Al final del Antiguo Régimen los colocados solían hacerse una pregunta: “¿Y después de Franco?” A lo que el propio Régimen contestaba: “Las instituciones”.
Lo que nadie imaginaba es que la única institución que quedaría viva (es una forma de hablar) fuera… la Academia, ahora dirigida por un administrativista, Muñoz Machado, que tiene planes para la Constitución del 78. ¡Son las trampas de seriedad que construye a su alrededor el “Homo academicus”!
¿Es la Academia una institución necesaria?
–Lo que se llama las instituciones necesarias no son más que las instituciones a las que se está acostumbrado –dijo Tocqueville en tiempos más revueltos que los nuestros.
¿Es la Academia una institución política?
A Pemán lo destituyeron del puesto de Muñoz Machado porque en una conferencia en la Academia de Jurisprudencia había puesto mayor énfasis en la figura de Calvo Sotelo que en la de José Antonio.
–Como ha cometido una falta política, lo destituyen de la Academia; si hubiera dicho “haiga” o “endenantes”, lo hubieran destituido del Consejo Nacional –explicó Sainz Rodríguez.
Era la primera vez que ocurría algo así en los dos siglos y medio bien cumplidos que tenía la Academia. “¿Tanto?”, preguntó Franco a Pemán. “Sí… La fundó Felipe V“, contestó el escritor, quien, al ver impasible al general, añadió: “El Rey que perdió Gibraltar”.
En una entrevista de TV he oído a Muñoz Machado decir quisicosas: como administrativista ve necesario “reformar” la Constitución, aunque como académico no precisa la diferencia entre reformar y enmendar, ni entre “federar” y “confederar”… Su solución para la nación más antigua, obra de la iglesia católica, es Alemania, obra del ejército prusiano, y bastantes años después de que el obispo Romo (¡hallazgo de Azorín!) demostrara lo primero en un libro que en 1843 dice cosas así:
–La soberanía del pueblo americano, única que existe en toda la extensión de la palabra, y de la que las de la Europa no son más que un simulacro…
Instituciones
Los Santos Inocentes de la Constitución
Tal día como ayer fueron sancionadas por un rey designado por un militar, unas leyes fundamentales pactadas en 1978. La inocentada aún dura hasta el día de hoy, mediante el engaño de haberlas hecho llamar “Constitución” sin que llegasen a constituir absolutamente nada.
Del mismo modo que la hagiografía explica la matanza de los niños realizada por el rey Herodes en Belén, ese día, el 27 de diciembre de 1978 se traicionó y apuñaló por la espalda a toda la sociedad civil española que, ignorante, había ratificado previamente, el 6 de diciembre, las leyes que los partidos se daban a sí mismos para asegurar su poder omnímodo y su reparto del botín del Estado cimentado por Franco.
Existe el mismo grado de irresponsabilidad, y por lo tanto de inocencia colectiva, en un pueblo que vive sin libertad y que además es sometido a la mentira pública como medio para mantenerlo en la ignorancia, que en aquél que la conquista y goza de ella. La diferencia estriba, como ya explicó Antonio García-Trevijano, en el temple que se forja en el corazón; mientras que en el primer caso es la vergüenza la que justifica un ejercicio constante de vanidad y soberbia como paliativo ante la mentira pública, en el segundo, es el fundamento de la libertad colectiva la que alimenta el orgullo y el decoro que sustenta la verdad política.
La cruel inocentada de unos autores que se dieron a sí mismos esa Constitución, sin que hubiese unas Cortes Constituyentes, es legitimada cada cuatro años en unas urnas, donde la mayoría de los españoles siguen acudiendo para apoyar la traición, la mentira y el engaño que los somete. Así, lo que los catedráticos constitucionalistas en España señalan con displicencia como un “defecto de forma en origen”, se subsana periódicamente mediante la diligencia tramitada en las urnas y la complicidad de todos aquellos que toman partido por el régimen infamante.
