Circula por la Red un video de Gil Robles (el clásico, el que mereció de Miguel Hernández el mote de “mariconazo”) avisando en el 78 de que los “mecanismos de relación entre los poderes del Estado” establecidos en la Constitución consagran una partidocracia.
Hoy, millones de españoles adultos fingen hacerse cruces ante el obsceno espectáculo coral del Estado de Partidos en Andalucía, mientras en Madrid un caridelantero miembro del gobierno que nadie ha votado, maestro de escuela, hace la declaración más fascistoide que se haya oído en estas cuatro décadas:
–No daremos el gusto a la derecha de convocar elecciones, porque tenemos aún mucho daño que reparar y mucha justicia que hacer.
Desde luego, no es Ábalos aquel maestro que enardeció a Tom Paine para que saliera de Inglaterra, lejos de la cual “contribuí a elevar un nuevo imperio en el mundo, fundado en un nuevo sistema de gobierno”: ¡la democracia representativa!
En la partidocracia española, como en la guerra romana, se emplea como signo el “tripudium”, o manera de comer de los pollos sagrados: si el político desea encuestas favorables, emplea pollos en ayunas, y en el caso contrario, pollos ahítos.
–Cuando el emperador asumía la púrpura se le hacía miembro del colegio de los augures, pero nadie esperaba que fuera a alimentar a los pollos sagrados.
Para eso Sánchez tiene a Ábalos, que tiene a Tezanos para determinar la voluntad del pueblo, que en España, como en Roma, se subordina a la voluntad divina manifestada no en las urnas, sino en los auspicios, y menudos pájaros, los socialistas.
Toda la vida yendo como los patos de Zola, “lentos y vagos”, detrás del ganso sociata. En el 83, ese ganso eliminó en el Código por vía de urgencia la agravante de “desprecio de sexo” (¡galantería fascista!, gritaban). En el 18, el mismo ganso se carga el Derecho (“mucho daño que reparar y mucha justicia que hacer”) para legislar que de lo que haga un hombre pagarán el pato todos los hombres.
¡El “tripudium”!
Tripudium
La manta
El filósofo alemán Peter Sloterdijk ha dicho en “Le Point” que el movimiento francés de los chalecos amarillos “expresa de manera clamorosa la gran crisis de la representación en que estamos inmersos”.
La representación no puede estar en crisis por la sencilla razón de que en Europa nunca ha existido, aunque cómo estará la cosa para que un socialdemócrata como Sloterdijk apunte a la ruina europea del principio representativo.
Por decir eso, aquí los flabelíferos del consenso todavía te llaman fascista. Europa, como sabemos por Zapatero, es el consenso, ese concepto (negador, por definición, de la representación, que es decir de la democracia) que Fernández de la Mora pusiera en circulación en los 60.
Si el “fair play” era la cándida ilusión inglesa que creía haber descubierto una manera caballeresca de pescar truchas y cazar zorras, el consenso es la cándida ilusión española que cree haber descubierto una manera caballeresca de tirar de la manta (¡en Andalucía!), sin percatarse de que el Estado de Partidos, si tira de la manta, es para repartírsela.
En los 70 hubo un pleito ruidoso entre el abogado García-Trevijano, apoderado del diario “Madrid”, y el director de “Pueblo”, Emilio Romero, que le atacó con un “Tirando de la manta” en su periódico; el abogado respondió que si el periodista tiraba de la manta, sería para llevársela; y el periodista se querelló por injurias. El abogado reveló luego que Tarancón, cardenal, pero enredador, le llamó entonces para contarle que de su época de párroco en Burriana recordaba un caso judicial por desaparición de unas mantas en un sanatorio dirigido por Romero en los 40. El abogado negó que injuriara al periodista con el argumento del debate Lincoln-Douglas: Douglas llamó indeciso a Lincoln comparándolo con el asno de Buridán; Lincoln respondió que, en tal tesitura, Douglas se comería los dos haces de heno a la vez.
–¡Y con eso Lincoln no está llamando comedor de paja a Douglas!
Nadie en Andalucía va a tirar de la manta.
Macrón acusado de traidor por generales franceses
Recientemente, más de 160 países han firmado el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular en Marrakech. Entre los países firmantes se encontraba Francia, y también España y Alemania.
