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domingo 11 enero 2026
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When judges make foreign policy

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When judges make foreign policy, en The New York Times "Every generation gets the Constitution that it deserves. As the central preoccupations of an era make their way into the legal system, the Supreme Court eventually weighs in, and nine lawyers in robes become oracles of our national identity."

Oscuridad burguesa

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La temática criminal que atraviesa la filmografía de Claude Chabrol está sustentada en numerosas adaptaciones de novelas policíacas (Patricia Highsmith, Georges Simenon, Claude Rank, Ruth Rendell, etc.) en cuyo universo de intrigas, engaños y dobleces, se ha desarrollado fácilmente la creatividad de este retratista del lado oscuro de la burguesía. Desde las páginas de Cahiers du cinéma contribuyó a cimentar la teoría del cine de autor, fundada en la mise en scéne y en la visión del mundo que posee un cineasta: y la mirada, fría, y con ribetes cínicos, de Chabrol, perfora lo que tiene de vacuidad y podredumbre la condición burguesa.   Chabrol no se centra en el desvelamiento de los mecanismos externos que configuran el poder y la posición de la burguesía, sino en la implacable disección de una psicología y una moralidad que expresan, a la vez que justifican, el dominio de una clase dispuesta a asfixiar los sentimientos nobles o inconvenientes, y a ocultar sus trapos sucios detrás de una pantalla de pulidas formas sociales. En esta organización del mundo, el matrimonio como comunidad de intereses supone, inevitablemente, la degradación de los interesados. Los hombres, al mismo tiempo que condenan la promiscuidad, para tratar de asegurarse a la mujer como propiedad, no pueden renunciar a ella. Sin embargo, flota en el ambiente burgués la tácita promesa de no manchar la reputación femenina con habladurías sobre las mujeres que se “ofrecen” fuera del matrimonio: la discreción es la fuente de felicidad de toda vida secreta. Pero en esta adulteración de la vida conyugal, la obsesión por el adulterio puede conducir a un crimen inocultable (La mujer infiel). Por otro lado, el director de Inocentes con manos sucias no nos hace albergar ilusiones acerca de una luz “proletaria” que combata las sombras burguesas. En La ceremonia nos muestra ese tipo de autointoxicación que tiene un aspecto pasivo o una condición servil, pero que contiene una feroz envidia de lo que no se tiene; un resentimiento que se deleita de antemano con el dolor que querría ver sufrir al objeto de su rencor, y que en esta película desencadena las más atroces perversiones.   Claude Chabrol (foto: Presse IndéPicarde) Chabrol pasó de teñir con cierta suciedad formal y profusión de zooms -un mal de la época-, obras tan extraordinarias como El carnicero (1969), a decantarse, en los últimos tiempos, por la elegancia de la puesta en escena. De todas maneras, su cine conserva la misma acidez.

Contra los falsarios

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(Foto: Daniel García Peris) Contra los falsarios Los antiguos helenos llevaron el logos al cosmos para volverlo hacia el hombre. “Conócete a ti mismo”, predicaba Sócrates. Tal sentencia exhorta a un autocontrol personal. Y qué mejor manera de conseguirlo que sometiendo la propia conducta a unos principios desde los que operar lógicamente. Así no es extraño que la moral florezca del conocimiento, y, como éste remite a lo universal, lo que vale para uno ha de valer para todos. El pragmatismo ateniense añadió racionalidad a la vida colectiva, que se construyó sobre la participación de sus ciudadanos en condiciones de igualdad. Al fin y al cabo, cuando de defender la polis se trataba, no era la inteligencia ni el patrimonio, sino la voluntad, aquello que más contaba para mantener la posición en la falange. La formación de la infantería hoplítica se basaba en la confianza mutua, pues era el escudo del compañero el que cubría la parte diestra de tu pecho. Y no hay confianza que valga en un ambiente en el que el estatus personal depende de un poder arbitrario en vez de la valía o la fortuna. Y en caso de perturbadora duda siempre se podría anotar el nombre del fulano en la concha.   La invención del derecho vino a reforzar desde fuera la previsibilidad de las conductas personales y societarias. Pero se tornaba inicuo para someter a los poderosos porque sus administradores dependían del mismo gobierno. De ahí que la división del poder en origen adquiera la categoría de imprescindible para eliminar la inquietud. Pues el criterio ético siempre exige el bien mayor, no el mal menor. Y es sabido que la estrategia maximín manda en condiciones de incertidumbre colectiva, lo que es en todos sus sentidos desmoralizante para la sociedad.   Las instituciones políticas jamás escapan al principio de racionalidad. Siempre cumplen con el objetivo fundamental para el que fueron concebidas. Luego podrán realizarse ajustes o correcciones al respecto. Pero cuando el resultado de su funcionamiento es distinto del fin propio que las constituyó, solamente pueden perpetuarse en el sometimiento del discurso público a la mentira oficial en que se fundaron. Las consecuencias para la forzosa vida en común son espantosas. Tal es el caso de España, especialmente porque nunca en su historia sometió el designio colectivo a un diseño institucional racional basado en principios éticos. Copiar el modelo extranjero del Estado de partidos se ha revelado desastroso. Habida cuenta de la secular desconfianza que nos ahoga, necesitamos de uno propio y original con las más avanzadas garantías: la República Constitucional.

