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domingo 11 enero 2026
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La trampa de las listas abiertas (I)

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Que con buenas intenciones se han causado los mayores daños es una evidencia histórica difícilmente cuestionable. En el actual discurso político oficial, ante la hecatombe manifiesta de la ruindad institucional y “constitucional” típicamente defensiva de quienes apalancan este régimen de partidos, unos pocos se aferran a una reformista tabla de salvación que acabe con el déficit partidocrático que ya no se puede esconder: El cambio del sistema de listas cerradas y bloqueadas de partidos por otro de listas abiertas, también de partidos.
Se trata de una burda simplificación intelectual ajena al control ciudadano sobre el representante, ya que la adopción del sistema de listas abiertas de partido, no resuelve el problema de la representación y responsabilidad del elegido frente al elector, resultando que, en cualquier caso, para ser elegido, habría forzosamente que pertenecer a la lista de un partido concreto que lo incluya. Efectivamente, para poder ser elegido, el partido, verdadero y único sujeto de la acción política, seguiría diseñando el “menú” de elegidos a incluir en dichas listas a través de sus cúpulas, por lo que la separación entre la sociedad civil y política se mantendría de igual forma que en el actual sistema de listas cerradas, ya que el poder último, la mal llamada “soberanía”, residiría en última instancia en el partido y no en el ciudadano. Exactamente igual que ahora.
Dar carta de validez al cambio de unas listas cerradas a otras abiertas como simple solución al problema representativo supone expreso reconocimiento de que el sujeto político sea el propio partido y no el ciudadano, que únicamente puede ejercer la acción política a través de aquel, quedando de nuevo a merced de una clase política generada por la oligarquía de partidos, donde la promoción dentro y fuera del grupo partitocrático se consigue con instrumentos tan característicos como el servilismo y el pactismo. Ello no viene a significar la maldad intrínseca de los partidos políticos, cuya utilidad vehicular de las ideas y aspiraciones ciudadanas es evidente y asumida por cualquier demócrata, sino que lo sancionable es su posición como titulares del monopolio de la política insertándose en el estado como verdaderos órganos administrativos gestores de la “cosa política”.
La oligarquía de partidos, ya sea con listas abiertas o cerradas, se caracteriza por la configuración del partido como tentáculo del estado que establece su relación con el ciudadano de arriba hacia abajo, saliendo del Estado hacia el ciudadano y no al revés como verdadera asociación ciudadana de orden político destinada a proponer una determinada acción de gobierno que es precisamente su función.

La unidad de la falsa oposición

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Es falso que la unidad de la oposición es lo que hace falta para derrotar al régimen chavista. Desde 1999, la falsa oposición ha estado unida en torno a la estrategia electoral para enfrentar al chavismo. Hasta se unieron para apoyar a Arias Cárdenas bajo la sospechosa premisa de que al chavismo solo se le podría derrotar con uno de los suyos. La estrategia fue un desastre.
Unidad entre las franquicias partidistas asociadas en la extinta MUD es lo que ha sobrado para llamar a votar y cancelar todas las otras formas de lucha política. Siempre estuvieron unidos en el propósito de negociar una cohabitación con el régimen. Esa unidad de la falsa oposición es la que ha sido cómplice para atornillar al chavismo por casi dos décadas. Entonces, no es por falta de unidad que no se ha podido derrotar al chavismo.
Lo que le ha faltado a esa oposición no es unidad sino claridad y honestidad política. Claridad para zafarse de la tiranía de la pseudo legalidad del estado chavista; y honestidad para plantearle a la gente objetivos políticos sostenibles a largo plazo, en lugar de hacerle el juego al régimen con la estafa electoral y prestarse para llevar a la gente mansamente al matadero electoral.
Ahora vuelven a manosear la idea de la unidad de todos los factores de la oposición como un saco de gatos, donde caben todos, hasta los ex oficialistas que desde la oposición llaman a restaurar el legado de Chávez. Complementan la maniobra con una trampa caza bobos para elegir a un supuesto líder que sería el nuevo mesías llamado a unir a toda la oposición.
Esa unidad opositora, donde todos caben indiscriminadamente, tendría un vocero de la más despreciable y amarga tizana política: negociadores, colaboradores, agentes dobles y hasta antiguos carceleros del régimen, todos unidos… ¿Para qué? Para colarse en un nuevo gobierno que han llamado engañosamente de transición, donde hay para todos.
Quienes hemos aprendido de la experiencia histórica de estos diecinueve años que este régimen no sale con elecciones, sabemos que una unidad burocrática y clientelar, como proponen los restauradores de los escombros de la MUD, es una unidad electorera e inviable políticamente.
Sabemos que primero hay que definir, como eje, una tesis de lucha política insurreccional contra el régimen chavista, y luego sí promover la unidad de todas las fuerzas sociales en torno a ella.
Por eso no es posible plantearnos ser parte de un bloque que, por su naturaleza esencialmente colaboracionista, debe ser destruido junto al régimen que trata de sostener.
Lo que en realidad hace falta es la unidad de todas las facciones institucionales y honestas de la FANB, que las hay, para levantarse contra el estado chavista con las armas de la República e intentar salvar lo que queda. Y luego una verdadera unidad cívico militar para expulsar al chavismo del poder.
La forma de echar al chavismo del poder y qué hacer para destruir el antiguo régimen político y restaurar la República, son algunos de los temas que nos separan hoy, manana, y siempre de la falsa oposición colaboracionista y electoral.
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Pompas

