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martes 13 enero 2026
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Parados

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Buscadores de empleo (foto: John McNab) Parados En la mentalidad del antiguo régimen se admitía la existencia de vagabundos en los caminos, mendigos en los atrios de las iglesias, truhanes en los mercadillos e indigentes agolpados en las ciudades, pero no la de parados, que es una condición asociada al empuje del capitalismo industrial, que deja a un lado la legislación tradicional que protegía a los pobres de solemnidad, con el fin de forzarlos a integrarse en el mercado de trabajo. Los empleos a cambio de un salario se convierten en otra mercancía sujeta al vaivén de la oferta y la demanda, aunque por supuesto la capacidad de negociar ventajosamente reside sobre todo en los que pueden comprar fuerza laboral y no en los que se ven obligados a venderla.   El trabajo rompe el molde establecido por la economía clásica: no puede considerarse una mercancía más, ya que su naturaleza no puede sujetarse a las leyes mecánicas del mercado. Además no todo es canjeable: “Todo tiene o bien un precio o bien una dignidad. Lo que tiene un precio puede reemplazarse por su equivalente, en cambio, lo que no tiene precio, y por ende, tampoco equivalente, es aquello que posee una dignidad” (Kant). Más allá de las exigencias implacables de la producción, se impone la necesidad del descanso (y por tanto, la imposibilidad de que se amplíe la jornada de 16 horas) y la de un salario que permita la subsistencia del trabajador y su familia (del proletariado, en suma).   Pero es precisamente la Primera Guerra Mundial la que acaba con el “ejército de reserva” que constituían los parados, movilizando a millones de trabajadores que merced    al     pleno     empleo     estarán    en condiciones de exigir mejoras sustanciales, facilitadas por el reconocimiento de los derechos sindicales. La Constitución de Weimar abre la espita demagógica del derecho a un puesto de trabajo aunque nadie lo ofrezca. La garantía estatal de un subsidio mientras no se encuentre empleo también es papel mojado frente a un aluvión de parados: en los años veinte y treinta se delinea el fenómeno social del desempleo masivo, que desborda los cauces de la economía clásica.   El nacionalsocialismo, con la puesta en marcha de una economía de guerra, eliminó el paro en tres años y en doce provocó la destrucción de buena parte de Europa. Hitler estaba en movimiento perpetuo, reprimiendo los conatos de resistencia y vociferando consignas propagandísticas en el interior; conquistando y esquilmando los territorios del exterior; todos los problemas son militarizados y resueltos en términos de eficacia y aplastamiento. Ya sabemos el resultado económico de la planificación soviética; no obstante, muchos siguen echando de menos la clase de pleno empleo que registraba el comunismo. Entre otras cosas, al nazismo y al estalinismo les unía la misma glorificación del trabajo forzado: en el Gulag, examinaban a los presos desnudos, y por el estado de su trasero, determinaban su capacidad para trabajar, y aunque al que apenas tuviese glúteos se le consideraba, conforme al reglamento, demasiado débil para realizar trabajos duros, todos eran declarados aptos.   Las fórmulas keynesianas pudieron aplicarse con éxito en mercados nacionales regulados por Estados donde no reinase la arbitrariedad, pero la galopante internacionalización de la economía    reveló    las   limitaciones    de   tal continúa …

Parados (completo)

