De la corrupción actual y su imposibilidad en la democracia

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CARLOS VILLAESCUSA

La causa u origen de la corrupción no es una escasez de jueces ni fiscales, o la falta de medios a su disposición para que la combatan. Es lo que se pide equivocadamente “más medios para acabar con la corrupción”, esto es, más gato público. Sin embargo, en el origen de la corrupción está el fracaso del Estado que al ser corrupto cobran importancia los jueces y fiscales, no para acabar con la corrupción sino para encarcelar un porcentaje ínfimo de los agentes de la corrupción.

Entre todos los grandes hombres del pensamiento político quien más se ha ocupado de combatir en el origen el problema de la corrupción es Montesquieu. Según él, el poder jamás se detiene por sí mismo, sólo si otro poder lo frena si otro poder de la misma potencia lo detiene. Si no hay otro poder enfrentado no hay límite a los abusos de poder. La corrupción es el ejemplo por antonomasia de abuso de poder. No hay corrupción si no hay abuso de poder.

Como se acaba la corrupción no es aumentando el número de jueces ni modificando las leyes de la contratación pública, como creen muchísimos, “poniéndoles unas condiciones muy duras”, asegurando la competencia, etc. Eso no es nada, atacar asuntos nimios dejando los importantes. Y lo esencial es que mientras un poder no esté controlado por otro poder, que a su vez está controlado por el mismo poder a quien él controla, y garantizado de forma constitucional, existirá corrupción.

El poder supremo es el del Estado el cual no está controlado, el bloque de los partidos mayoritarios. Pero ellos controlan la corrupción. La prensa es cómplice. El abuso de poder, se manifiesta en lo que en Derecho civil se denomina enriquecimiento sin causa. El porcentaje de encarcelamiento para ese delito es muy pequeño en relación al robo institucional masivo. La corrupción es congénita a la naturaleza humana. El individuo es egoísta y si tiene poder lo impone y corrompe a con quien trate, especialmente, con dinero. Entonces, el tema de la corrupción no depende de los fiscales ni de los jueces.

La corrupción depende de que el poder esté controlado. Y si los que lo controlan también se corrompen, ¿quién controla al controlador si el egoísmo es igual en todos?

Además de la abstención política, la abstención fiscal es un medio de autodefensa legítimo en un pueblo que soporta impuestos tan grandes como los del mundo occidental. En el caso político el sistema electoral proporcional o de listas impide la libertad del ciudadano, porque jamás va a representar al que vota: en el sistema español las listas de partidos -hechas por los jefes de partido- son las que nombran a los diputados que a su vez obedecen a sus partidos, no al que las ha votado. No tienen derecho ninguno, por eso la abstención fiscal o económica se une a la abstención política para defender la libertad y los derechos individuales contra el abuso de poder que implica todos los tipos de corrupción. Está justificado porque los impuestos no están siendo correctamente utilizados, no hay democracia. Y porque en una oligarquía bancaria y de unos pocos partidos que tienen la soberanía política está justificada la abstención fiscal. Pero el pueblo carece de conciencia, de humanidad y moralidad para soportar unas consecuencias tan grandes de una abstención fiscal y en ningún pueblo actual se tiene la ocurrencia.

En la separación de poderes, un poder legislativo ha de ser distinto en origen, no sólo en ejercicio: no hay otra forma que un sistema electoral directo para elegir al jefe del Estado. La constitución democrática no la define la libertad, eso lo define el liberalismo. Éste en Inglaterra está menos corrupto que en la Europa continental porque está muy arraigado el parlamentarismo de gabinete desde 1707. Pero no hay separación de poderes. La corrupción se combate primero haciendo que el poder ejecutivo y el legislativo estén separados, mecanismo inventado por Montesquieu y que se odien. No hay peligro alguno de que por eso un país sea ingobernable. Todo lo contrario.

La nación está en el parlamento (legislativo), mientras el ejecutivo está en el Estado: para que haya separación de Estado y nación, tiene que haber separación de gobierno y parlamento. Y cuando hay esa separación “las ambiciones entre los poderosos tienen que ser tan inconciliables que el ciudadano duerme tranquilo, porque el odio entre el ejecutivo y el legislativo es el que vigila al ciudadano”.

La ambición de poder no cede ante nada, y el gobernante no cede ante nada, la ambición es ilimitada. Las ambiciones de legislar y ejecutar hace que choquen. Finalmente, dándole la facultad al jefe del Estado – presidente de gobierno- de que pueda disolver el parlamento (las cortes) sin dar explicaciones, con la firma un decreto que diga “queda resuelta la actual legislatura”. Y se convoca de nuevo elecciones. Es el pueblo entonces el único que puede dirimir las disensiones entre la clase política, sus honores, privilegios y excesos.

Un sistema constitucional es un equilibrio de hombres y mujeres potencialmente corruptos. Cuanto más se odien mejor para que no haya bloque de gobierno. Cuando se habla de bloque de gobierno, consenso, es que no hay democracia. Todo aquel que aspira en mandar sobre los demás es sospechoso de maldad. Hagamos reglas que impidan que se aprovechen de sus cargos. Es la Constitución la que tiene que impedir la corrupción no los fiscales con más dinero y medios.

Que los partidos obtengan más presupuesto financiado por el Estado no significa que se acabe con la corrupción: los partidos que roban ya tienen una financiación fastuosa.

Para que exista ciencia política tiene que haber un rigor tan inexorable como el matemático o físico de la mecánica respecto de dos o tres reglas, la primera, la separación de poderes.

La corrupción se evita con una constitución adecuada que separe los poderes. Y para los casos individuales, para eso están los jueces y los fiscales. Pero es la corrupción del Estado la más peligrosa, pues como dijo el renacentista Francis Bacon del indulto, “es peor que el crimen”, porque no se trata de evitar el sufrimiento a una persona, el indulto lanza a una multitud contra la sociedad, cada indulto es un premio al delito, un acicate muy grande para la corrupción, porque lo van a indultar. De la misma manera que un indulto es más grave que un crimen personal, la corrupción es más grave de partidos que de personas, porque la de partidos es la licencia para robar, engañar. ¿Que le dan a un partido el dinero para financiarse? Como cualquier dictadura. Y encima los diputados los nombran las cabezas de las listas de partido, seleccionados y elegidos por el jefe de partido. ¿Bajo qué condiciones? El sistema es tal que el jefe de partido que hace las listas manda en cada uno de los diputados que salgan con el nombre de su partido, le ordena que en premio y agradecimiento de haberle hecho diputado, le vote para presidente del gobierno: quien elige los diputados son los jefes de partido, que lo hacen con la condición de que luego el diputado nombre al jefe de su partido para que sea presidente del gobierno.

Sin embargo, hoy la democracia puede ser representativa a diferencia de la directa o asamblearia griega. Es imposible que sea de otra forma con tanta población para concurrir a hacer las leyes. Son los representantes del pueblo los agentes parlamentarios. Pero si el pueblo elige al jefe del gobierno, ha de estar legitimado con separación de poderes y sin estar financiado por el Estado.

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Carlos Villaescusa es profesor sustituto de Economía Financiera en la Universidad de Almería. Es autor del artículo “Autroliberalismo en Ibn Jaldún” en la revista Procesos de Mercado. Es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales; cuenta con máster en Economía de la Escuela Austríaca y Doctorando en Economía Escuela Austríaca por la Universidad Rey Juan Carlos, España.

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Pedro M. González

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Sr,Villaescusa…. muchas gracias