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En la partidocracia todas las pompas son fúnebres, pero hay sorprendidos porque un nadador como Rivera se vista de Peter Lorre en “La comedia de los terrores” de Tourneur y, armado de pico y pala, se vaya a Cuelgamuros con Sánchez, que hace de Vincent Price, a desenterrar el cadáver de Franco. ¿Por qué?
Mircea Eliade observó que todas las sociedades organizan rituales de regeneración basados en la abolición del pasado, para alentar la ilusión de que los astros rebeldes (en la partidocracia, las encuestas) volverán a alinearse favorablemente.
En el psicoanálisis, promover ese espectáculo de cine “gore” contra el franquismo en 2018 sería un mecanismo de compensación para arribistas seguros de que en 1968 habrían sido franquistas. Al único antifranquista demócrata que había en 1968 nunca le he oído pedir el cadáver de Franco o la ilegalización de su Fundación, como hace Rivera, “por ir contra la Constitución”, argumento con que ilegalizaríamos el partido Ciudadanos, por darnos el gato del 155 por la liebre del 116. Rivera no sabe que, levantar, con Girauta de zacateca, la losa de Franco, será como abrir el cofrecillo que Ivan Illich vio en una juguetería de Nueva York:
– Lo abrías y salía una mano mecánica que cerraba la tapa. Esperabas sacar algo, pero sólo contenía un mecanismo para cerrarlo.
Y de música, Siniestro Total: “Bailaré sobre tu tumba, te mataré con mis zapatos de claqué…” Los famosos zapatos de chúpame la punta de Rivera, zapatos-Pinocho, de pirulero setentero en la Barceloneta de Ivà, mintiendo por los pies.
Rivera es un Melquiades Álvarez de los pobres. ¿Era monárquico, don Melquiades? No. ¿Republicano? Tampoco. Sus votantes se movían entre las conveniencias de lo conocido y el miedo a lo nuevo: “Ambiciosos cautos que no se atrevían a arriesgarlo todo a una carta y que antes de hacer su postura querían cubrirse con la pinta”.
Pero don Melquiades cayó como héroe, asesinado por el Frente Popular en una saca de la Modelo en Madrid.

Vigo: La falta de representación puede matar

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Hace unos días se celebraba un concierto en un muelle del puerto de Vigo. Todos conocemos esta noticia, parte de su estructura se desplomó, provocando 428 heridos. El altercado podría haber sido mucho mayor, llegando a niveles de tragedia, pues unas 3.000 personas estaban viendo ese concierto y, afortunadamente, no hubo ninguna víctima mortal.
Muy pronto sonaron voces populares (del pueblo, no del partido) diciendo que esto ya se veía venir, que llevaban tiempo viendo que parte de ese muelle no estaba en las condiciones óptimas, pues se vislumbraba con facilidad una abundancia de óxido, así como grietas.
Como respuesta a estas declaraciones, uno de los tertu-bufones del régimen, propagandistas que se hacen llamar periodistas, como Paco Marhuenda, ha señalado que en España somos todos muy listos, que lo sabemos todo cuando las cosas ya han pasado. Y se pregunta esta persona, ¿y por qué nadie denunció este hecho si tantos vieron que el muelle presentaba malas condiciones? Y, quizá inspirado porque el acontecimiento sucedió en una importante ciudad gallega responderé con otra pregunta: ¿a quién iban a denunciarlo?
Vivimos en una oligarquía de partidos, eso quiere decir que los partidos políticos (sea cual sea su color) ostentan todo el poder e intentan parasitar toda movilización social, así como a la propia sociedad civil, a través de un Estado que cada vez crece más, llegando a ser totalitario. La ausencia de separación de poderes provoca que el poder político no esté limitado, y la falta de representación paraliza la iniciativa social.
Y es que el ciudadano se ve tan alejado de la política, hecho que percibe de forma intuitiva, que necesitaría un esfuerzo mental activo para intentar siquiera denunciar un defecto en alguna infraestructura de su pueblo o de su ciudad. “Eso es cosa de los políticos y de los partidos”, pensarían.
Sin embargo, en un régimen con representación, como sucede en una democracia, estoy convencido de que esas denuncias se habrían efectuado. ¿A quién? No hay duda posible, a su diputado de distrito, a ese actor político que está obligado a escuchar a su electorado, sí, a esas personas que lo han elegido, cosa que no sucede en una oligarquía de partidos, donde los diputados son escogidos por los jefes de cada partido en las famosas listas de partido. Es decir, en una oligarquía de partidos, el diputado, normalmente desconocido por la ciudadanía, obedece a su jefe, el jefe de su partido. En una democracia, el diputado de distrito obedece también a su jefe, o mejor dicho, a sus jefes, los habitantes del distrito electoral que lo han elegido.
Por tanto, el triste acontecimiento acaecido en Vigo el pasado domingo nos ha dado otra lección, la ausencia de representación no solo garantiza la estafa electoral y la corrupción, no solo impide la limitación del poder del gobernante de turno y acaba con cualquier posibilidad de poder popular. No, no “solo” provoca eso, pues, por si supiera a poco, ahora sabemos que la falta de representación también puede matar.

