La crisis actual del estado venezolano, entendida como la carencia institucional para lograr sus fines, es el resultado del fracaso de un sistema político basado en una oligarquía de partidos (partidocracia hasta 1998) primero, y en una oligarquía de partido único (estado chavista a partir de 1999) después.
Esta crisis se caracteriza por el derrumbe de todas las instituciones de la sociedad venezolana. Aquí no estamos frente a un mero mal gobierno que no cumple sus planes y proyectos, y que puede ser sustituido democráticamente por otro. La total destrucción de la economía, la ausencia de poderes públicos independientes y operantes, la corrupción en todas las instancias del gobierno, las conexiones del estado venezolano con el narcotráfico y el terrorismo internacional, la incapacidad del estado para atender sus obligaciones internas y externas, y el control del poder político repartido entre mafias civiles y militares, configuran algo mucho más grave.
Sin embargo, el mismo fenómeno inédito del derrumbe de Venezuela como país y sus consecuencias genera diferentes respuestas para abordarlo. Para entenderlo ayudaría la distinción entre las perspectivas emic/etic usada por el lingüista Kenneth Lee Pike, siendo emic la perspectiva del agente o testigo de los hechos históricos, y etic la perspectiva del observador distante de los mismos.
Desde una perspectiva emic (del sujeto: los venezolanos), Venezuela es un caos donde no hay un estado que garantice la vida, la libertad, ni la justicia; razón por la cual cientos de miles siguen abandonando su territorio para refugiarse en otros países.
Desde una perspectiva etic (del observador: los otros países, considerados individualmente y no como parte de organismos como la ONU o la OEA), Venezuela no es un caos sino un estado controlado por mafias civiles y militares que se apoyan sistemáticamente en la represión, el narcotráfico y el terrorismo para mantenerse indefinidamente en el poder. Este estado mafioso y criminal sería la principal causa del masivo y abrupto desplazamiento de venezolanos a otros países y sus negativas consecuencias.
Ambas perspectivas de la misma crisis son diferentes, pero no necesariamente contradictorias. Para los venezolanos (emic) se trata de una lucha por recuperar la República y la libertad. Por su parte, para países como Estados Unidos y Colombia (etic) se trata de detener una amenaza inminente sobre su seguridad nacional.
De estas dos perspectivas del colapso de Venezuela se derivan diferentes maneras y grados de urgencia para abordarlo. En lo que sí coinciden las dos es en la ausencia de mecanismos internos, pacíficos e institucionales para resolverla.
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Emic/Etic: Dos perspectivas del colapso de Venezuela
La feria
Pocas cosas nos habrán hecho más daño que aquella ortegada del “proyecto sugestivo de vida en común”. Las sociedades sólo son proyectos para los totalitarismos. El Ortega invertebrado llegó a ser, con sus apuntes de Renan, santón del fascismo (ilustrado) en España.
–Cataluña es un pueblo esencialmente sentimental –dice José Antonio en las Cortes del 34–, impregnado de un sedimento poético… hasta en la vida de esas familias barcelonesas que transmiten de padres a hijos las pequeñas tiendas en la plaza Real…
Ahí está “la empatía” con Cataluña que pide Pedro Sánchez, el Josué elegido por Don Dinero para “Pactar Cataluña” con arreglo a la “hoja de ruta” editorializada por el periódico global en tiempos de María Soraya y Cebrián (junio del 16). Que Sánchez se crea Schumpeter o que Torra Pla se sienta Abd el-Krim (suya es la comparación de Cataluña y el Rif) forma parte del universo poético descrito por José Antonio:
–No sólo viven con un sentido poético esas familias, sino que van perpetuando una tradición de poesía gremial, familiar, maravillosamente fina. Esto no se ha entendido a tiempo. A Cataluña no se la supo tratar.
