Adam Smith y la Carta otorgada de 1978 (completo)

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Adán Smith… desaprueba (foto: Lee Carson) Adam Smith y la Carta otorgada de 1978 Habría que hacer una historia de los grandes textos y libros del pensamiento occidental que han sido malentendidos desde el inicio por los intelectuales interesados del siglo XIX y XX. Son los libros y textos a los que se les ha dado una interpretación contraria a la pretendida por su propio autor. Ello se podía y puede comprobar simplemente con leerlos. Leerlos sin prejuicios ideológicos. Dicha historia moderna y contemporánea empezaría, quizás, con La riqueza de las naciones de Adam Smith y con la “Constitución española de 1978”. Y ello para que nos sirva de buen ejemplo en España, en el sentido de que leamos la Carta otorgada de 1978, o “Constitución de 1978” que denominan nuestros intelectuales, y entendamos lo que dice realmente: que en el régimen del Estado de Partidos coronado no hay separación de poderes ni representación política democrática de la sociedad civil, ni elección directa y por mayoría del Jefe del Gobierno que también sería Jefe del Estado, ni mucho menos consultas al pueblo para la toma de decisiones trascendentales para nuestra política.   Sin embargo no se quiere concluir lo que dice realmente Adam Smith en su gran obra ni lo que dice el texto de la ley fundamental de nuestro sistema político vigente. Es preferible creer que el Emperador viste un traje nuevo y bellísimo como en el inmortal cuento de Hans Christian Andersen, aunque en realidad esté desnudo. En el primer caso, en la obra Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, porque los amos de la cultura política son las grandes oligarquías financieras que se han disfrazado de “empresarios fabricantes y comerciantes honestos”, y en el segundo porque los partidos políticos tienen que seguir manteniendo la falacia de que aquí se ha conseguido una república homologable a las de Suiza o EE.UU.   Pero la realidad se impone y leer el libro de Smith o los artículos de la “Constitución española de 1978” y sus leyes orgánicas del poder judicial y electoral significa que ellos mismos nos están diciendo lo contrario de lo que predican los intelectuales. Solamente con leer el libro de Adam Smith de inmediato entiendes que no era el neoliberal capitalista decimonónico que nos pintan los ideólogos y economistas actuales. Era un filósofo de la Ilustración precapitalista, y no hay que hacer una investigación hermenéutica, tesis o master, para colegirlo correctamente; sólo es necesario estar alfabetizado. No hay que limitarse a las frases sueltas del libro o a la primera frase, hay que seguir leyendo y comprobar que Smith nos dice en realidad que el gobierno de Gran Bretaña de finales del siglo XVIII tendrá que tomar medidas políticas democráticas para que lo que en apariencia parece maravilloso de la división del trabajo o de la mano invisible del mercado, no termine convirtiéndose en la destrucción de la civilización y de la naturaleza humana.   Ésta, para Adam Smith, como buen ilustrado que era, no podría resignarse a la ignorancia en la vida pública y a la destrucción de las facultades creativas y cooperativas del trabajo, verdadera fuente del bienestar de las naciones. Así, cuando Smith nos habla de la libertad de los mercados lo hace como de un ideal que debe regir no sólo con la igualdad de oportunidades, sino también con la igualdad de condiciones: ¡qué diferencia con los neoliberales de Reagan y de ahora!, ¡sí, igualdad de condiciones¡ Aquí Smith está prefigurando teorías procedimentales de la justicia y de la ética como las de Rawls y estaría más a la “izquierda” que la tercera vía del socialismo occidental. Smith, a continuación, analiza el comercio desde el punto de vista global. La relación, por ejemplo, entre Inglaterra y la India: y condena ya en 1776 los experimentos explotadores de los ingleses en su colonia. Además nos alerta de que no hay algo tan inocente como los intereses nacionales en abstracto, y que en realidad son los nuevos y grandes comerciantes y fabricantes ingleses de la época los que imponen sus intereses particulares a esos pretendidos intereses generales o nacionales. Por lo que en su libro, A. Smith está ofreciendo ya un moderno análisis social y económico en términos de clases sociales; ¡y ello mucho antes de Marx!   Smith era un ilustrado y para ellos los principios de la solidaridad, simpatía moral y control autónomo del trabajo están por encima del utilitarismo materialista de personas jurídicas y económicas abstractas que desnaturalicen al ser humano. Y tengamos en cuenta que Smith no conoció las grandes empresas financieras de hoy en día. Las mismas que han causado, en gran medida, la crisis económica. Por lo que, si viviera, sería muy crítico con ellas porque ya en su época lo era con los nuevos comerciantes y fabricantes de su país. No afirmó nunca que la división del trabajo, la mano invisible, la libertad totalitaria del mercado, etc., sean las recetas que los gobiernos deban imponer a sus pueblos; todo lo contrario, nos advierte que éstos no deben permitir que los intereses particulares de unos pocos impidan la riqueza de la nación.   Repetimos que los dos principios utilizados son evidentes para todo lector honesto. Estamos hablando sencillamente de 1) no sacar las frases de contexto y 2) leer el texto o libro en su totalidad para poder seguir la argumentación del autor. No es necesario ser especialista o tener un master en Gadamer o Ricoeur.   Y si leemos sin prejuicios la CE-78 ¿no llegaremos a la conclusión inmediata de que los autores del mismo están diciendo a los españoles de hace treinta años “si queréis unas pocas libertades individuales y sociales tenéis que aceptar a cambio el no tener una verdadera democracia y libertad política”?

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