Los últimos libertinos

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Hacía tiempo que un libro de historia no me encandilaba y absorbía tanto como la última obra de Benedetta Craveri, especialista italiana en los siglos XVII y XVIII franceses, Gli ultimi libertini, que he leído en la edición francesa de Flammarion publicada en 02016 (existe una traducción española que ha aparecido recientemente para quien no lea ni en francés ni en italiano). Supe de este magnífico libro por una emisión del programa Répliques de France Culture.

Imagen: portada de la edición francesa

Efectivamente, como indica la autora en su prefacio, “este libro traza la historia de siete aristócratas cuya juventud coincidió con el último momento de gracia de la monarquía francesa. Una élite entera creyó posible conciliar un arte de vivir fundado en el espíritu de casta y los privilegios con la exigencia de cambio inscrita en los ideales de justicia, tolerancia y ciudadanía que vehiculaba la filosofía de la Ilustración. “Es siempre una cosa bella tener veinte años”, escribió Saint-Beuve sobre ellos, pero era “cosa doblemente bella y feliz” tenerlos en 1774, cuando la llegada al trono de Luis XVI parecía ser preludio de una nueva época que permitía a estos “príncipes de la juventud”, como los llamaba Fontanes, “encontrarse de la misma edad que [su] tiempo, crecer con él, sentir armonía y concordia” con lo que los rodeaba.

Estos hijos de la nobleza francesa consideraban natural acceder a los primeros puestos en el ejército y a los más altos cargos en la corte y los ministerios, y vivir de rentas, pero parecían haber olvidado las razones históricas de tal prerrogativa. En todo caso, no se preguntaban hasta qué punto estas ventajas eran compatibles con las reformas de las que se hacían heraldos. “Risueños ridiculizadores de las modas antiguas, del orgullo feudal de nuestros padres y de sus graves etiquetas, todo lo que era antiguo nos parecía aburrido y ridículo”, escribirá a posteriori el conde de Ségur. “Libertad, realeza, aristocracia, democracia, prejuicios, razon, novedad, filosofía, todo se reunía para hacer nuestros días felices, y nunca un despertar más terrible fue precedido por un sueño más dulce y por ensoñaciones más seductoras” (op. cit. p. 9).

Todos ellos, el duque de Lauzun, el vizconde de Ségur, y su hermano uterino, el conde de Ségur, el conde de Narbonne, el caballero de Boufflers, el conde de Vaudreil, y el duque de Brissac, por otra parte, y eso explica el título del libro, se dieron al libertinaje que caracterizaba a una sociedad aristocrática donde el matrimonio de conveniencia era de rigor, y el adulterio era tolerado siempre que se atuviera a las reglas del galanteo elegante. Aunque ciertamente no del mismo modo; así podemos encontrarnos con el retrato de un auténtico don Juan sentimental y apasionado, como el duque de Lauzun, junto al de un frío y despiadado seductor como el vizconde de Ségur, que usaba de sus encantos para vengarse de sus rivales en sus esposas y amantes, y que fue modelo para el vizconde de Valmont de Chordelos de Laclos, pasando por otro señero seductor como el conde de Vaudreil, conocido como “el Encantador” que usó de los propios para medrar en el entorno de la reina, al lado de personajes que acabaron siendo modelos de fidelidad y entrega conyugal como el conde de Ségur y el caballero de Boufflers; sin olvidar al malhadado duque de Brissac: este miembro de la más rancia nobleza, al tiempo que francmasón y filántrofo, pensaba que el amor lo redime todo, y perdió el favor real por abandonar a su esposa y entregarse a su amor por la condesa du Barry, antigua prostituta y favorita del difunto Luis XV.