Tratar es pactar, y eso requiere de lo que en su “Comentario al Discurso de Gettysburg” llama Santayana “psicología de la feria rural”. Sánchez se dirá: “¿En verdad me importa la secesión de Cataluña para que mi esposa forme líderes africanos en un instituto madrileño?” Y Torra Pla se dirá: “¿Era tan importante que el Real Madrid tuviese trece copas de Europa?” Y ambos se contestarán: “¡No! Lo que realmente necesitaba era este amigo!”
Al hilo de Santayana, lo malo, hoy, aquí, es esa clase irracional de plasticidad moral (¡cuarenta años de consenso!) que tolera que la voluntad y la acción cambien de fundamento, como si aparecieran de repente, inexplicablemente, mezcladas e inconexas, “como a un niño inocente podría parecerle que los cohetes estallan sin causa en un cielo vacío”.
Hemos llegado al “trance” del “día cuarto” de la feria.
Publicado en Abc
La feria
Pocas cosas nos habrán hecho más daño que aquella ortegada del “proyecto sugestivo de vida en común”. Las sociedades sólo son proyectos para los totalitarismos. El Ortega invertebrado llegó a ser, con sus apuntes de Renan, santón del fascismo (ilustrado) en España.
–Cataluña es un pueblo esencialmente sentimental –dice José Antonio en las Cortes del 34–, impregnado de un sedimento poético… hasta en la vida de esas familias barcelonesas que transmiten de padres a hijos las pequeñas tiendas en la plaza Real…
Ahí está “la empatía” con Cataluña que pide Pedro Sánchez, el Josué elegido por Don Dinero para “Pactar Cataluña” con arreglo a la “hoja de ruta” editorializada por el periódico global en tiempos de María Soraya y Cebrián (junio del 16). Que Sánchez se crea Schumpeter o que Torra Pla se sienta Abd el-Krim (suya es la comparación de Cataluña y el Rif) forma parte del universo poético descrito por José Antonio:
–No sólo viven con un sentido poético esas familias, sino que van perpetuando una tradición de poesía gremial, familiar, maravillosamente fina. Esto no se ha entendido a tiempo. A Cataluña no se la supo tratar.
Tratar es pactar, y eso requiere de lo que en su “Comentario al Discurso de Gettysburg” llama Santayana “psicología de la feria rural”. Sánchez se dirá: “¿En verdad me importa la secesión de Cataluña para que mi esposa forme líderes africanos en un instituto madrileño?” Y Torra Pla se dirá: “¿Era tan importante que el Real Madrid tuviese trece copas de Europa?” Y ambos se contestarán: “¡No! Lo que realmente necesitaba era este amigo!”
Al hilo de Santayana, lo malo, hoy, aquí, es esa clase irracional de plasticidad moral (¡cuarenta años de consenso!) que tolera que la voluntad y la acción cambien de fundamento, como si aparecieran de repente, inexplicablemente, mezcladas e inconexas, “como a un niño inocente podría parecerle que los cohetes estallan sin causa en un cielo vacío”.
Hemos llegado al “trance” del “día cuarto” de la feria.
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Escritores y partidocracia
Hace ya casi 60 años de la muerte de Albert Camus. Modelo de escritor comprometido, y hombre de izquierdas, como él mismo se llamaba, “a pesar de ella y de mí mismo” siempre quiso mantener su independencia intelectual, lo que le acarreó violentos ataques por parte de la intelligentsia de la época, encabezada por Jean-Paul Sartre, de obediencia debida a los dictados de la URSS, a la que Camus llamaba “horrible sociedad intelectual” en un discurso que todavía produce un nudo en la garganta cuando se lo escucha en boca de su autor:
“Yo sé, en todo caso, solitario o no, hacer mi oficio, y si lo encuentro a veces duro, es porque se ejerce en esta horrible sociedad intelectual en la que vivimos, donde se hace un punto de honor de la deslealtad, donde los reflejos han sustituido a la reflexión, donde se piensa a golpes de slogan, y donde la maldad intenta hacerse pasar demasiado a menudo por inteligencia. Yo no soy de esos amantes de la libertad que quieren adornarla de cadenas redobladas, ni de esos servidores de la justicia, que piensan que se sirve bien a la justicia, cuando se entrega varias generaciones a la injusticia. Vivo como puedo, en un país desdichado, rico en su pueblo y su juventud, provisionalmente pobre en sus élites, lanzado a la búsqueda de un orden y de un renacimiento en el que creo. Sin libertad verdadera ni un cierto honor yo no puedo vivir. Ésta es la idea que me hago de mi oficio”.
