La democracia, la verdad, la religión y la comunión

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Retrato del Papa Inocencio X. Velazquez. 1650
Retrato del Papa Inocencio X. Velazquez. 1650

Para legitimar un régimen de corrupción, traiciones, indolencia y cobardía, se ha conseguido hacer religión con la política. Se ha tratado de sustituir el legado del cristianismo por otro que a juicio de los políticos al uso, resultara progresista, moderno y adaptado a los nuevos tiempos, para que   legitimara la potestas, el poder del político. Quizás no repararon en que el cristianismo, como cualquier religión, es el vehículo donde se nos ha transmitido los valores occidentales, los principios y la moral.  Tras el ataque al legado del cristianismo, se encontraron un vacío que había que llenar de inmediato, entre otras razones para adquirir la autorictas, que legitime su poder, su potestas.

De este modo se está realizando un sincretismo entre la religión y la política: La Soberanía Popular, un concepto político abstracto, solo aprehensible por Dios, fue  inventado por Rouseau y desechado por él mismo, por inaplicable en la práctica,  cuando trazó el borrador de la Constitución de Polonia.

Los demagogos entre los que se encuentran los redactores de nuestra Constitución, sustituyeron el concepto católico del  Cuerpo Místico de Cristo por el político de Soberanía Popular, ambos son sinónimos, si es que lo inaprehensible goza de esa cualidad. Los valores ancestrales occidentales, han sido sustituidos por “los valores democráticos” estableciendo el criterio absurdo de que la democracia es una fuente de valores y no un fruto de ellos. El resultado de las votaciones es la fuente de verdad y sabiduría que sustituye a la Revelación. El Libro Sagrado religioso, es sustituido por la Constitución, como fuente de verdad irrefutable. Las oraciones cristianas por los más necesitados, son sustituidas por los votos piadosos a los más progresistas. Los sermones dominicales, han sido sustituidas por los discursos políticos. La concepción religiosa del  mal ha sido sustituida por lo “antidemocrático.”  Los sacerdotes católicos, por los portavoces parlamentarios. Los Papas, cuando hablan ex-cáthedra como supremos pastores y maestros infalibles, han sido sustituidos por los Jefes de partidos políticos en rueda de prensa. Las parroquias han sido sustituidas por los partidos. La Fiesta de la Democracia con la “obligación” del voto, sustituye a la Pascua Florida y la obligación de comulgar al menos durante su celebración. Las hojas parroquiales sustituyen a los medios de prensa afines a los partidos, y en fin, la Santa Madre Iglesia que a todos abraza, conforta a los desconsolados y protege a los más necesitados, ha sido sustituida por el Estado, que a todos esquilma, conforta a los partidos y protege especialmente a políticos, amigos, familiares y empresas afines.

Cuando observe a un político establecer lo que está bien y lo que está mal, sustituyendo al cura, cuando en vez de centrarse en lo político, se centre en lo moral, cuando emplee términos místicos en vez de criterios políticos, no lo dude: está usted ante un demagogo. Aunque no lo perciba (y esto es lo grave), su cerebro está siendo envenenado por conceptos bastardos que le impedirán pensar a medio plazo. Los demagogos hacen la labor de la vieja  Ate, que confunde a los hombres. Sepa usted que los dioses confunden a quienes quieren perder. Si está usted envenenado, es  ya un caso perdido. Haría usted bien en acudir a la sede del partido con el que simpatiza,  pedir confesión primero  y comunión después, a ver si le suministran con energía, gallardía, gracia y denuedo una hostia bien suministrada, y ya con ella puesta, se le despejan a usted las meninges durante un breve lapsus, hasta que se deje envenenar de nuevo. Aproveche el lapsus. Si no ve a Dios, puede que se vea a sí mismo.

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