Hacer ascos a los dictadores es como hacer ascos a las sopas de ajo. Entre otras cosas porque en España, políticamente, nunca hemos conocido otra cosa. Esto mismo de ahora, el sanchismo, es una dictadura: comisaria (o mejor, “cutrecomisaria”), pero dictadura, y enfrente sólo tiene a “los idóneos”.
“Los idóneos” se llamaron los que se fueron con Dato cuando la escisión en el partido conservador de Maura. Hoy, las cabezas del “idoneísmo blandengue” son Casado y Rivera, demócratas a la manera española de Weyler.
– Por temperamento y por convicción –decía el general al Caballero Audaz–, soy muy demócrata… En esto llego hasta la exageración… En ocasiones he regresado de una visita a pie, aguantando la nieve y el frío, por no tener al cochero en la puerta esperándome.
Esto lo saben sus competidores de partidocracia, Sánchez y Pablemos, que se aprovechan de ese “esnobismo que empieza en la duda elegante y la cabriola intelectual y termina en la claudicación o en la indiferencia suicida”. De ahí la abstención de “los idóneos” ante la exhumación de cadáveres por motivos ideológicos.
Sánchez viene de Venezuela y de la literatura energuménica que sustenta sus siglas: el “golpe de muerte a la burguesía, destruyendo el Estado social por ella creado” que prometía el tronado de Iglesias, o “la República de trabajadores” (?) del idiota de Araquistáin, para quien España era “un pueblo virgen” (?) que hay que “organizar en nación”. Y Pablemos es un Zelig de mercadillo que se cree Saint-Just salvando la Revolución mediante una “potencia dictatorial” en manos de “un hombre de genio, de fuerza, de patriotismo, de generosidad para aceptar ese empleo de la potencia pública”, o sea, él. De Pablemos corre por las redes un video que explica que lo suyo es la dictadura, pero que como la palabra “no mola nada”, la sustituye por “la palabra democracia”.
“Los idóneos” no acaban de entender que en Madrid la democracia, igual que el madrileñismo, es una ficción literaria.
Los idóneos
Revista de prensa
La actualidad viene marcada por el escándalo de la tesis doctoral del actual presidente de gobierno partidocrático, tras el de los másteres ad hoc de miembros del otro principal partido del régimen. Así, medios como OKDiario y ABC afirman que parte de la tesis del susodicho fue redactada por la propia directora de tesis y miembros del tribunal que la juzgó, y que éste fue confeccionado a la carta para beneficiar al candidato. Desgraciadamente, esto no debe sorprender. Así, hasta los años 80 los tribunales de titularidades y de cátedras en las universidades españoles eran elaborados por sorteo por el Ministerio de Educación. Después de la Ley de Reforma Universitaria esta facultad pasó a corresponder a los departamentos universitarios, dando pie a la espantosa endogamia existente en nuestras universidades, a la postergación de candidatos de currículum más sobresaliente frente al protegido de turno (que se ante un tribunal ante el que es el único candidato en para la plaza en cuestión), y, en fin, a la soberbia y la impiedad con que se conducen los beneficiarios de esta corrupción institucionalizada correlativa de la política de la que ya hablamos aquí.
El tema de la inmigración ilegal sigue siendo un factor de división en la UE, entre la visión nacionalista de Salvini y la globalista de Macron, según indica The Spectator, y que marcará el futuro de Europa a partir de las próximas elecciones al parlamento europeo. En Italia, entretanto, como indica Il Sole, y en España, las cifras de emigrantes nacionales jóvenes con nivel de instrucción supera las cifras de la postguerra. ¿Cómo puede decirse entonces que hacen falta tantos inmigrantes? ¿Cómo puede decirse que van a pagar nuestras pensiones personas que van con un expediente de expulsión pegado a la espalda y condenadas a la economía sumergida, la explotación y el trabajo en negro? Incluso ONGs beneméritas colaboran en presentar como una emergencia humanitaria lo que no es más que un trasiego incontrolado de inmigrantes -que no refugiados- ilegales, sin que a nadie le importe lo que le pase a estas personas. Pagarles un billete para una gran ciudad esperando que ésta se los trague no es ninguna solución, sino una fuente de seguro conflicto. Así, Ilya U. Topper en un magnífico artículo en Mediterráneo Sur insiste en el engaño y la trampa en que se ven atrapados estos inmigrantes:
“Cada uno de los dos millones de inmigrantes y refugiados que llegaron a Europa en 2015 podría haber venido con tres mil euros en el bolsillo si se le hubiera permitido subirse a un avión de línea con un visado electrónico en el pasaporte. Bastante más de lo que han llevado encima muchos de mis amigos que se fueron de Cádiz a Londres a fregar platos. Un capital que se hubiera podido completar – clases de idiomas, asesoría – con el dinero que Bruselas ha dedicado al Frontex: 140 millones en 2015, 251 millones en 2016.
