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viernes 2 enero 2026
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Votar sin libertad es “facha”

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Hace algún tiempo, una persona que trataba de comprender las explicaciones de la ciencia política que divulgo, me decía que cuando intentaba explicar la abstención activa a otros, durante una conversación, la habían definido como “facha”. Improvisé un pequeño texto, tratando de sintetizar de forma sencilla unas palabras que permitiesen comprender el porqué, bajo ningún concepto, la persona que es abstencionaria, puede recibir esa denominación.
Bien es cierto que el término, con el paso del tiempo, se ha vulgarizado tanto y vaciado de contenido, que apenas nadie hoy comprende el significado subyacente en él. Debido a esto y a que han sido varias las personas que me han animado a publicar el escrito que tanto ha circulado por las Redes Sociales, lo reproduzco a continuación:
El término “facha” es una vulgarización de la palabra “fascista” y es la que nombra a la persona socialista del Estado, a la que tiene esa creencia. La doctrina fascista, que procede de pensadores e ideólogos como Gentile o de Benito Mussolini, es la del amor hacia el Estado.
La frase “todo en el Estado, nada contra el Estado” de Benito Mussolini resume muy bien la esencia del fascismo y explica el amor hacia el Estado que caracteriza a todo fascista.
Un fascista, la persona que cree en el fascismo, no percibe al Estado, que tiene el monopolio de la coacción y la violencia, como un mal necesario, sino como un bien supremo. El fascista esencialmente desconoce la diferencia entre la nación y el Estado y tiene la concepción empresarial y corporativista de un todo, de una unidad de poder absoluto del Estado.
En España, donde no hay democracia sino un Estado de partidos, no existe la representación política, no se elige a representantes, a individuos uninominalmente, por su nombre y sus dos apellidos; sino que se ratifican unas listas que sirven al propósito de que el poder de los partidos se reparta por cuotas y así integrar, a través de ellos, a las masas dentro del Estado.
Por todo esto es imposible que una persona que se abstiene, que no vota para apoyar a las facciones de esta monarquía, sea fascista, porque para serlo tendría que buscar ante todo la integración de las masas dentro del Estado, que es lo que fundamenta a la doctrina fascista.
Un fascista es quien vota, sin existir libertad política y con el único propósito de apoyar y legitimar al poder estatal, sea cual sea la forma de gobernar o los individuos que gobiernan. La creencia en el fascismo lleva a la situación acomodaticia y aquiescente con el régimen de poder estatal, sin control ninguno por parte los gobernados, y para ser sometido por él.
Yo no soy fascista, por eso #YoNoVoto el día del Pánfilo, el 28A

Las elecciones son una estafa: ¡todos a la abstención!

