Ejecución Penal y Separación de Poderes

1

PEDRO M. GONZÁLEZ

El ejercicio de la función jurisdiccional no solo consiste en juzgar, también en hacer cumplir lo juzgado. Así lo proclama el Artículo 2 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.  Es en esta fase final de la labor de impartir justicia, menos visible y por eso alejada muchas veces del análisis de la ausencia de separación de poderes, donde más sencillamente podemos apreciar la ausencia de independencia judicial. En el orden civil tras la última Ley de Enjuiciamiento se organizaron las subastas on line a través de la página web del Ministerio de Justicia, que es poder ejecutivo, precisando los términos, condiciones y requisitos de concurrencia a las mismas. Sin embargo es particularmente llamativa la administrativización instituida legalmente de la ejecución de sentencias penales. En España la ejecución de las penas privativas de libertad, es decir las más agresivas, se encuentra atribuida a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y a sus equivalentes autonómicas en aquellas comunidades en que la competencia se encuentra transferida.

El tratamiento, clasificación y régimen penitenciario constituyen el núcleo de la ejecución de las penas privativas de libertad y de su contenido depende que una Sentencia de condena a penas de prisión se cumpla con mayor o menor rigor tanto en el tiempo de cumplimiento como en las condiciones personales del penado. Y corresponde su titularidad a estos órganos cuya dirección, actuación, organización y presupuesto son competencia del poder ejecutivo. Los permisos, visitas, actividades, la asignación de trabajos… conforman aspectos esenciales de la ejecución de la pena que solo quedan a la consideración judicial por la queja del interno como control ex post de las decisiones adoptadas por las Juntas de Tratamiento con asesoramiento de sus equipos técnicos, en los que precisamente por tal carácter especializado descansan generalmente las resoluciones revisorias del Juez de Vigilancia Penitenciaria.

Una efectiva separación de poderes con una Justicia independiente pasa necesariamente por la atribución al Consejo de Justicia de las competencias en materia de prisiones, tratamiento penitenciario y en general a todo lo referido a la ejecución de la pena sustrayéndose así de Interior y de las Consejerías Autonómicas. La dirección de las prisiones estaría encargada a jueces de ejecución penales que se ocuparían de la clasificación inicial, progresión y tratamiento asistidos por forenses y peritos de la administración de Justicia que los auxilien, sometiéndose sus decisiones en grado de recurso devolutivo a las Audiencias Provinciales respectivas.

Creative Commons License

Este trabajo de Pedro M. González está protegido bajo licencia Atribución Creative Commons-NonCommercial-NoDerivs 4.0 Internacional Los permisos mas allá del ámbito de esta licencia pueden estar disponibles en https://www.diariorc.com/aviso-legal/

1
Dejar una respuesta

Por favor regístrese o Conecta para comentar
1 Hilos de comentarios
0 Respuestas a hilos
0 Seguidores
 
Comentario con mas reacciones
Hilo mas comentado
1 Autores de comentarios
Ricardo García Nieto Comentaristas mas recientes
  Suscripción  
mas nuevo mas antiguo mas votado
Notificar de
Ricardo García Nieto

Cuando el prefecto de Judea se quedó a solas con el predicador, se acercó al balcón y dijo: -Quieren tu muerte. Y la quieren ya. La multitud comenzaba a agolparse frente a la fachada del palacio. -Y no lo voy a poder evitar –prosiguió- a no ser que me dejes ayudarte, profeta. -No está en tu mano –respondió-. Ni siquiera en las mías. -¿De quién depende, entonces, tu vida? –gritó-. ¿Es que no lo entiendes? Ni Herodes ni Caifás van a ayudarte. Esas serpientes quieren deshacerte de ti. Y me han tendido una trampa para que sea yo el brazo que te ejecute. -Haz lo que tengas que hacer. El prefecto se asomó al balcón y la multitud calló, sorprendida, como si acabase de ver a un monstruo. Volvió al salón y caminó de un lado a otro, acariciándose el pómulo con la yema de un dedo. -No tengo nada contra ti, profeta, tus manos están limpias de sangre, no has vulnerado ninguna ley romana; sólo eres un miserable y altivo loco –volvió a acariciarse el pómulo-… Es más, tus prédicas absurdas sobre amar al enemigo me hubieran sido útiles en este desierto de hienas rebeldes. Y aún podrían serlo… Sal ahí –señaló el balcón- y retráctate, vociférale a la chusma que no eres el rey de los judíos, sino el de la paz, el amor, qué sé yo, suéltales una de esas frases enigmáticas tuyas que nadie entiende, y diles que te vas de Galilea –se movía con ansiedad, haciendo círculos alrededor del reo, como si describiera una órbita sobre un planeta-. Estoy dispuesto a sacarte de aquí, a darte mi plata para que empieces en otro lugar, a que te escolten mis soldados, a lo que sea con tal de no doblar mi rodilla ante Caifás… Dame tiempo para que mueva mis hilos en el Sanedrín, para que limpie de zelotes las alcantarillas, y vuelve dentro de unos meses con tu doctrina sobre poner la otra mejilla, con tu ejército de enfermos, putas y tullidos. Salvarás tu vida y apaciguaré Judea. -No soy un político –replicó. -¡Lo eres, iluso! –gritó el prefecto-. Lo es tu dios único y tus harapos; lo son mis dioses y mis estandartes. ¡Yo lo soy! ¿Quién te crees que sube los impuestos, quién el que somete a los pueblos, quién el que usa la espada y arroja cuerpos a las mazmorras, quién el… Leer mas »