Claro que viendo las condiciones que una fábrica alemana está dispuesta a ofrecer a sus trabajadores, muchos de estos inmigrantes hubieran preferido cogerse el avión de vuelta para invertir los tres mil euros en algo más inteligente. En un negocio, una empresa local. Ahora no pueden. Atrapados en la espiral de la droga que es la inmigración ilegal – mortífera y creadora de mafias como cualquier narcótico ilegal – ni siquiera pueden hacerlo quienes, tras años de sudores, consiguen un empleo en Europa, pagan sus deudas, viven razonablemente bien. No. El paraíso artificial que han creado a ojos de su familia, allá en el pueblo, es tan alucinógeno que no tienen más remedio que gastarse todos los ahorros en un coche de segunda mano, preferiblemente de gama alta, cargarlo de regalos inútiles y viajar en verano al pueblo – en el Rif pueden verlo ustedes – para fardar de ser ganadores. Para enganchar al próximo pardillo.
A Europa le funciona. Nunca le faltará mano de obra esclavizada. La izquierda que salva vidas y la derecha que le recrimina que salve vidas – hipócritamente: sabe que necesita a estos inmigrantes – se complementan a la perfección. Salvamos vidas, ellos nos necesitan, ellos son pobres, nosotros somos buenos, somos generosos, demasiado generosos, despilfarramos recursos públicos en una Europa en crisis, ellos comen nuestro pan, moros fuera.
Ellos no nos necesitan. Nosotros (les) necesitamos a ellos. Desesperadamente. Observe usted una curva de la población europea. La que muestra el número de personas en edad de trabajar y de pagar impuestos y la de personas con derecho a recibir una jubilación del Estado. Asústese.
Y no me diga que no hay trabajo. Lo que no hay son ganas de utilizar el dinero público en pagar trabajos para el bien común en lugar de usarlo para rescatar bancos. Ni ganas de obligar a utilizar el dinero privado en pagar a los trabajadores. ¿Ha intentado alguna vez visualizar en fajos de billetes las cifras que cada trimestre comunican las grandes corporaciones bajo el epígrafe de “beneficio neto”?”
El diario El País anuncia la intención del gobierno de crear una Comisión de la Verdad como una “contribución a la construcción colectiva de la memoria democrática española”. Todo lo cual parece un paso más en el absurdo del concepto de “memoria histórica” ya refutado por el filósofo Gustavo Bueno:
“La memoria histórica personal es el recuerdo del mundo histórico que a cada cual, o a su grupo, le ha tocado vivir, especialmente en un sentido activo. El peligro por tanto de la pretensión de convertir las memorias personales (o del grupo de personas), necesariamente parciales (partidistas), en memoria histórica objetiva o total es evidente. En realidad se trata de una pretensión reivindicativa. ¿Qué quiere decir la «memoria histórica» de los sucesos de octubre de 1934 en Asturias? ¿Qué es «memoria histórica» del proyecto de invasión de las guerrillas, a través del Pirineo, en 1945? ¿Qué es «memoria histórica» de la transición democrática? ¿Quién se atrevería a afectar imparcialidad científica en esta «memoria histórica» por antonomasia, para los españoles del presente?
La memoria histórica, en cuanto memoria personal, subjetiva o de grupo que es, tiene siempre un componente reivindicativo. Y no digo que la reivindicación no deba hacerse, digo que no debe hacerse en nombre de una «memoria histórica universal», común y objetiva, puesto que la memoria histórica es siempre memoria individual, biográfica, familiar o de grupo. Y esto explica por qué la llamada «memoria histórica» se oculta: porque no es memoria sino selección partidista. La memoria histórica es a la vez damnatio memoriae. Por ejemplo, la memoria histórica, que contradictoriamente, propone borrar un retrato de Girón, ministro de Franco, de la Universidad Laboral de Gijón. Que propone retirar del callejero de una ciudad los nombres de los «golpistas» que se alzaron contra la República; una memoria histórica que por otra parte no pide eliminar los nombres de otros golpistas contra la República, los de octubre de 1934, como lo fueron Ramón González Peña o Belarmino Tomás.