La firma del Pacto ha pasado casi inadvertida para la opinión pública en España, sin duda porque el ruido ensordecedor de nuestra traición nacional, en grado sumo, amortigua la repercusión mediática de todo aspecto importante, y el Pacto lo es.
Aunque no sería de extrañar que la falta de visibilidad en los medios de comunicación social españoles haya sido deliberada. Al fin y al cabo, la falta de respeto a la Nación española, privándola de la posibilidad de representación es de tal magnitud, que la oligarquía partidocrática no se va a rebajar a debatir estos temas en público. Faltaría más.
En Alemania, Merkel ha tenido que responder a preguntas de la oposición en el Parlamento, donde se le ha visto algo nerviosa, e incluso se le ha escapado que el Pacto es vinculante.
La traición ha sido, como podemos ver, bastante extendida.
En Francia, no es la primera vez que algún oficial general critica abiertamente una decisión determinada del gobierno de Francia, pero en esta ocasión no se trata de mostrar disconformidad con decisiones que pudieran afectar a la política de defensa francesa.
Además del carácter colectivo de la crítica y grave acusación, nada menos que al presidente, se ha producido por escrito, y con los aclara firmas plagados de bastones, sables y entorchados. ¡Incluso un ex ministro de defensa!
Puede que no les falte razón a los “abajo firmantes”.
Es cierto que el fenómeno migratorio que vivimos actualmente supone una tragedia humana que nunca habíamos visto antes. Y, también es cierto que si consideramos que esa tragedia se produce en cantidades y ámbitos regionales que le asignan un interés más allá de una región y, por consiguiente, se hace precisa una respuesta mundial; es decir, por parte de la ONU.
Sin embargo, el literal del Pacto contiene elementos de vital importancia y que conviene analizar en detalle, como si realmente es o no vinculante, la veracidad de sus apelaciones a la soberanía de los Estados, o las repercusiones que tendrá su aplicación sobre las poblaciones de los países de destino.
Los generales franceses inciden en la preeminencia de los tratados sobre la legislación francesa, lo que por cierto también es válido para España. También en que el 80% de la población está a favor de regular la inmigración, o los niveles de deuda pública existentes, o el peligro de disolución de la civilización francesa y sus valores.
De especial relevancia es su afirmación de que es imposible integrar a tanta gente de tantas culturas diferentes, sin que se produzcan desequilibrios que afectan a la seguridad.
Un referéndum, dicen, es la única alternativa, y en este punto, desde luego que tienen razón.
En cualquier caso, a los generales franceses, y a menudo también a los civiles, se les olvida que al menos en el caso de las corrientes migratorias masivas ilegales procedentes del África Subsahariana, tienen una responsabilidad nacional, no solo como ex nación esclavista, sino como potencia colonial expoliadora, que aún extiende su influencia, a través de regímenes internacionales como el FMI, en un claro neocolonialismo.
Escuela no apta para niños (II)
Otro de los conceptos que atraviesan el programa ideológico SKOLAE es el de la “visibilidad” de las mujeres, víctimas del “androcentrismo” que es “una manera de “mirar” e interpretar el mundo, en la que el hombre es el centro y medida de todas las cosas. Es un enfoque sesgado de la realidad, ya que la cultura, el trabajo, la humanidad, e incluso las mujeres, se miden y se valoran en relación con los valores masculinos dominantes, que son los esenciales y los principales. Esta perspectiva se ha llevado a cabo sistemáticamente en todas las disciplinas, y ha supuesto la invisibilidad, desvalorización y sumisión de las mujeres en todos los ámbitos de la vida.” (p. 25) Esta idea de la “visibilidad” se presenta como una metáfora reduccionista de las complejas relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad, marcadas, sin duda, por la dependencia. Tal idea de la visibilidad es en sí un mero referente a apariencias que podrían fácilmente subsanarse a tal nivel de exterioridad sin cambiar el fondo del problema (el feminismo de género no ve o no quiere ver la contradicción en la que cae por ejemplo, al defender el velo islámico como una manifestación multicultural, y al no presentarlo como el signo de sumisión al varón que evidentemente es), y a ello responde, en mi opinión, la insistencia en el empleo del llamado lenguaje inclusivo que se presenta como remedio contra “los sesgos del lenguaje para invisibilizar a las mujeres” (p. 30), como si el lenguaje, una estructura de relaciones abstractas, que usa el masculino plural, término no marcado en una oposición binaria, para englobar a los dos géneros (gramaticales) en el plural según un principio de economía y eficacia comunicativa, fuera un ser pensante cargado de la intención “machista” de ocultar a la mujer en la forma plural. Tamaña estupidez nos retrotrae a la prehistórica concepción mágica del lenguaje en el que éste podía transformar la realidad mediante la articulación de determinadas palabras. Arma, no obstante, de predilección del feminismo de género le sirve para demostrar la eficacia del binomio amigo-enemigo, categoría de lo político establecida por Carl Schmitt, al tiempo que tal “visibilidad” lograda, le permite apartar el foco de otros casos flagrantes de discriminación de las mujeres, como los sufridos en el seno de comunidades fuertemente patriarcales, o de las situaciones de las mujeres maltratadas por los maridos que no pagan las pensiones de manutención como una forma consciente de violencia indirecta.