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Buscadores de empleo (foto: John McNab) Parados En la mentalidad del antiguo régimen se admitía la existencia de vagabundos en los caminos, mendigos en los atrios de las iglesias, truhanes en los mercadillos e indigentes agolpados en las ciudades, pero no la de parados, que es una condición asociada al empuje del capitalismo industrial, que deja a un lado la legislación tradicional que protegía a los pobres de solemnidad, con el fin de forzarlos a integrarse en el mercado de trabajo. Los empleos a cambio de un salario se convierten en otra mercancía sujeta al vaivén de la oferta y la demanda, aunque por supuesto la capacidad de negociar ventajosamente reside sobre todo en los que pueden comprar fuerza laboral y no en los que se ven obligados a venderla.   El trabajo rompe el molde establecido por la economía clásica: no puede considerarse una mercancía más, ya que su naturaleza no puede sujetarse a las leyes mecánicas del mercado. Además no todo es canjeable: “Todo tiene o bien un precio o bien una dignidad. Lo que tiene un precio puede reemplazarse por su equivalente, en cambio, lo que no tiene precio, y por ende, tampoco equivalente, es aquello que posee una dignidad” (Kant). Más allá de las exigencias implacables de la producción, se impone la necesidad del descanso (y por tanto, la imposibilidad de que se amplíe la jornada de 16 horas) y la de un salario que permita la subsistencia del trabajador y su familia (del proletariado, en suma).   Pero es precisamente la Primera Guerra Mundial la que acaba con el “ejército de reserva” que constituían los parados, movilizando a millones de trabajadores que merced al pleno empleo estarán encondiciones de exigir mejoras sustanciales, facilitadas por el reconocimiento de los derechos sindicales. La Constitución de Weimar abre la espita demagógica del derecho a un puesto de trabajo aunque nadie lo ofrezca. La garantía estatal de un subsidio mientras no se encuentre empleo también es papel mojado frente a un aluvión de parados: en los años veinte y treinta se delinea el fenómeno social del desempleo masivo, que desborda los cauces de la economía clásica.   El nacionalsocialismo, con la puesta en marcha de una economía de guerra, eliminó el paro en tres años y en doce provocó la destrucción de buena parte de Europa. Hitler estaba en movimiento perpetuo, reprimiendo los conatos de resistencia y vociferando consignas propagandísticas en el interior; conquistando y esquilmando los territorios del exterior; todos los problemas son militarizados y resueltos en términos de eficacia y aplastamiento. Ya sabemos el resultado económico de la planificación soviética; no obstante, muchos siguen echando de menos la clase de pleno empleo que registraba el comunismo. Entre otras cosas, al nazismo y al estalinismo les unía la misma glorificación del trabajo forzado: en el Gulag, examinaban a los presos desnudos, y por el estado de su trasero, determinaban su capacidad para trabajar, y aunque al que apenas tuviese glúteos se le consideraba, conforme al reglamento, demasiado débil para realizar trabajos duros, todos eran declarados aptos.   Las fórmulas keynesianas pudieron aplicarse con éxito en mercados nacionales regulados por Estados donde no reinase la arbitrariedad, pero la galopante internacionalización de la economía reveló las limitaciones de tal modelo, al quedar fuera de control la especulación financiera y las inversiones empresariales en países lejanos que ofrecen mejores rendimientos.   En la Europa de la demagogia social sin democracia, es decir, de la socialdemocracia, con una floreciente economía sumergida en algunos países latinos y el fácil acceso a los servicios públicos más elementales, nos hemos acostumbrado a vivir con un paro que ha oscilado en torno al 10%. La caída de los costes salariales y de los impuestos, y una contratación laboral flexible suelen ser las recetas de los partidos estatales inclinados al liberalismo, cuya aplicación suavizan cuando se hacen con el Poder Ejecutivo.   Por mucha resignación que se haya incubado en España, la tasa de paro que padecemos resulta escandalosamente alta, y para hallar sus causas nos podríamos remontar a la irresponsabilidad e imprevisión de una clase gobernante que no ha sentado las bases de una economía productiva y de una industrialización moderna, para concluir que semejante incompetencia resulta tan inevitable como la corrupción, el sobreendeudamiento y el despilfarro públicos en un régimen esclerótico. {!jomcomment}