Por tanto, las reivindicaciones de las memorias personales, contra todo tipo de amnesia y de amnistía, no debe hacerse en nombre de la memoria histórica común, sino en nombre o bien de la memoria individual o familiar, o bien en nombre de planes y programas políticos o científicos. Esto explica por qué la llamada «memoria histórica» no es propiamente memoria, sino selección partidista; por qué se eclipsa de modo funcional, y por qué la «memoria histórica», paradójicamente, derriba las estatuas de Lenin o de Franco. Dicho de otro modo, la memoria histórica sólo puede aproximarse a la imparcialidad cuando deje de ser memoria y se convierta simplemente en historia.”
Carta del Presidente del MCRC
Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto. Es un hábito.
Aristóteles
Si la verdad fuera evidente por sí misma, la elocuencia no sería necesaria.
Cicerón
CARTA A LOS ASOCIADOS DEL MCRC
Leales repúblicos:
Ha pasado más de un mes desde la última asamblea extraordinaria, en la que fuimos elegidos los miembros de la nueva Junta directiva del MCRC. A pesar de las vacaciones del verano y de aquellos que no cesan de poner palos a las ruedas del MCRC, esta Junta ha estado organizándose para poder establecer la comunicación interna con los asociados y emprender las emisiones de televisión, base de nuestra habitual comunicación externa.
Mientras se optimizan los canales de comunicación y se activa la organización territorial, estamos desarrollando un proyecto para reorganizar el MCRC. Es fundamental que durante los próximos meses la Junta Directiva del MCRC trabaje en esa dirección, a fin de poder presentar en el momento oportuno el proyecto a los asociados para su conocimiento, reflexión y participación, antes de la próxima Asamblea ordinaria, en la que debería desplegarse y aprobarse junto a los presupuestos.
Valgan de introducción al proyecto estas palabras a modo de fraternal saludo repúblico:
Verdad, Libertad y Amor son las pasiones más poderosas del mundo. Las tres se configuran, con buen humor, inteligencia y voluntad.
No basta que un pensamiento sea genial, profundo y original; es preciso que sea transmitido con claridad y colorida expresión.
La elocuencia está destinada al corazón como la lógica a la razón, la una para conmover al sentimiento, la otra para convencer al entendimiento. Dos potencias, cada una con sus principios y valores. La mentalidad conoce la verdad, la voluntad busca la libertad a la que nadie puede faltar. Un combinado de ideales y afectos.
El arte de persuadir con respeto y sabiduría, consiste tanto en el agradar como en el inducir, un camino que va de lo más simple a lo más complejo. Definir, deducir y demostrar. Todo proceso de conocimiento pretende llegar a la conciencia profunda de la verdad, a través de las razones evidentes del Logos, la autoridad moral del Ethos y el impulso emocional del Pathos.
La elocuencia aúna y mueve voluntades a la acción. La acción genera entusiasmo. El entusiasmo abre la puerta más profunda de la mente, la de la creatividad, y ésta genera nuevos planes de acción. Las acciones, como poderoso fenómeno de influencia social tienen como fin despertar conciencias, afectos, conductas y actitudes.
En el proceso de persuasión existen cuatro elementos clave: la fuente, el mensaje, el canal y la audiencia. Tenemos todos los elementos para trabajar la memoria, falta cultivar y restablecer la reciproca confianza para poder inspirar a las aptitudes de la audiencia.
La responsabilidad es la habilidad para responder, dominar esa habilidad puede ser nuestra debilidad o nuestra fortaleza. Primero hay que escuchar, después hay que hablar claro, decir la verdad, sin miedo a las consecuencias, ni a las conveniencias, pero demostrando respeto y comprensión a la elemental dignidad de los demás, en beneficio mutuo.
Organizar y dirigir la comunicación interna y externa es la base fundamental, para afrontar eficazmente la realidad, corregir errores, clarificar expectativas, mantener los compromisos, presentar resultados y demostrar lealtad en todo los procesos.
Para decidir hacia dónde queremos ir es necesario saber en qué situación nos encontramos. Un proceso analítico necesario para conocer la situación, descubrir problemas y aprovechar oportunidades. El diagnóstico es el primer paso para reorganizar, para acto seguido poder concretar el Plan Estratégico.
Las finalidades del MCRC están recogidas en los artículos 4 y 5 de sus Estatutos: Creación y difusión de la Libertad Política Colectiva, y la realización de actividades y acciones para cumplir dicho fin: investigación, docencia, estudio, promoción y difusión. Las energías de la libertad deben concentrarse en la conquista de la hegemonía cultural y política en la sociedad civil española.