De hecho, las memorias de alguno de estos personajes, todos de pluma fácil salvo Brissac, no pudieron ser publicadas por su contenido libertino en la época de la Restauración, donde ya imperaba la nueva moral burguesa que no quería toparse con nada que cuestionase la imagen idealizada de la aristocracia víctima de la Revolución.

Tras trazar la semblanza de estos personajes y de su época crepuscular, la autora dedica un capítulo titulado “1789” al cambio radical que la Revolución -tan profusa y profundamente estudiada en España por D. Antonio García-Trevijano– supuso para estos aristócratas como inapelable punto final no sólo de una época histórica sino de un modo de vida. Unos como Lauzun, que había participado en la Guerra de Independencia norteamericana, se unieron a la revolución para acabar ingratamente guillotinado en el Terror, otros como Vaudreil y Boufflers, del bando realista, partieron rápidamente para el exilio, al que también marcharon para salvar la vida monárquicos constitucionalistas como Narbonne. Entre los que se quedaron, unos, como el conde de Ségur, lo hicieron por falta de recursos, su hermano el frívolo vizconde lo hizo porque pensaba que los acontecimientos políticos no le afectarían, aunque acabó compartiendo prisión con el posteriormente guillotinado André Chénier, y Brissac, por su parte, se sintió atado a su juramento de fidelidad al rey, convencido, asimismo, de que las reformas políticas necesarias conllevarían irremediablemente desórdenes. Este último, contra el carácter dócil a la vez que estoico con el que compañeros de casta afrontaban el cadalso, vendió cara su vida a la turba asesina que asaltó el carro en que iba preso. En este sentido, la posterior muerte patética de su amante, la condesa du Barry, que pidió piedad hasta el último momento -al fin y al cabo, como dice Craveri, una hija del pueblo humilde que se había visto obligada a prostituirse-, conmovió al público asistente, y contribuyó a cambiar la actitud popular ante las ejecuciones sumarias.

Nos hallamos, pues, ante un libro extraordinario, en el que la autora, nieta de Benedetto Croce, sabe aunar a la perfección el rigor del erudito con la perspicacia psicológica del literato que sabe dar la palabra justa a sus personajes. Es incomparable, en este aspecto, la descripción que hace de las razones de la amistad surgida hacia 01785 entre el intrigante cortesano conde de Vaudreil, al tiempo que generoso y sensible mecenas, y el moralista revolucionario Chamfort, hijo no reconocido de una alta dama criado por padres adoptivos humildes, y que no me resisto a traducir como ejemplo del tenor de toda una obra:

“Nacida de una fascinación recíproca, la amistad entre Chamfort y el Encantador fue el espejo donde cada uno intentó resolver sus propias contradicciones buscándose de manera narcisista en la imagen sublimada del otro. A pesar de sus divergencias de carácter, de ideas y de status social, los valores que compartían -orgullo, sentido del honor, espíritu de independencia, generosidad- los empujaron a una emulación constante que selló su entendimiento” […] [A Vaudreil] Paris le permitía quitarse la máscara del cortesano, marcar distancias con las intrigas, las bajezas, los compromisos, e imponerse la admiración de un público exigente por sus solas cualidades: el gusto, la elegancia, el ingenio, el encanto de la palabra. El interés que tenía en la vida artística y la posibilidad de hacer al cabo un homenaje desinteresado al mérito lo reconciliaban con su amor propio. Para este Vaudreil hombre de bien la conquista de la estima de Chamfort constituía una confirmación de su propio valor […] A ojos de Chamfort, Vaudreil encarnaba la quintaesencia del estilo aristocrático en su dimensión mítica, fuera del alcance del juicio de la historia. Bello a pesar de las marcas dejadas por la viruela, representaba por su elegancia, su brío, su desprecio del dinero y su reputación de libertino todo lo que Chamfort habría querido ser a los veinte años, cuando había ganado el sobrenombre de Hércules Adonis. Ahora que había llegado a los cuarenta, no podía dejar de admirar su mecenazgo ilustrado, su búsqueda de la perfección estética, y la cortesía exquisita de sus maneras. Concediéndole su amistad, Vaudreil realizó su encantamiento más poderoso. Ofreciéndole a Chamfort una imagen idealizada en la que reflejarse, permitió a su amigo exorcizar el abandono materno y levantar acta sin rencor de lo que podría haber sido, si el destino no hubiera decidido de otra manera” (op. cit. pp. 379-384).