Feliz día de los Santos Inocentes, compatriotas.
Y ahora corran… corran a votar!
Porteras
En Andalucía se va a triplicar un régimen: socialistas, populares y centristas son tres zapatos del mismo pie, y la preocupación de Zapatero, el mandadero de Maduro, por los pactos andaluces es falsa.
–Tras tanto trajín, los términos han devenido puras trampas –tiene escrito el ideólogo de C’s (¡no de Vox!)–: ese centro que parece sugerir mucho sin significar nada en concreto. Ese disfraz, ese salvoconducto, ese guiño al establishment progre, esa estafa intelectual, ese extremismo de la ambición.
Tres zapatos del mismo pie hacen que España (como el resto de la Europa socialdemócrata) ande coja, y, sin embargo, pervive en el Madrid oficial un señoritismo de portería que me tiene fascinado. Son esos intelectuales que hablan de la Constitución como las porteras de Gómez de la Serna hablaban de sus porterías con leones o perros de yeso: “¿A qué artículo dice usted que va?” “Pase”. “Espere”. “Usted sí”. “Usted no”.
No nos pondremos tan cursis como los redactores de la Declaración de Derechos, cuyo artículo 16 dice que sólo hay Constitución si separa los poderes. Con sacar a un solo español de la Constitución, ésta deja de serlo. La del 31 no lo es porque, por una majadería de Araquistáin, ampara exclusivamente “a los trabajadores”. Idealmente, una Constitución son las reglas del juego político, y a diferencia de la ley, que ampara el derecho de todos contra uno, ampara el derecho de uno contra todos. Por eso sorprende ver a tanto señorito de portería diciendo quién está dentro y quién está fuera de la Constitución. A mí, más que a Martín, el mítico portero de Pachá, me recuerdan a las porteras de Céline.
–Ciertas porteras de nuestros pagos sucumben a su tarea, se las ve lacónicas, tose que tose, deleitadas, pasmadas; es que están abrumadas, las pobres mártires, consumidas por tanta verdad.
Y quizás sea ésta la principal aportación de Valls (“En un mot? Je suis républicain, de gauche, français. Bref, Manuel Valls”) a la vida española.
Nochebuena 2018
Nadie volvió a hacer la pregunta, pero ahí la dejó Madariaga (en una alocución radiofónica en la BBC en la Navidad del 45): “¿Por qué el comunismo y el nazismo persiguen el pesebre?”
–El verdadero regalo espiritual de la Navidad es que el hombre no puede negar su humanidad sin caer en lo animal. El pesebre produjo una corriente educadora de vigor incalculable. Por eso Hitler se dedicó a la gente joven, para arrancarle de raíz todo elemento de cultura cristiana. Así se explica que Irma Greese, ahorcada hace quince días por su conducta en Belsen, hubiera perdido a los 22 años hasta los sentimientos más elementales de caridad.
La alcaldesa comunista de Madrid, que sabe más por vieja que por diabla, ha hecho este año, víspera de elecciones, un tarjetón de felicitación de… “la Navidad”, y en eso ya nos sale más lista que Obama, el Nobel de la Paz que en el país más religioso del mundo (sin religión no funciona la democracia, se trajo dicho Tocqueville de América) estuvo ocho años diciendo “Happy holidays” donde siempre se dijo “Merry Christmas”, y volvemos a la alocución de Madariaga, a quien los correligionarios de la alcaldesa madrileña llamaron “tonto en cinco idiomas”:
–Bibliotecas enteras de filosofía moral no han ejercido sobre el progreso humano influencia mayor para hacer que se respete a todo hombre, por humilde que sea; a toda mujer, a todo niño, que esta sencilla escena del pesebre, representada de nuevo cada año en toda la Cristiandad.