Déficit público

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Las deudas de la sociedad española son el síntoma más evidente de la enfermedad que nos ha corroído: vivir por encima de nuestras posibilidades. Según muchas fuentes se acercan a los 3,9 billones de euros (pensemos que nuestro PIB es de 1,051 billones de euros). Hoy vamos a centrarnos en una porción de ellas: nuestro Sector Público, que, salvo honrosas excepciones de pequeños municipios que gestionan eficientemente sus presupuestos, ha gastado más de lo que ingresaba, sus dirigentes se han metido en proyectos descabellados y han montado unas maquinarias burocráticas desorbitadas, ayudadas por normas que reforzaban su autonomía financiera y modernizaban sus formas de gestión.   Uno de los métodos que miden estos desfases son los llamados déficits presupuestarios, que miden la diferencia entre los ingresos ordinarios (tributos, precios públicos y transferencias) y los gastos ordinarios (personal, gastos de funcionamiento, intereses, transferencias e inversiones). Pero este saldo solamente muestra una parte de la gestión, quedando fuera las aportaciones patrimoniales que hacen a sus múltiples empresas públicas y entidades fundacionales o asociativas y la financiación de los Fondos de carácter financiero (adquisición de activos, rescates bancarios, inversiones locales). También se queda fuera de ese saldo toda la gestión de las entidades que forman parte el Sector Público empresarial (entidades publicas, sociedades mercantiles, fundaciones, consorcios y otros tipos de entes controlados por los poderes públicos). No olvidemos que los órganos de la Comisión Europea conocen estos métodos de contabilidad creativa e ingeniería de derivados financieros.   Así que muchos analistas utilizan la diferencia de endeudamiento en el tiempo, en vez de esos saldos. Con buen criterio piensan que el déficit presupuestario es un grifo más que va llenando la cuba de la Deuda Pública y una forma de medir su dimensión es calcular la diferencia de su nivel. Veamos un ejemplo: según las cifras oficiales el déficit público de España en el año 2009 se elevó al 11,4% del PIB. Pero según la diferencia de niveles de la cuba es bastante mayor. El Banco de España, en su último boletín estadístico, nos muestra que la Deuda Pública en circulación en el tercer trimestre de 2008 fue de 555.040 millones de euros (M€) (518.031 M€ de las Administraciones Públicas y 37.009 M€ de las Empresas Públicas), un año después subió a 727.729 M€ (680.538 M€ y 47.191 M€ respectivamente), la diferencia anualizada fue de 172.689 M€. Teniendo en cuenta el PIB de ese año (1.051.151 M€) el déficit público se elevó al 16,4% del PIB, cifra bastante lejana de la realidad comentada, discutida y criticada en las Cortes Españolas por nuestra clase política. Y la realidad anual puede ser peor.