Debilidad europea

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Los editorialistas de los periódicos continentales no alcanzan a establecer las coordenadas a partir de las que analizar la que bautizan como debilidad política inglesa. Tras las elecciones generales legislativas en el Reino Unido, que han sido presentadas como ejecutivas mediante la intoxicación introducida a través de los debates televisivos protagonizados por los jefes de los principales partidos, la lógica partidista es incapaz de ver que la debilidad política de un parlamento “colgado” reside precisamente en su intervención para formar un poder ejecutivo no elegido directamente por los ciudadanos.   El sabio Felipe González, critica la falta de liderazgo europeo, al tiempo que alaba el discurso de Obama, al que critica su cortesía hacia el poder de Wall Street, mientras no alcanza a ver, o si o ve lo calla, que un poder distante y ajeno a los ciudadanos no puede tener la fuerza de la legitimidad que le permita actuar con determinación en momentos de crisis. González critica la introspección de las naciones europeas, cuando no existe un elemento de unión, situado por encima de cada Estado y legitimado por la fuerza del voto directo de todos los ciudadanos europeos.   La partidocracia europea camina hacia terrenos muy peligrosos cuando recurre a la lógica de las ideologías y critica a los “catch all parties” deslizándose al tiempo hacia sistemas proporcionales que alejan al ciudadano todavía más de su representante de distrito, y toman por iguales engendros burocráticos como la UE y democracias como la estadounidense.   Causa estupor ver como una simple reforma hacia el presidencialismo, y la elección directa del presidente del ejecutivo por todos los ciudadanos, evitaría la debilidad de sistemas parlamentarios propensos al pacto y la corrupción para hacerse con el ejecutivo, hasta el punto de cambiar las reglas de juego político según le convenga al partido bisagra de turno, ahora sea la secesión, otrora la irrepresentación.   El pensamiento de Montesquieu se hace más imprescindible que nunca en Europa si este viejo y terco continente no quiere repetir los errores institucionales del pasado que tanto daño provocaron a sus ciudadanos durante el sigo XX. Y la República Constitucional se alza sobre los hombros de este gran pensador, para garantizar la libertad política al tiempo que la democracia y la unidad.

Degradación explosiva

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Existencia precaria (foto: Mister V) Degradación explosiva La cosa ya no tiene parada. La teoría química de las estructuras disipativas de Ilya Prigogine, o más simplemente las observaciones de la erosión geológica, muestran que, aunque los procesos de la naturaleza sigan patrones relativamente estables y por eso susceptibles de determinación, son irreversibles. Este principio es válido también para la historia. Aquí, podemos lamentarnos de que procesos tales como la revolución francesa o la transición española no acabasen en la conquista de la libertad colectiva. Pero hemos de notar también que, precisamente por la marca de la irreversibilidad en todo proceso (la «flecha del tiempo»), es posible lo nuevo en cuanto tal. Y el patente proceso de degradación de nuestro régimen (a)político en todos sus escenarios, sin excepción, promete la cada vez más preñada posibilidad de una situación política nueva.   El descontento en España puede cortarse con un cuchillo; se muerde; se respira por doquier. La indefensión ante la situación económica, por ejemplo, y así la cada vez más frecuente falta de escrúpulos para conseguir un medio de vida o aún un pedazo de pan, con todo lo que ello conlleva, no puede prolongarse indefinidamente. Un amigo me contaba que, cuando fue a la comisaría a denunciar el robo de su coche, había dos pastores poniendo sendas denuncias por hurto de  sus  animales; y yo mismo he visto en la orilla del río Hozgarganta (Cádiz) la piel, las pezuñas y la cabeza degollada de una cabra, sin duda ejecutada in situ para llevarse algo de carne al asador casero. Esto es desesperación real. Es verdad que la docilidad general, el recogido amansamiento de unas costumbres que irónicamente cambian de continuo a tenor de los deseos de una desvergonzada clase política no sometida a ningún control ciudadano, son losas muy pesadas en las espaldas de una sociedad ya de por sí adoctrinada.   Pero los veneros de la decencia moral y de la inteligencia no están ni mucho menos agotados, ni parece posible que puedan nunca aplastarse por completo, pues manan de fuentes imperecederas. Una identificación de la corrupción generalizada puede esquivarse durante un tiempo, debido fundamentalmente a que no se comprenden sus verdaderas causas, pero sólo puede llegar a determinado punto, en el cual se producirá, sin duda, una ruptura con el orden precedente. La cuestión es qué sucederá después. Una revolución completa, que vuelva exactamente al mismo punto aunque con un mero cambio de fachada, es factible. Pero también lo es que, llegados al punto del cambio, se aúne una fuerte voluntad de detectar el auténtico problema y así despertar el juicio a la única posible solución: la República Constitucional.