Juan Carlos no irá a la cárcel (a pesar de todo)

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Savigny y nuestro Código Civil (Art. 3.1) nos marcan las pautas interpretativas de las normas ante las dudas derivadas de su tenor gramatical. Estos criterios son el histórico-legislativo, el sistemático y el lógico o teleológico. Ninguno de ellos avala la consideración de irresponsable civil del monarca adoptada en su día por dos Juzgados de Familia de la Capital, ni lo hace para eximirle ahora de responsabilidad penal por evasor fiscal. Aun así no irá a la cárcel jamás por mera Razón de Estado
Si bien la genérica mención del Art. 56.3 de la Constitución Española (CE) comienza señalando la irresponsabilidad e inviolabilidad del monarca, no se puede obviar la alusión que a continuación y en el mismo precepto realiza a los actos sometidos a refrendo y sanción. Dicha norma señala textualmente que: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65”.
Tal previsión legal in fine no es casual y forma parte del mismo precepto de forma inseparable. Obedece al antecedente y sustento de la inviolabilidad como correlato de la obligación de refrendo institucionalizando un monarca reinante pero no gobernante. Así, el antecedente histórico legislativo se encuentra en la conceptuación de la monarquía parlamentaria como instrumento de la autonomía y poder de los parlamentos, por la que el rey, como Poncio Pilatos, se lavaba las manos de la actuación política que se veía obligado a rubricar. La sistemática del propio precepto al citar por remisión el Art. 64.1 CE recoge expresamente ese carácter teleológico con base histórica y finalidad exonerante de una responsabilidad que no corresponde a un jefe del estado que sin embargo no gobierna.
Ello, al margen de presuponer la inexistencia de Democracia por cuanto de inseparación de los poderes políticos del estado y la nación supone, implica necesariamente que la inviolabilidad regia y su irresponsabilidad corresponden al orden y esfera de los actos sometidos a refrendo y sólo a éstos, pues en ello está su origen, causa y finalidad. Se trata pues de una prerrogativa de Justicia legal, no distributiva, divina, ni aún formal o titular como se ha llegado a señalar (Torres del Moral), como si derivara del formulismo en la forma de dictar Sentencias en nombre del Rey.
Y dentro de los actos no sometidos a refrendo están los de orden privado, sometidos al derecho civil por su propia naturaleza (Gimbernat Ordeig). A no ser que, siguiendo al notable jurista D. Jesús Santaella, se entienda dicha reserva de inviolabilidad regia como parte y precio transaccional en el paso de la dictadura franquista a la Monarquía de Partidos de Juan Carlos.