Aleteos de mariposas

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The elusive butterfly (foto: TexasEagle) Aleteos de mariposas   Es evidente que la política moderna ha devenido mundial de una forma definitiva. No hay Estado de partidos en Occidente, ni gobierno en el planeta, que esté al margen de las decisiones de los EE.UU., la principal potencia militar mundial, o de la Unión Europea, una gran potencia económica siempre en dirección a una unión política al estilo norteamericano. Si ocurrieran hechos significativos en el funcionamiento democrático de las potencias mencionadas, afectarían a los demás Estados-nación del mundo, entre otras razones porque éstos han dejado de ser en gran medida “Estados nacionales” y hasta han dejado de tener las competencias típicas de los “Estados”. Esos hechos significativos son “aleteos políticos de mariposas” porque, al igual que en la teoría física de la predicción del clima de Edward Lorenz, el simple aleteo de una mariposa en un lugar apartado del planeta puede afectar (para bien o para mal) al otro lado del mundo.   Es obligado entonces analizar los asuntos estatales internos desde el punto de vista mundial en el que intervienen los tres grandes bloques políticos internacionales: China, EE.UU. y la UE. China nos queda un poco lejos y su cultura es en gran medida desconocida todavía en Europa, pero ya se empieza a reconocer que está sosteniendo la deuda y la economía norteamericana y que el turismo de sus nuevos ricos podría ser una solución importante para ciertos Estados europeos (Francia, Italia y España). Centrémonos en dos hechos o aleteos de las también dos primeras potencias “democráticas” occidentales: EE.UU. y UE.   1º- El dato o aleteo de los EE.UU. tiene doble vertiente, su política exterior y su política interna (que determina en gran medida su política exterior): a) El reciente progreso en libertades e independencia económica en la Iberoamérica de los últimos diez o quince años debido, entre otras causas, a la política exterior de Bush I y Bush II que se concentró en Irak e Irán y se olvidó un poco (bendito olvido) de “su patio trasero”, permitió a los Estados subordinados del resto del continente americano empezar a preocuparse por sus poblaciones desde que se independizaron de España o Portugal –hay todavía excepciones, obviamente, como Haití-, y b) El hecho de la esperanza, revelada falsa, de la política, por ahora “cautiva”, del presidente Obama. 2º- Las medidas de política económica que por decreto de la Unión Europea tendrá que aplicar el Estado de partidos griego sobre su ya desprotegida y abandonada población supuestamente soberana.   No son dos ejemplos o aleteos más en la oleada de la crisis económica y financiera global y de una supuesta autonomía de lo económico frente a la también supuesta indiferencia de la forma política del Estado. Tienen, en cambio, su relevancia doctrinal y práctica de primer orden en la geografía y en la historia de las ideas políticas democráticas.   1º- Grecia es la cuna de la misma noción de la democracia hace más de dos mil años: las decisiones del gobierno de la polis (Atenas) se empezaron a tomar mediante la participación de los ciudadanos, de unos pocos ciudadanos, es verdad, los aristócratas, pero no ya por medio del capricho de un tirano y su camarilla o corte (cosa muy reciente todavía en Europa y España por cierto).   2º- EE.UU. también es el país que vio nacer en la práctica a la democracia representativa y a la separación de poderes hace tan sólo poco más de doscientos años. Sin embargo ni los partidos políticos ni el poder judicial politizado de una y otra nación se atienen suficientemente a los grandes principios políticos de su gloriosa historia.   En los dos primeros meses de este año se han tirado por la borda los grandes valores democráticos de la representatividad de las elecciones en los EE.UU. y de la misma idea de la democracia en la Unión Europea. Estos son hechos de la categoría que he indicado al principio: con un efecto mariposa en el clima democrático mundial.   En febrero el Estado de partidos de Grecia permite que instituciones con funcionamiento no verdaderamente democrático impongan a su pueblo las restricciones de política económica que interesan a los partidos y burocracia de la UE. Otra política es posible: desde la postura de la Gran Bretaña que no toleraría tal cosa, hasta el establecimiento de un estatus democrático para las instituciones griegas.   Pero antes, el 21 de enero, el Tribunal Supremo -o Corte Suprema- estadounidense, máximo órgano de su independiente poder judicial, sentenciaba que el Gobierno, es decir el Jefe del Estado y del gobierno, que en los EE.UU. como en la mayoría de las repúblicas modernas es la misma persona delegada por el pueblo que lo ha elegido, no puede prohibir que las grandes empresas hagan cualquier tipo de aportación económica en las elecciones. Permitiendo con ello que las grandes compañías y sus consejos de administración, directamente con sus donaciones, puedan comprar con dólares lo que el pueblo no podrá hacer con sus votos. La representatividad de la democracia se tira por la borda junto a una verdadera separación de los poderes judicial, ejecutivo y legislativo.   ¿Qué efectos tendrán estos dos aleteos antidemocráticos en España?