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El escenario electoral es dantesco. Nunca antes la política española ha sido más decadente y bochornosa. Los informativos, los debates y las tertulias se basan en una constante crispación y excitación, y no difunden otra cosa que sectarismo partidista.
Nos precipitamos a una nueva crisis económica de la cual, por motivos electorales, no habla ninguno de los partidos, ni tampoco los grandes medios de comunicación. Los indicadores están en caída libre y nada se dice al respecto. ¡Como si aquí no pasara nada!
Las arcas de España están más endeudadas que nunca en toda su historia, el tejido industrial de la nación ha sido desmantelado y vendido al extranjero (causando el enorme paro estructural), los impuestos apenas nos dejan respirar (unos impuestos fijados por políticos que prometieron bajarlos), y aún así, la clase gobernante sigue aumentando en número y en poder. Siguen ahí, pactando y pactando para crear más organismos públicos todavía, dando más y más subvenciones a asociaciones inútiles (vinculadas a ellos), creando más y más chiringuitos (que habían prometido cerrar y luego no han cerrado ninguno), y consensuando mantener instituciones parasitarias e inservibles (como el Senado por ejemplo, que los cinco partidos se reparten ya, y ninguno propone suprimir).
A pesar de ello, el 69% del pueblo español sigue alimentando y apoyando a la clase política. Este paradójico fenómeno no se debe al masoquismo o al deseo de autodestrucción de los españoles, sino a tres tácticas de propaganda que emplean los partidos políticos:
a) Ideologías para dividir y enfrentar artificialmente al pueblo.
b) Falsos problemas para desviar la atención.
c) Infundir miedo a que gobiernen los del partido «contrario».
Si bien el poder político siempre se ha valido de estos métodos (y les ha funcionado durante cuarenta años) hoy en día se encuentran intensificados al extremo porque el pueblo gobernado está cada vez más harto y es cada vez más incrédulo (¡demasiados años de mentiras y corrupción mientras nada cambia!). Así, a mayor indignación e incredulidad del pueblo hacia la clase política, mayor es la ideologización sectaria, la creación de problemas falsos, y la propagación de miedo desde la clase política hacia el pueblo.
Esto explica la situación de exagerada crispación e insoportable estridencia que estamos viviendo en la política actual. Son los últimos estertores de un régimen oligárquico, ante un pueblo que cada vez cree menos en el sistema.
El sistema de partidos impide la representación real del elector. En consecuencia, existe un abismo jurídico-institucional entre la clase gobernante y el pueblo gobernado. Al no haber vínculo contractual de representación política, la clase gobernante no defiende los intereses de los electores, sino los intereses de los partidos. Los que están en el poder se defienden a sí mismos, y viven de la servidumbre de un pueblo que cree que eso es la democracia porque pueden ir a votar cada cuatro años.
No vivimos en una democracia representativa porque el ciudadano de a pie no inviste al cargo electo con un mandato representativo, sino que el cargo representa y obedece al partido que lo pone en la lista. El cuerpo electoral no puede controlar a los diputados (la palabra «diputar» significa destinar a alguien a hacer algo), dado que los diputados no están vinculados contractualmente con los votantes, sino con los directivos de los partidos políticos. El poder político al final recae en manos de unos pocos directivos, como si se tratase de empresas; se forma así una oligarquía partidocrática con carta blanca, escindida contractualmente del pueblo gobernado.
Con tu voto cada cuatro años, tan sólo ratificas una lista de sujetos que obedecerán a los directivos del partido, sin que puedas hacer nada más que mirar cómo te roban e incumplen durante la legislatura. No defienden tus intereses, sino todo lo contrario: tal y como la experiencia ha demostrado a lo largo de los años, defienden primero sus propios intereses para mantenerse en el poder, forrarse con sueldos de más de ocho mil euros al mes, y seguir repartiéndose el botín. En la partidocracia, una oligarquía superior se instala en el poder y el pueblo no puede controlarla, ¡sino que es la partidocracia la que controla al pueblo!
El régimen partidocrático manipula en gran medida la opinión pública porque controla los principales medios de comunicación y diseña los planes de estudio en escuelas y Universidades. Dominando tan efectivos instrumentos de control social, la oligarquía genera una cultura de obediencia al poder establecido.
Por esa razón nadie habla de que no existe representación real: todos los partidos la dan por supuesta porque, si existiese una representación real, el poder político descansaría en el seno del pueblo en todo momento, mediante distritos pequeños de electores con facultad contractual de revocar a los representantes (¿que el pueblo nos pueda controlar y revocar? ¡Ni hablar!). Nadie piensa tampoco en separar el Legislativo del Ejecutivo en elecciones separadas: todos los partidos quieren seguir manteniendo su prerrogativa de formar el gobierno, y no que sea el pueblo quien invista los poderes del gobierno por separado (¿que el pueblo separe los poderes? ¡Qué atrevimiento!).
Estos son los temas tabú de la partidocracia. Nunca oirás a un oligarca del estamento superior hablar de ello. Son temas peligrosos para su posición dominante.
Hay muchos otros tabúes1, por ejemplo, la abstención electoral. Es significativo que todos los partidos políticos insistan en que participes en las elecciones. No importa a quién votes, pero debes participar. Todos coinciden en que hay que participar; ninguno pide la abstención porque ello erosiona la legitimidad y continuidad del sistema oligárquico (¡lo que más les daña es hacer justamente lo contrario de lo que te piden!).
La clase política también nos exige constantemente que prestemos atención a lo que dicen. Los partidos quieren que tomemos partido en sus ideologías y en los debates que nos proponen como si fuesen cosas importantes, cuando en realidad no lo son.
La partidocracia busca atemorizarnos, dividirnos y enfrentarnos con ideologías especialmente controversiales (independentismo, socialismo, feminismo y toda clase de «-ismos») para mantenernos entretenidos, hablando «de algo» (a favor o en contra) mientras ellos literalmente se forran y nos dirigen como quieren. Mientras malgastamos nuestra limitada energía y atención en esas ideologías, ellos siguen arriba y nadie habla de eso. «Divide y vencerás». Las ideologías son los métodos que tienen para hacernos elegir un bando o trinchera sobre problemas que antes no teníamos, y hacernos así dependientes de la oligarquía partidocrática sin que la cuestionemos.
La clase dirigente hace pasar por relevantes tonterías sin sentido, como por ejemplo si es necesario o no dar un «sí» expreso antes de mantener relaciones sexuales (cuando tal vez ni nuestra propia madre lo dio al concebirnos); o si es necesario o no constitucionalizar las pensiones (como si ello fuese a garantizar que no se vacíen); o si es necesario o no liquidar España y fundar 17 mini-Estados en su lugar (¿a quién beneficia eso sino a la propia clase política que se multiplicaría en número y habría que mantener?).
Las cuestiones de este tipo son falsos dilemas. Si la clase gobernante no hablase de ello, ni los medios de comunicación a su servicio tampoco, serían cuestiones que en nada afectarían a los españoles, y nadie tendría la necesidad de discutir sobre ello. ¡Esto demuestra que son falsos problemas!
Si se piensa, los «problemas» que nos inocula la clase política en realidad no existían antes de que la partidocracia los inventase para justificarse en el poder y mantener al pueblo ocupado en rencillas estúpidas, tanto a favor como en contra. Los grandes medios de comunicación y propaganda necesitan constantemente «contar algo» para que el pueblo esté entretenido y no se dé cuenta de que el problema verdadero es sistémico: la ruina de España es la partidocracia y no otra cosa.
Una vez nítido el problema real, tras las cortinas de un humo tan negro como el corazón de los tiranos, la solución resplandece en el horizonte alumbrado, tímidamente, por la futura luminaria de la abstención activa.
La sociedad civil española sólo podrá derrocar a la oligarquía partidocrática con las armas de la abstención activa y el honor de la resistencia pacífica.
Pensemos en un 15M de la abstención, demandando concretamente que se voten a representantes por distritos y se separen los poderes. ¡La partidocracia temblaría!
Pero todavía no ha llegado el momento de la masiva acción abstencionaria porque al moribundo régimen le queda una última bala: Vox. La hidra partidocrática se ha cuidado de sacar a la palestra este nuevo tentáculo, como hizo en su día con Podemos en todas las televisiones, para absorber y canalizar el creciente descontento. El sector de votantes indignados tiene ahora su fe depositada en Vox para intentar que «cambie algo». Y cuando el sector indignado compruebe otra vez que todo seguirá igual, o incluso que iremos a peor (como ha ocurrido justamente con Podemos, que vino a «echar a la casta»), sólo entonces será el momento del reset; será el momento de la Rebelión Civil Abstencionaria.
Aunque aún no sea el momento de recolectar el néctar liberador de la flor abstencionaria, sí es la estación propicia para arar los hondos surcos de la representación técnica que, en la fresca alborada de la Libertad Constituyente, convertirá a la clase gobernante en servidores públicos.
La siembra de la RCA comienza por hacer exactamente lo contrario de lo que te ordenan desde las instituciones políticas y los medios de masas: si todos te piden que participes en las elecciones, ¡no votes! Si todos te exigen que te posiciones en los debates ideológicos, ¡señala las causas verdaderas!
Como seres humanos dotados de discernimiento y virtud, debemos fortalecer los corazones de quienes nos rodean con acciones nobles y heroicas que inmortalicen nuestro recuerdo. Es nuestro deber desarraigar a diario las malezas mentales que nos atan a la conducta inmoral reinante en la sociedad: si ahora todo el mundo participa en una falsa democracia, absortos en el miedo corruptor de las torres de la ideología, ¡sé tú el primero en romper el círculo vicioso! ¿Necesitas que todo el mundo se abstenga para hacerlo tú? ¡Alguien tiene que empezar para que los demás te sigan!
Empecemos hoy mismo, con logros inspiradores y dignos de mérito, a cultivar el sublime arte de darle la espalda al sistema.
***
1 Otro tabú de la partidocracia es la forma de Estado entre monarquía o república. Esta cuestión «misteriosamente» ha desaparecido en el programa de Podemos. Cuando era un partido paraestatal la llevaba por bandera, y ahora que está cobrando de la monarquía la suprime prácticamente. Lo mismo ocurrirá en Vox al respecto del modelo territorial centralista: la partidocracia considera un tabú suprimir las autonomías, y esa propuesta de Vox se irá poco a poco diluyendo en cuanto tengan acceso al reparto de sillones revestidos de billetes del que goza el poderoso aparato autonómico.