El judío internacional

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“El judío internacional (un problema del mundo)” fue publicado por el empresario norteamericano Henry Ford en 1.920. Se trata de un extenso libro de cuatro volúmenes, traducido a seis idiomas, que tuvo gran repercusión y fue ampliamente distribuido entre los nazis, causando las delicias del propio Adolf Hitler, quien lo utilizó como una de sus fuentes de inspiración para escribir “Mi lucha”. Ford y Hitler se admiraron mutuamente y se coaligaron financiera, operativa e ideológicamente al punto de ser aquél el único americano citado en la obra del genocida alemán.   Esta obra, junto con “Los protocolos de los sabios de Sión”, argumenta la supuesta trama judía internacional para controlar finanzas y política mundiales, en conspiración invisible permanente, con el fin último de hacerse con el mundo. De ahí la justificación de su eliminación. Nariz aguileña, cara arrugada coronada por la “kipá”, mirada lasciva y manos huesudas abalanzándose sobre un globo terráqueo, eran su retrato aterrador, que ocultaba sacrificios humanos y rituales arcanos.   Hoy la caricatura es otra. Nariz porcina bajo sombrero de copa y panza embutida en chaqué con pantalones a rayas. La sinarquía financiera, tan abstracta como peligrosa en conjura internacional para acabar con nosotros y quitar el pan a los niños de la boca. El propio Fiscal General del Estado D. Cándido Conde-Pumpido nos advierte al denunciar la conjura de “formas de criminalidad económica internacional” consistentes en coordinados “ataques especulativos” extranjeros contra el euro y las finanzas europeas. Mientras, la legislación patria de la que es valedor público, privilegia el depósito bancario con coeficientes de caja que serían constitutivos de delito de estafa de realizarse entre particulares, y permite el préstamo especulativo sin referencia a valor estable alguno, multiplicando la inflación monetaria de papel hueco, que recae luego en los estratos sociales más humildes.   Es la imagen de la hipocresía y la cómoda crítica facilona y abstracta a “la banca”, como ente colectivo casi espiritual. Mientras, se patrocina muy concretamente el privilegio de los banqueros por razón de su negocio, llegando a la subvención y al escandaloso aseguramiento estatal “antiquiebra”, regalando el dinero del contribuyente al poderoso cuando el negocio va mal fruto del latrocinio o de la incapacidad, en una especie de Robin Hood invertido.

Andar, andar

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Puesta de sol (foto: InVa10)   Andar, andar   Para andar el camino hay que andar encaminado. Exige tiempo y hábito de discernimiento. Un Maestro que ayude a abrir las puertas de la mente. La dicha de ser bendecido por una incansable sed de conocimiento y distinguido por la pasión de la búsqueda de la verdad, de descubrirla en cada paso del camino.   Pocas personas se sientan en su adolescencia, quizá una tarde de verano o una noche estrellada de invierno, quizá un día cualquiera antes de terminar la adolescencia, y entabla diálogo con su propio espíritu, permite ser elegido, poseído, por un ideal que dé sentido al camino. A la vida y al tiempo de vida.   Una vida no entregada a la causa de la libertad política es una vida perdida. Para ese camino te sobran las vanidades  de  cada  día. No olvides que tu espíritu se debilita si te comparas con los cadáveres que queden al margen del camino. No hay tiempo para eso aunque exige grandeza de espíritu escogido soportar imperturbable los desprecios de los despreciables. Aprovecha el tiempo. Mira a las estrellas, busca la belleza, vive la bondad como virtud, como privilegio de almas fuertes.   Tus compañeros de camino serán como hermanos de sangre, forjados en la misma lucha por el ideal más bello. El tiempo de vida es breve. Pero sólo cuando es recorrida con un mismo y coherente ideal en todas las etapas biológicas puede vivirse sin nostalgia y en un tiempo que siempre es presente.   Sólo tu espíritu puede decidir qué hacer en la encrucijada. Nada te traerá tanta paz como la lealtad a tus principios.