Podría decirse incluso que la ideología de género, de la que SKOLAE no es más que un panfleto, deriva en un “ginocentrismo” cuando habla de la economía feminista de Amaia Pérez Orozco, que insiste en “situar el género como una variable clave que atraviesa el sistema socioeconómico, es decir, no es un elemento adicional, sino que las relaciones de género y desigualdad son un eje estructural del sistema, el capitalismo es un capitalismo heteropatriarcal“.(p. 37), pero concluiremos hablando de uno de los aspectos más chocantes del programa, y no nos referimos a los juegos eróticos para niños,(“Reconocimiento de la sexualidad infantil desde el nacimiento despenalizando el reconocimiento y la vivencia de dicha sexualidad en el ámbito de la escuela y la familia (curiosidad sexual, juegos eróticos infantiles…(p. 68)) contenido del itinerario, cuyo materialización quedaría al arbitrio de los sufridos maestros y profesores, cuya sensatez y sentido común son superiores a la que esta estúpida sociedad mediatizada por la propaganda partidocrática cree, sino a un rasgo mucho más turbador, el rechazo al llamado “amor romántico” (El sentimiento que llamamos amor se ha de atender y analizar de manera contextualizada, atendiendo al tiempo y a la cultura. En su reconstrucción burguesa, el amor romántico ha sido definido desde la heterosexualidad y sobre la base de una división de roles dentro de la pareja. Alrededor de este amor romántico se configura un conjunto de creencias conocidas como los mitos del amor romántico (mito de la media naranja, de los celos, de la pasión eterna, del cambio por amor, de la entrega total, de compatibilizar amor con sufrimiento…) . Son imágenes idealizadas que sirven para perpetuar los desequilibrios de poder existentes, que favorecen la tolerancia de comportamientos abusivos y que se consideran como algo natural o normal en las relaciones, por lo que son resistentes al cambio. Resulta fundamental analizar con el alumnado sus posibles consecuencias y la relación de estos mitos con la violencia contra las mujeres (pp. 63-64)) . El planteamiento perverso de esta ideología, que como toda ideología en la historia parte de una visión parcial de la realidad para imponerla al resto, consiste en presentar el modelo de la pareja en la que existe maltrato o violencia -que ha conseguido sibilina y elocuentemente que se llame “de género”- como la única existente, y hace, pues, una caricatura del amor, llamándolo “romántico” fruto de una “reconstrucción burguesa” -expresión que revela en cuánta naftalina se ahogan los autores de este programa- para ridiculizar las ideas de entrega, sacrificio y transformación (con las de compartir y complementaridad) que puede conllevar un verdadero sentimiento amoroso, y que cualesquiera padres y madres de familia pueden conocer bien. El amor, como sentimiento que puede sacar lo mejor -y lo peor de nosotros mismos si sólo es una máscara del egoísmo- que nos separa y eleva del grupo, haciéndonos menos controlables, ha resultado siempre sospechoso para los movimientos totalitarios, y es ese misma desconfianza hacia el amor la que debe hacernos sospechosos a los autores y promotores de tal programa de ideologización obligatoria de niños y adolescentes.
Suprematismo
Carmen Calvo, vicepresidenta del gobierno que nadie votó, lo ha vuelto a hacer:
–Proteger la libertad sexual de las mujeres implica aceptar la verdad de lo que dicen. Las mujeres tienen que ser creídas sí o sí, como en cualquier otro tipo de delito. Las víctimas deben contar con la solidaridad del Estado.
