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jueves 1 enero 2026
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Discurso en Bruselas

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Dedico esta conferencia a la memoria de aquellos inolvidables comisarios que apoyaron la causa de la libertad política en España, impulsada por la Junta Democrática. Me refiero a mi amigo Claude Cheysson, que fue ministro de Asuntos Exteriores con Mitterrand; al entrañable Altiero Spinelli, héroe antifascista que realizó la proeza de escribir, en la cárcel, las bases de un federalismo nacional europeo, en un librito de papel de fumar. Y también a Christopher Soames, presidente de la Cámara de los Lores y gobernador de Rodesia.
El primero, Cheysson, organizó mi discurso en el parlamento de Estrasburgo. Allí diferencié la libertad de la Europa de los Nueve, debida a la victoria de EE. UU y Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, respecto de la libertad conquistada por los militares portugueses, en abril de 1974, y de la libertad que estaba camino de conseguir, contra la monarquía impuesta por Franco, la Junta Democrática de España.
El segundo, Spinelli, me insistía en la diferencia entre una federación de naciones europeas y los Estados Unidos de Europa, promovidos éstos por Churchill, en su famosa conferencia de Zurich de 1946, para la que contó con el apoyo del presidente Truman.
El tercero, Christopher Soames, me invitó a pronunciar un discurso en el Parlamento Británico, para exponer mis dudas sobre la dificultad, o inviabilidad, de un proyecto europeo de ejecución simultánea o sucesiva para los países protestantes del norte y los católicos del sur de Europa. No pude gozar de este honor. Fraga, ministro de la dictadura, me encarceló en marzo de 1976.
Ante el fracaso de la ruptura democrática del Régimen de Franco, mediante la acción de las fuerzas legales o ilegales integradas en la Platajunta, y el repentino consenso entre los poderes de la dictadura y los partidos ilegales -que unas semanas antes habían firmado el compromiso de ruptura democrática contra la monarquía de Juan Carlos- abandoné la acción política. Me dediqué a pensar y escribir sobre la democracia formal en España.
Y hoy, cuarenta años después, vuelvo a Bruselas para denunciar, en la sede ejecutiva de la UE, los graves acontecimientos que preconizan:
1º.- La ruptura de la unidad de España.
2º.- La causa del fracaso de la investidura de un nuevo gobierno.
3º.- La quiebra económica del Estado español.
1º.- Ruptura de la unidad de España.
Desde que Arturo Mas sustituyó al corrupto Jordi Pujol, es raro el día en el que las Autoridades catalanas dejen de cometer algún acto tipificado en el código penal, artículo 548, como promotor de la sedición. Los gobernados se preguntan por qué el gobierno de Rajoy no se querella contra los responsables. Este misterio tiene una doble explicación.
La relatividad socialdemócrata de los valores, causada por el consenso, hace que el Gobierno no confíe en que una mayoría de Magistrados en la Sala de lo Penal, se atreva a admitir siquiera una querella por sedición contra el Honorable de la Generalitat de Cataluña.
Además, toda la opinión pública española, incluida la de políticos, legisladores, magistrados, catedráticos de derecho constitucional, periodistas y editorialistas de todos lo medios de comunicación, propaga que el derecho de autodeterminación legitimaría la secesión de Cataluña si el referéndum correspondiente fuera aprobado por la mayoría de todos los españoles. La única diferencia con la propaganda oficial de los órganos de expresión en Cataluña, consiste en que los separatistas sólo admiten que tal referéndum sea votado exclusivamente por los catalanes.
Tal disparate, ignorante de la naturaleza objetiva de la nación, fue creado por Ortega y Gasset, en su “España invertebrada” de 1922. Ahí ignoró la historia y el concepto del derecho de autodeterminación. Una materia creada por el marxismo, que exigió 5 datos verificables para anteponer, en una consulta popular, la solidaridad de clase al sentimiento nacional. Así concebido, el derecho de autodeterminación sirvió, después de la guerra europea de 1914, para reconocer, como Estados independientes a las nacionalidades integradas en el imperio austro-húngaro. Después de la última Guerra Mundial, los Estados Unidos promovieron, en la ONU, el derecho de autodeterminación de las colonias. Cataluña no está reconocida como tal en ninguna instancia mundial, ni en la conciencia de español alguno, incluido el propio catalán.
Hoy, la unidad territorial y política de España está amenazada seriamente. Un partido aventurero, populista y sin más ideología que la de conquistar a cualquier precio el poder del Estado, Podemos, se ha sumado a los partidos independentistas de Cataluña. Y frente a esa concreta amenaza, el presidente en funciones, señor Rajoy, se limita a decir que para ser válido el derecho de autodeterminación de Cataluña ha de estar aprobado por la mayoría de los españoles en todo el territorio nacional.
Para los que ignoran la verdadera historia de la Transición, es imposible que comprendan por qué a la crisis de la unidad de España, se una ahora el fracaso de la investidura de un nuevo Gobierno. Por qué ahora renacen odios y antagonismos que parecían enterrados en el consenso posterior a la muerte de Franco. España es diferente. Lo que fue un lema turístico bajo Franco, hoy es la realidad que nos separa radicalmente de la Europa de los 9, la que culminó el Tratado de Roma con la adhesión del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973. Me detengo en esa fecha, antes de que Giscard D’Estaing, Presidente de la República francesa, cometiera la frivolidad de regalar a su amigo Karamanlis la adhesión de Grecia al Mercado Común, 1981, creando la Europa de los 10.