Camus muere en 1960, cuando los Estados de partidos que surgen de la 2ª Guerra Mundial se están consolidando bajo el manto excusador de la Guerra Fría, y cuando él podía alzar su voz, llena de autoridad moral, contra ese mundo intelectual y literario que tomaba sectariamente un claro partido político. Su pensamiento, empero, estaba destinado al fracaso, pues la ingenuidad de su pretensión de sustituir la política por la moral suponía que Montesquieu, entre otros, no había pasado a su lado.
En la Europa de nuestros días, y más concretamente en un país como España, estos apasionamientos y estas muestras de dignidad y honor parecen cosa de otro planeta. El mundo literario es más bien un mundillo donde sobrenadan ambiciones y soberbias aisladas, que pretenden no ver el mar de indiferencia que les rodea hasta más allá del horizonte. El escritor tipo no tiene, y lo que es peor, no quiere tener un peso como referente intelectual y moral en esa “búsqueda de un orden y de un renacimiento” en el que sí creían artistas como Camus. No hay escritores, pues, que participen siquiera en esta farsa de política que es el Estado de partidos, ni la degradación moral y política de la sociedad española tras la Transacción del 78 es objeto de sus creaciones (algunos, empero, pretenden presentar sus obras como una crónica de esta época, aunque no hagan más que memorias privadas); la partidocracia sostiene así una hegemonía cultural tan férrea a través de sus medios de comunicación de masas castradores y ocultadores de cualquier brote de reflexión intelectual o creación artística, que el escritor, que no siente ni concibe la necesidad de esa “libertad verdadera y un cierto honor”, vegeta en su solipsismo a la sombra de un poder al que no suele criticar más que bajo retratos costumbristas y difusos, sólo atento a las presentaciones de sus obras, a la recepción de éstas entre sus amigos del oficio, a poder entrar en la corrupta rueda de los premios literarios como premiado y jurado y viceversa, y atento, en fin, a mantener su precario e ilusorio status mediante el endiosamiento y la envidia preventiva.
La libertad política colectiva permite la lucha por el Derecho
Para Ihering “la defensa del derecho es un deber que tenemos para con la sociedad” y “Resistir a la injusticia es un deber del individuo para consigo mismo, porque es un precepto de la existencia moral; y es un deber para con la sociedad, porque esta resistencia no puede ser coronada con el triunfo, más que cuando es general.”
Para Antonio García-Trevijano, en el mismo sentido pero más allá, el fundamento de la libertad individual es la libertad colectiva. Sin personas, no hay sociedad, pero sin sociedad, no hay personas, el hombre aislado no puede tener conciencia de su libertad. No hay libertad individual alguna, si no hay libertad política colectiva. No podemos pensarnos aisladamente, como un Robinson. Luego los derechos nos los concedemos entre nosotros o no son verdaderos derechos, sino que son facultades otorgadas por Leviatán, el Estado absoluto, la oligarquía de turno, que se superpone a todas las personas que componen la Nación mediante su legislación positiva, que presenta como único derecho posible.