En un país de tertulianos (la “demonarquía” o gobierno de las ranas, que decía Alejandro Sawa), este tuit es poner “negro sobre blanco” la conquista del Estado de Ramiro Ledesma (“Exclusiva actuación revolucionaria hasta lograr en España el triunfo del nuevo Estado”, es el resumen de su dogmática) por las Calvo.
Calvo (¡de casta cultural le viene al galgo!) es la Malevich del suprematismo mujeril en esta Amazonomaquia que es España.
–Yo no he inventado nada. Sólo he sentido la noche dentro de mí y he percibido el nuevo tema, que llamo suprematismo, que es una construcción de formas a partir de la nada –explicó Malevich, por cierto, el pintor más influyente (sí, más que Picasso, en cuyo museo malagueño Carmen Calvo invitaba a las periodistas a fijarse en los mármoles) del nuevo arte.
Malevich pinta la sociedad sin clases (todos proletarios) y Calvo tuitea la sociedad sin sexos (todos mujeres), y lo hace con el rostro del nuevo arte, el cuadrado (¡como la cara de Calvo!). Su “Cuadrado negro sobre fondo blanco” le da la fama mundial y, cuatro años después, su “Cuadrado blanco sobre fondo blanco” lo aúpa al trono de la estética occidental, y nadie lo ha apeado.
Malevich impone con un cuadrado el suprematismo del color con formas geométricas al Estado soviético y Calvo decreta con un tuit el suprematismo de la vulva con caimitos en el Estado de Partidos, para cuyos súbditos el acto sexual pasa a ser, como para los cubanos de Lezama Lima, “como comer en sueños”. Con el arte igualitario de Malevich el artista vuelve a ser artesano (algo al alcance de todo el mundo) y con el igualismo feminista de Calvo la mujer vuelve a ser un hombre.
Estas Navidades, fruta.
Centralidad
Es un espectáculo grandioso ver al centrista hispánico, que ignora la representación, leer la cartilla del voto al anglosajón: al inglés, que lleva acogido al principio representativo desde 1688, y al americano, que en 1787 inventó, para completarlo, los principios electivo y divisorio. A los dos.
El centrista llama memo a Cameron por convocar un referéndum, pues las cosas serias no deben dejarse en manos del pueblo. ¿Qué disparate no sería una consulta popular sobre el Pacto Migratorio que cambiará la vida de la gente para siempre?
–El Estado, al asumir la representación de la única y verdadera España se constituye en tutor y en órgano directivo de la sociedad –se decía en los viejos manuales que ahora, sin saberlo, rescatan estos centristas hispánicos que se sienten como los caballeros de san Wenceslao haciendo de escudo para Juncker, que representa a su ciática, frente a la Vieja Raposa de León Felipe, hoy encarnada por la señora May.
Donde hay libertad, como en Inglaterra, hay política. Y donde no hay política, como en la UE, hay combinaciones de engaño a los gobernados.
La querencia continental fue siempre hacia la democracia orgánica (¡el bien común!) y el centrista hispánico sigue entre Sagasta, que impugna la fórmula “un hombre, un voto” en un país como el nuestro, “tan movedizo, tan perturbado y tan impresionable”, y Posada Herrera, “eterno triunfador”, que abandona a los moderados para convertirse en el pontífice máximo de la Unión Liberal y va diciendo a quien lo quiere oír que el sufragio universal directo es una ruina porque atrae a las clases ineptas. ¡La centralidad!
La centralidad son esos centros a la olla que tiran los carrileros del periodismo centralón para aquellos lectores con fama de rematar cochinillos voladores. El angustioso “¡balones altos a Eloy!” de Miguel Muñoz en Puebla el día de Bélgica, cuando el duelo Jan Ceulemans-Juan Señor.
El esnobismo centrista mira los votos como los palitos de merluza que come Macron.
Apunte editorial
Las elecciones andaluzas han producido un vuelco electoral inusitado, que ha vuelto a dejar en evidencia al CIS de Tezanos, y que ha postergado, lamentablemente, a un segundo plano el aumento de la abstención, en este caso de un 58 a un 62%. La pérdida de 14 escaños por parte del PSOE, que puede ver un punto final a su largo periodo de cacicato sobre los sufridos andaluces, unido al descalabro de Adelante Andalucía, lábil filial de PODEMOS-IU, similar al del PP por increíble que parezca, y la subida espectacular del coco VOX con 12 escaños son posibles balizas para el próximo mapa electoral de la partidocracia.
