Al amigo catalán

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Luis Daniel La Rosa Garcia

Querido amigo, siento lo que está pasando en Cataluña, incluso más que tú. No por lo sentimental (allí tienes tu familia) sino por lo que agrede a la convivencia nacional, a la idea de unidad, imprescindible para avanzar, para mejorar,  para hacer de España una nación poderosa y orgullosa de sí misma en la que vivan nuestros hijos.

Lo siento por el malestar que está provocando en mi ánimo la brutal bofetada que siente mi ser a causa del desprecio y odio atroz que derrocha el nacionalismo (estatalismo catalán, si no abusamos del lenguaje) hacia todo lo que yo soy, español.

Lo siento por la constante burla que aliñan con esa mala pose que imita la <<flema británica>>, y que  exhiben con cinismo sus cabecillas durante las medidas actuaciones públicas que colman la paciencia de toda persona de buena fe que las oye.

Espero con ansiedad a la mayoría silenciosa, en el día en que despierte y dispute las calles al independentismo. Y espero y deseo no desear que ese día lo haga con la contundencia que el hartazgo de la sinrazón provoca en el corazón de  quien la soporta demasiado tiempo.

Espero que encarcelen pronto a los culpables de sedición que entran y salen de la Generalidad catalana, de los ayuntamientos catalanes y de cualquier órgano de poder y de gestión catalán.

Espero que apliquen pronto el artículo 155 de la <<Constitución>>, esa carta otorgada que tenemos, pero que al fin y al la postre es la ley que el gobierno puede esgrimir para liquidar de la cosa pública a los delincuentes que dirigen los designios de esta calamidad.

Espero que las autoridades desalojen las calles de sediciosos. Que, cueste los meses que cueste, Cataluña vuelva a la normalidad.

Espero que el gobierno de la nación controle durante los años que sea necesario todo órgano de adoctrinamiento y de propaganda en Cataluña, y que así desarticule su infame labor.

Espero que se actúe pronto y de verdad, que en algunos años el clamor sea sólo un rumor inapreciable. Y no sólo lo espero, resulta imprescindible que sea así, que todo esto ocurra. De lo contrario, en no mucho tiempo, cuarenta millones de españoles odiaremos al resto tanto o más que a nosotros nos  odia la mitad de ese resto. Si las autoridades responsables de llevar a cabo la puesta en marcha de los mecanismos que den satisfacción a mis esperanzas (cumpliendo con su obligación, no más) no ponen coto a la BARBARIDAD que ha prendido el Gobierno Catalán al lanzar su órdago sin farol, además de que la Historia los retratará como traidores, la semilla de la cizaña brotará hasta arrasar la hasta ahora  bella Cataluña. La responsabilidad no lo quiera, aunque no la veo en ningún político, y lo peor es que ni la saben en qué pliegue de su carácter la pueden encontrar, se olvidaron de ella hace tiempo. Tanto se afanaron en medrar.

Que la valentía de algún español con autoridad moral y carácter suficiente ponga en marcha el cortocircuito del <<Proceso Catalán>> por el bien de todos los españoles y para mal de los sediciosos que reniegan de su españolidad – cualidad que aún tienen  pues no es sentimiento – a los que obviamente les deseo la peor suerte en este asunto. Para que alguien gane al mus otro pierde, y yo no quiero perder.