LOS DOCUMENTOS DE ESCRIVÁ DE BALAGUER Y LA INFANTA ELENA

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ILLY NES.

Durante tres años estuve simultaneando Ejército y Seminario. Había decidido que no quería ir a vivir a una de las comunidades que se formaban en pisos de diferentes barrios de Madrid sino que prefería el edificio central del Seminario y todos los días salía a las 8 de la mañana vestido de uniforme. Entonces estaba en la calle San Buenaventura, plaza de las Vistillas. En ese monstruoso edificio convivíamos unas 25 personas. Allí se encontraba también la escuela ESCUNI, donde estudió Magisterio la infanta Elena.

Aquello hizo que el servicio de seguridad de la Casa Real, teniendo en cuenta que yo era oficial del Ejército, (había pedido licencia por asuntos propios), me encargase -con complicidad de la cúpula eclesiástica- que tuviese las llaves del Seminario. Debía abrir por la mañana a los equipos que venían con los perros y a los escoltas para cuando llegase la infanta. Que por cierto, la gente es muy injusta con ella, lo que tiene es un pequeño problema de dislexia pero es un encanto.

Entonces me lo pusieron a huevo: yo iba todos los fines de semana a un centro del Opus Dei, el Ateneo de Teología, a recibir clases de antídoto de la teología que había recibido antes en el Seminario. Es decir, tenía a Efrén Lobo, que era el director de la revista Palabra, para las clases de latín. A Jesús Urtiaga, que hacía el programa de televisión “Siempre alegres para hacer felices a los demás”, que protagonizaba junto con Manuel Aguado…

Allí entablé relación con Javier Mora Figueroa, rector de la actual basílica o santuario de Torreciudad, que había sido capitán de navío, con lo cual me llevaba bien. Conocí a la alta alcurnia del Opus Dei y ejercía como cabeza de los seminaristas que se habían quedado en Madrid y que iban también al Convictorio sacerdotal San Miguel. Justo debajo se encontraba el Centro de Cultura Teológica. Yo era un poco el que los controlaba y hablaba con ellos.

En esa época se abre el proceso de beatificación de José María Escrivá de Balaguer. Había dos tribunales, uno en Roma y otro en Madrid y las reuniones del tribunal se hacían en el Centro de Cultura Teológica. Es decir, en la planta baja del Convictorio sacerdotal San Miguel, calle Mayor esquina Bailén. El arzobispo de Madrid era Ángel Suquía. Sabíamos donde dejaban la llave para que entrasen las numerarias auxiliares, es decir, las esclavas. Porque me gustaría dejar patente que hoy se perpetran delitos de esclavitud, que existe la esclavitud en España y la mantiene el Opus Dei, después hablaré de ello.

Desde el seminario de Las Vistillas al Centro Cultural tan sólo había que cruzar el viaducto de Bailén. Félix y yo nos escapábamos por las noches a leer las declaraciones y todo el proceso de ese día, que teóricamente era secreto. Alguna de las jornadas de esa beatificación, realizada en parte por el tribunal de Madrid, la tengo fotocopiada. De modo que el día que yo desvele parte de ese proceso que teóricamente es secreto y afloren todos los testigos que desecharon, se puede montar la de dios es cristo. Como tenía las llaves para abrir al servicio de seguridad de la infanta, era muy fácil escaparse y acceder a esos documentos. Tengo que decir que la infanta Elena es una gran persona y como la libertad de expresión existe, me gustaría añadir que no me gusta don Jaime de Marichalar. Además, Elena es una persona con corazón, no olvidemos que fue presidenta de honor de FASE, la Fundación Antisida de España.

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