Debate inane

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Los síntomas de esclerosis ejecutiva que hemos observado este último año han desembocado en el reconocimiento por parte de Zapatero de su propio desgaste: de la pérdida de la causa de gobernar o de la potencia vital para dirigir las aspiraciones de los gobernados. Ahora, ya, ni siquiera vanas palabras de satisfacción de sí mismo tratan de ocultar el estado de impotencia en que se encuentra para resolver la crisis. Así, atendiendo al sentido pactista del Estado de Partidos, preconizado y recomendado por el rey para tiempos de turbación, Zapatero pide y ofrece “consenso” a todos los grupos de la Cámara, con su mejor voluntad. Este bálsamo de Fierabrás del Régimen sería necesario para afrontar el conjunto de las reformas que requiere la crítica situación. Es decir, un Gobierno sin causa ni razón, quiere durar y sostenerse a costa de no gobernar.   La vida política se reduce a operaciones formales del poder, a pura tramitación de expedientes. Cuando Zapatero dice que “vamos a poner toda la carne en el asador”, lejos de tener la intención de realizar alguna acción sustantiva de poder, anuncia la formación de una comisión encabezada por sus lugartenientes: la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, y los ministros de Fomento e Industria, señores Blanco y Sebastián, para que “emprendan un diálogo y una negociación con los diversos grupos”, con el fin de arbitrar medidas que despierten la inanimada competitividad de la economía española, fomenten la creación de empleo (aunque bastaría con que se frenase la destrucción), e impulsen ¡nada menos! que la “reactivación” del modelo productivo. Además, ahora que las arcas públicas están vacías, el Gobierno abriga la esperanza de recaudar más dinero luchando contra el fraude fiscal y derribando los tabiques de la economía subterránea, con lo que podría provocar un hundimiento completo.   Mientras, el jefe de la derecha estatal hace oídos sordos a la operación de socorro orquestada en la Zarzuela, y rechaza el pacto para no hacerse “corresponsable” de la irresponsabilidad gubernamental. Rajoy ha recordado las diferencias ideológicas aducidas, no hace mucho, por Zapatero, para no arrimarse al PP, concluyendo que lo que les separa son diferencias al asumir la realidad. Ajeno a ésta parece estar también don Mariano, cuando reclama una rebelión en las filas del PSOE a causa del desvarío de su patrón, como si no estuviera al corriente de la domesticación oligárquica de los grupos parlamentarios.     "A pure theory of democracy"     Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