Firmas

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En el día de San Jorge la derecha de Madrid puso a su candidata por Barcelona a firmar ejemplares de la Constitución’78 en la Rambla Cataluña.
La Constitución’78 no es política (reglas del juego y sanseacabó), sino ideológica. Eso significa que en el paraíso que describe siempre anda suelta una serpiente, y así se vio aquí cuando el Rumasazo (“Tó pa’l pueblo”, en resumen de Guerra), perpetrado con el “voto de calidad” de Manuel García Pelayo, hombre, al fin, bien orgulloso de la mecánica alemana de la Constitución’78 y sus espantosas gárgolas góticas, como ésa del “Estado social de Derecho”, tomada del socialdemócrata Hermann Heller, que suena a música de Kraftwerk y que gustó mucho aquí, dado el “enorme hartazgo de nimiedad, de pequeñez, de lacería aldeana” en la España locaza del 78.
Claro que García Pelayo no era ningún Carreras ni ningún Pérez Royo. En agosto del 36 se encontraba en Berlín y fue invitado a cenar por el fundador de la ciencia constitucional, Carl Schmitt, en su casa de Dahlem.
–Al despedirnos, el profesor me invitó a bajar a su biblioteca, de la que tomó un libro sobre Scharnhorst (mítico general prusiano), en una de cuyas primeras páginas escribió este aforismo de Jünger: “Nadie muere antes de cumplir su misión, pero hay quien la sobrevive”.
Con la candidata Álvarez de Toledo firmando ejemplares de la Constitución’78 (para ella, la obra más importante de España… ¡en 500 años!), también podía verme yo grabando a punta de obsidiana un corazón en la ceiba bajo la cual lloró Cortés, cuyas “Cartas de Relación” desde México-Tenochtitlán no me parecen inferiores a la Constitución de Abril Martorell y Alfonso Guerra en “Casa Manolo”. Pero preferí ver otra cosa: si los candidatos a diputados se ponen a firmar Constituciones, ¿por qué no se iban a poner los candidatos a novelistas a firmar Quijotes? E imaginé a Almudena Grandes dedicando ejemplares del Quijote en el “Cervantes” de su esposo, el Poeta de la Experiencia señor Montero.

La ruptura del voto en las urnas de votación

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El domingo día 28 de abril, como ya ha sido anunciado por el régimen de partidos del Estado, se podrá realizar la acción de la ratificación voluntaria de listas, en las urnas de colegios públicos distribuidos por todo el territorio nacional. Con este motivo y siendo un principio de la acción del MCRC la abstención activa -mientras que no sea la democracia la forma de gobierno en España- nos ponemos en contacto con usted para sugerirle, además de no votar, acudir a la urna para realizar la ruptura pública de la papeleta.
Para realizar esta acción, cuyo fin no es reivindicativo ante los partidos políticos del Estado, sino de denuncia pública y ciudadana ante sus convecinos, basta con acudir al colegio de las votaciones y una vez allí, sin alterar en modo alguno el orden público, de forma tranquila y con la cortesía que debe presidir la acción de quien da ejemplo de civismo frente a la barbarie propia de los partidos estatales, pronunciar unas palabras de explicación y romper la papeleta.
La forma de trato debiera de ser exquisita, evitando cualquier conflicto que pudiera surgir y buscando siempre la alternativa pacífica y amable. En ningún caso se puede alterar el orden público y si alguien utilizara ese argumento, aunque fuera sin base alguna, lo recomendable es retirarse y buscar otra alternativa pacifica en otra mesa o colegio electoral.
Se recomienda realizar esta acción en las primeras horas de la mañana. No tiene que identificarse o presentar su DNI en el colegio, para que no se compute su participación.