La libertad política es una facultad de todos los ciudadanos adultos para elegir controlar y deponer a las personas que han de ocupar los cargos políticos en el Estado, sin delegar esa función en ningún principio o factor intermedio, al contrario de lo que ocurre en los Estados de Partidos, como es el régimen español. La libertad política es libertad de con todos. Es libertad colectiva para sí y por sí misma. Es libertad como medio y como fin, porque es la consecuencia de la verdad política legitima, la que se conforma con todos. Porque la libertad política colectiva es la fundadora del verdadero derecho, el que nos formamos entre todos, y si no la hay, solo habrá facultades concedidas por el Estado, que lo mismo que las han concedido, lo mismo las pueden sustraer arbitrariamente, sin que la Nación (todos) tenga nada que decir al respecto, salvo acatar o rebelarse.
¿Es moral entonces que en un periodo constituyente, se considere este un momento pre-jurídico y se pueda disponer arbitrariamente de, sin límite alguno, cualquier norma y derecho vigente que por el órgano gestor del sujeto constituyente en cuestión se considere arbitrariamente, es decir, como si fuera un dictador presidencialista absoluto del periodo constituyente, tal y como sostienen los defensores del “Demos” concebido por Carl Schmitt?
Sera la moral del poder y de la autoridad absoluta del Estado, del darwinismo social, en todo caso. El poder absoluto que elimina transitoriamente el derecho que le interesa a la oligarquía que cope el poder en ese momento, con la excusa de que nos encontramos ante un periodo constituyente, y que, por lo tanto, destruye el derecho consolidado hasta entonces para determinados colectivos, aunque fuera concedido; así como la libertad colectiva, al excluir a determinados colectivos de la nación; y, por lo tanto, en fin, a la propia nación que se dice defender.
“Cuidado entonces con los esquiladores, porque allí donde hay un rebaño, habrá necesariamente también esquiladores y aprovechadores del rebaño” porque “al divinizar las cosas humanas, los idealistas llegan siempre al triunfo de un materialismo brutal. Y esto por una razón muy sencilla: lo divino se evapora y sube hacia su patria, el cielo, y lo brutal queda solamente en la tierra” y si lo que se diviniza es la ciencia, ella “es tan poco capaz de aprehender la individualidad de un hombre como la de un conejo. Es decir es tan indiferente para una como para otra. No es que ignore el principio de individualidad. La concibe perfectamente como principio, pero no como hecho.” (Bakunin).
Materialismo, pero sin divinizar o idealizar a la ciencia, que por sí misma, no aporta valores que valgan. Porque los valores no son, los valores valen, o no valen, como decía acertadamente Carl Schmitt en su gran librito “La tiranía de los valores”. Pero, claro está, disintiendo de sus valores y de su resultado, porque, ya ha pasado históricamente (Alemania, Japón, etc), si el valor que impera es la destrucción del diferente, tendrás tu propia destrucción y la de la Nación entera.
El estado es constrictor por naturaleza, pero hagámoslo todos, como sujeto constituyente. Es la única forma de poder controlar al Leviatan-Minotauro estatal, que siempre tenderá a ser absoluto, en beneficio de una oligarquía. Con representación verdadera por diputados de distrito y separación de poderes de origen, con distintas elecciones para el Ejecutivo (Gobierno) y el Legislativo (Nación), de acuerdo con la libertad política colectiva constituyente, es decir, de con todos.
Concluyendo, y en palabras de Antonio Garcia-Trevijano: “La libertad que acaba donde empieza la de otro no es libertad política colectiva. (…) Ni el liberalismo ni el socialismo comprendieron que la libertad política, en tanto que libertad colectiva y simultánea, no es una libertad más entre las personales (votar) o de clase (huelga), sino la libertad de constituir el poder político con ella. Un tipo de libertad fundadora, fundante y fundamental que no es libertad de o para, sino libertad creadora y mantenedora de un sistema de libertad política.”
Libertad colectiva, de con todos. No de amigos y de enemigos que deban de ser excluidos por la ideología que por turno de reparto del poder campe a sus anchas arbitrarias, sin límite alguno que valga.