Los dos únicos objetivos del MCRC son compartidos por la inmensa mayoría de los españoles: asegurar la unidad del sujeto constituyente, España, y transformar, con Libertad Política Colectiva, la partidocracia en democracia, garantizada por la República Constitucional.
Fernando Gómez
Presidente del Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional
Venezuela: ¿”¡Desperta ferro!” en la Organización de Estados Americanos?
En fechas pasadas pudimos leer en medios de comunicación extranjeros, como el New York Times, la filtración de las maniobras de militares y políticos venezolanos para que la administración Trump tomara acción directa o mediante apoyo que conduzca al final de régimen criminal y tirano de Maduro, así como las reticencias de dicha administración. Obviamente, las intervenciones anteriores del gringo del nor te en la patria Hispana no dejan buen antecedente.
Más recientemente, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, en una visita a la frontera de Colombia con Venezuela declaró que no se descarta la opción militar para resolver el problema del pueblo venezolano, que ya ha transcendido las fronteras nacionales y se ha convertido en un problema de estabilidad para la región, lo que sugiere que la opción militar está abierta, y que la intervención exterior parece que va tomando forma. Sería irreal pensar que otras medidas, como las sanciones o el aislamiento internacional, produjeran frutos para aliviar la penosa situación de los venezolanos.
Ya anticipamos en nuestro último artículo sobre este asunto publicado en el Diario Español de la República Constitucional que la solución más idónea apunta a una fuerza multinacional, al amparo del derecho internacional, es decir, con el respaldo de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, sustentada en un peligro para la paz y seguridad, y de obligado cumplimiento para todos los Estados miembro de la ONU, de acuerdo con el artículo 25 de la Carta.
No nos cabe duda de que la comunidad internacional tiene la obligación de intervenir cuando los gobiernos tiránicos hacen dejación grave del cumplimiento de la obligación de proteger a sus ciudadanos. Esto es así, y es la práctica internacional observable desde la caída del muro de Berlín en 1989, y el posterior colapso de la URSS en 1991, donde comienza a surgir el concepto de operaciones de imposición de la paz auspiciadas por la ONU.
Descartado el liderazgo del gringo del norte, la OEA, en tanto que organización regional, parecería el órgano adecuado para ejecutar una hipotética resolución del Consejo de Seguridad en este sentido, habida cuenta que la ONU no cuenta con fuerzas propias, y el papel de las organizaciones regionales en este contexto se ha convertido en habitual. Los casos de la Unión Africana, o la Unión Europea, en Somalia, o el controvertido papel de la OTAN en la Antigua Yugoeslavia, son ejemplos de esto.
Sin embargo, las soluciones han de ser factibles y aceptables por todos, y ahí puede estar el escollo para que, de una vez por todas, se ponga fin a la tragedia en Venezuela.
Por un lado, una resolución del CS de la ONU se vislumbra difícil. El procedimiento de toma de decisiones de este órgano exige una mayoría cualificada de 9 miembros de los 15 que lo forman, debiendo estar los cinco miembros permanentes entre los 9 que suponen dicha mayoría.
Al impredecible papel de Rusia, y sus operaciones de desestabilización en Occidente, habría que añadir otra cuestión más tangible, que no es otra que la política de China con respecto a Venezuela. Hace escasamente una semana, Maduro ha conseguido una ampliación del crédito chino a Venezuela de 5.000 millones de dólares. China viene concediendo créditos a Venezuela desde 2008, lo que está en línea con sus líneas de acción exterior en el marco de su geoestragegia mundial.
Ojalá nos equivoquemos en el análisis, pero debemos concluir que no será fácil conseguir una resolución del CS determinante en el caso de Venezuela.
Por otro lado, las esperanzadoras declaraciones del secretario general de la OEA Luis Almagro han levantado no pocas reacciones inmediatamente después de producirse.
Las primeras reacciones en contra, y las más significativas por proceder de su mismo círculo, el Grupo de Lima, suponen un mazazo a Luis Almagro. Sin el apoyo de este grupo, que precisamente se formó sobre la base del no reconocimiento del régimen de Maduro y el apoyo a la intervención de USA, difícilmente sería viable una solución que implique la puesta en marcha de una fuerza multinacional de la OEA.
Además, Maduro acaba de hacer pública su intención de denunciar a Luis Almagro ante la ONU por proponer una intervención militar contra Venezuela.