2º.- Causa del fracaso de la investidura.
Para los que ignoran la verdadera historia de la Transición es imposible comprender por qué a la crisis de la unidad de España, se une ahora el fracaso de la investidura de un nuevo Gobierno, es decir, por qué ahora renacen odios y antagonismos que parecían enterrados en el consenso posterior a la muerte de Franco. España es diferente de todo el resto de Europa. Lo que fue un lema turístico bajo Franco, hoy es la realidad que nos separa radicalmente de toda Europa y, especialmente, de la Europa de los 9. La que culminó el Tratado de Roma con la adhesión del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973.
Lo repito. España es políticamente diferente del resto de Europa. Es el único país del continente donde no se produjo la ruptura política, cultural, mental y moral de la dictadura, que en los demás pueblos se produjo con la derrota militar de las Potencias del Eje y de sus Estados satélites. El juicio de Nuremberg no depuró todas las responsabilidades del nazismo ni del holocausto, pero señaló el antes y el después de una Alemania acomplejada, donde el filósofo, Dolf Sternberger, tuvo que inventar, en 1949, el concepto de patriotismo constitucional, como sustitutivo del odioso patriotismo alemán del nazismo.
España es diferente de Alemania. Pero siempre la imita. Primero con el germanismo de Serrano Suñer. Después con el patriotismo constitucional de la Monarquía de Juan Carlos. Caen en desuso el nombre de España y el patriotismo español. Para sustituirlo se importó la expresión alemana de patriotismo constitucional.
Mientras duró el artificial consenso de la clase política no podían aflorar los signos de odio y resentimiento de los nietos de los vencidos a los nietos de los vencedores. Pero el consenso desapareció con el atentado de Atocha, el día 11 de marzo de 2004. Tres días después ganó las elecciones el PSOE y, con el Presidente Zapatero, comenzaron los síntomas de que la Guerra Civil continuaba por otros medios, incluido el apoyo del PSOE a la llamada causa catalana.
El segundo gobierno del PSOE no podía reconocer la gravedad de la crisis económica que afectaba a todas las economías occidentales. Tenía sus razones. El Banco de España le preparaba informes y datos ficticios para mantenerlo en esa inopia, aunque tuviera que recurrir para ello a falsear los datos de la contabilidad nacional. Una práctica fraudulenta que fue continuada por el Presidente Rajoy, hasta llegar a la falsedad actual, cuya fijación será expuesta por el Catedrático de Economía D. Roberto Centeno.
La larga duración de la crisis inmobiliaria y financiera, junto a la pavorosa magnitud del paro y de la corrupción de todos los partidos políticos, provocaron en España la aparición, el 15 de mayo de 2011, de un insólito y espectacular movimiento de indignados. Tanto más activos en sus asambleas cuanto más ignorantes de las causas de los fenómenos que los indignaban. Y de este movimiento ha emergido un nuevo partido, Podemos, que ha dejado de ser asambleario e impulsor de la democracia directa, para convertirse en un partido de faz caudillista y de cuerpo populista, dispuesto a la conquista del Estado. Este partido emergente, junto a la ambición sin talento del nuevo Secretario General del PSOE, hicieron imposible la investidura de un nuevo gobierno y es probable que continúen haciéndola mientras sigan subiendo las expectativas de gobierno de Pablo Iglesias y bajando las de Pedro Sánchez len las encuestas electorales.
Con la Europa de los 9, el Tratado de Roma conservó su coherencia original. Salvo Francia e Italia, los miembros del Mercado Común eran países nórdicos, desarrollados y con mayoría de población protestante. El éxito de la Comunidad del Carbón y del Acero, debido a la genialidad de un banquero francés, Jean Monet, dió alas a las expectativas del Mercado Común, basado en la homologación de las estructuras de producción y consumo en los países integrados.
Pero a partir de la Europa de los 10 (Grecia, 1981) y, sobre todo, de los 12 (España y Portugal, 1986) el concepto de homologación cambia de significado. En lugar de ser aplicada a las magnitudes y a los índices de desarrollo económico, fue interpretada como homologación política de los nuevos miembros con los Estados de la Europa de los 9. Todavía se podía hablar de Mercado Común. Pero la Europa de los 12 lo transformó en una verdadera unión política, como lo confirmó después el Tratado de Unión Europea (1992) de Maastricht. La incorporación en 1995 de Suecia, Finlandia y Austria no cambió el desequilibrio entre el Norte y el Sur de Europa. Desequilibrio que se acentuó con la entrada en circulación del Euro y con la sucesiva incorporación de los Estados resultantes de la desintegración de la URSS, hasta llegar a la desequilibrada e inarmónica Europa de los 28.
La negociación del ingreso de España en la Comunidad Europea fue conducida por el Presidente del Gobierno español, Felipe González. Quien, a cambio de que la Constitución y los partidos políticos de España fueran homologados con los del Mercado Común, aniquiló el porvenir de la siderurgia, la industria naval, las explotaciones agropecuarias, especialmente la ganadería lechera, la industria pesquera, la electrónica y otros sectores que estaban comenzando su desarrollo.

