La Lamentable Historia de los Catalanes

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JOSÉ MARÍA ALONSO

En el Londres de 1714 se podía adquirir por un chelín la publicación „ The Deplorable History of the Catalans” , que da nombre a este artículo, en la que se recogen los motivos, declaraciones y alianzas de los catalanes para con la causa austracista durante la guerra de sucesión española. Algunas palabras ¨amigas¨ pueden confundir al lector español, como es el caso de la voz inglesa ¨deplorable¨ que no tiene el significado peyorativo que la voz española ¨deplorable¨ posee actualmente. Más bien al contrario, lo deplorable es lo que ocurre hoy con el nacionalismo cateto catalán y lo lamentable es que los catalanes y el resto de los españoles tengamos que sufrir en nuestras carnes intelectuales las sandeces de todos los nacionalistas, catalanes y españoles, paletos no solo en el porte y aspecto, sino también en pensamiento, palabra y obra.

Los hechos de existencia registrados por los historiadores hablan por sí mismos: Cataluña jamás quiso ser independiente ni autodeterminarse, ni erigirse en Estado, salvo el experimento de 1934.

Hemos de remontarnos a la muerte del último Rey de la casa de Austria, Carlos II el Hechizado, que al morir sin descendencia deja en su testamento la voluntad de que le suceda a título de Rey de España el nieto de Luis XIV Rey de Francia, el duque de Anjou, que reinará con el nombre de Felipe V, primer monarca de la dinastía de Borbón.

La cuestión es que los catalanes no aceptaban a Felipe V porque sospechaban que no iba a respetar sus fueros, leyes y privilegios, igualándolos a los de Castilla, cosa que efectivamente hizo. De manera que los catalanes, incitados por Inglaterra, decidieron apoyar la causa austracista, pues la creían garante de sus priviliegios, para lo que contaban con los enemigos de Luis XIV, principalmente el emperador Leopoldo de Austria y Guillermo de Orange, quienes se oponían a la alianza francoespañola que dominaría Europa y el comercio con América.

Pero he aquí que en los estertores de la guerra de sucesión española se celebran elecciones en Inglaterra y ganan los ¨tories¨ con Henry St. John, vizconde de Bolingbroke a la cabeza como Secretario de Estado, quien es designado por la Reina Ana de Inglaterra como negociador para los tratados de paz de Utrecht, y es Bolingbroke quien deseoso de alcanzar la paz decide claudicar ante la obstinación de Felipe V y renunciar a que éste se comprometiera a mantener los privilegios catalanes.

Con posterioridad, el embajador en Londres de los Tres Excelentísimos Comunes de Cataluña (la Diputación del General de Cataluña, el Consejo de Ciento de Barcelona y el Brazo Militar de Cataluña), Pablo Ignancio de Dalmases, consigue que la Reina Ana de Inglaterra le reciba a título individual para que ésta le diga que ya ha hecho lo que ha podido por Cataluña. En ningun momento se puede colegir que Cataluña quisiera su independencia de España, sino su pertenencia a España bajo el monarca que respetase sus fueros y privilegios, beneficiándose de esa manera del comercio con América y de cierta independencia institucional integrada como siempre había estado dentro de España. Finalmente En julio de 1714 Bolingbroke también rechazó una última propuesta de Dalmases para que la reina Ana «tome en depósito a Cataluña o por lo menos Barcelona y Mallorca hasta la paz general sin soltarlas a nadie hasta que mediante tratado se adjudiquen y se asegure la observancia de sus privilegios»

Finalmente, los fueros y privilegios catalanes quedan eliminados mediante la aplicación por Felipe V de los decretos de nueva Planta en 1716, y no es hasta el advenimiento de la II República en 1931, huído de España el tataranieto de Felipe V de Borbón, Alfonso XIII de Borbón, que se restituyen parte de los fueros y privilegios a los que históricamente Cataluña tenía y tiene derecho, incardinada dentro de España, para ser nuevamente abolidos por el General borbónico Francisco Franco.

Travestidos los fueros a la muerte del dictador en un constructo aberrante conocido como Autonomía, que afecta además a las demás regiones de España, impidiendo que se desarrollen de manera natural las divisiones comarcales en distritos administrativos y circunscripciones electorales que permitirían avanzar hacia la democracia, Cataluña es víctima hoy de una clase política que no está a la altura de lo que la cultura y la historia catalana merecen. Sólo es posible que a través del conocimiento de su verdadera historia, lo que es la democracia y la libertad política colectiva y con el reconocimiento y respeto de todos los españoles hacia su historia y su cultura, los catalanes se libren de unos políticos que no los representan y que no deberían merecer, y junto al resto de los españoles caminemos juntos hacia la libertad republicana constitucional, garante de nuestros derechos.