Mientras esperamos alguna posible reacción de la ONU ante esta nueva baladronada del tirano, nos preguntamos si es necesaria una mayor presión de seres humanos en los países fronterizos, es decir un mayor sufrimiento de los venezolanos, para que se tome acción de una vez.
El decreto
El decreto de la Hammer con que el gobierno que nadie votó inaugura la campaña de terror gótico con el saqueo de tumbas por motivos ideológicos hará de España una topera, pues con la misma alegría que unos quieren desenterrar a los Franco querrán otros desenterrar a los Sánchez.
Ese decreto tiene una pega, y es que para lo único que no vale es lo único para lo que está hecho: cambiar la Historia.
El 78 se muerde la cola, pero no puede abolir el pasado y el hecho de ser él mismo su producto.
La Historia seguirá siendo que Franco ganó la guerra civil con la inestimable ayuda del Psoe, que la forzó sin considerar, como pedía Besteiro, que podía perderla. Y que Franco murió en la cama, igualmente con la inestimable ayuda del Psoe, que no le dio ni un mal rato al general que a estos enanos se les hace… ¡Hitler!, quien, por cierto, llegó al poder como Sánchez, por las gateras del Estado de Partidos, desmontó a base de decretos el tenderete de Weimar y se deshizo del Reichstag pegándole fuego, cosa que aquí no ha habido que hacer con el Senado.
¡La socialdemocracia y su mágica “reductio ad hitlerum”!
Este repentino “Furor Teutonicus” de los sociatas con Franco para blindar su “mentira constitucional” pretende tapar que son el aluvión de una franquicia socialdemócrata del 76, con batuta de Kissinger, que no quería otro Álvaro Cunhal, y marcos de Willy Brandt (¡aquellos carteles del 77 con pie de imprenta alemán!). “Isidoro“, alias “El Moro“, pasó a ser señor González, y nos trajo las autonomías, para emplear a los jefes provinciales del nuevo movimiento, y el antidemocrático sistema proporcional que elimina cualquier atisbo de representación, como sabía Fraga, que había leído a Leibholz, teórico del sistema.
Pero Carmen Calvo (que habla de la democracia, según Hughes, como si fuera una divorciada amiga suya con problemas de autoestima) dice que lo hacen por la democracia, con lo cual, después de Franco, querrán sacar a Napoleón de Los Inválidos.
Publicado en Abc
Primero la tesis insurreccional, luego el “liderazgo”
Sin duda el régimen chavista se ha beneficiado no solo de una oposición falsa y colaboracionista, sino además de la incapacidad de esa misma oposición para articular una tesis y una estrategia para derrocar a la tiranía. Esa incapacidad ha contagiado a otros segmentos de la oposición que, aun sin ser deliberadamente colaboracionistas, ayudan sin querer a mantener el régimen.
Uno de los problemas de esa oposición es creer que la salida de la tiranía es un asunto de “líderes” o de popularidad. Esta creencia les lleva a predicar una supuesta unidad de todos los líderes y partidos de la oposición como la clave para derrotar al régimen. Desde esta perspectiva se trata de argumentar que la victoria contra el gobierno no ha sido posible porque, según la creencia, ha faltado “unidad”.
Esto no es cierto, porque si algo ha sobrado es la unidad electoral para participar en elecciones que solo sirvieron para atornillar aún más al régimen. Expresiones de esa unidad oportunista e indiscriminada donde hasta los chavistas caben, fueron en su momento la Coordinadora Democrática y la alianza opositora que en el 2000 postuló como su candidato al chavista Francisco Arias Cárdenas; y ahora más recientemente la MUD, que cobija en su seno a la ex fiscal chavista Luisa Ortega Díaz.
Contra toda evidencia histórica que constata el fracaso de esa unidad de naturaleza burocrática, los escombros de la MUD y algunos operadores políticos vuelven a plantear la manida tesis de una unidad de la oposición donde todos caben. Argumentan que además hace falta un líder (o varios) que aglutine a la gente. En suma, que el problema es meterlos a todos en un mismo saco de gatos y escoger un “líder”.
Una unidad así planteada, que no defina el objeto y la tesis política con claridad, está condenada al más absoluto fracaso, tal como ya ha ocurrido a lo largo de estas dos décadas. Porque la unidad que necesitamos no es la de figurines electorales, sino más bien una unidad de propósito en torno a una política, que nosotros proponemos sea insurreccional.