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Este fue el texto original del discurso escrito por Antonio García-Trevijano para pronunciarlo en Bruselas. Como era su costumbre, no lo leería finalmente según estaba redactado, sino que improvisó sobre él, añadiendo nuevos matices, anécdotas y detalles. Aquí tienen el discurso pronunciado en Bruselas junto al economista Roberto Centeno:

Excepciones

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Entre entendidos, la Transición es un relato de dos patas: de la ley a la ley. Pero si al relato le quitan una pata, el templete se vendrá abajo y aplastará a los músicos.
Arcadia, al quedarse sin música, cayó en sediciones y guerras civiles, nos dice Bodino, el Félix Rodríguez de la Fuente de la soberanía y el Estado, para quien la ley, o es general, o no es ley, como aviso a navegantes en la estación de las excepciones.
La ley escrita como conciencia jurídica de la colectividad (muy alta, según Albornoz, entre los españoles, por la dominación romana: cada gallego, se ha dicho, es un abogado).
La generalidad como razón misma de la ley, con lo cual admitir una ley particular sería admitir que no hay Constitución, cuyo sentido es la defensa de uno contra todos. Mas la historia se repite (como farsa) y es la hora de los Saint-Just.
Porque Danton se defendía como un león y no había modo de meterle mano en el banquillo dispuso Saint-Just enviar a la guillotina a quien no respondiera las preguntas como él quería, y sólo así dobló Danton la cerviz. El veinteañero fue lo más inteligente que produjo la Revolución francesa: improvisaba maldades como Lope versos, imponiéndose a un rebaño de cabestros aterrorizados que, después de haber mentido (¡por razones de Estado!) sobre la huida del rey, llamándolo… “rapto”, decidieron cortarle la cabeza (salvo Tom Paine, que se había opuesto a la mentira y ofrecía exiliarlo a Filadelfia). ¿Podían procesar a Luis Capeto? ¿Cómo rey o como ciudadano? Como ciudadano, no: podía salir inocente, y además, según Robespierre, el respeto por las formas significaba ausencia de principios. Y como rey había la pega constitucional del 91, superada por Saint-Just con un argumento de excepcionalidad metafísica que anulaba el pacto: al rey no se le juzgaba, sino que se le castigaba.
– Era necesario que Luis muriese para que la Nación viviese –“razonó” el angelito de la Muerte.
Pero Macron dice ahora que la Nación no existe.

Uno solo, contra la mentira política del consenso

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Antonio García-Trevijano trató de evitar algo horrible que sabía que iba a pasar a la muerte de Franco. Él, aunque era ateo, sabía que la constitución material de España, fundada en gran medida por el cristianismo, podía combatir cualquier constitución formal o situación que fuese contra lo que nosotros somos. Pero sabía también que eso no era suficiente para combatir los engaños de la política.

El consenso es una palabra inaplicable a la política. Significa unanimidad. Pero no solo unanimidad acerca de una decisión, sino unanimidad para condenarte a no pensar, a que todos tracen en sus cabezas y en sus corazones eso que ahora llaman líneas rojas.
Y aunque la palabreja es inaplicable en política porque es una mentira, en la transición lo consiguieron. El acuerdo de unas cuantas personas en que lo que se inauguraba era un sistema democrático y una constitución, se llevó al consentimiento de todos los españoles. Eso hizo que el consenso esté impregnado en todos y en todo. Eso hace que en los discursos de expertos, catedráticos, periodistas y políticos, exista el freno mental para no tocar de verdad los asuntos.
No solo son ellos los que no pueden hablar de verdad sobre cómo combatir la corrupción o por qué los políticos se ocupan de su partido en lugar de hacerlo de sus supuestos representados. Esto sucede también en cualquier conversación en el bar, en la calle o en casa.
Ese fue EL CONSENSO, con mayúsculas.
Hoy se habla de consenso para referirse a cualquier pacto que alcancen más de dos partidos, que como se da por hecho que ellos representan a todos los españoles, se torna en unanimidad nacional.
No. Es EL CONSENSO, la mentira, la negación de lo que somos, lo que hay que romper. Entonces podremos ver que esto de ahora no son más que pactos de trileros que viven de una mentira.
Si recuperamos la conciencia de nuestra constitución material entonces podrá salir de ahí una mera Constitución formal que controle el poder político para que no nos politice ni nos someta.