GRABACIÓN DEL ACTO
Es muy recomendable grabar la acción de la ruptura de la papeleta para así compartirla y difundirla a través de redes sociales y otros medios de comunicación. Para ello basta con disponer de un teléfono móvil que permita realizar está función y alguna persona que nos ayude. A continuación se detallan algunos consejos prácticos que quizás puedan facilitarle la tarea:

Es muy recomendable mantener el dispositivo en una posición horizontal durante la grabación (no en vertical como se manipula habitualmente)
La persona que realiza la grabación debe asegurar un encuadre correcto que permita observar la acción de la ruptura de la papeleta.
Debe hablarse, dirigiéndose a los asistentes a la mesa, en voz alta, tranquila y clara, de forma que se pueda recoger el sonido en la grabación.

Opcionalmente, y no siendo algo imprescindible, se puede mejorar la grabación mediante otros sistemas:

Utilice una cámara de video en lugar del teléfono.
Utilice un micrófono de solapa o cercano a la persona que realiza la acción.

Es muy importante subir el vídeo a Facebook y/o Twitter lo antes posible y enviarlo a [email protected], para así facilitar su recopilación y difusión a través nuestros canales oficiales.

Al colocar el vídeo en las redes sociales, es recomendable acompañarlo de la dirección https://mcrc.diarioerc.com o https://mcrc.diarioerc.com/preguntas-frecuentes/ donde se facilita toda la información adicional.
NOTA: Si vive en el extranjero, ese mismo día, puede grabar su vídeo en la calle, en el lugar donde resida, rompiendo una papeleta, y proceder del mismo modo explicado anteriormente.

 
DISCURSO DE EJEMPLO
Aunque no es necesario que las palabras literales sean estas y cada persona puede actuar en conciencia y manifestar las que considere más oportunas, le proponemos el siguiente texto, que puede leer si le fuese preciso ante la mesa:
Buenos días, soy un vecino de ustedes, que vivo aquí en [nombre que proceda] y ante la imposibilidad que existe de poder elegir a mi representante y tampoco a la persona del presidente del gobierno, porque no hay democracia en España, vengo para manifestar mi rechazo por el sistema de votaciones, a no votar ejerciendo mi derecho a ello, y por eso rompo mi papeleta. Muchas gracias.
Otra alternativa:
Buenos días, soy miembro del MCRC, Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional, fundado por D. Antonio García-Trevijano, que lideró la oposición a Franco en la dictadura, y vengo a denunciar públicamente que en España no hay democracia como forma política de gobierno. Debido a eso, y actuando conforme a mi conciencia moral y política, he venido aquí para no votar, romper mi papeleta, y explicar que el sistema de votaciones existente, no permite elegir a mi representante en la Asamblea legislativa, y tampoco al presidente del gobierno de todos los españoles. Muchas gracias.
Durante ese día y los posteriores, como muestra de que con la abstención estamos actuando políticamente más que cualquier individuo que simplemente vota y espera, nos esforzaremos más que nunca por tener presencia en las Redes Sociales y por entablar contacto con todos los medios de comunicación, para que la abstención sea protagonista y deba ser relacionada con nuestra asociación.

El 17

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La politología adolescente que se despacha en España saca mucho a colación los años 30. Es natural. Se ve que esos politólogos son más de tele que de libro, y la tele está todo el día con Hitler para arriba y Hitler para abajo.
¿Años 30? Todavía falta. La historia nos tiene ahora en el “cul de sac” del 17: el golpe de octubre del Prusés sería el golpe de junio de las Juntas militares (¡siempre Barcelona!), con el viento mediático de popa, y todo el mundo ahíto, hoy de Transición, y entonces, de Restauración. Pues todo el mundo, desde luego, cree falso el Sistema, pero unos aspiran a convertirlo en realidad y otros quieren hacerlo desaparecer. Por eso los fetichistas del 78 de Suárez suenan ya tan huecos como sonaban en el 17 los fetichistas del 76 de Cánovas (que Dios nos perdone la comparación). Es lo que Ortega llamó “anemia vital”:
–No vivimos mal porque ejercitamos una mala política, sino al contrario, nuestra irrisoria política es consecuencia de nuestra anemia vital.
Embolicados en sostener una ficción ante las exigencias del país real, los cuatro jefes del Consenso peroran sobre el indulto (olvido de la pena) para los responsables del Prusés presos en la cárcel de Lledoners como los jefes del Turnismo peroraban sobre la amnistía (olvido del delito) para los responsables de la huelga revolucionaria presos en el penal de Cartagena. Al español, por las reservas mentales de siglos impuestas por el Poder (¡la Inquisición!), le impresionan los que hablan deprisa y seguido (¡sin papeles!), y el español corre el riesgo de no ver que el Consenso indultará a los golpistas como el Turnismo indultó a los huelguistas, sin un Cavia que denuncie el truco de identificar al Estado con la Nación.
–El Estado es el continente. La Patria, el contenido. La Patria es el vino generoso. El Estado, el odre viejo, medio podrido y lleno de botanas por cuyos resquicios y agujeros se va escapando gota a gota, hilo a hilo, y aun chorro a chorro, toda la vida nacional.
En el 17.