A quienes hacen de este tipo de unidad su fetiche de moda, hay que preguntarles primero: ¿Unidad para qué? ¿Para convocar un paro de veinticuatro horas? ¿Para negociar condiciones electorales? ¿Para pedirle la renuncia a Maduro? ¿O más bien habría que definir primero una tesis política y una estrategia insurreccional que involucre fuerzas civiles y militares con el objetivo de derrocar al estado chavista, y luego sí convocar a una unidad de propósito en torno a esa premisa?
La necesidad de definir una tesis política insurreccional para derrocar al régimen es impostergable, mas aun cuando se observa el grado de confusión de algunos “líderes” opositores como Antonio Ledezma, quien hace unos días vía Twitter pidió a la Fuerza Armada pronunciarse para “hacer cumplir la Constitución Nacional”. Se refería a la Constitución de 1999, esa que ha sido el soporte pseudo legal del estado chavista, y que habría que comenzar por desconocer y destruir para constituir un nuevo régimen político de leyes y libertad.
@humbertotweets
Repúblicos, maniqueos y radicales
La televisión del espectáculo perpetuo abre a menudo con imágenes de coches incendiados, piedras volando y una voz en off hablando de la actuación de radicales. Todo ello rodeado de colorines, fanfarrias o directamente, de payasadas.
El desprestigio de los conceptos suele proceder del desconocimiento de las palabras que los expresan. La perversión del lenguaje, el babilismo, contribuye en buena manera a ello.
Así palabras como capitalismo y burguesía y sus adjetivos (capitalista, burgués) están contaminadas peyorativamente por mor de las ideologías de clase sin entrar a analizar las instituciones o categorías que conceptúan. Otras adquirieron su connotación negativa más recientemente como medio de defensa del estado de partidos ante sus vergüenzas. Son palabras tabú como República. También están las desnaturalizadas semánticamente como “intelectual”, que se utilizan para ofrecer resistencia a quien critica esta cultura del como si viéramos en democracia.
En esta última categoría del reciente ostracismo semántico se encuentra el término radical, por cuanto asimilable a violento, cuando no cruento, e identificándose a la acción de grupos más o menos incontrolados.
Sin embargo cabe la interpretación positiva del radicalismo, el valor de lo radical en cuanto significado último del núcleo básico del pensamiento desprovisto de adjetivos ideológicos. Justo lo contrario que el significado degenerado, que asimila lo radical a lo fanático.
Ser radical en el sentido democrático no puede sino significar la búsqueda del núcleo o verdadero significado de lo que define a la democracia, sin accesorios ideológicos de ningún tipo. La construcción de una Teoría Pura de la Democracia, que debemos a D. Antonio García-Trevijano, significa el más puro acto de radicalismo, pues huye de la adjetivación social de la misma en búsqueda de la Libertad Política.
Por ello denunciar la ausencia de separación de poderes, y por tanto de Constitución, así como la ausencia de la sociedad civil en la vida política a favor de los partidos, sin connotación ideológica alguna, supone un radicalismo de natural admiración.
¡Qué distinto este valor de lo radical del adjetivado a los nacionalistas! Si a estos se les puede denominar radicales, lo serán en cuanto más hundan su discurso en sus propias raíces sentimentales alejándose de la realidad. Se trata de un radicalismo solo “hacia abajo”, no hacia la esencia, que penetra en el sentimentalismo en ausencia de lo político. Injusto en la lid para el interlocutor crítico, que le pone en indefensión dialéctica, ya que contra los sentimientos no cabe razón alguna.
Si esto es así en el plano de las ideas, el valor de lo radical en la acción se dota de la ventaja de la convergencia en el camino hacia la libertad política por ciudadanos de distinta adscripción ideológica en un movimiento ciudadano desprovisto de la misma y destinado a su autodisolución una vez conseguida.
Por ello este MCRC sólo puede ser radicalmente democrático en su búsqueda de la libertad política, lo que se demuestra diariamente en la heterogeneidad, generosidad y lealtad de sus miembros.
La Revolución Trevijana de la Política, o el Criterio Definitivo
El 25 de mayo de 2018 Dalmacio Negro protagonizó un programa de “En la biblioteca de Trevijano” de Libertad Constituyente TV: https://www.youtube.com/watch?v=HfdhPS-JVxk. Entre los minutos 21:50 y 23:55 habló sobre una triste realidad: el término “democracia” había perdido todo el sentido. Este vocablo ha sido tan usado y manoseado, para definir distintas realidades políticas (e incluso no políticas) que la confusión provocada ha derivado en un relativismo transcendental donde todo puede ser democracia.
