El voto cautivo

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JOSE MARIA ALONSO.

En las partidocracias, se denomina voto cautivo al caudal electoral propio, fijo, estable, con que cuentan los diversos partidos políticos; el voto de sus afiliados y militantes, que van a respaldar a ese partido bajo prácticamente cualquier circunstancia. . La adhesión cuasi-religiosa a un partido, por motivos de situación de clase, de adhesión ideológica o personal a un líder, o por tradición familiar es la situación más frecuente.

Como en España, al contrario de países democráticos como EE.UU, Francia, Suiza o inglaterra, no existe representación del votante a través de una sóla persona que defienda sus intereses en una Asamblea Nacional, parte de la población suele votar en masa a dos, tres o cuatro listas de partidos que saben que tienen asegurado el poder de esa manera, y una vez instalados en él, se olvidan de  sus promesas al votante, no pudiendo ser expulsados de sus escaños.

Por ejemplo, el motivo de situación de clase en virtud del cual gran parte de los españoles votaba a la llamada izquierda política (socialdemocracia tras el abandono del marxismo) ha desaparecido para convertirse en un voto cautivo de tipo clientelar. Fue popular en los años ochenta y noventa el bocata de los mítines del PSOE y los viajes de los jubilados del IMSERSO. De aquello, que parecía inocente, se pasó a las peonadas del PER, o cobrar por votar; y al final se ha trocado en un obsceno baile de conseguidores, con grandes cantidades de dinero en efectivo en bolsas de basura procedentes de comisiones sobre las ayudas que se otorgaban escandalosamente a personas que no tenían derecho a ellas, creándose unas redes de clientelismos en torno al PSOE y la Junta de Andalucía.

La España de la derecha tradicional, no la liberal, sino la franquista, tan estadolátrica y totalitaria como la izquierda, vota a un PP salpicado por diferentes escándalos de sobresueldos en efectivo, cohechos, la trama Gurtel, o por ejemplos tan prosáicos como el de la Alcaldesa de Madrid, que va a peinarse con dos coches oficiales y seis lacayos. Esa pobre derecha del quiero y no puedo a la que se engaña diciendo que el PP son mejores gestores que el PSOE, cuando lo que gestionan ambos son los intereses de la gran oligarquía financiera y empresarial en cuyos consejos de dirección se acaban sentando cuando llega la consabida alternancia con el partido de la oposición.

En tercer lugar encontramos a la izquierda social que pivota en torno a los despojos del PCE con sindicalístas botarates aupados a líderes: unos disfrazados de revolucionarios atracan un supermercado por la mañana en plan Robin Hood para volar en primera clase a Nueva York al día siguiente con el cuello abrigado por un pañuelo palestino, y otros lucen Rolex en la muñeca y a cuya costa la gente ya bromea cambiando el verso de la canción ¨a las barricadas¨ por el más actual ¨a las mariscadas¨.

Todos integrados en el estado y subvencionados con los impuestos de los súbditos. Todos partidos y sindicatos estatales. Todos tragando con la monarquía impuesta por Franco. Todos separados de la sociedad civil, cumplido el sueño fascista de integrar a las masas en el Estado.

Es imperativo no votarles, responsabilícese cada ciudadano de su voto para no ejercer su derecho llegado el día de los comicios. Deslegitímese el Régimen, consígase la democracia formal a través de la libertad política colectiva, libérese el voto de su cautiverio.

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