EN LA CONFEDERACIÓN DE CAJAS DE AHORROS: BMW, VISAS ORO Y COCA

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ILLY NES.

A todo esto, yo había encontrado trabajo con el yerno de José Joaquín Sánchez Dronda, el que fuera presidente de la Confederación de Cajas de Ahorro y director general de Ibercaja. Me codeaba con José María Cuevas, entonces presidente de la CEOE, con el entonces presidente de Confemetal y presidente de Cepsa, Carlos Perez de Bricio… Gente de este tipo. Había encontrado un buen trabajo, tenía mi BMW, un montón de visas oro por cada una de las empresas que yo gestionaba, vivía como un dios. Sin embargo, había descubierto lo que era el amor, lo descubrí junto a Marino en un momento durísimo, con una enfermedad como la leucemia. Lo nuestro no fue un flechazo idílico platónico de Love History… sino saber lo que va a pasar y permanecer a su lado hasta el final.

Tras la muerte de Marino todos sus amigos me arroparon. Su mejor amigo, David, vino a verme. Era hijo del comandante jefe del campo de maniobras de San Gregorio. Vivía a unos metros de nuestra casa y era muy guapo, guapísimo. Por una parte me producía atracción sexual pero por otra lo respetaba muchísimo porque había sido amigo de Marino. Ambos atravesábamos un momento de pérdida, que ambos intentábamos superar dándonos apoyo. Por aquello de ser la pareja de su mejor amigo y el mejor amigo de mi pareja afloró una especie de consuelo mutuo. El caso es que entre tanto apoyo terminamos enrollados.

Marino fue mi primera pareja. Lo pasé muy mal porque no se lo pude contar a nadie más que a sus amigos de 17 ó 18 años. Murió el día del orgullo gay, un veintiocho de junio. Para mí no es una jornada feliz, no es un día de orgullo y celebración. Sin embargo, no me queda más que hacer de tripas corazón porque evidentemente me acuerdo mucho de Marino. Con él descubrí lo que era el amor, que no es sólo follar. Eso forma parte de la relación, que debe ser mucho más que sexo.

Transcurrió un año aproximadamente de esas malas o buenas costumbres adquiridas en Málaga. No voy a juzgarlas porque cada persona es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera y creo que el aspecto sexual es otra necesidad fisiológica más. Y por lo tanto, como comer, respirar o dormir, es necesario. Lo que ocurre es que si comemos con cabeza, nos alimentamos, dormimos, trabajamos racionalmente, el sexo también tiene que ser racional, no animal. Y reconozco que hay cosas que he hecho que hoy no haría.

Ese año me meto en el mundo de la droga hasta arriba, con pasta y como yuppy entró en mi vida como un tornado. Acudía todas las semanas a Barcelona para comprarme cocaína en roca, que después tenía que trabajar en casa con una cuchilla de afeitar para convertirla en mi deseado polvo blanco. Me la metía en los botes de vip vaporub y la llevaba conmigo a todas partes. En las reuniones la sacaba, esnifaba y pasaba completamente desapercibido, mostrando la apariencia de un supuesto resfriado que aliviaba con reiteradas dosis de vip vaporub. Lo primero que hacía por la mañana al despertar era fumarme un cigarro de coca y esnifarme una raya. Después tomaba mi café y me duchaba. Hasta que un día me di cuenta de que aquella vida era insana y yo mismo dije “se acabó”. No necesité ayuda pero estuve muy enganchado, gasté mucho dinero en droga.

Volviendo al sexo y a mi debilidad por los jovencitos, un día me voy al cine Salamanca, una antigua sala X ya desaparecida, y aunque era hetero, se ligaba mucho. Tomé asiento y vi entrar una cosita y cuando digo cosita lo digo cariñosamente: se llamaba Paco. Avanzó por el pasillo y se sentó en las primeras filas. Y yo sin dudar un instante me levanté haciendo la maniobra de acercamiento y sentándome junto a él. Sin dudarlo, empecé a provocarle y acariciándome, empiezo a medio masturbarme mientras él continuaba sentado junto a mí, intercalando su mirada entre la pantalla y mi pene. Me miraba a mí y volvía a mirar la pantalla. Hasta que a mitad de la película se levanta y abandona la sala. Y claro, sin dudarlo, le sigo hasta un bar. Una vez allí, toma asiento en la barra y pide una coca cola, yo hago lo mismo. Permanezco a su lado sin dirigirnos la palabra hasta que nuevamente decide salir precipitadamente. Sin embargo, esta vez le alcanzo en la calle y le digo:

— Oye, discúlpame. ¿Puedo invitarte a tomar algo? (Me miró durante un instante antes de contestar).
— Ahora tengo que marcharme a trabajar al autoservicio de mi tío. Dame tu teléfono y yo te llamo.
— Verás, es que no tengo bolígrafo en este momento.
— No te preocupes. Tu dámelo, lo recordaré.

Le di el teléfono de mis padres porque por entonces vivía con ellos y pensé: “éste no se acordará de mí y no volveré a saber de él”. Al cabo de 15 o 20 días me dice mi madre: “Carlos, te llaman por teléfono. Debe ser un chico de ANADE porque es muy jovencito”. Cojo el teléfono y me dice:

— Hola, ¿eres Carlos?
— Sí.
— No sé si te acordarás de mí, soy Paco, nos conocimos en un cine y cuando saliste me querías invitar… (¡Claro que sabía quien era!) Si quieres quedamos…
— Venga va…

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