Apocalipsis

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Estamos aquí pasando las de Caín para componer un gobierno (un pastel de liebre sin liebre) que, teniendo en cuenta la deuda nacional, nunca sería otra cosa que una oficina de intereses alemanes en La Moncloa, y en Alemania el Frankfurter Allgemeine Zeitung, santa Faz del periodismo liberal, sugiere una dictadura mundial (¿comisaria o soberana?) que nos salve del apocalipsis climático, más próximo, al parecer, que el apocalipsis persa, cultura de la que nunca hemos entendido nada, ni siquiera cuando el Sha se planteó reconstruir la Torre de Babel para fomento del turismo.
¿Y quién sería el dictador de tamaño Leviatán? ¿Soros, que tiene algo del rape inmortalizado por Hobbes? El experto en Hobbes es Aguado, el Pou Pou (de Poulidor, eterno segundón) de la Comunidad de Madrid, que no nos desmentirá si contamos que la tremenda metáfora de Hobbes (¡el Leviatán! ¡el Estado!) fue inspirada por el pánico de su madre (se le adelantó el parto) por la amenaza de la Armada Invencible, que al final no llegó por culpa, a falta de Trump, de los elementos. ¡El cambio climático!
Ante el supermonstruo de Hobbes que agita el periodismo alemán, retrocede el monstruo de Horacio (modelo del Frankestein de Mary Shelley) con que el periodismo español (trasnochador y bachiller) pintaba los gobiernos a lo Sánchez de la Segunda Restauración, sólo queridos, decía “El Sol”, por “algunos rentistas, los jugadores de golf, un tercio de los cuartos de banderas y todas las sacristías”…
–España avizora el horizonte político arisca y celosa.
Bueno, lo que uno avizora es apertura de sellos, galope de caballos, trompetas… Del Apocalipsis del odio a Roma (la primera bestia era el imperio romano) al Apocalipsis del odio a Washington, y sobre la nueva Jerusalén celeste, con sede en Cuba, a “la sombra del plátano sonante”, un Dictador Supremo cuya hada (“El Buen Pueblo”), Greta, transformará con su varita la gota fría de Arganda en puro “orbayu” de Careñes.
¿No subimos acaso para abajo?

Votar nulo también es participar legitimando

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De verdad, es que no lo comprendo, no me entra en la cabeza cómo pueden apoyar a personas, por mucho que denuncien la Oligarquía de partidos políticos estatales mientras que éstas promulguen el voto nulo como acción que deslegitima, cuando es absolutamente falso y por tanto genera confusión en los que lo escuchan por vez primera.
Nos tildan a los repúblicos de puristas, de rigurosos, de ortodoxos y por supuesto que lo somos, como el profesor de matemáticas lo es con su asignatura puesto que 2 + 2 y 2 – 2 no dan el mismo resultado, de igual modo que la abstención y el voto nulo producen distintas consecuencias, ya que solamente la abstención deslegitima el régimen de poder actual. Ahora bien, la pregunta es ¿por qué estamos tan seguros de que lo que afirmamos se ciñe a la verdad de los hechos? La respuesta es sencilla: Porque lo afirma, probablemente el mejor pensador político del siglo XX. No es una ocurrencia obstinada en llevar la razón, la importancia radica en señalar la verdad de los hechos y lo hizo Antonio García-Trevijano hace más de cuarenta años, le pese a quién le pese, la hemeroteca está ahí y pueden consultarla y contrastar los hechos.
Antonio García-Trevijano jamás fue un indignado pues dedicó su vida al estudio de lo político y la política, descubrió la Libertad Política Colectiva como Libertad de la que emanan las demás libertades individuales y luchó toda su vida, primero contra la dictadura de Franco y posteriormente contra la Oligarquía de partidos políticos estatales vigente en la actualidad. Fundador de la Junta Democrática y coordinador de la Platajunta, fue difamado y condenado al ostracismo. Están ahí los hechos, los testimonios, los datos, sus videos, su pensamiento, su obra literaria…
Pero no, ahora resulta que en materia política hay personas que consideran que la suma y la resta producen idéntico resultado, ¡NO!, claro que no y si es una estrategia condescendiente hacia las personas que no son capaces de dejar de ir a votar, flaco favor le están haciendo a la lucha por la Libertad Política Colectiva y la apertura de un período de Libertad Constituyente, porque solamente están produciendo confusión y más confusión, hasta el punto de provocar enfrentamientos entre repúblicos. Lo cual no alcanzo a entender el por qué, mientras vivía Don Antonio no se apartaban ni un ápice de su teoría y después todo son otras posibilidades que, lógicamente, son erróneas.
Estoy muy enojado con todo esto y lo manifiesto públicamente aquí. Que si hay que “aunar fuerzas“, que si “tenemos que abrirnos a otras ideas“… A ver si se entiende de una vez, que no existen fórmulas mágicas, que la política y sus acciones son las que son, y cada acción distinta produce una consecuencia diferente. Muchos que, “abstención pero que gane VOX“, otros que no, que “votar nulo deslegitima también“, otros que “PODEMOS es la única esperanza para ‘estepaís’“, otros que “si no votas gana la derecha“, otros que al revés, que “si no votas ganan los comunistas“, otros que “si no votas no tienes derecho a quejarte“…
Todo opiniones, miedo, falsas y vanas esperanzas, todo impregnado de socialdemocracia, la nada y mientras tanto corrupción moral y económica, abocados al desastre social y económico. Son las reglas de juego las que hay que cambiar, y la alternativa no es la Dictadura, sino la Democracia Formal. Y aunque muchos estén de acuerdo en ésto, votando nulo no lo van a a conseguir, puesto que lo repito otra vez y las veces que hagan falta, solamente la ABSTENCIÓN deslegitima y aunque no es concluyente para derribar al régimen de poder español, es el primer paso indispensable para conseguirlo y no voy a entrar en la explicación de lo que es la auctoritas y la potestas. Las personas que tienen a bien leer mis escritos, ya lo conocen y las que todavía no, les invito a un acto de responsabilidad y lo estudien, como hice yo en su momento y continuo haciéndolo.