Aciaga frivolidad

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Los profesionales del marketing juegan un papel principal en la sociedad de masas, como persuasores (“hidden persuaders”) de que lo mejor que se puede hacer en la vida es aturdirse, gozar y consumir. No es que esta glorificación del hedonismo más chato -placeres mecanizados y fetichización del consumo- tenga como fin apartar al hombre de la reflexión crítica y de la búsqueda de sí mismo, sino que la preocupación y la tristeza son estados de conciencia y de ánimo escasamente propicios al deslumbramiento por los productos que, a un ritmo vertiginoso, las campañas de venta y conquista de nuevos clientes, arrojan al mercado.   En ese proceso de conformación mental, ha de inculcarse un sentimiento festivo de la existencia que nos introduzca en una verbena permanente y nos haga olvidar lo que pasa fuera: ocurra lo que ocurra, lo mejor, es, pues, entregarse a las delicias del jolgorio y someterse a la terapia del chiste y de la risa fácil. En este parque temático o paisaje de cartón piedra, donde la vida es la suma de sus aspectos agradables, no hay lugar para el dolor ni la agonía, ni para aquellos, como Oscar Wilde, que sientan el mayor desprecio por el optimismo.   Kierkegaard considera la angustia el estado anímico inherente a la existencia humana. Pero el creyente posee el eterno y seguro antídoto contra la desesperación: la “posibilidad”, puesto que para Dios, todo es posible en cualquier momento. En esa misma dimensión irreductiblemente trágica de la vida, Unamuno señalaba que “los únicos reaccionarios son los que se encuentran bien en el presente”.   (Foto: The James Kendall Of The Pistoleers) Sin el consuelo del cielo, paradójicamente, el progreso también puede servir para justificar el conservadurismo, siendo el porvenir la única propiedad que los amos conceden de buena gana a unos esclavos cuyo presente es miserable, pero a quienes se asegura que el futuro, al menos, les pertenece. No está de más recordar cómo los griegos se quejaban de sus dolencias y padecimientos y no se avergonzaban de las debilidades humanas. No obstante, estaban convencidos de que éstas, no debían desviarles del camino del honor.

Clastoniria

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Castillo Neuschwanstein (foto: ingirogiro) Clastoniria El Rey llama otra vez al Pacto de Estado y a casi nadie le importa ya lo que quiere decir. Puede que el pacto sea el Estado o quizá tengamos un Estado de pacto. Lo más probable es que ni el escritor de los reales discursos recuerde ya el sentido del Pacto Original, que fue eliminar la política de la sociedad. Ahora sólo es preciso conservar la estructura de poder que esas palabras han originado mientras cada uno (poderoso o poderido) intenta soslayar lo mejor posible las dificultades económicas que acarrean.   Una descripción honesta de la situación política en la cual nos encontramos conduciría a la reescritura de El Castillo. Hemos sido llamados a participar en política, pero nadie conoce los medios para hacerlo. Mientras vagabundeamos por los alrededores de la fortaleza en espera de ser recibidos somos instados a expresarnos libremente aunque no dispongamos de información veraz ni de interlocutores reales. El Estado que no es administrativo, es decir, el Poder, tiene reservado el derecho de admisión -privilegio de pactación- y así, sin libertad, el ciudadano es el funcionario llamado a trabajar en pro de una sociedad cuyos objetivos y logros son transmitidos industrialmente por los medios de comunicación. Después es comprensible que nos sintamos urgidos a defender nuestra posición apuntalando el régimen burocrático del cual parece depender.   Cuando la fantasía es el presupuesto de un proyecto político, la utopía es el resultado y su aplicación es traumática. Pero cuando la fantasía es el efecto necesario de un proyecto político oportunista, su desarrollo conduce a la distopía. La partidocracía es una distopía. En ella todos somos agrimensores de campos que no existen y, naturalmente, una de las actividades más necesarias termina siendo aliviar la ansiedad que esta situación provoca. En búsqueda de anestesia, la razón caprichosa se refugia en el ocio y la razón disciplinada, la ciencia, en el negocio. Pero tanto la imaginación sin sentido común como la razón oportunista sin idealismo moral, tan relacionadas ambas con la fantasía, conducen a la muerte de los sueños. Si la imaginación ya no sirve para dibujar un mundo mejor y la razón se convierte en una herramienta sin planos universales, el deseo deviene en apetito y los sueños en subversión. Hay que dejar de soñar.