La adicción electoral de la falsa oposición

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Después de todo lo que ha ocurrido en Venezuela hay temas que deberían darse por cancelados o agotados. Sin embargo, se vuelven reiterativos e intentan colarse por las grietas de la ignorancia o la desmemoria del pueblo. Y es que, con el fin de preservar sus prebendas y privilegios, los operadores políticos están obligados a meterlos nuevamente de contrabando para ver si esta vez la gente los acepta.
En estos diecinueve años, cada vez que el régimen ha entrado en una fase de crisis que amenaza con convertirse en terminal, vuelve a apelar a la negociación de condiciones políticas y electorales para ganar tiempo. Un tiempo que, aunque pareciera estar en su contra, termina comprando prórrogas que se convierten en derrotas para la oposición. Es una táctica cíclica, va y viene, pero siempre está allí, latente, esperando por una nueva oportunidad para debutar como algo novedoso.
El régimen sabe muy bien que la droga de preferencia de la falsa oposición son las elecciones. Saben que, con adoración fetichista, esta oposición llegaría hasta donde sea necesario para asegurarse algunos cargos en cualquier instancia del régimen político chavista, y resolver los apetitos de su clientela partidista.
Con algunos matices, la falsa oposición sigue jugando a la estabilidad del régimen. La retórica incendiaria de los Ramos Allup se combina con sofisticadas estrategias para desarticular la oposición real contra la dictadura. En el último fraude electoral presidencial, una parte de estas franquicias de la falsa oposición simplemente no postuló candidato, y trató de hacer ver esa postura como un supuesto llamado a la abstención. Sencillamente se quedaron callados, mientras sus operadores regionales apoyaron la candidatura no menos falsa y engañosa de Henri Falcón.
A estas alturas, el tema electoral debería estar cancelado, luego de la constatación del fraude electoral que constantemente perpetra el régimen, y que es cohonestado por la falsa oposición. Pero el asunto regresa nuevamente con la convocatoria a elecciones de concejales para finales de año, y los coqueteos de la falsa oposición para inscribir candidatos. Claro, ya no será en forma directa, porque el mismo régimen ha inhabilitado la capacidad de postular que tendrían AD, PJ, VP y UNT. Sin embargo, los cupos del partido de Henri Falcón estarán a la orden para ser rellenados con nombres ligados al clientelismo municipal de esas organizaciones partidistas.
En esta nueva etapa que se inicia, el régimen ha decidido que seguirá con su manoseada táctica de negociaciones y elecciones para debilitar la lucha política. Esta vez las negociaciones serán individualmente con cada organización o bloque de la falsa oposición. El grupo de Falcón ha sido favorecido, esta vez con ciertas prerrogativas, al ser oficialmente el escogido como la oposición oficial al régimen. Los otros recibirán trato y prebendas según su nivel de servilismo; cuanto más tímidos y discretos menos recibirán.
Al mismo tiempo, casi por reflejo, el otro tolete de la falsa oposición anuncia que seguirá pidiendo condiciones electorales, aunque está sobradamente demostrado que jamás producirán un cambio político en dictadura. Mientras tanto, el país se cae a pedazos, el régimen aumenta la represión, y Maduro y Diosdado sonríen. Nada mejor para ellos que seguir alimentando la adicción a la droga electoral que continuamente proporciona el estado chavista a sus opositores.
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Inmigración ilegal y tráfico de seres humanos