Y no es de extrañar. Desde la Revolución Francesa la idea de democracia fue ganando, poco a poco, hegemonía, dicha idea enarbolaba la bandera del pueblo soberano. No obstante, como sucede con todo lo político, la palabra fue pronto utilizada más como una marca encargada de atraer apoyos populares, o para limpiar una realidad oscura. De esto modo, apareció la llamada democracia popular, material o social (escojan el nombre que más les guste) como quinta esencia del marxismo. ¡El poder del pueblo, pero sin el pueblo! El estandarte de este tipo de regímenes era la igualdad, como ya sabemos.
También aparecieron extraños conceptos de democracia defendidos por intelectuales del nazismo, donde se tergiversa el concepto de demos. Aquí realmente se usa el antiguo vocablo griego como un eufemismo de “casta racial”, al que se identifica con ese demos excluyente que tan bien explicó Bernardo Garrido en este mismo medio (https://www.diarioerc.com/2018/09/01/laos-y-demos/). El régimen franquista no fue una excepción, y quiso maquillar su dictadura con aquello de la “democracia orgánica”. Y es que la democracia, ya desde pleno siglo XX es una palabra que suena muy bien. De ahí que ahora, y desde hace ya décadas, la democracia se haya convertido en la práctica en un cascarón vacío de contenido, en una palabra fetiche de diferentes regímenes para escudarse ante cualquier adversidad: “oiga, esto es una democracia, hay que respetar al sistema y a sus votantes”; o como arma arrojadiza para cualquier adversario: “eso es anti-democrático…atenta usted contra la democracia”, etc.
Pero ya no, ni un sólo día más, se acabó el juego, el relativismo de la confusión ha muerto, aunque “él” todavía no sea consciente de ello. Es como un zombie que se tambalea con su cuerpo podrido en busca de un pedazo más de carne humana. Y es que Antonio García-Trevijano, que le vamos hacer, vuelve a tener razón, y su mensaje es igual de fuerte y vigoroso que siempre. Como magnífico jurista que era, siempre señaló hacia una dirección: el sujeto constituyente del poder político, el maldito sujeto constituyente del poder político. Es tan sencillo una vez que se comprende que incluso da pudor reconocer que uno no se había dado cuenta de ello la mayor parte de su vida.
Ese es el único criterio real para definir un sistema político (no confundir sistema político con ideología). Examinemos pues:
Sujeto constituyente del poder político en las llamadas “democracias populares-sociales-materiales”: el partido único. Estamos, por tanto, ante una dictadura de partido único.
Sujeto constituyente del poder político de la Alemania Nacionalsocialista: un partido político. Volvemos a estar ante una dictadura de partido único.
Sujeto constituyente del poder político del franquismo: el ejército. Estamos ante una dictadura militar.
Sujeto constituyente del poder político en el actual régimen del 78: unos pocos partidos políticos. Estamos en una oligarquía de partidos.
¿Cuando estamos, por tanto, en una democracia? Cuando el sujeto constituyente del poder político sea el demos, es decir, el conjunto de la nación política. ¿Y cómo se consigue eso? Sólo hay dos formas:
1-Democracia directa, inviable en territorios grandes y con alta población.
2-Democracia representativa, donde el demos elige de forma directa al presidente del gobierno, por un lado; y, por otro, elige a los miembros de la asamblea legislativa, también de forma directa. El demos, por tanto, se muestra como el origen del poder político, de por sí autovigilado por la separación de poderes, y al cual controla con la posibilidad revocatoria de los cargos.
De este modo, no cabe ya la confusión, el utilizar una serie de palabras para darles un significado distinto del que tienen. La manipulación política está a la orden del día, atentando de este modo contra una de las cosas más sagrada del humano, el lenguaje, que sirve para comunicarnos. Sin embargo, después de la obra de Trevijano ya no vale eso de “para mi democracia es…”, no no, la democracia es esto, para usted y para quien quiera, si usted defiende otra cosa, llámelo por su nombre, no manipule, no genere confusión.
Libertad de pensamiento
Entre 1938 y 1965 Arthur Kaufmann compuso su tríptico Die geistige Emigration, “la emigración intelectual”, en el que retrata a un grupo de representantes del mundo de la artes y las ciencias de lengua alemana, huidos a Estados Unidos desde el dominio del III Reich nacionalsocialista.