En años sin elecciones, la alcaldesa comunista de Madrid, para no decir Navidad, decía “Fiesta de la Curiosidad”. ¡Ea! La vida que no es una gran curiosidad inteligente no vale la pena. Pero vienen unas elecciones, y lo que era curioso se vuelve navideño, con un tarjetón infantilón (reminiscencia de aquel José Ramón que ilustraba el socialismo puertohurraqueño de Guerra) que Silva, un vecino de Andanada en Las Ventas, describe, como quien vacía la cesta navideña de “Plácido”, así:
–La felicitación de la v…: el avión de Pedro volando sobre Madrid, unos molinillos, tres ovejas, un paralítico tirado en el suelo sin ayuda, tres palomas en un banco haciendo el castellers, los Reyes en bicicleta y lo mejor es que abajo a la derecha hay un ataúd con ruedas, que debe de ser que ya han sacado a Franco.
Paz y bien.
El papayal
Ayer era el “ciudadano” Garicano, que sabe decir “vilificar”, y hoy es el socialista Sebastián, nombrado por “Snchz” Sánchez consejero de Indra por saber escribir “Sebastian”, sin tilde.
–“Sebastian”, aprende a tildar primero tu propio apellido, antes de invitar al estudio –le dijo un tuitero ingenuo.
–Aprendí a no tildarlo en EE.UU., donde viví varios años. Estamos en un mundo globalizado. Ahí no lleva tilde. Gracias por tu consejo local.
¡La globalización de la ortografía!
–¿No será la literatura, toda, un inmenso papayal, y el desdén de algunos poetas por la puntuación un odio soterrado a la fruta, un temor a servir al lector de merienda? –escribe en “Cuerpos en bandeja (Frutas y erotismo en Cuba)” Orlando González Esteva, intrigado por la similitud de los puntos suspensivos y las semillas de la papaya.
Como diría el calvo de “Pawn Stars”, Rick Harrison. ¿qué tenemos aquí? Pues tenemos un papayal con un neozafio, Sánchez, y un cursi, Sebastián “Sebastian”.
–Su partido es menos cursi y vulgar, menos inalfabético y más culto que el partido en que yo estoy –dice por carta Valera, liberal de Sagasta, a Menéndez Pelayo, conservador de Cánovas.
“Snchz” y “Sebastian” están en el mismo papayal, compartiendo afectación. Ruano, que estudió mucho al cursi y al zafio, acabó maliciándose que la zafiedad fuera una forma, poco estudiada, de la cursilería: al cursi le horroriza parecerlo mientras que el neozafio, con contactos en el gamberrismo, es un renegado del ambiente de donde sale y presume de todo lo contrario que el cursi.
–Cada día encontramos más motivos de gracia para el condenado a cursi y más razones de condena para las desgracias del zafio voluntario. La característica del cursi es su insobornable humildad (contra lo que parece), y la del zafio, su infinita soberbia, aunque no lo parezca.
Lo cursi, en fin, es una aspiración “hacia arriba”; lo zafio, una aspiración “hacia abajo”. Pero todo esto no pasa de ser “una “impresión local” del papayal español.
Vilificar
Enigma resuelto: Ciudadanos es el partido del progre que sabe decir “vilificar”, aunque un homeópata como Toni Roldán, en la barra de Embassy y a la tercera copa, podría llegar a decir “resiliencia”, que con el empoderamiento y la gobernanza del prograjo de toda la vida dan para surfear las últimas olas socialdemócratas.
–Felicidades a Soros, merecida persona del año del Financial Times por su incansable trabajo por la libertad y las sociedades abiertas, que le ha expuesto a ser vilificado por lo peor de nuestras sociedades –tuitea Garicano, apellido de resonancias gubernativas en el franquismo, tú sí, tú no, con el Fuero de los Españoles en mano, como ahora, con la Constitución “que con tanto trabajo nos dimos todos” también en mano, hace Rivera.
¡Vilificados por el fascismo, pero empoderados por la centralidad, marchemos francamente por la resiliencia hasta la gobernanza final!