La silla

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El pianista afincado en España James Rhodes (un Pepito Arriola sin prima Hildegart) quiere atizar a Abascal con una silla. ¿Está loco? No. Si estuviera loco, levantaría la silla contra Ortega Smith, que fue boina verde. Rhodes es “antifascista”, y hasta ahí llega. ¿Por qué? Porque es la palabra que para Doña Croqueta pone en marcha el dispensador de croquetas, que le vuelven loco.
La silla de pegar sillazos de Rhodes no es la silla de torear de Morante de la Puebla en El Puerto ni la silla de aullar de Charlie Rivel en el circo ni la silla de escribir de Jacinto Benavente en Albarracín, donde escribía subido a una silla porque había un ratón en el cuarto.
La silla de pegar sillazos de Rhodes es la metáfora de la silla que le han birlado a Abascal en el debate “votero” de una TV pública sostenida por todos los contribuyentes, incluidos los que votan por Abascal, “los borrachos”, en el fino lenguaje del Periódico de las Elites, que así pasan a ser como los judíos o precitos de la situación, que tampoco le sorprende a uno, en un país donde, personalmente, sólo he conocido a un demócrata.
En palabras de sus doctrinarios, la razón de ser del Estado de Partidos es sustituir la representación de los electores, propia de la democracia, por la “integración de las masas en el Estado”, propia de esta cosa perfectamente simbolizada en la Tertulia Electoral de TV entre los jefes que se reparten el Estado, con la Nación (catalanismo y biscaitarrismo son particularismos estatistas) de convidada de piedra.
–Nosotros somos nosotros –repiten los cuatro jefes, citando a Maura, quien trazaba así la mágica línea entre los buenos, que eran ellos, y los malos, que eran los demás, condenados a exclusión, eliminación y distancia.
Peor que tener una enfermedad es ser una enfermedad, protestaban los orteguianos.
–Que una sociedad sea inmoral es grave; pero que una sociedad no sea una sociedad, es mucho más grave.
Estos debates con tongo son el piano rhodesiano de los pobres.

El próximo 28 de abril estás llamado a votar, pero tú no eliges, tu voto no vale para nada…