Han sido numerosos los llamamientos durante la campaña contra la abstención tanto por parte de fuerzas políticas y medios de (presunta) izquierda como de derecha, condenándola como causa de la victoria de la opción contraria, lo que demuestra la falacia del argumento.
Parece, ahora bien, que la abstención pasiva (pues la activa ha sido protagonizada por los miembros del MCRC que han acudido a su colegio electoral a romper su voto, como se ha informado exclusivamente en este medio) ha sido representada principalmente por votantes del PSOE y de AA, pues lo cierto es que el voto de partidos de izquierda minoritarios ha aumentado en unos 60.000, lo que pone, a su vez, en evidencia el fracaso del mensaje socialdemócrata en sus variantes de feminismo corporativo (se recuerda el mensaje de la descalabrada Teresa Rodríguez afirmando que el feminismo sería la barrera contra la extrema derecha) y de corrección política, esgrimido por partidos del régimen que unen a su soberbio espíritu de casta el desprecio a las verdaderas necesidades de los súbditos de la Monarquía de partidos.
En los últimos días tenemos las inevitables noticias de las maniobras de búsqueda de consenso entre las fuerzas ganadoras (PP-Cs-VOX), para el reparto del poder, dejando la eliminación de la enraizada corrupción socialista al albur de la conveniencia electoral para las próximas municipales. Nihil novum sub sole para el iluso votante en el Estado de partidos.
Te Deum
El globalismo, que no es la globalización, supone el más vasto proyecto esclavista de la historia: su triunfo pasa por la castración moral de la sociedad, cosa de la que ha venido ocupándose la socialdemocracia. Es un triunfo que no van a impedir ni Trump con su muralla de Jericó ni los “gilets jaunes” con su movimiento de pollos sin cabeza.
Trump ha sido el elefante en la cacharrería globalista al que sólo la duda del establishment entre hacerle un Kennedy o un Nixon le permitió llegar hasta aquí.
Los “gilets jaunes” son la penúltima Bastilleta de Francia, que siempre será una monarquía de paisano, y por eso Macron, que todo lo quiere abarcar, ante los disturbios ha sido, primero, María Antonieta, mandando a que les tiren cien euros (¡brioches, cruasanes!), y luego, Luis XVI, el de aquel 15 de julio del 89 que, aspado de miedo, se presentó en la Comuna, cuyos líderes preparaban la fuga, y los invitó a un “Te Deum” en Nôtre Dame en acción de gracias por los crímenes horrendos (“propios de caníbales”, según Saint-Just) de la víspera.
–Su cólera es justa –dice Macron de los “gilets jaunes”.
Del “Te Deum” de Luis XVI surgió el mito de la Bastilla y del “sans culottismo” de Macron surge el Populismo de Extremo Centro, para equilibrar el Populismo de Extrema Izquierda y el Populismo de Extrema Derecha, con lo cual, si todo es populismo, nada es populismo, y vuelta a empezar.
No era esto lo que se esperaba de un líder que hace apenas un mes anunciaba levas para un ejército europeo que habría de enfrentarse al de los Estados Unidos. ¿”Neutralizando” a los escolares de rodillas y con las manos en la nuca? (“Habían robado bombonas”, aclara la autoridad centrista. Hombre, no sabíamos que las leyes de menores se hubieran hecho pensando en los niños cantores de la lotería).
De Macron casi se puede decir lo que Caussidière, el Villarejo del 48 parisino, dijo de Bakunin:
–¡Qué hombre! El primer día es prodigioso; el segundo ¡había que hacerlo fusilar!
¡Aquí no se vota!
No sorprende que el régimen se haya adjudicado la casi totalidad de los 2400 concejales y le haya lanzado unas migajas a la oposición colaboracionista para guardar las apariencias. Esta falsa oposición no participó abiertamente en el cuestionado proceso, pero tampoco quiso llamar a la abstención. Por el contrario, les bajaron línea a sus operadores municipales de inscribirse bajo denominaciones fantasmas, y así participar en la rifa que hizo el régimen de los cargos de concejales.