Orgía monetaria

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En una larga noche los dirigentes de la Unión Europea (UE) han aprobado un paquete financiero que ronda los 750.000 millones de euros (M€) para combatir a la “manada de lobos” (según el ministro de Finanzas de Suecia) que estaban atacando al euro. Inmediatamente unos cuantos bancos centrales de la UE comenzaron a comprar bonos de Portugal, Irlanda, Grecia y España (los PIGS) -como primer contraataque-, a los que se ha unido el mismo Banco Central Europeo (BCE), cuyo presidente había dicho públicamente pocos días antes que eso no lo haría, porque no estaba facultado para ello: ahora parece que sí. Para rematar la fiesta la misma Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) también se van a unir a esta orgía monetaria. Han tardado más de dos años en llevar a cabo la misma operación que realizaron la Reserva Federal (FED) y el Tesoro de Estados Unidos. Europa siempre va a remolque de la realidad, y sus dirigentes, cargados de información, que no de conocimiento, como los idiotas de Homero, se “instruyen con el acontecimiento”.   No nos engañemos, los números aprobados cantan, solamente hace falta sumar las necesidades financieras de los PIGS a corto y medio plazo. El Estado español preveía emitir más de 200.000 M€ en títulos de Deuda Pública, Grecia necesita 330.000 M€, para Portugal se estiman otros 140.000 M€, etc. etc. Y España ¿Dónde pensaba colocar sus papeletas? ¿En las instituciones financieras interiores, llenas de papelitos inmobiliarios, papeletas soberanas y papelones derivados? ¿En el exterior, donde los “animals spirits” intuyen los comportamientos?   La semana pasada nos atosigaron con declaraciones oficiales llenas de insultos hacia los especuladores, incluso algún “Fiscal general” (o muy particular) llegó a proponer como delito económico dicho comportamiento; y nos aseguraron que no reducirían los gastos para no hipotecar la recuperación económica. Ayer por un lado la Bolsa subió un 14,43%, más que toda la bajada de la semana anterior (la mayor subida de la historia en solo día); y por el otro los representantes españoles aceptaron sin rechistar reducir el déficit cuanto les pedían. Ahora callan ante estos especuladores, no los demonizan, quizás estos lobos son de los suyos; y aceptan las indicaciones de los consejeros europeos porque en definitiva son sus acreedores, que tarde o temprano exigirán su dinero.   Esta ingente transfusión monetaria solo servirá para que el enfermo pueda respirar durante un tiempo, ya que el cáncer toca todos sus órganos vitales, que hemos ido mostrando en partes sucesivos. Y en las próximas semanas nos harán una visita los cirujanos del FMI, bajo la atenta mirada de Alemania y Francia.

Sublimación de la servidumbre

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Orfeo y Eurídice (foto: uvahay)   Sublimación de la servidumbre   Los primeros doscientos años de la ópera se ajustan al modelo que representa Orfeo de Monteverdi: los hombres o los vasallos impetran (con una voz conmovedora y una música sublime) a los dioses o a sus delegados en los asuntos terrenos, los reyes, la concesión de un favor extraordinario. La ópera se ve a sí misma como un género supremo, capaz de obrar milagros, de lograr que la omnipotencia divina o la impasible majestuosidad otorguen una gracia que está por encima de los mandamientos más sagrados y de las leyes más inflexibles: Eurídice vuelve a vivir.   Sólo el que pueda burlar o transgredir su propia ley es el que está por encima de toda Ley. Los mortales alzan sus ruegos a la divinidad y los que padecen miserias e injusticias tienen como última esperanza recurrir al monarca: “Si el rey supiera…”. Pero las licencias del poder no invalidan la firmeza intangible de sus prohibiciones. No se trata de libertad conquistada, sino de que “en tal momento y hasta ese punto, esto es posible”. La transgresión, al ser limitada, excede sin destruirlo un mundo profano del que es complemento. Los que encarnan lo sagrado hacen temblar a quienes se postran ante ellos, pero no por ello dejan de venerarlos: están sometidos al terror y a la fascinación. La ópera refuerza el despotismo de los que mandan y la servidumbre voluntaria de los súbditos, glorificando esa clase de relación vertical: de ahí su enorme éxito durante el período de las monarquías absolutas.   Un Mozart maduro hace trizas dicho esquema operístico cuando, aparte de introducir relaciones horizontales entre personajes desiguales (algo propio de la ópera bufa) nos presenta a un poderoso que pide perdón en lugar de concederlo (el Conde de Las bodas de Figaro) y a un orgulloso Don Giovanni que se niega a recibir clemencia y a arrepentirse ante el fantasma del Comendador. La imposible reconciliación de la monarquía y la revolución en La flauta mágica sólo podía desarrollarse en una comedia fantástica.   Saint-Just, en su divinización de la voluntad general, establece como axioma que todo rey es un usurpador y que la realeza es en sí misma crimen eterno o profanación absoluta: “nadie puede reinar inocentemente”. Todo rey es culpable y el simple hecho de que un hombre pretenda coronarse lo condena a muerte. La soberanía es “cosa sagrada” y el rey no puede formar parte de ella, al contrario, blasfema por su misma existencia contra esta voluntad omnipotente o joven divinidad. Después de la decapitación del rey y del eclipse de Dios, Wagner irrumpe en el terreno congelado de la ópera con sus delirios románticos y su culto de la muerte heroica.