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Pues, “eso”, que el domingo, 28 de abril no se elige nada, todo está decidido de ante mano. Los jefes de los partidos políticos más conocidos (conocidos por ser los más publicitados en las diversas televisiones), los que se hacen llamar más “representativos”, ya han elegido por todos nosotros, pues ellos –a los que nadie ha elegido- son los que han confeccionado las listas de candidatos. Los votantes no eligen, simplemente votan; son llamados a refrendar las listas que, insisto, han sido elegidas por gente a la que nadie ha elegido. Es un grandísimo embuste, una burla cruel afirmar que el 28 de abril se elige a los representantes políticos de los ciudadanos, todo es un paripé para “legitimar” a quienes más tarde se encargarán de pulsar botones en el Congreso y en el Senado, siguiendo las directrices de sus jefes de fila, y nunca mejor dicho.
Esta forma tan descarada, sin el menor recato, de “elecciones a la española”, zafia y vil, mediante la cual se reparten los escaños entre los partidos del sistema (más correcto sería afirmar que España es un país de partido único multimarca, en lugar de democracia parlamentaria, o expresiones similares), es el procedimiento mediante el cual se turnan en el poder y los puestos de mando del Estado los oligarcas y caciques, aparentando formas democráticas.
Este fue el sistema electoral pactado en la denominada transición, de la dictadura a la democracia, por políticos franquistas y políticos del PSOE, PCE, etc. la mayoría de estos últimos, también provenientes del “movimiento” y del sindicato vertical franquistas. El único objetivo de tan grosero, burdo y tosco sistema es controlar y apacentar, tal cual si fuera un rebaño, a la infantil sociedad española, para evitar que en algún momento llegue a tener la tentación de ejercer la libertad política.
De este modo la representación política es imposible, solo es posible la adhesión, más o menos entusiasta, a los partidos políticos, tal como haría un forofo de un equipo de futbol o de un cantante.
Evidentemente los diputados de los diversos partidos no representan a los votantes, son simplemente representantes de los partidos; pues, la obediencia debida a los jefes, a los oligarcas y caciques de los partidos que, son quienes han decidido incluirlos en las listas, conducen a lazos de fidelidad y obediencia más fuertes que los vínculos a los que supuestamente están obligados con los ciudadanos que han votado las listas electorales. Es más, en la mayoría de las ocasiones sus votantes son incapaces de nombrar a quiénes han votado.
En la democracia a la española que, es lo menos parecido a la democracia como forma de gobierno, los diputados electos son peones con los que trapichean los oligarcas de cada partido; la ausencia de verdadera participación y representación política de los votantes es una de las principales causas de la corrupción política y económica del régimen partitocrático que sufrimos en España desde hace décadas.
Vivimos en un país en el que no existe división de poderes: es el gobierno de turno (pocos turnos son posibles con la actual legislación) el que controla al poder legislativo, y no al revés como ocurre en las llamadas democracias parlamentarias; es el ejecutivo el que nombra y controla al poder judicial; y por supuesto no se puede hablar de “cuarto poder” pues, también, casi la totalidad de los medios de comunicación están especialmente sujetos a la voluntad del poder ejecutivo que, los riega de jugosas subvenciones.
Tal como están diseñados los procesos electorales, no permiten ni remotamente la igualdad de oportunidades, como tampoco se puede hablar de elecciones libres (cuando hablo de libertad, me refiero a la capacidad de tomar decisiones, de poder optar). En la práctica, ni existe la posibilidad de ser elegido (ser candidato en igualdad de condiciones y oportunidades que los demás), ni tampoco la de elegir a quien uno desee, por considerar que es el candidato más idóneo para que nos represente.
Son las oligarquías de los partidos las que deciden quien sí y quien no, va en las listas electorales; que además son cerradas. Es decir que desde hace alrededor de cuarenta años son siempre los mismos los que deciden sobre los integrantes de cada lista. Y además, de paso se aseguran “lealtades”, sumisión, servidumbres voluntarias (aquello de “quien se mueva no sale en la foto”), y la denominada “disciplina de partido” (aunque a veces haya alguien que les salga “rana”), o sea, la sujeción a las consignas y directrices que deciden los oligarcas y caciques que dirigen cada partido político.
No hace falta mucha imaginación para llegar a la conclusión de que es el “criterio de docilidad-fidelidad” el que determina que se repita o no en los siguientes comicios, y no la eficacia en el desempeño del cargo o el respaldo de los electores.
Aparte de lo anterior, que tiene una especial importancia, está el hecho de que quienes ya participan de una u otra forma del poder, reciben ingentes cantidades de dinero (de los presupuestos del estado) y subvenciones en múltiples formas que, les posibilita hacer un despliegue propagandístico-publicitario con el que, de ningún modo otras agrupaciones políticas pueden rivalizar.
Los partidos políticos están subvencionados por todos los contribuyentes, sea cual sea su ideología, y son parte del aparato del estado, cuyas agendas marcan la agenda del Estado; y son además la principal causa de la corrupción.
Por otro lado está, también, el acceso a los medios de comunicación (que hasta ahora han venido controlando de manera férrea los partidos gobernantes), acceso que, está casi totalmente vedado a opciones que no sean ya parte del sistema.
Tampoco podemos olvidar los “préstamos bancarios” que los principales partidos reciben una y otra vez, en cada ocasión que hay elecciones y que, generalmente les son perdonados.
Mención aparte merecen las financiaciones fraudulentas de las que casi todos los partidos políticos participan, y tampoco se pueden obviar las diversas formas de corrupción que subyacen en muchas instituciones (aquello del “sindicato del ladrillo”, pongamos por caso).
Aparte de lo anterior, hay un factor especialmente determinante: no existe proporcionalidad directa, no hay relación entre el número de votos conseguidos y el número de cargos electos que cada candidatura obtiene. La normativa electoral está diseñada de tal forma que, siempre salen favorecidos los llamados partidos mayoritarios, apenas existen resquicios para conseguir representación en las diversas instituciones.
Dicho en román paladino, dicho de forma clara, simple, sin adornos: en España no hay representación política de los votantes y, por lo tanto, en España no existe democracia.
Para que se pueda hablar de que existe democracia como forma de gobierno, es imprescindible que exista separación de poderes (y no mera distribución-delegación de funciones), y que, también, exista una verdadera participación y representación política de los electores. España no es una democracia.
No hay mayor sordo que el que no desea oír, como tampoco mayor ciego que el que no quiere ver, así que, el que quiera comulgar con ruedas de molino es porque tiene amplias tragaderas; indudablemente, dejarse influir por lo que los medios cuentan, e ir a votar pensando que su voto sirve para decidir y elegir algo o a alguien, es hacer un ejercicio de ceguera y sordera.
La mayor de las falacias que, propagan las televisiones, radios, periódicos, durante estos días previos al 28 de abril, es la de que, fulano, mengano, zutano… son candidatos a presidir el gobierno y que las elecciones son para tal cuestión. ¿Desde cuándo los españoles eligen al presidente del gobierno y sus ministros?
Hay una cuestión de la que no hay que tener dudas: participar en esté paripé de elecciones, cualquiera que sea el partido al que se vote, no va a servir para reformar el régimen del 78, y mucho menos a evitar la corrupción de dicho régimen, sino todo lo contrario, servirá para reforzarla y potenciarla; pues, la corrupción es consustancial al régimen y al gobierno. Para cambiar pacíficamente este régimen, no hay más alternativa que no apoyarlo ni legitimarlo con el voto.
¿Alguien recuerda que algún partido político haya abordado el asunto de la corrupción, y lo que es más importante: la forma de evitarla, durante los días que llevamos de campaña electoral? Pueden estar seguros de que ningún partido hablará de ello, ningún partido hablará de erradicarla.
No nos engañemos, para que haya corrupción, aparte de políticos corruptos es imprescindible que, también haya una gran mayoría de personas, de ciudadanos, que los apoyen, siendo por tanto sus cómplices (votando y volviendo a votar una y otra vez a los partidos corruptos) o convirtiéndose en estómagos agradecidos, paniaguados, miembros de la red clientelar de esos mismos políticos corruptos, de los que reciben en mayor o menor medida trato de favor, subvenciones, regalías diversas, concesiones de subsidios, y un largo etc.
Aunque ya haya hablado de ello en otras ocasiones, no está de más recordar que el sistema político español está perfectamente diseñado, de tal manera que la capacidad de decisión de los políticos, su posibilidad de decidir de forma arbitraria, caprichosa, sean de tal magnitud que corromperse, más que una consecuencia sea su resultado más lógico.
La corrupción en España se manifiesta de varias formas, tres en concreto:
– la corrupción que tiene relación con asuntos urbanísticos, de recalificación de terrenos;
– la corrupción relacionada con contratos de bienes y servicios por parte de las diversas administraciones;
– y la corrupción ocasionada por los diversos subsidios y subvenciones.
En el asunto de las recalificaciones, como bien se sabe, la clave está en que hay autoridades, generalmente municipales que poseen la capacidad de alterar el valor de los terrenos que recalifican, y por lo tanto la posibilidad de hacerse ricos, o favorecer a familiares y amigos.
Por otro lado, al existir multitud de oficinas públicas con capacidad de contratar bienes y servicios, también son enormes las posibilidades de adjudicaciones millonarias y milmillonarias, con las consiguientes comisiones o mordidas, también supermillonarias, a cambio del trato de favor, monopolístico que se les concede a “empresarios patriotas”, o de la cuerda del partido gobernante, sea cual sea el territorio e independientemente de los oligarcas y caciques que campen por sus fueros allí donde esté ubicada la oficina de contratación de bienes y servicios.
Luego, como tercera forma de corrupción, están los diversos subsidios y subvenciones, que fomentan la obediencia debida, el clientelismo, los estómagos agradecidos, respecto del político que, va repartiendo favores y regalitos.
Cuando se habla de todo ello la gente se indigna, grita, vocifera, pues cae en la cuenta de que, así, de ese modo los manirrotos y despilfarradores que nos mal-gobiernan originan un déficit continuo que acaba repercutiendo en el bolsillo del común de los mortales, e hipotecando el futuro de nuestros hijos, pero esa indignación suele durar poco. Desaparece cuando a uno lo tientan y acaba siendo agraciado con alguna de esas formas de corrupción. Y así hasta que los medios de información vuelven a airear algún caso “Gúrtel”, o “papeles de Panamá”, o ERES en Andalucía…
¿Quién se alegra especialmente y exhibe como un éxito una alta participación electoral y se lamenta de la baja participación? Todos los líderes de todos los partidos políticos sin excepción.
Y ante este panorama ¿qué cabe hacer?
Pues, amigos, existe una opción: se llama abstención.