Estas personas perdieron su libertad de expresión en sus países de origen, pero no la de pensamiento. En la Europa de nuestros días, y centrándonos en España, existe un modo de totalitarismo difuso que ataca directamente a la libertad de pensamiento. Es lo que ha venido a llamarse consenso, que, como modus agendi de la oligarquía política, ha acabado permeando a la sociedad civil. El consenso es en sí antidemocrático y antiintelectual, pues exige el sometimiento a una postura apriorística, en nombre del acuerdo y la concordia, eufemismos de una servidumbre voluntaria que es característica de las sociedades civiles sometidas a los regímenes partidocráticos como el español.
Llegar a un consenso, pues, es la ambición máxima de cualquier reunión o encuentro, sea en la administración o en la sociedad en general. El disenso, por otra parte, sufre además el acoso combinado de lo políticamente correcto, el comunitarismo, la ideología de género y el buenismo, rasgos de la ideología nihilista socialdemócrata, que se caracterizan por su afán de modificar y controlar el lenguaje como vía directa de control del pensamiento.
Así pues, la persona que no quiera limitarse a repetir los eslóganes que le han enseñado en la escuela o en los medios de comunicación, se encontrará con recursos asumidos de autocensura mental, que le llevará a evitar lo que pueda considerarse conflictivo, capaz de herir susceptibilidades, o lo que se afirme con cierta rotundidad y seguridad.
Estamos, en fin, en una época en que adquiere plena validez la afirmación de Thomas Mann de que el que desafía las ideas hechas de una sociedad es un héroe.
Los cubanos en las Fuerzas Armadas venezolanas
Hay tres movimientos claves que hizo Hugo Chávez en vida para perpetuarse en el poder sin tener que rendirle cuentas a nadie. El primero fue en 1999, con la aprobación fraudulenta de la Constitución, que desarticuló completamente la estructura del Estado para crear una nueva a la medida del tirano, sin frenos ni contrapesos, y sin controles. Así todo el poder político y financiero del Estado quedaba en sus manos, en un país donde los poderes públicos sólo serían sus subalternos. Estos cambios le permitieron controlar el poder electoral para fabricarse resultados a su medida, y legitimar su tiranía mientras la oposición mansa e ingenuamente seguía participando.
El otro movimiento, basado en esa nueva constitucionalidad chavista, consistió en darle participación política y partidista a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Las Fuerzas Armadas, que hasta ese momento eran leales a la República, ahora pasarían a ser el aparato armado del PSUV. Esta nueva política se profundizó al asignar oficiales de la FANB en posiciones burocráticas que les permiten robar y lucrarse, lo cual aseguraría no tanto su lealtad sino más bien la complicidad con la mafia que los designa. El objetivo de esta política sería inhibir a estos oficiales de mediana y alta jerarquía de participar en levantamientos contra el régimen del cual se estaban beneficiando.
Hubo otras jugadas que buscaban esencialmente lo mismo, pero que han perdido su efectividad con el tiempo, producto de la misma crisis material que afecta a todos los venezolanos. Estos serían la creación de la llamada milicia bolivariana, que consiste en armar militarmente a los seguidores del chavismo, y la organización de grupos paramilitares llamados colectivos. En varias ocasiones, estas estructuras han probado ser efectivas para amedrentar a la población civil, pero totalmente incompetentes para defender el desmoronamiento del estado chavista.
La tercera movida de Chávez fue la entrega de la FANB al control del estado cubano. Lo que comenzó como un programa de cooperación y asistencia, ha terminado en una situación de servilismo y sumisión total de la organización militar al gobierno de Cuba. Este sería una especie de seguro contra eventuales rebeliones en el seno de una fuerza armada que, aunque de diseño chavista, en cualquier momento también podría salirse del libreto siguiendo su propia lógica militar.
Hoy no solo hay oficiales cubanos de alta graduación ejerciendo en posiciones operativas y de inteligencia en el seno de la FANB. Al mismo tiempo, el régimen ha tenido que afrontar la masiva deserción de soldados con la importación de tropa profesional desde Cuba para suplir las deficiencias de una fuerza armada diezmada y depauperada.
Se puede constatar en todos los niveles de las FANB un rápido y progresivo reemplazo con efectivos traídos directamente desde Cuba, de los militares que abandonan o que son hechos presos. Ciertamente, quienes aparecieron en la foto protegiendo a Nicolás Maduro el día del atentado fueron militares cubanos, no la guardia de honor de la casa militar.
Los cubanos en la FANB son la última línea real de defensa que le queda al narcorégimen, el cual ha perdido el apoyo de sus propios militares, hoy sometidos por un ejército invasor. Sin duda, esta es una situación que hay que considerar a la hora de calibrar las posibilidades reales de una fractura militar interna, o si es necesaria la intervención militar internacional para ayudar a materializarla.
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