Comunicado de la nueva Junta Directiva

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El anterior Directivo general, D. Miguel Gómez, ha publicado en DiarioRC y otros sitios web y redes sociales del MCRC un comunicado de carácter insidioso, atribuyendolo a D. Miguel Latorre, actual Secretario del MCRC.
D. Miguel Gómez mantiene secuestradas los sitios web y redes del MCRC, lo que ha aprovechado para publicar el citado comunicado insidioso, por lo que ha sido requerido por esta Junta para que entregue dichas herramientas digitales oficiales del MCRC inmediatamente.
Asimismo, esta Junta Directiva ha conminado al actual Secretario, Sr. Latorre, para que publique un comunicado aclaratorio de estos extremos.
Junta Directiva del MCRC

Remainers

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El “remainer”, como llaman los ingleses al partidario de quedarse como está, viene a ser un reaccionario con encanto que ve en el Brexit otra guerra de la Vendée y para evitarla lleva tres años tirando piedras al referéndum que perdió. Mas no es un looser; es un… “remainer”. O sea, un… “quedacionista”.
Si hablamos de mentalidades (la gran aportación del francés Lefebvre a la historiografía), el “remainer” inglés se quedó en Cromwell y su dictadura parlamentaria y el “remainer” español se ha quedado en Franco, que fue una dictadura… “paliada por el incumplimiento” (matiz de Gabriel Maura).
Leer a nuestros jóvenes “remainers” es oír a Franco en el discurso navideño… del 59:
–Cada día se acusa con mayor claridad en el mundo la ineficacia y el contrasentido de la democracia inorgánica formalista, que engendra en sus mismas entrañas una permanente guerra fría dentro del propio país…
La democracia representativa (donde lo es, EEUU, que dio con ella huyendo del parlamentarismo inglés), en efecto, divide: divide el poder y lo separa (“que un poder se enfrente al poder y el ciudadano dormirá tranquilo”) y divide la sociedad en mayoría y minoría, protegida ésta por una Constitución escrita (defensa de uno contra todos), por encima de la ley (defensa de todos contra uno).
El “remainer” autóctono cree, como Franco, que un referéndum sólo se convoca para ganarlo, y desde luego no sobre cosas importantes que las gentes que no han leído a Peterson, a Pinker o a Lilla no entienden. Su hombre es Suárez, que se negó al referéndum monarquía-república (“porque estaba perdido”) y que a toro pasado reformó, por encima de la Constitución, una ley orgánica para ganar el de Andalucía, que había volado (Jaén y Almería).
En realidad no nos hemos movido de la “democracia gobernada” (Madariaga), ¡la que no divide!, descrita por Los del Río cuando la Constitución-UE:
–Si la apoyan los políticos, nosotros por qué vamos a decir no, si no la hemos leído.
Y tampoco a La Boétie.