Esto de “vilificar” es como la “vividura”, que rima con caradura, de Américo Castro, pero viene del latín, un latín que se resiste por sus anacolutos, elipsis y endíadis, reproche de los críticos al latín de San Benito.
La de Garicano a Soros es felicitación entre antiguos alumnos de la London School, que es decir entre filántropos (en los ambientes finos, la socialdemocracia, por si se les colara algún obrero, recibe el casto nombre de filantropía): Soros fue el mayor donante de Hillary Clinton (“es que si ganara Trump se hundiría la Bolsa”), y Garicano quería quitarnos el Ave, que también es dar, siquiera por donde amargan los pepinos, muy lejos, eso sí, del donante mayor, Sánchez, el tipo que se estrenó en La Moncloa recibiendo a Soros, y que ahora en Barcelona, con un espectáculo de alta traición muy nuestro, ha hecho la Donación de Constantino a Torra Pla, que tanto nos vilifica.
De la grandeza de los personajes da una idea la confidencia de Verstrynge a Dragó: Soros contribuiría con algunas perrillas a la gacetilla liberal de Escolar, el Gramsci de Torresandino.
El cuento ruso
El régimen chavista que encabeza Nicolás Maduro no tiene apoyo político o popular. Se sostiene tan sólo por el apoyo de facciones militares que coexisten en el seno de la FANB. Estos grupos no son ajenos al daño que el chavismo le ha hecho a Venezuela y a la propia fuerza armada.
También sospechan que la caída del régimen podría desatar un masivo ajuste de cuentas contra los elementos militares, los cuales fueron instrumentales en el sostenimiento del estado chavista.
Sin embargo, la situación económica y social de Venezuela arropa a todos. Incluyendo a los militares y sus familias, quienes de ser una casta privilegiada comienzan a sufrir los rigores de un régimen que es tan insostenible como inviable.
Todas las medidas absurdas y los planes económicos que anuncia el régimen parecen estar dirigidos a persuadir a una fuerza armada que en lo más recóndito de su alma dejó de creer, desde hace tiempo, en el chavismo.
El gobierno dio por perdida la calle. Por eso sus acciones no buscan ni siquiera paliar la situación que vive Venezuela, sino más bien demostrar a los militares que todavía están en una situación de poder. Difícil tarea, cuando se evidencian las presiones que desde el exterior recibe el régimen. Además de la incomodidad de los aliados naturales del chavismo, quienes ya saben que la caída de la dictadura está cerca.
Los esfuerzos para reinventarse en un formato mediático no son otra cosa que reciclar políticas ya fracasadas pero que buscan crear una ilusión en la casta militar. La ilusión de que todo aún está controlado por el chavismo, que la crisis financiera no es tal; que habrá suficientes recursos para alimentar a los militares, incluso para seguir comprando equipo militar.
En esta falsificación de la realidad entra el cuento ruso. El régimen chavista de Venezuela le debe hasta el alma a Rusia. Igual o peor ocurre con China. Ambos países han recibido dinero, petróleo y oro para saldar deudas que no tienen fin. Tanto China como Rusia son sabedores de que mientras dure el chavismo en el poder, no habrá estabilidad en Venezuela para recuperar lo que prestaron. Hasta parecen haber trabado una puja para ver quién cobra primero, antes de la debacle.
Mientras el chavismo asume que hay una solidaridad automática de estos países con Venezuela por razones ideológicas, aquellos han dejado muy claro que su interés es estrictamente financiero. Ninguna de estas potencias hará del régimen chavista su razón para enfrentarse con los EEUU, aunque eso sea exactamente con lo que sueña el régimen de Maduro.
Le costó al régimen varios viajes de Maduro y de Padrino López a Rusia para convencer a Vladimir Putin de que enviara unos aviones de exhibición que simularan maniobras militares en apoyo al gobierno. El show fue tan irrelevante que ni Estados Unidos le dio importancia.
Lo del apoyo militar de Rusia al chavismo en Venezuela para impedir una inminente intervención militar internacional es una historia que los chavistas se han inventado. Persigue persuadir a los militares de que los rusos tienen interés en apoyar militarmente a Venezuela.
