejecución con un acto sin el cual no se habría efectuado”. La única conclusión jurídica posible de todo ello es la excomunión latae sententiae del rey en el mismo momento en que firme la sanción de la norma que finalmente redacten las cámaras legislativas. ¿Será el nacimiento de la curia republicana? ¿Optará el monarca por la alternativa belga de la breve espantá de su pariente Balduino? El cocktail del Estado de poderes inseparados mezclado con los frágiles principios de la legitimidad carismática produce indigestión jurídica.
Derrota triunfal
De la Cábala, ese sistema de doctrinas teosóficas inicialmente propuesto para interpretar el Antiguo Testamento, se extrae la siguiente enseñanza: las palabras no reflejan la realidad sino que la crean; por eso, Dios y el nombre de Dios son la misma cosa. La cábala nacionalista, que comienza por afirmar arbitrariamente como principio lo que debería probar, deduce de la “realidad nacional” de Cataluña el derecho de sus actuales habitantes a tomar la decisión de “autodeterminarse”; o sea, de “cada Nación, un Estado”, en expresión de Pascual Mancini. La esencia romántica del nacionalismo aspira a restaurar una imaginaria edad de oro (en la que comenzaría la historia de los hombres, como relató Hesíodo en “Los trabajos y los días”), una época de absoluta felicidad a la que sigue un empobrecimiento constante en un proceso que pasa por las edades de plata, bronce y hierro. Con su viva nostalgia de aquella plenitud inicial que llegó a su fin en 1716 (con los Decretos de Nueva Planta), a los soberanistas catalanes no les satisface en absoluto ni la cantidad ni la calidad del mineral extraído de España. No es tan paradójico que la Diada sea la conmemoración de una derrota en lugar de una victoria. En las guerras, Dios o el destino nacional pueden bendecir con la derrota, no con la victoria: más necesaria para los gobiernos, que siempre tendrán ansias de nuevas victorias. Sin embargo, después de una caída en el campo de batalla, se desea fervientemente algún tipo de liberación. Los pueblos precisarían de las derrotas para elevar el espíritu nacional como las personas del sufrimiento para concentrarse en su vida interior. A pesar de que pueda parecer un fracaso por la escasa participación y el magro resultado a favor de la independencia, la mera organización en algunos municipios del referéndum promovido por ERC y CDC, es todo un éxito propagandístico para el nacionalismo catalán. El presidente de la Generalitat no ha expresado su repulsa sino su respeto por semejante convocatoria. No sería extraño que la prensa catalana, incansable en su labor de halagar los vicios de los que gobiernan (y reparten subvenciones y prebendas publicitarias) y las pasiones más acreditadas del momento, volviese a lanzar un editorial conjunto en defensa del “derecho a decidir”. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"
Aviso a navegantes
Tras la bajada de la calificación de la deuda de Grecia hasta niveles cercanos a los “bonos basura” por parte de la agencia Fitch, debido a la falta de disciplina fiscal (déficit cercano al 13% y deuda viva del 135% del PIB) y a la precariedad de una economía altamente subvencionada, otra agencia, Standard & Poor, se descuelga con una rebaja de su perspectiva sobre la deuda pública española de "estable" a "negativa", anuncio que precede a una rebaja en el “rating” de España (*). Esta agencia justifica su decisión en la velocidad de crecimiento del déficit público y de la deuda en circulación del Estado, de varios de sus Organismos dependientes, de las Comunidades Autónomas y de algunos Municipios (61,5% del PIB en su conjunto, según el Banco de España), junto con el excesivo endeudamiento del sector privado (el 180% del PIB, según González-Páramo, miembro del Banco Central Europeo), que hace sospechar que será difícil generar los recursos necesarios para pagar sus costes (32.000 M€ prevé el Estado para el año 2010, mucho más que toda la financiación prevista en la ley de economía sostenible hasta 2020). Este tipo de noticias no suele suponer una preocupación inmediata para los ciudadanos, pero ha desembocado en un auténtico terremoto en la clase política cuyos miembros han reaccionado descalificando o minusvalorando al mensajero por un lado, o atizando a los gestores responsables del desaguisado