Porque si individualmente “todo individuo atacado, defiende en su derecho las condiciones de su existencia moral” (Von Ihering), pero a la vez la defensa del derecho es un deber que tenemos para con la sociedad, porque el derecho de ese individuo concreto es todo el derecho y defendiéndolo, defiende el derecho de toda la sociedad que ha sido lesionado, al ser lesionado el suyo, lo mismo pasa con la libertad política colectiva, que es la única fundante del verdadero derecho de con todos. Y por lo tanto, es un deber moral defenderla, propagarla y luchar por ella, como verdadera fundante de nuestros propios derechos, en sentido propio.
Ni referéndum, ni municipales
Si bien, a estas alturas, la discusión de votar o no votar bajo el régimen de Maduro es una discusión ampliamente superada en la calle, aún persisten focos de operadores partidistas que vuelven con la tesis de la salida electoral.
Aunque destrozados políticamente por la realidad, estos operadores aprovechan cada oportunidad para amplificar el discurso y la lógica del régimen, que justifica la participación electoral. Básicamente son los mismos argumentos de siempre, pero ahora reciclados y adaptados a nuevos eventos electorales.
En los planes del régimen está la celebración de las elecciones municipales y la aprobación de la constitución fraudulenta antes de finales de año. Ya hay propagandistas que insisten alarmados: “Si no votamos, el gobierno va a imponer su constitución y el estado comunitario”. Entonces, para evitarlo, hay que votar. Otros dicen: “Si no votamos, el gobierno se quedará con todos los puestos de concejales en el país”. Entonces, votemos.
Ambos argumentos parten del reconocimiento de un régimen político y electoral diseñado por el chavismo para incentivar la participación de partidos colaboracionistas y lograr resultados que le permita aventajarlos. Es algo que ya se ha explicado muchas veces, y sorprende que haya que insistir para impedir que estos operadores sigan captando incautos.
Quizás la amenaza más apremiante es la de que, si no se acude a votar contra el régimen, logrará mayoría para aprobar su constitución. Es que así ocurrirá aunque los venezolanos acudan a votar masivamente contra ese adefesio constitucional. Una vez que el CNE chavista anuncie que ha sido aprobada, no quedará ni siquiera el recurso de la protesta o el de la impugnación, ambos negados bajo la tiranía.
La realidad es que la nueva versión de la constitución chavista será presentada como aprobada independientemente de que la gente vote o no. Seguramente, nadie acudirá a votar, lo que le permitirá al régimen decir que ha sido aprobada y a la falsa oposición que eso es culpa de que la gente no entendió el mensaje de ir a votar en contra.
Igualmente, casi todos los concejales en el país serán adjudicados al partido de gobierno para despecho de los candidatos de las clientelas partidistas, quienes también culparán a la abstención de haber perdido esos “puestos de lucha”.
El referéndum y las elecciones municipales serán aprovechados por el régimen para presentarse como democrático, y por la falsa oposición, para renovar falsas esperanzas en un cambio de naturaleza electoral. Ambos eventos no ayudan a cambiar el actual régimen tiránico y por eso deben ser rechazados.
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Triquiñuelas
Salinger, guardián del centeno, confesó haber estado siempre convencido de que el ratón que escapa de la trampa vuelve cojeando a casa con nuevos e infatigables planes para matar al gato. Entre nosotros, ese ratón son los políticos, y el gato, las leyes.
–Hecha la ley, hecha la trampa –reza el “vivaz espíritu jurídico” que atribuye a los españoles Albornoz, quien, sin embargo, no acaba de explicarse el contraste entre nuestra “prolífica devoción legislativa” y nuestro “desdén por el cumplimiento de la ley”.