Roles de inseparación

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El Vicesecretario de Comunicación del Partido Popular D. Esteban González Pons ha afirmado que el Fiscal General del Estado “lleva el carnet del PSOE cosido debajo de la toga”. Tal declaración es respuesta al rápido archivo por la fiscalía de las diligencias interesadas por el partido conservador en relación a la investigación del patrimonio del Presidente del Congreso, D. José Bono. El aludido, D. Cándido Conde-Pumpido ha declinado cualquier respuesta a lo que denomina “cuestiones políticas”, precisando no obstante que la fiscalía que dirige “toma sus decisiones en un plano estrictamente legal”.   El rifi rafe demuestra como en este estado de poderes inseparados, mientras el pesebre se encuentre lleno, cada uno asume eficaz y sumisamente su papel dependiendo de donde le sitúe la coyuntura política. El Sr. González Pons conoce, apoya y quiere que su partido llegue a controlar la elección directa por el jefe de su facción de un nuevo Fiscal General del Estado que en lugar de llevar cosido el carnet del PSOE en la toga, lleve el del su panda. Y el Sr. Conde-Pumpido, de exquisita formación jurídica, es consciente de que la legalidad que lo sustenta en el cargo es un modo de control político de la Justicia inaceptable en cualquier sistema que se reclame democrático.   Desde luego que Conde-Pumpido tiene razón en algo: su actuación es perfectamente legal, puesto que se ajusta al dictado de la ley positiva que permite la elección “dedocrática” del máximo representante del Ministerio Público. Si tuviera una mínima dignidad de jurista, no hubiera debido aceptar el cargo jamás, por dignidad propia, y seguir haciendo excelentes manuales de Derecho Penal.   Esteban González Pons A González Pons, cabría preguntarle que carnet llevaban cosidos los Fiscales Generales del Estado, señores Ortiz Úrculo o Cardenal durante su mandato por elección de su partido, y por qué entonces guardaba silencio.

Descomposición total

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(foto: xopi) Descomposición total   La semana pasada salieron a la luz unas imágenes, recogidas por las cámaras del metro de Madrid, en las que podía contemplarse la brutal paliza, sin mediar palabra o aparente provocación, de un joven a otro. Mientras el agredido recibía un aluvión de golpes, con unas consecuencias para su salud entonces difíciles de calibrar, la gente que viajaba en el vagón se ocupaba en alejarse de la escena, demostrando que el destino del infortunado no era cosa suya, y que no merecía la pena el arriesgarse a recibir  siquiera   un  golpe   por  interponerse. Unas trémulas manos fueron todo el apoyo que recibió.   La reacción que acabo de relatar no constituye un hecho aislado, sino que forma parte de la idiosincrasia de la sociedad española. Algo que, entre la dictadura y el posfranquismo vigente, han terminado por forjar. La eliminación sistemática de toda posibilidad de acción colectiva partió de la esfera de la política. Y de su potencia final da testimonio el citado ejemplo, por cuanto ya afecta incluso  a las formas más espontáneas continúa …

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