El abstruso democrático y el parlamentarismo

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La reciente polémica desatada al hilo de la medida solicitada por el Primer Ministro británico, Boris Johnson, decidido a respetar lo aprobado plebiscitariamente por la mayoría popular al respecto del “brexit”, es lo que motiva mi decisión de redactar el presente artículo. Convertida por la propaganda del régimen en España en una suerte de despotismo tiránico y casi un golpe de Estado, la realidad dista mucho de ser de ese modo. Debo manifestar, antes de continuar con su desarrollo, que la intención que existe en estas líneas es la de actuar en favor de la claridad y la comprensión de algo, aunque fuese parcialmente, que en absoluto supone ninguna quiebra intolerable dentro del sistema parlamentario británico.
A modo de preliminar debo indicar también, que la lectura atenta del artículo Suspensión del Parlamento inglés y mutación antidemocrática del régimen parlamentario de Javier Castro-Villacañas, cuyo título ya hace presagiar la confusión contenida en él, me servirá como base para exponer mis consideraciones posteriores, y que espero puedan servir para aclarar de una vez por todas, la serie de equívocos que se esconden siempre en los términos “democrático” o “antidemocrático”, tan frecuentes en todos los análisis políticos.
 
El aspecto clave a considerar para comprender la tradición y orígenes del parlamentarismo que fue creado por los británicos, lo podemos encontrar principalmente en la obra “Dos ensayos sobre el gobierno civil” de John Locke. Fue publicada anónimamente poco después de la decapitación del rey Carlos I de Inglaterra, y nos permite observar el supuesto de la soberanía legislativa que en ella existe.
“Aunque en una república bien constituida, hincada sobre su propia base y obrando según su naturaleza, esto es, empleada en la preservación de la comunidad, no haya sino un poder supremo que es el legislativo, al que todos los demás están y deben estar subordinados, con todo, siendo el legislativo, por modo único, poder fiduciario para la consecución de ciertos fines, permanece todavía en pleno el poder supremo de remover o alterar el legislativo, cuando descubriere funcionar éste contrariamente a la confianza en él depositada. Porque hallándose todo poder, confiado en vista de un fin, por él limitado, siempre que el final objeto fuere manifiestamente descuidado resistido, la confianza vendrá necesariamente a ser objeto de extinción legal, y el poder devuelto, a las manos que lo dieran y que de nuevo podrán ponerlo en las que entendieran más aptas para su sosiego y seguridad.“ (extracto del capítulo XIII del ensayo de Locke sobre el gobierno civil)
Esta preeminencia del poder soberano parlamentario es esencial para poder comprender la audaz acción del poder ejecutivo británico, que surge de esa misma cámara (House of commons, o “casa de los comunes”) cuando acude de forma legítima al poder residual de la Corona británica, para aconsejar la prorrogación (“proroguing” es el término inglés) de la actividad legislativa. Es decir, es una prerrogativa que tiene el Primer Ministro y del mismo modo, de la propia Reina dar su consentimiento a lo aconsejado. Y puesto que la forma de gobierno en el Reino Unido no es la democracia, ya que no existe allí una radical separación de los poderes manteniendo la misma legitimidad común, no puede ser aplicable, más que para aportar confusión, el término “antidemocrático” a las acciones de su gobierno. Incluso en el caso de supusiesen una novedad reformista, cosa que no sucede con el asunto tratado, tampoco podría utilizarse ese término, que convierte en atributo o cualidad lo que es únicamente normativo en el control del poder y sus reglas.
 
A diferencia de las Cortes medievales del Reino de León, cuya formación es de tipo estamental y que fue creada, no con un propósito de representación política sino meramente representativo, no para limitar el poder político del rey Alfonso VII, sino para regular el gasto de la Corona, la causa del parlamentarismo se encuentra en el desarrollo de un gobierno civil, en donde se deposita la soberanía. Es ahí, a través de esa observación de lo que realmente motiva la conocida como revolución Gloriosa, donde se puede comprender lo que no es una teoría del Estado de John Locke, sino una constitución del gobierno de origen civil. Conviene considerar además, que el término “gobierno” es mejor comprendido y tiene sustantiva tradición en la lengua sajona, que carece de la distinción entre los verbos “ser” y “estar”, y que dificultan una teoría del Estado en la forma concebida por el término acuñado por los críticos de Maquiavelo. 
Por este motivo, si bien la parcial representación de las ciudades se encuentra presente como estamento en las Cortes de León y podría considerarse como una limitación en lo económico al poder de la Corona, es sin duda equivocado, o al menos bastante osado, tratar de ver en ellas el origen del parlamentarismo; máxime cuando no existe ahí ninguna de las consideraciones presentes en la obra de Locke y cuya primera parte va dirigida exclusivamente a cuestionar el derecho divino de los reyes, para después trasladar su soberanía real a una forma espiritual en un parlamento.
Considerar el sistema parlamentario británico, cuyas causas jamás han estado presentes en ningún lugar de Europa, más que de forma alegórica o espiritual, en relación a la forma política de gobierno actual o del pasado en España, es sin duda un error. Y lo es porque incluso tomando en cuenta esa naturaleza espiritual que estuvo presente en la II República española, no se asemeja a los regímenes políticos presentes en la actualidad y cuya soberanía reside en las jefaturas de partidos estatales y no en los Congresos de sus diputados. Se puede considerar no obstante que, en cierta medida, y a diferencia del Estado de partidos actual, la última República española fue de inspiración parlamentaria, aunque en la práctica, las elecciones plurinominales que se realizaban, eliminaban la representación política presente en un verdadero sistema parlamentario.
Es comprensible, desde luego, lo tentador que ha sido siempre para la tradición reformista liberal, el tomar aspectos y semejanzas que existen más en lo cosmético que en lo formal, para tratar de acomodarlas en forma de sugerencias legislativas, que vayan dirigidas hacia el poder establecido. Pero eso no debe de llevar hasta el punto de caer en el equívoco de considerar ninguna metamorfosis de las cosas inexistentes. Puesto que no hay sistemas parlamentarios en Europa, no se puede producir su mutación (y cabe recordar aquí los temores a cambios imposibles en cosas inexistentes, al que hice referencia en este artículo)
 