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Durante siglos, España ha vivido de espaldas a África, con algunas excepciones como la Guinea Española, el Sahara Español, las plazas del Norte de África o la aventura africanista de una España sumida en el desánimo por la pérdida de su territorio de ultramar en 1898.
Fuimos tarde, en una posición débil y acompañados principalmente por curas y tropas que alumbraron al africanista, como único experto en África, con algunos empresarios del cacao y las maderas nobles de forma tardía.
Véase la notable ausencia de líneas de investigación o estudios africanos en las universidades españolas, o el hecho de que hasta 2008 no se asocia la estabilidad de África a la seguridad de España (Directiva de Defensa Nacional 01/2008).
Lo cierto es que la geografía impone una verdad condicionante implacable, y la ubicación de nuestro país hace que tengamos intereses propios con respecto a África, diferentes de otros países europeos, y, por supuesto, del resto de países de la UE, principalmente los que se sitúan al norte de los Pirineos.
Como hicieran las oligarquías de principios del siglo XX, la oligarquía de partidos que nos atenaza y nos destruye desde la transformación del régimen autoritario de Franco, continúa con su actitud estúpida y contraria a los intereses de la Nación española, sin ni siquiera reconocer esos intereses, que no son otros que los vitales; los de la mayor importancia, y que afectan a la supervivencia de la población y a la integridad territorial de España.
Tras la genialidad del jefecillo de la partitocracia con la gestión del “Aquarius”, se redobla el incesante aumento de las cifras de inmigrantes ilegales africanos llegados a nuestras costas, en detrimento de la ruta del Mediterráneo Central (Italia), con el aplauso de Francia, por supuesto. El flujo hacia la fruta española aumenta en la misma medida que disminuye en el Mediterráneo Central (Italia), de suerte que incluso en la Armada se duda que sea conveniente enviar fragatas a la Operación “SOPHIA”, de la UE, en el Mediterráneo Central cuando nosotros somos los que más sufrimos el problema.
A partir de ahí, todo es postureo, mensajes vacíos y sin sentido de twitter del jefecillo Sánchez “el impostor”, o del presidente Macron, al que le viene nuestra estúpida política de perlas, cuando lo cierto es que, como principal ex potencia colonial del África subsahariana, y ex nación esclavista, por cierto, algo tendrá que ver. Lo de ex potencia colonial dicho con muchas comillas, dado que Francia es donante principal de sus ex colonias en el FMI, lo que las convierte más bien en sus neocolonias. Véase su más que considerable despliegue militar en el África negra, motivado sin duda por sus intereses; es decir de sus ciudadanos y sus empresas.
Mientras, Bruselas hace “gestos” (El País, edición digital del 1 de agosto) que no son otra cosa que incrementar el pago a Marruecos de la factura de control de fronteras, y a España para que nos los quedemos.
Nada se dice de cuántas de las personas que llegan ilegalmente a nuestras costas son víctimas del tráfico de personas, cuántas son inmigrantes de naturaleza económica o cuántos son refugiados.
Nada se dice de la normativa de Dublín, aprobada en 1990, que establece que los inmigrantes ilegales que lleguen a territorio de la UE, se deben quedar en el primer país de la UE que pisen. Las devoluciones entre miembros de la UE son frecuentes, y los beneficiados son obviamente los países del norte; de los Pirineos, por supuesto. Pero el jefecillo Sánchez afirma sin ruborizarse que “cuando los inmigrantes vienen a España, lo hacen a territorio de la UE”, ¡sin más! Mentira. Llegan a España. Es cierto que probablemente vayan al “paraíso alemán”, pero la normativa de Dublín los vincula a España.
Por otro lado, el nuevo jefecillo del PP, Casado, no tiene otra cosa que hacer que añadir una ración de postureo con sesión fotográfica en el sur, al tiempo que copia la idea de un Plan Marshall para África, que ya definiera Merkel nada menos que en junio de año pasado. Innovación ante todo, y ¿quién lo va a pagar?
La realidad es que nos están invadiendo, como quedó demostrado en fechas pasadas con el asalto masivo de la valla fronteriza de Ceuta. Todos hombres jóvenes, fuertes y sanos, con una determinación clara de violar nuestras fronteras. Como señala FRONTEX en su último informe, los flujos ilegales procedentes de África encubren infiltraciones de terroristas yihadistas.
La realidad que es que las (in)acciones de los jefecillos de la partitocracia siguen conduciendo a la inseguridad de la Nación española. Lo último es el nombramiento de un mando único que coordine las actuaciones de inmigración ilegal, que se une a la declarada intención de “suavizar” las condiciones del salto de la valla de Ceuta a, repito, hombres jóvenes, fuertes y sanos.
Por desgracia, el problema continuará, e incluso aumentará, no solo por la permanente desviación hacia la ruta del Mediterráneo Occidental (España), sino por nuevas amenazas que se avecinan, como la creciente violencia en la zona anglófona de Camerún, que podría terminar en un enfrentamiento, con el consiguiente desplazamiento de personas y su repercusión en los flujos migratorios.
Recientemente, el almirante general (r) Fernando García Sánchez dijo, en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, en Madrid, que el principal problema de España es la ausencia de liderazgo estratégico. Obviamente, el respetado almirante general tiene razón, pero habría que añadir que en España no existen las condiciones para que ese liderazgo surja y resulte beneficioso para la Nación.
No, hasta que la Nación española alcance la libertad política colectiva.
No, hasta que la Nación española disfrute de la democracia formal.
No, hasta que la Nación española no tenga una separación de poderes estricta y esté representada.
No, mientras la Nación española continúe infestada de piojos corruptos que la denigra y parasita sin cesar atendiendo únicamente a sus intereses de partido.