Por el contrario, la evidencia apunta a que Rusia no le daría a los chavistas más apoyo que el que le ofreció a Siria cuando Estados Unidos anunció y ejecutó el bombardeo a bases terroristas. Entonces, los sirios se quedaron esperando por la anunciada ayuda de Rusia. Es hora que los militares de las FANB dejen de ser embaucados por el régimen chavista con cuentos chinos o rusos.- @humbertotweets
La cuestión
Pedro Sánchez echa de menos el voto popular como Proust el beso de buenas noches de su mamá, y esa carencia la compensa con palmadas en la espalda que recibe de quienes, al modo español, le van sacando cosas que, en cualquier caso, no son suyas.
A Sánchez le cantaron mucho el despliegue policial que hizo posible en Madrid un River-Boca sin que se oyera una mosca (“¡Que suelten la mosca!”, se oyó a Sánchez mandar en el palco del Bernabéu), y hoy, con el pretexto de un consejo de ministros, quiere repetir la gesta en Barcelona, donde Marlasca y su “Lenín” le han preparado un desembarco de Normandía (¡la normalidad!, que diría Eisenhower despidiendo la flota en el Canal) a imitación del que cada año, por septiembre, hace Carlos V en la playa de Tazones.
El de Sánchez en Barcelona representa el cuarto desembarco funesto para España (tras los de Tariq en Gibraltar, Colón en San Salvador y Carlos V en Villaviciosa que cita Albornoz). La Lonja de Mar sería a Sánchez lo que el Palacio de Ayete a Franco (¡los cuarenta de Ayete!), y su gótico parece lo más indicado para el “remake” de “The Comedy of Terrors” de Tourneur que es este gobierno que nadie ha votado, con dos ministros estrella, Marlasca, el Patton de la situación, y Guirao (“Guirado” para Carmen Cafranga), que viene de la industria del cine (el libro de los que no leen libros) de Pulpí y tiene mano para estas performances.
¡Perico Sánchez y la cuestión catalana!
En este folio tenemos dicho que el sanchismo es un pompeyismo pasado por los bares de Chueca.
–Nosotros preferimos decir “cuestión catalana” y no catalanismo –dice don Pompeyo Gener, el Ortega catalán, que nunca se repuso de la pena de que le cortaran la pierna a su ex amante Sarah Bernhardt (“yo, que en París fui el rey de la moda, he de resignarme a llevar este pardesú miserable”).
Para Pompeius, “Cuestión catalana” significa la cuestión de toda una raza, la suya, con otra, la nuestra, que “se va… acarnerando”.
¡Acarnerando!
Sexos
Nuestro patriotismo constitucional cuaja en Ozores (¡bastante más serio que Habermas!), y sale de esos diarios de sesiones que censura Ana Pastor en madreñas.
Estamos en abril del 83. Desmontaje del fascismo. Con Guerra repartiendo corbatas de Loewe nacionalizadas por Boyer (“¡Tó pal pueblo!”), del ajuste urgente del Código Penal a la Constitución “que con tanto trabajo nos dimos todos” se encarga el abogado Vizcaya (PNV), que propone la eliminación de la agravante franquista del “desprecio de sexo”:
–Mantenerla significaría que un sexo merece más respeto que otro.
–Y suprimirla sería coger el rábano por las hojas –replica el abogado (del Estado) Calero (PP): argumenta que la mujer es más débil que el hombre, que puede aprovechar su mayor vigor físico para agredirla.
Es el momento de Granados (PSOE), que va de fino jurista: la agravante, “no nos equivoquemos”, responde a un “principio de galantería” (franquista). Y tira de documentación: un flamante Convenio onusino contra la discriminación por razón de sexo, que invita a “acabar con el mito de la debilidad de la mujer frente al hombre y sus secuelas laborales, humanas, conyugales…” Por ejemplo:
–Hay por ahí actuando, en plena madurez y facultades, cierta artista de variedades cuyo número fuerte consiste en arrastrar con los dientes un tren entero. No he tenido la fortuna de verlo, pero lamentaría tenérmela que encontrar con actitudes discrepantes y agresivas.