El templo

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Jesús, refiere Juan, hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas, y dijo a los vendedores de palomas:
–Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.
Eso incluye a los millonarios que se pegan por donar dineros para reconstruir Notre Dame y a los arquitectos que se llevarán esos dineros con el timo de “un espacio laico, transparente, inclusivo y ecológico” donde la flecha de Viollet-le-Duc. Y también a esos socialistas y comunistas que tuitearon lágrimas por una catedral ardiendo en Francia, con todas las que sus ismos quemaron en España. Sin olvidarnos, ay, de los periodistas que señalaban al incendio de Notre Dame y hacían de París el símbolo de la unidad europea, sólo porque en París se echaron de jóvenes una novia y porque Roma les suena a capital llena de curas.
Entonces, prosigue Juan, los judíos preguntaron a Jesús: “¿Qué signo nos das para obrar así?” Y Jesús les respondió:
–Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.
Dice Juan que los judíos le dijeron: “Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” Pero que Él se refería al templo de su cuerpo.
Macron (si fue un accidente, debería haber dimitido ya medio gobierno) prometió levantar la catedral en cinco años, lo que, con la diferencia de estatura, vendría a ser como los tres días de Jesús. Los arquitectos, que aquí hacen de judíos recalcitrantes, piden al menos quince años, pero Macron se refiere a su persona, es decir, a su forma de pasar a la posteridad. Antes del incendio, sólo era el presidente que apaleaba a los franceses en las rotondas. Después, es el presidente al que se le quemó Notre Dame, que no es el centro de la Cristiandad (pronto lo será de la Socialdemocracia), pero tampoco el patinejo de los Lindo.
Macron será a Notre Dame lo que Cecilia Giménez al Ecce Homo.

