Acatar al Estado hasta la indignidad

0

RAFAEL SANCHEZ FERLOSIO.

(Imagen invertida.) Me escandalizo cada vez que oigo hablar de respeto a la intimidad y de derecho a la vida privada. ¡Encima! Por lo visto, se ve como un pecado de la vida pública la indiscreción que fisga y saca a la vergüenza de la calle hasta los últimos reductos de lo particular. El privatismo dominante ha lesionado la mirada misma, que ya sólo es capaz de adoptar el punto de vista del particular, compadeciéndose de la gran diva acechada y perseguida por el tenaz teleobjetivo de la prensa del corazón hasta en sus más recoletas cotidianidades. Pero, vistas las cosas socialmente, ¿quién es realmente el invadido y quién el invasor? Basta pasar por un quiosco de periódicos para advertir el impudor y la osadía con que la vida privada ha tomado por asalto los medios de comunicación e invadido y ocupado con sus obscenas huestes el interés del público. Y para mayor escarnio, todos comprenden que la ley persiga la divulgación de intimidades contra la voluntad de los particulares afectados, pero levantarían el grito al cielo si se atreviese a restringir la divulgación de asuntos semejantes, no por respeto a la privacidad individual, sino por el decoro de la vida pública y en beneficio de sus intereses. La lente de una mentalidad privatizada ha invertido la imagen misma del fenómeno, pues la verdad social es que la vida pública es el agredido, y la vida privada, el agresor.

(Never more.) Decir que el tiempo todo lo cura, vale tanto como decir que todo lo traiciona. ¿Sabré sobrevivir sin traicionar? (11 -IV-85.)

(El universal real.) Te equivocas si dices: “Esa liebre huye de mí”, pues lo que realmente ocurre es que la liebre huye del hombre.

El miedo a la muerte es lo que, al fin, hace a los hombres temer y acatar al Estado hasta la indignidad. Porque es una bestia que muere matando, todos la odian viva, pero más les aterra moribunda.

El que quiera mandar guarde al menos un último respeto hacia el que ha de obedecerle: absténgase de darle explicaciones.

(Al Creador.) Señor, ¡tan uniforme, tan impasible, tan lisa, tan blanca, tan vacía, tan silenciosa, como era la nada, y tuvo que ocurrírsete organizar este tinglado horrendo, estrepitoso, incomprensible y lleno de dolor!

* Selección de aforismos de “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos”, el libro de R. Sánchez Ferlosio publicado por Ediciones Destino galardonado con el Premio Nacional de Ensayo.

Creative Commons License

Este trabajo de Redacción está protegido bajo licencia Atribución Creative Commons-NonCommercial-NoDerivs 4.0 Internacional Los permisos mas allá del ámbito de esta licencia pueden estar disponibles en https://www.diariorc.com/aviso-legal/

Dejar una respuesta

Por favor Conecta para comentar
  Suscripción  
Notificar de