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DavyJonesJosé María Alonsoanto33CarlesPaco Bono Sanz Comentaristas mas recientes
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Paco Bono

Magnífico artículo, sí señor.

Carles
Carles

Uno de los mejores análisis históricos que he leído respecto a este asunto. Felicidades.

anto33
anto33

Confundir fueros y privilegios feudales con la autonomía es mezclar churras con merinas.

DavyJones
DavyJones

¡Buenos días! Más allá de los calificativos de “paletos” generalizando a los “nacionalistas”, como si todos fueran una masa uniforme (¿no es esta un simplificación propia del nacionalismo más clásic… digo carca?), sobre la explicación histórica, que es lo que más me interesa, estoy de acuerdo, con matizaciones. Es evidente que la Guerra de Sucesión no fue una guerra de independencia o de secesión, es que esto es lo se conoce como hombre de paja. No hay historiador catalán que sostenga tal cosa. Ni se enseña esto en las escuelas. Se nos atribuye, por cuestiones ideológicas, una falsa argumentación porque es fácil de rebatir y dar así la sensación de que unos manipulamos la historia y los otros no. Y no fue por la independencia no sólo porque la soberanía entonces se movía por otros equilibrios ligados a monarquías y alianzas, sino porque –como diría Sánchez Piñol– un nadador que se está ahogando no aspira a batir el récord de 100 metros libres. Catalunya no necesitaba ganar la guerra, le bastaba con no perderla. Capitular en un momento que tuviera suficiente fuerza como para salvaguardar todo un aparato legistativo, administravo, judicial, fiscal, etc. Porque no olvidemos que por entonces el Principado (y el resto de la Corona de Aragón) mantenía un grado de soberanía muy elevada (más que la que hoy día tiene España respecto a la UE, por ejemplo; ya que España no tiene apenas control sobre la moneda ni está dentro del Consejo del Banco Central Europeo). Volvamos. Lo que en un principio (apostar por el archiduque de Austria) interesaba sobre todo a la burguesía catalana (ya que sus principales clientes comerciales eran ingleses y holandeses), pronto fue vital para las clases populares. Ya que al principio pensaban que daba igual un rey que otro, si se mantenían las instituciones propias. Pero vieron que no sería así. No sólo por la represión de Luis XIV a los catalanes del cedido Rosellón, no tan sólo por las constantes incursiones del ejército francés a territorio catalán, sino también por el despotismo del virrey Velasco. Por no hablar del encarcelamiento de buena parte de la clase dirigente. Sin esto es imposible comprender la resistencia de la clase media y baja –cuando la mayor parte de la nobleza había huido– por ejemplo en el caso paradigmático del sitio de Barcelona durante casi 14 meses. Y es que, por entonces, las leyes catalanas,… Leer mas »

DavyJones
DavyJones

¡Hola!
Como digo, estoy de acuerdo con el grueso del análisis histórico. Con lo que discrepo es con eso de que “los nacionalistas se apropian de esa lucha histórica de los catalanes por mantener su legislación (fueros y privilegios) como excusa de su ansia secesionista”.

No es así, al menos en un sentido generalizado, haber habrá de todo, como en todos sitios. Todos los pueblos recuerdan ciertos momentos de su historia de forma simbólica, incluso con cierto ardor patriótico. Igual que España tiene su fiesta nacional el 12 de octubre y celebró en 1992 el quinto centenario del descubrimiento de América. De la misma forma que el año pasado se hizo toda una serie de actos para conmemorar la Pepa, la CE de 1812. Igual que este año se ha celebrado la toma de Granada. Y así podríamos encontrar muchos otros ejemplos. Los catalanes no somos diferentes y las circunstancias has propiciado que se dé la casualidad del tricentenario de 1714 con el tema independentista actual. Es casi un accidente. En general, no desvirtuamos ni más ni menos la historia que los demás pueblos. Ocurre que cuando no tienes la legitimidad de un Estado detrás a las fiestas nacionales las llaman nacionalistas. Ya no estamos en el s.XIX, el romanticismo que impregnó la historia (no solo la catalana) está más que superado por la historiografía oficial. Al contrario, si algo es propio de la sociedad catalana actual es su propensión a la autoflagelación, no su autocomplacencia ni su mitificación histórica.

En realidad, los independentistas catalanes no están mirando al pasado para justificarse, sino al presente y futuro. En todo caso, no se retrotraen 300 años, sino muchos menos: al agotador y esperpéntico proceso de reforma del Estatut con la puntilla de un TC sin renovar, con varios recusados y alguna silla vacía por defunción. Esto ha pesado mucho más en la balanza que cualquier batallita del pasado, cuyos autores poco tienen hoy que ver con los catalanes actuales más que en la defensa del autogobierno.

En el fondo, como verás, estamos más de acuerdo de lo dan a suponer tantas líneas de texto.

Saludos.