Semana Santa

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España tiene su Margaret Mead en Rocío Ruiz, cuya Samoa es la Semana Santa de Andalucía, donde, con eso, ha llegado a hermana mayor de la cofradía de la Igualdad en el gobierno de los Juanmas.
En las procesiones, Ruiz ve “desfiles de vanidad y rancio populismo cultural”, entretenimiento de plebeyos que “se destrozan la columna por cargar enormes trozos de madera”.
–Me quedo con la fiesta pagana que atrae el turismo y llena las tabernas.
Para Santayana, en la tradición cristiana un misterio metafísico ocupa el lugar de una figura poética, expresando el primero, mediante un pequeño drama milagroso, la emoción que expresaba la última con una frase aventurada.
–La Eucaristía es a la Última Cena lo que un centauro es a un jinete o una tragedia a un canto.
Pero, en su visión de la Semana Santa, Ruiz, seguramente la intelectual más solvente de la gran familia liberal de Ciudadanos, está menos cerca de Santayana que del Padre Isla, pues su ensayo parece redactado en el estilo pegadizo de una carta de despecho a un novio.
En el segundo capítulo de su “Fray Gerundio de Campazas”, Isla refiere el flechazo entre el padre de Gerundio, Antón Zotes (A. Zotes, azotes) y su madre Catanla: Antón se cosca de la predilección de las paisanas por los penitentes y se apunta a salir en la procesión del Jueves Santo. Para exagerar el espectáculo de un sufrimiento que llame la atención de Catanla, A. Zotes encorva el cuerpo para exprimir la sangre. El mayordomo, al verlo desangrar, le saca de la procesión y lo envía a casa a curarse, y Catanla se va con él.
–Lo que pasó entre los dos no se sabe… Al fin y postre se casaron, y la buena de la Catanla no parió (“un niño como unas flores”) hasta el tiempo legal y competente.
Y es que, como dijo Bonafoux, en España “tampoco hay anticlericales”. Pensaba en Colombine, una Ruiz que fue a París en Semana Santa, se metió de rondón en la iglesia de la Sorbona y escribió: “Sentimos por anticipado el soplo de la Resurrección”.

¡Votad, egabrenses!

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Es conocida la anécdota ocurrida en las Cortes Franquistas durante una intervención de don José Solis Ruiz, a la sazón Ministro Secretario General del Movimiento, y natural de Cabra (Córdoba), en la que defendía el aumento de horas de deporte en los colegios en detrimento del latín, con frases, al parecer, como “porque en definitiva, ¿para que sirve hoy el latín?”. A lo que saltó otro diputado, el cultivado don Adolfo Muñoz Alonso diciéndole: “Por de pronto, señor Ministro, para que a su Señoría le llamen egabrense y no otra cosa”.
No sabemos si este menoscabo del estudio del latín, ya iniciado en la Ley General de Educación franquista de 1970, y sentenciado por la LOGSE de 1990 y sus variantes posteriores ha tenido algo que ver en las recientes afirmaciones de Pablo Iglesias en una entrevista en Youtube: “¡Votad, cabrones, votad lo que queráis, pero no os quedéis en casa!”. Este insulto, que se quiere cariñoso a fuer de perentorio, ilustra la preocupación principal de cualesquiera partidos del régimen del 78, que es la abstención, agitando la amenaza de sus contrincantes políticos, como el que muestra la camiseta del equipo de fútbol propio frente a la del contrario, lo que no empece para que después del partido vayan a tomarse juntos la cerveza del consenso.
Razones tiene Iglesias, según sus intereses, de estar cabreado, pues por cada escaño que obtienen los partidos que viven instalados en el Estado reciben de él en concepto de subvenciones 21.168 €, 0,81€ por cada voto al Congreso, y 0,32€ por cada voto al Senado, como informa Vozpópuli. Es algo sin duda peor lo que piensa Iglesias para sus adentros de los paganos de la “fiesta de la democracia”, aquellos que votan y hacen que todos paguemos de nuestros impuestos a esta casta de vividores del Erario Público y del reparto del botín del Estado, convertidos los partidos, como señalaba Antonio García-Trevijano, en facciones de éste, e instrumentos de su consenso apolítico, pues al no haber representación de los ciudadanos y, por ende, de la hegemonía política en la sociedad civil, tampoco puede existir libertad política (“Si la hegemonía electoral no traduce en las urnas la hegemonía política existente en las relaciones económicas, sociales y culturales de la sociedad, será porque los electores no han tenido libertad de elegir a sus representantes políticos. Eso sucede con la elección proporcional, donde todos los candidatos son elegidos por media docena de dirigentes de partidos estatales. Sin libertad de elegir y con censura de candidatos, no se realiza la fórmula de Gramsci, “gobierno es hegemonía más dictadura”. Sin hegemonía civil sólo puede haber dictadura.” (Teoría Pura de la República, El buey mudo, 2010, p. 390).
Consigue, sin duda, Iglesias renovar el lema de su partido para la campaña electoral (“La historia la escribes tú”), un tanto pretencioso, y homologarlo con su exabrupto de aparente frescura cuartelera y huera a los de los otros partidos (“Haz que pase”, PSOE, “Valor seguro”, PP, “Vamos”, Cs, “Por España, VOX), adaptados a la mecánica publicitaria de los medios de comunicación generalistas, con los que los partidos viven en simbiosis de intereses e interpretación de la realidad. Es así que los súbditos de esta monarquía de partidos vivimos sometidos a la agobiante presión mediática que hace de los partidos estatales los únicos protagonistas de la vida pública y política estas fechas, sin que quede aire que respirar de posibilidad de libertad o de cuestionamiento del régimen actual. En ese Matrix mediático no hay luces que iluminen la reflexión sobre una vía de escapatoria, que pasa necesariamente por considerar el votar no como un deber, sino como un derecho político.
Por otra parte, insultar a los votantes llamándoles “idiotas” o “corruptos” si se defiende la abstención electoral activa, parece un mal copia y pega del pensamiento del pensador político granadino y fundador del MCRC, propio de cierto autismo intelectual y de una soberbia que no condice con los propios méritos, pues García-Trevijano exigía siempre una corrección exquisita en la expresión de los principios. Ciertamente, ni pegatinas, ni camisetas ni memes pueden remplazar la voz y la palabra que pedía Blas de Otero, la voz educada y divulgada en el medio creado por García-Trevijano como vehículo verdadero de convencimiento. La voz que no tiene ahora el MCRC.

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