La pretensión de hacer extensivo el temor de la tradición liberal, fundada por Locke, a la tiranía del gobierno ejecutivo, no debería conducir al error de tratar de aplicarlo a formas políticas diferentes, como lo son las europeas actuales, cuyo fundamento es radicalmente distinto y contrario además a la representación política. La misma representación espiritual que promueve la propaganda para ocultar lo que no es sino integración de masas en el Estado, causa la visión onírica de parlamentos que no son tales. No es más que el espejismo parlamentario provocado por unas trémulas y vaporosas emanaciones populares, a las que se considera representadas por la gracia concedida desde el Estado.
Y en torno a estas cuestiones alegóricas, es comprensible que una personalidad decisiva en el fracaso de la revolución francesa como lo fue Jean-Jacques Rousseau, hiciese referencia a la falta de libertad, concebida por él como poeta, de los británicos. Si el sueño de Rousseau consideraba imposible la representación política de un pueblo siempre presente, es normal que sus reflexiones contractualistas de la sociedad lo llevasen a infravalorar la representación parlamentaria.
Por otra parte, y para concluir esta somera exposición explicativa, en contra de lo afirmado en el artículo al que hacía referencia al comienzo de este texto, es cronológicamente anterior la existencia de la monarquía parlamentaria británica, que la Constitucional que existió brevemente en Francia hasta la huida del rey a Varennes en 1791. No cabe por lo tanto la observación del constitucionalismo como antecedente en la forma parlamentaria de gobierno, ya que, por otro lado, no es sino hasta la teoría constitucional de Carl Schmitt cuando se observa en su dimensión cientifico-jurídica.
 
Y ahora corran… corran todos a votar!

No votes, ahora es el momento

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El régimen político vigente en España, oligarquía de partidos, no cumple los requisitos mínimos para que sea considerado un sistema democrático.
Los poderes políticos, ejecutivo y legislativo, no están separados, ya que no existen unas elecciones separadas para elegirlos. El poder legislativo no está formado por representantes de los electores. Además, la justicia no es independiente.
Para cumplir con los requisitos de la democracia, sería necesaria una nueva constitución. Para hacerlo, la actual debe ser deslegitimada, debiéndose abrir un nuevo período constituyente.
Como defendía Antonio García-Trevijano, la deslegitimación de la actual constitución debe venir a través de las urnas. Una abstención elevada provocaría, en última instancia, un cambio político que traería la democracia a España.
Estos son los porcentajes de participación en las elecciones generales desde 1977:

De esta serie de datos, y tras la lectura del ensayo La abstención electoral en España: certezas e interrogantes de Joan Font Fabregas, se pueden extraer diversas conclusiones, teniendo en cuenta que deducir por qué hay una mayor o menor participación no es una ciencia exacta.
En primer lugar, podemos observar que el nivel de abstención varía considerablemente de unas elecciones a otras. La participación más alta fue en 1982 con un 79,97% y la más baja en el año 1979 con un 68,04%.
El nivel de participación depende, entre otras cosas, de la percepción que tiene el votante sobre la importancia de las votaciones de que se trate. Así, el nivel más alto de abstención en unas elecciones en España se dio en las elecciones europeas de 1989 con un porcentaje de 45,2 %. Probablemente muchos ciudadanos consideraron que votar o no votar carecía de relevancia.
En las elecciones donde las previsiones de voto a los partidos están más igualadas y, por tanto, hay más posibilidades de que cambie el partido en el poder, se da una mayor participación. Así ocurrió en las recientes elecciones de 2019, con una participación del 75,7%, donde no había un claro favorito y sí bastante incertidumbre.
Las elecciones de 1982 y de 2004 fueron dos de las elecciones con un nivel más alto de participación, debido al golpe de Estado del 23F y a los atentados del 11M .
En 2016 se dio una participación relativamente baja, 66,48 %, debido probablemente a la proximidad de las elecciones anteriores del 2015. También hubo una participación baja en el año 2000 ante las expectativas claras de una victoria del PP.
El efecto de hartazgo de los españoles con los partidos tradicionales, tras la crisis económica con gobiernos del PP y del PSOE, que podría haber significado una mayor abstención, probablemente se vio compensado con la aparición de nuevos partidos como Ciudadanos, Podemos y, más recientemente, Vox.
Teniendo en cuenta estas reflexiones, hay que apuntar que existe actualmente la posibilidad de que las cúpulas de los partidos españoles no lleguen a acuerdos de gobierno y que, por tanto, se tengan que volver a celebrar elecciones generales.
De ser así, estas podrían tener una muy baja participación. En primer lugar, habría una sensación de hartazgo por tener que votar de nuevo en muy poco tiempo por el hecho de que los partidos políticos, por intereses propios, no hubieran alcanzado un acuerdo.
Además, los resultados podrían ser muy similares a las últimas elecciones, lo que haría que la “importancia” de ir a votar disminuyera. También se podría haber difuminado el efecto de los “nuevos partidos” que en el pasado probablemente fomentaron la participación.
En definitiva, cualquiera que quiera fomentar la abstención tendría su momento en estas posibles próximas elecciones.
Francisco Bustos

Construyendo la imbecilidad II

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Del mismo modo en que el maestro de la pintura al óleo se ve dificultado en su labor artística sin su tiento, está impedido el imbécil por carecer del báculo de la inteligencia. Es por eso que la imbecilidad es un concepto que no debe de ser tratado con frivolidad o a la ligera, de forma vulgar, y hay que observar cuidadosamente en ella las virtudes que la hicieron merecedora de elogios, por parte de grandes humanistas como Erasmo de Rotterdam, en los preliminares del Renacimiento.
Los proyectos y conceptos más propiamente imbéciles, requieren de gran pasión y dedicación para ser elaborados. Es así, a la manera en que el pintor aplica su oficio con cuidadosas pinceladas atendiendo minuciosamente a la dinámica, cómo actúa también la persona que elabora una estupidez. Carece, sin embargo, del talento del artista que trasciende al simple artesano, y que lo lleva a retirarse y distanciarse espacial y temporalmente, de forma periódica y frecuente, para observar y contemplar detenidamente su propia obra. Las reglas del oficio artesanal, adquiridas con el hábito, pueden llegar a ser transgredidas debido a la pasión verdaderamente innovadora y propia del maestro, al alejarse de ellas para observar cómo el todo va superando y formando finalmente las partes. Este es, sin duda, el aspecto del que adolece el imbécil como el caminante sin bastón.
El pensamiento del sandio, el que produce una sandez, actúa fijando de forma continua su intención y voluntad en la lógica que conecta cada cosa, a semejanza del artista que va hilando y aplicando el color en cada pincelada. Así es como, de forma minuciosa, todo posee una ligazón, una continuidad, igual que existe una contigüidad en las pinceladas sobre el lienzo cuando las realiza un maestro en el oficio. Esto dota de una coherencia lógica que engaña incluso a la inteligencia, cuando se percibe una racionalidad en lo que quiera que sea proyectado como imbecilidad. 
Bien es cierto que en eso, e igual que sucede con cualquier otro concepto, se podría argüir que existen diferentes grados y variaciones, y que por lo tanto permiten que se puedan realizar distinciones analíticas, en función de la mayor o menor grosería, del resultado que fue antes proyectado.
 
La imbecilidad en la política, lleva a incorporar un concepto eclesial y medieval, el del consenso, a la categoría de virtud fundamental garante de un régimen de poder. En la sinarquía del Estado de partidos no queda ya siquiera la independencia individual, que caracterizó a las antiguas oligarquías a través del liberum veto, sino que la elevación o culminación moral que existe toda práctica política, se hace desaparecer con el consenso, destruyendo así la polémica que forja las costumbres. Esto es lo que produce que en España sea como si hubiese política, cuando lo que existen son medidas burocráticas que resultan de la actividad comercial del reparto. Con lo cual, es normal que la mayoría de las personas hayan llegado a creer, de forma equivocada, que la economía está sobre el poder político.
Es la intensidad laboriosa de la propaganda continuada, el enaltecimiento y exacerbación del juicio de valor a las personas, lo que impide el grado de abstracción necesaria para contemplar, con una distancia desapasionada, la obra infame y perversa, la totalidad de la aberración monstruosa contra la propia nación, que supone el pacto de transición española hacia el consenso.
 
Y ahora corran, corran todos a votar!

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