La República advino por una pirula electoral (República de piruleros). Un descuido sindical preparó la Revolución de Asturias (Revolución de descuideros). Un fraude electoral aupó al Frente Popular (Régimen de malandros). Un birlibirloque constitucional dio a Azaña el sillón de Alcalá Zamora (Hamponato presidencial). Una triquiñuela legal (“de la ley a la ley”, cosa que ya obsesionara en Francia a Napoleón, cuando lo suyo) inauguró la Santa Transición. Ahora, Sánchez, con fama de ambicioso entre los politólogos (¡lo que se le escape a un politólogo!), apela al estado de necesidad para cerdear las leyes para su Presupuesto. Es la Teoría de las Circunstancias con que la historiografía golfa justificó los crímenes (“propios de caníbales” le parecieron a Saint-Just los de la Bastilla) de la Revolución francesa, y que a Sánchez le viene como un guante Varadé para dirigir su banda de jurisperitos (Marlascas, Delgados, Robles) en el templete de la picaresca política con libreto de Salas Barbadillo.
Estamos donde estamos, pero venimos de donde venimos. María Soraya, que presumía de abogacía del Estado, una cosa que impresionaba mucho a los generales, cuando la investidura de su Mariano estaba en el aire por un quítame allá esos plazos, habló públicamente de “vacío legal” en la Constitución (?), y llamó a los letrados de las Cortes a llenarlo, con lo cual convirtió a esos letrados (Méndez de Vigo, el del karaoke, sin ir más lejos)… ¡en poder constituyente! Y de postre, el 155.
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“Como si”
Asistimos a la apoteosis del “como si”, concepto que un filósofo alemán, Vaihinger, pinchó con su pluma sobre el papel, “como se suele hacer con un insecto repugnante”. El “insecto” era la “voluntad de ilusión” nietzscheana: pintamos el mundo y nos comportamos como si el mundo fuera nuestro dibujo.
Así, Sánchez va por el mundo creyéndose Martín de Azpilcueta, el “Doctor navarrus”. En España se discute si La Tesis de Sánchez es de Pedro Sánchez o de Carlos Ocaña con la misma pasión que en Inglaterra si el “Ricardo III” es obra de Christopher Marlowe o de William Shakespeare.
– ¿Qué es la Transición? –se preguntó nuestro único agitador político con coraje para llevar la contraria–. Quitar criterios morales a la conducta humana por miedo al pasado franquista. La herencia del “como si” de Vaihinger.
En virtud del “como si”, explicaba para quien lo quisiera entender, vivimos la Monarquía como República, la partidocracia como democracia, la justicia como independencia, la prensa como libertad de expresión, la universidad como libertad de cátedra, la competencia económica como mercado libre, la sindicación como libre asociación de trabajadores…
Volvemos, pues, a la “mentira constitucional” de Octavio Paz y a las dos Españas de Ortega (esto sí lo vio): “Dos Españas que viven juntas, y que son perfectamente extrañas: una ‘España oficial’ que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida, y otra España aspirante, germinal, ‘una España vital’, tal vez no muy fuerte, que, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia”.
El presidente de la Comisión Europea rindiendo homenaje a Karl Marxeste mismo año.
La Europa socialdemócrata (¡la granja de Jean Clair!) no está mejor: deprime el espectáculo de Juncker, que preside la UE de los hueros Merkel y Macron (no tienen hijos) invocando la democracia (a él no lo votó nadie) para primero homenajear a Marx y luego sancionar (con los liberalios haciéndose los locuelos) a Orban, el húngaro con mayoría absoluta.
– Il modo ancor m’offende –dice la Francesca de Dante.
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El MCRC en la Feria del Libro de Murcia
«Toda afirmación que no roe una secreta llaga, es una mera impertinencia»
Este escolio del pensador bogotano, Nicolás Gómez Dávila, describe perfectamente la sensación que tuve al escuchar por primera vez a Antonio García-Trevijano explicar por qué en España no hay democracia.
Y es que nadie que se dentenga cinco minutos a conocer su pensamiento político puede quedar indifirente.