por otro. Todo ello pone de manifiesto que el paraguas del euro no salva a nadie de la quiebra si no se ponen en práctica medidas económicas adecuadas y que, por absurdo que parezca, el diferencial de tipos de interés entre miembros de la Unión Monetaria se incrementa (debería ser cero). Y ambos aspectos afectan a nuestro país, dependiente en una gran parte de la financiación exterior, que verá agravados inmediatamente sus costes financieros: emisiones con mayores intereses que los demás, cotización a la baja de la deuda española en circulación y aumento de los seguros ligados a su amortización. Además, circulan comentarios e historias en algunos periódicos influyentes a nivel internacional sobre la situación económica de los “flying pigs” (Portugal, Italy, Greece, Spain) y los excesos de sus economías subvencionadas, sobre el alto desempleo español y la gran influencia que tienen en el Gobierno los sectores económicos más inmovilistas. En fin, una vez más ocurre lo que George A. Akerlof y Robert Shiller, siguiendo la estela de John M. Keynes, han puesto de manifiesto en el brillante ensayo “Animals Spirits”: la gran importancia que tienen la confianza (credibilidad e informes de agencias especializadas), la equidad (el ingente desempleo), las historias (los artículos de la prensa sobre España), la corrupción y la mala fe (la forma de conseguir las subvenciones) de los agentes económicos.
Partido Nacional-Futbolista
Laporta, patriota (foto: jumusch) Partido Nacional-Futbolista Fue porque el fútbol nació en las Islas Británicas que el primer partido de selecciones lo jugaron Escocia e Inglaterra, allá por 1872. A partir de la temporada 1883-84, comienza a disputarse el British Home Championship, primer torneo internacional entre los cuatro equipos nacionales del Reino Unido. Todavía hoy, las cuatro federaciones británicas —Irlanda del Norte en lugar del independiente Eire—cuentan con sus correspondientes selecciones y mantienen sus cuatro votos, tantos como las 203 asociaciones que constituyen la FIFA, dentro de la International Board. Pero este aparente privilegio tiene la oscura contrapartida del deber de mantener ligas propias. Así, los clubes de la Liga Norirlandesa y la Liga Galesa son desconocidos, y los dos grandes equipos escoceses, el Celtic y el Rangers, se aburren en su campeonato, muriéndose por entrar en la Premier League inglesa —de momento no les dejan— donde podrían aspirar a mejorar sus ingresos y su competitividad. Por más que pese a los nacionalistas catalanes, de los que éste “más que un club” es bandera, el FC Barcelona es lo que ahora es, y debe su grandeza, al hecho de ser un equipo español. Después de haber elevado al Barça a los mejores resultados de la historia, lo que, por cierto, ha servido al señor Joan Laporta para alcanzar la popularidad de la que ahora hace uso; el actual presidente culé no tiene ningún reparo en convertir a los blaugrana en un equipo menor con tal de alcanzar la soñada ínsula catalana. O, ¿acaso creen los culés independentistas que el Barça no perdería su estatus económico y deportivo en una liga catalana? ¿Querrían ir las figuras internacionales, o los jóvenes “extranjeros” —pongamos los ejemplos del albaceteño Iniesta o del canario Pedro— a formarse a la Masía, sobre el horizonte de una temporada con un único partido competitivo frente al Espanyol? Los actuales niveles de popularidad mundial e ingresos del club, ¿no resultarían entonces afectados? Es en estos detalles tan nimios donde puede apreciarse con toda claridad la desvergüenza de los nacionalistas. Eso de la independencia plena: pues no, estatut o estado libre asociado, porque para algunas cosillas lo de España les conviene más que seguir por entero a la víscera. ¡Y que se lo agradezcamos! Selecciones nacionales sí —con canallesco anuncio incluido en el que nos acusan a los españoles de impedírselo a los pobrecitos—, pero liga propia nunca. ¿En qué otro lugar del mundo la gente acude a los campos para oponerse sonoramente a la nación cuya liga o copa están jugando sus equipos —sin que nadie, por cierto, les obligue— exhibiendo groseramente toda la parafernalia de pancartas y banderas independentistas, ello sin acompañar semejante despliegue de la coherente demanda de campeonato propio, lo que sí significaría la ansiada selección?