Revista de prensa

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En el diario ABC se indica que la Comisión Europea considera al sistema autonómico como el principal problema de España: la maraña legislativa interautonómica, propia de regímenes feudales y de nostálgicos de los derechos de portazgo, y la limpieza lingüística ejercida sobre el idioma español en ciertas autonomías dificulta el desarrollo y la movilidad de empresas y trabajadores. Todo responde a la dinámica de la oligarquía de partidos estatales de jibarizar a la sociedad civil haciéndola cada vez más dependiente del poder del Estado que ellos monopolizan.
En Francia el diario Marianne se hace eco del hashtag divulgado en Marruecos “sé un hombre, y cubre a tu mujer”, que resulta una prueba añadida de que los islamistas quieren convertir el velo en la mortaja de los derechos civiles de las mujeres, algo imposible de aceptar en una República Constitucional; una legislación igualitarista en cuestión de derechos y laica impediría las ensoñaciones racistas de la petición de homogeneidad del sujeto constituyente. En este sentido, la negación de entidad sustantiva y cerrada que hace Gustavo Bueno de las llamadas esferas culturales, a las que atribuye una unidad fenoménica, contribuye a disipar esta ilusión totalitaria:
“No cabe hablar, según lo que hemos dicho, por tanto, de conflictos de culturas, o de conflictos de civilizaciones; tampoco cabrá hablar de integración o de expansión de culturas. Todas estas expresiones habrían de ser reexpuestas en términos de conflictos de elementos culturales, o de integración, o de difusión de elementos o rasgos culturales. Por ello, quien considere a un elemento cultural (pongamos por caso, el sistema democrático) como universal, no podrá sin más ser acusado de etnocentrismo. Menos aún podrá ser acusado de etnocentrismo (o de monismo cultural) quien reconozca y defienda la universalidad del teorema de Pitágoras, como elemento desprendido, no ya de la cultura griega, sino de toda cultura, como estructura válida para todas las culturas, por encima de cualquier relativismo”.
En Corriere della Sera Mario Garofalo analiza la propuesta de democracia directa del partido Cinque stelle a través de la plataforma digital Rousseau. El autor recuerda la afirmación de Norberto Bobbio de la imposibilidad de trasladar el sistema de democracia asamblearia directa de la Atenas periclea, integrada por unos seis mil individuos a las grandes naciones-estado actuales. El mismo Rousseau -afirma- negaba la posibilidad de la existencia de una democracia directa, al tiempo que negaba la democracia representativa, que debía residir, como recordaba Antonio García-Trevijano, en el proceso de deliberación. Por otra parte, esta increencia en el principio de representación afecta al propio autor del interesante artículo, quien, no consciente de su imposibilidad en el sistema electoral proporcional de listas cerradas o abiertas, considera que la demanda del partido Cinque Stelle del establecimiento del mandato imperativo, que llevaría a que los diputados que no cumplan el programa por el que fueron elegidos fueran revocados, como pedía también García-Trevijano, “es un peligro para la democracia por un simple motivo: vuelve a los parlamentarios controlables, no libres de actuar según el interés general”. Es, ciertamente, la sombra del abate Sièyes la que sigue planeando sobre la intelectualidad europea, prorrogando en el tiempo la traición de la clase política al electorado como afirmaba el propio García-Trevijano:
“Si una causa particular tuviera que explicar la traición general de la clase política al electorado, no podría ser otra que la prohibición del mandato imperativo. La Constitución es tan irresponsable que, desconociendo los fundamentos históricos de esa prohibición, la tomó de viejos textos constitucionales, sin darse cuenta de que la nueva representación proporcional se basa en el mandato imperativo de los jefes de partido. A quienes nada les importa que sean nulas todas las leyes emanadas del Congreso, por vulnerar esta prohibición constitucional.
La prohibición del mandato imperativo tuvo, en su origen, sentido revolucionario. Y hoy lo tiene completamente reaccionario. A finales de julio de 1789, Sieyès proclamó que la cuestión del mandato imperativo había quedado resuelta en la Asamblea Nacional de 17 de junio, porque la Nación no recibe órdenes de nadie. A esta razón teórica se unió la razón práctica de que el mandato imperativo que recibían sus representantes en los “cahiers de doléances” (Reforma), no contemplaba la Declaración de Derechos ni la separación del ejecutivo y el legislativo (Revolución). El sentido jurídico del viejo mandato representativo fue transformado en libre representación política, sin mandato ni delegación, es decir, en “soberanía representativa”, por utilizar la misma expresión que Sieyès.
En la cátedra española se enseña la falsedad de que la prohibición del mandato imperativo obedece a la necesidad de respetar la independencia de los legisladores, cuando jamás ha tenido esa motivación. En su origen, la prohibición fue concebida como una improvisación, para permitir la Revolución de la libertad y la separación de poderes, no previstos en los mandatos del electorado. Ahora se proclama la prohibición para impedir el mandato revolucionario de los electores; y se deroga en la práctica para mantener la dependencia del poder legislativo respecto del gobierno”.
Imagen: Albert Engstrom

Dosificación de la incultura

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Una de las arrogancias de la oficialidad, que resulta del consenso político que degenera el idioma, es la expresión “tener acceso a la cultura”.
Como resultado de la progresiva estatalización de la sociedad, del aumento y concentración del poder del Estado creado por Franco, y desarrollado por quienes lo heredan y controlan sus instituciones, se ha llegado a tratar de implantar la idea absurda de que la cultura, convertida en mito, es algo elevado y distante a lo que el Estado, a través de un poder pretendidamente omnimodo, podría acercarnos.
De este modo, la sociedad civil española, mendicante y genuflexa, ignorante de la realidad política que la somete y que no entiende, llega a implorar, en su cadalso de suplicantes supliciados, lo que ella misma produce: la cultura. Los usos y costumbres, el modo de vida colectivo, se convierte así en producto de consumo que se administra y comercializa en dosis, a una servidumbre desmoralizada.
Llegará el momento en el que pidan al Estado que llueva, que florezcan los almendros o que germinen sus cosechas. Tal es el grado de ignorancia que fomenta esta nauseabunda partidocracia en manos de mediocres y de traidores.
 
¡Y ahora corran!, corran todos a votar….

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