Entre toda la gente que se ha acercado durante la feria del libro de Murcia a nuestra caseta, algunos sentirán que la afirmación de D. Antonio les roerá una secreta herida y cada mente que se abre es una potencia incalculable para la consecución de la Libertad Política Colectiva. Ya lo hemos visto con anterioridad.
Por este motivo, no puedo hacer una valoración real de estos tres días tan solo observando las cifras de ventas o las estadísticas de impacto. La reacción a nuestra acción es siempre impredecible.
Tener un puesto en la feria nos ha mostrado que el MCRC debe tener un espacio físico para darse a conocer de una manera diferente, y nos ha motivado, aún más, para intentar conseguirlo.
Igual que hemos tomado nuestro espacio virtual, en las redes sociales, donde ya se nos conoce, podemos tener nuestro espacio propio para que se nos reconozca también en las calles.
Un repúblico murciano dijo hace ya unos meses: “El MCRC tiene que tocar tierra”. Después de participar en la organización de la conferencia de García-Trevijano en la Universidad de Murcia y en la de esta feria del libro, lo creemos aún más firmemente. En ello estamos trabajando.
Por último, tengo que reconocer la labor impagable de todos los que hicieron de esta acción una acción colectiva. En especial a los repúblicos que se desplazaron desde Almería, Alicante y los pueblos más alejados de la ciudad.
Gracias a todos.
Alfredo Roca
Reinterpretar a Venezuela
Sin duda, hay tareas urgentes que se deben asumir en este momento, tales como atender a los venezolanos desplazados de su territorio y sacar del poder al régimen que lo propicia. Sin embargo, es muy grande la tentación de permitir que lo urgente opaque lo importante.
Y en este caso es importante comprender que un mero cambio de gobierno o de funcionarios no será suficiente para reconstruir lo que se ha destruido. Es preciso un cambio de régimen político que rompa con la barbarie impuesta por el chavismo, y que al mismo tiempo supere el estándar anterior de democracia corrupta y clientelar. Para esto, necesitamos emprender otra tarea tan importante como urgente de reinterpretar la historia de Venezuela para encontrar las claves de nuestras contradicciones actuales.
Hace varios días tuve la oportunidad de leer y comentar un extenso ensayo escrito por Luis Carlos Martín Jiménez, de la Escuela Filosófica de Oviedo del materialismo filosófico, sobre la celebración del bicentenario del 5 de julio de 1811 realizada por el régimen chavista el 30 de julio de 2011.
El ensayo titulado “La ilusión venezolana” presenta un análisis filosófico de la ilusión como engaño en la representación falsa de una historia de Venezuela tergiversada para justificar la épica chavista. Igualmente, el ensayo explora la idea de la ilusión como la constante promesa chavista de una esperanza por la tierra prometida que no sería otra que la revolución bolivariana como supuesta etapa final de la historia.
Martín Jiménez describe los dos modelos que se han impuestos para la interpretación de la Historia de Venezuela, ambos adoptados por el chavismo: el modelo indigenista y el modelo historicista. El primero reduce la verdad histórica al mito y la leyenda indígena. El segundo parte de una idea de desconexión total entre el imperio Español y las provincias, como dos entidades separadas, negando realidades materiales como ciudades, cultura y lengua española.
Desde 1999 el chavismo ha sustituido sistemáticamente libros y documentos de la historia de Venezuela por piezas de propaganda e ideología que intentan justificar una idea de pseudo historia, donde el eje es la confrontación entre ricos y pobres que alimenta una versión simplista y maniquea del relato histórico.
Recomiendo la lectura del ensayo “La ilusión venezolana” de Luis Carlos Martín Jiménez, quien desde las coordenadas del materialismo filosófico propone reinterpretar y reestudiar con rigor el relato nacional, no como el resultado de mitos aborígenes o de caudillos iluminados más o menos carismáticos, sino como producto de una dialéctica de estados y de las contradicciones surgidas en el seno de los imperios a lo largo de la historia.
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