Si aún quedaban dudas sobre lo que están pensando los venezolanos para salir del chavismo, la masiva abstención frente a la farsa electoral del domingo pasado significó una nueva derrota, otra más, para los operadores del régimen y su falsa oposición. Calles vacías, centros de votación desolados; sólo los asalariados del gobierno merodeando en los alrededores, intentando engañar a su propia gente en un trueque de pedazo de pernil por voto. Las cifras anunciadas por la operadora Lucena del CNE no se parecen en nada a la fotografía de las calles de Venezuela.
Los militares que participaron en la farsa electoral del domingo pasado también fueron testigos de la ausencia de pueblo y de chavistas en los centros de votación. Y eso no puede significar otra cosa que el rechazo pleno de la sociedad a un régimen que estos uniformados sostienen. Por ingenuidad o simple ignorancia, los militares creen que es posible mantener un régimen como éste sin apoyo del pueblo. Pero más temprano que tarde vendrá un inevitable ajuste de cuentas entre quienes han vivido del reciclaje de promesas y sus víctimas estafadas.
La abstención masiva se ha convertido en la forma más militante de resistencia de una sociedad que no se resigna a aceptar el papel de servidumbre que le ha asignado el régimen chavista y su falsa oposición. Son irrelevantes las negociaciones que intentan el próximo año y las promesas de elecciones limpias. La gente entiende que bajo el estado chavista no hay ni habrá forma de convocar elecciones transparentes jamás.
Para ir a elecciones en Venezuela será necesario primero destruir al estado chavista. Esto significa, no solo un mero cambio de gobierno, sino su expulsión definitiva de todas las instancias del poder público y militar. Para ello será necesario establecer un régimen político civil y militar que imponga el orden y enfrente la reacción del chavismo y sus intentos por retomar el poder. Será un periodo de definiciones, correcciones e inestabilidad necesarias para recuperar la integridad de la República.
Mientras las distorsiones económicas, sociales y políticas no sean corregidas por un régimen de ruptura con el estado chavista, no es posible pensar en votaciones en Venezuela. Así parece refrendarlo una y otra vez la gente cada vez que se le convoca a una farsa electoral. Mientras lo fundamental no se resuelva, aquí no se vota.- @humbertotweets
Subversiones
La subversión del cristianismo radica en su sencillez: amar al prójimo como a uno mismo. Todo lo demás es escolástica, más o menos podrida de latines y silogismos.
También la subversión de la democracia radica en su sencillez: un hombre, un voto. ¡Y a contar! Todo lo demás es politología, más o menos podrida de sofismas e ideologías.
Y, sin embargo, la abstracción “un hombre, un voto” está únicamente al alcance (¡cediendo terreno, hay que decirlo!) de la mente anglosajona. En la Europa franco-alemana, un hombre es un voto… con el permiso de otro hombre, normalmente chisgarabís (Manuel Valls) o filósofo (Henri Lévy), descendientes ambos de la pata chula de Rousseau.
Valls llegó pegando “cojetás” rusonianas a ministro de Hollande, como Marlasca con Sánchez: otros se esconderían, pero ellos son de mucho presumir, y Valls pasó a la historia ministerial de Francia por su lucha contra los gitanos, a los que asoció “con la mendicidad y la delincuencia”, para escándalo de su propio gobierno y de la Comisión Europea.
–Estas poblaciones tienen modos de vida que son extremadamente diferentes de los nuestros.
Son cosas que no se oían desde la pragmática de Medina del Campo (viven “pediendo lemosnas, é hurtando é trafagando, engañando”) que saca en 1898 Rafael Salillas en su estudio positivista del gitanismo:
–El método positivista exige implícitamente una condición, que se puede formular con el mismo precepto rigoroso de nuestra tauromaquia.
Arruinado políticamente en Francia, Valls quiere ser alcalde cervantino de Daganzo (como Humillos, como Jarrete, como Carmona, como Berrocal) en España, donde promueve por sus santos dídimos un cordón sanitario contra el partido de Ortega Lara… y de Morante de la Puebla, el torero vivo más flamenquista, poderdante de Rafael de Paula y prologuista de Bergamín, que tuvo el coraje, en San Isidro, de brindar un toro a Trevijano, promotor de la Junta Democrática, ahora que andamos de aniversarios.
Es la socialdemocracia.