Automatismos

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Los partidos estatales aseguran su estabilidad en el poder ejecutivo del mismo modo que la Naturaleza fija el éxito de una especie antes de extinguirla: por medio de la repetición, por el rechazo de la innovación, y por ensimismamiento en el método que procuró el triunfo en otras circunstancias. En suma, por tratar los aspectos dialécticos del ambiente con la simpleza de respuestas mecánicas. La extenuación en el ejercicio del poder conduce inexorablemente a reincidir en el error y en el automatismo de las reacciones.   Toda la anterior ambición se diluye en la estabilidad ficticia de la repetición de un mismo discurso. Pero las palabras, siendo las mismas, llegan a oídos nuevos. Con el retroceso progresivo de la sensibilidad se atrofia la vivacidad y crece el descaro. Aquí, la mala educación no proviene de un defecto en las formas, sino de aplicar réplicas manidas, fuera de lugar y tiempo, a incitaciones nuevas. La ambigüedad del lenguaje del poder – desplegado en el plano oblicuo y genérico, propio de la retórica y la sofística-, que en su fase ascendente servía a la generalidad de los intereses convocados, sólo cubre en su declive, la vacuidad de su contenido. El discurso político, entonces, se enreda de impertinencias. En el momento que se separa por entero una idea de su base en la experiencia real no es difícil establecer una conexión entre ella y casi cualquier otra idea: si existe un reino independiente de ideas puras, todas las nociones y conceptos no pueden sino estar interrelacionados, ya que éstos deben su origen a la misma fuente: una mente vista en su subjetividad extrema, inalterada por la experiencia y sin relación con el mundo, jugando para siempre con sus propias imágenes: las de la paz y la cohesión social, en el caso del presidente del Gobierno.   Es posible hallar, aparentemente, gente obtusa, incapaz tanto con la pluma como con la palabra de desarrollar sus ideas, y que, sin embargo, se desenvolverían de maravilla en la esfera de la acción. Aunque el señor Rodríguez Zapatero nos ha dado muestras palpables de ser una nulidad en ambos campos, no se le puede negar una denodada voluntad de poner buena cara al mal tiempo. Y de esta manera incorregiblemente optimista, intentará seguir dando a entender que cuando la puerta de la especulación inmobiliaria se cierra la del cambio de modelo productivo se abre. No obstante, la visión pesimista/realista nos indica que cuando una puerta se abre (y la de la crisis está de par en par) cien se cierran.     "A pure theory of democracy"     Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

Sintomatología

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(Foto: barnajunkie) Sintomatología Que se apruebe una cosa (el aumento de la edad de jubilación, por ejemplo) para anularla a continuación podría ser presentado como una muestra de sensibilidad con las protestas de los afectados. Pero aunque la costumbre haga normales las extravagancias, el hecho es que dejan de extrañar cuando comienzan a inquietar. Y la inquietud ante las que manifiesta el jefe del Gobierno está ya generalizada.   ¿Puede existir mayor extravagancia que la de jactarse de sintonizar con las reacciones adversas que provocan los actos propios? Pues ésta es la costumbre del poder. Entrar o salir de la OTAN, crear o suprimir millones de puestos de trabajo, combatir o ceder a las reivindicaciones de los sindicatos, acelerar o frenar las competencias de las autonomías, facilitar u obstruir el curso de la justicia, promocionar la guerra o la paz, etc., son cuestiones indiferentes para el gobierno de turno partidocrático. Haga lo que haga, escoja la alternativa que escoja, siempre tendrá razón. Y cuando, por ser ésta demasiado atroz, no se atreva a confesarla, también dirá que la tiene, en forma de razón de Estado.   Nada se parece más a la incoherencia final de los partidos gubernamentales que la tendencia -observada en la naturaleza de la vida orgánica- a la estabilidad de una especie exitosa. Tan pronto como pierde la ambición de ascender, con el resto de la realidad en que medra, a un modo de vida superior, comienza a desarrollar una especie de egoísmo ciego que la precipita a niveles cada vez más bajos de existencia. La decadencia sustituye la humildad por la arrogancia, la coherencia interna por el desdén de la moralidad, el altruismo de los elementos superiores por la subordinación del colectivo al parasitismo de los individuos guías.   El tedio vital del poder, como frustración de los    impulsos     hacia    contrastes    nuevos, comienza a ser patente en la irritación desproporcionada que producen, en el método de gobernar, los contraestímulos. La suspicacia y la sospecha toman el sitio que ocupaba, en la fase ascendente del grupo, la ponderación táctica. La más mínima crítica, incluso dentro de una aprobación global, la recibe el poder estabilizado, es decir, anquilosado, como señal alevosa contra su duración. El núcleo de confianza política del gobernante se reduce paulatinamente a incondicionalidades personales, acentuándose su aislamiento y dejando de percibir tonalidades en las resistencias de la oposición interna o externa.

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