Unas risas, y fuera la agravante. Como Groucho Marx arrancando cláusulas del contrato. Hasta el Día de Inocentes de 2004, fecha de la ley contra la Violencia de Género donde el mismo partido de las risas del 83 rescata la agravante franquista, pero pasada por la ingeniería nacionalsocialista del delito de autor.
Antes, la comprensión del Derecho exigía de una especial educación del pensamiento abstracto, hoy reducido por la socialdemocracia a aceptar la hipótesis de Irigaray según la cual “e=mc2” es una ecuación sexualizada.
Presunción permanente revisable
Uno de los principales conceptos que define y caracteriza de forma notable a un Estado de partidos o partidocracia, es el de presunción. No tanto por la esencia en lo político que lo define, sino mas bien por la materia de lo social que configura.
La presunción, en su sentido propio de jactancia, en lo que atañe a la vanidad, caracteriza evidentemente a espíritus políticos de facción que sustituyen a la representación política. No existiendo la representación como hecho político y con efectos jurídicos, es el espíritu jactante quien se arroga, con vanidad, la idea de la representación.
Del mismo modo, la presunción, en su sentido formal de ficción jurídica, se manifiesta en la eterna condición de cualquier individuo, incluso en el delincuente confeso, en una circunstancia donde la aseveración individual resulta intolerable. En la España franquista de transición, todo individuo es presunto mientras no se demuestre lo contrario durante el viaje.
Ambos significados, el jactancioso y el de la anticipación en la praesumptio jurídica, resultan absolutamente necesarios en un ámbito político donde desaparece la verdad pública y se transforma en relativismo legal derivado del consensum político. El resultado nihilista de eso a lo que se denomina vulgarmente “socialdemocracia”, para que tome una apariencia ideológica, posee a su vez una serie de máximas, heredadas del postmodernismo, según las cuales todo sería relativo, no existen verdades absolutas y en consecuencia, cualquier opinión es igualmente respetable.
Esta situación, que podría encontrar su contrarréplica en la filosofía racionalista como propuesta anterior al postmodernismo, exime necesariamente de toda culpa al individuo, puesto que incluso encontrándose con el hecho afirmativo y en conciencia del culpable, su confesión, necesita relativizarla en el espacio de lo público. No puede ser tolerable, en una configuración política donde las ficciones jurídicas monopolizan ese ejercicio, la autoafirmación individual, como hecho, de cualquier tipo de acción espontánea, sea esta conforme a su marco normativo, o delictual y por lo tanto infractora de la norma.
Un asesino confeso es necesariamente un eterno presunto, puesto que sería de una arrogancia intolerable la afirmación propia y en conciencia, de manifestar un hecho cometido y en cuya autoría el delincuente se reconoce. Si alguien manifiesta ser el autor de algo, será siempre “su verdad” incluso posteriormente al dictamen y sentencia donde se haya probado con los hechos su autoría.
Y alejándonos de los hechos luctuosos, cualquier persona será presuntamente cualquier cosa que manifieste. Mas aún, la persona física o individuo será siempre presunto, puesto que únicamente la persona fingida, la persona jurídica del partido estatal, tiene licencia de actuación en lo público. No se trata únicamente de que la autenticidad resulte intolerable cuando es la mentira política lo que preside la mal llamada Constitución española, es que también se traslada a lo social, para hacerla insoportable entre una sociedad de adolescentes. Sean ustedes pues, presuntos lo que sean; borren ese gesto de orgullo de sus caras y reemplácenlo por el de la soberbia, como forma de estar ante el otro allá donde reina la impostura.
Y ahora, corran… corran todos a votar!











