En nombre de un gobierno que nadie ha votado, el ministro de Cultura, Guirao, a quien su valedora en el Monte, una señora bien, Cafranga, decía Guirado, y el ministro del Exterior, Borrell, para quien toda la historia de los Estados Unidos de América se reduce a “matar a cuatro indios”, han decidido no asignar un solo euro al quinto centenario de la entrada de Cortés en México-Tenochtitlan.
–Es un tema complicado –fue la justificación de Guirao, o Guirado.
Se ve que al entrar en deliberación sobre Cortés el consejo de ministros, Montero, la de Hacienda, creía estar hablando de Joaquín Cortés; Calviño, la de Economía, de Juan José Cortés; a Celáa, la de Educación, todo se le hacía Cortes de Cádiz; Marlasca, el de Gobernanza, pensaba en los cortes de tráfico de los taxistas; Sánchez, el presidente, pidió que no lo distrajeran de contar los días del ultimátum; y Guirao, o Guirado, el de Cultura, juzgaba “complicado” destinar dinero a Miguel Ángel Cortés.
De mindundis, mindundeo, y el mindundeo sanchista hace suya la versión priísta de la conquista cortesiana según la cual, resumida por Rangel, Cortés es un invasor contra quien la “nación mexicana” (pre-colombina) reacciona exitosamente trescientos años más tarde, expulsando a los españoles y recuperando el hilo histórico “autóctono” sólo transitoriamente interrumpido.
–La cosmovisión leninista ha codificado fobias y mitos, más un arsenal de argumentos deliberadamente vinculados con las necesidades de satisfacción, equilibrio psíquico y autojustificación de la cultura americana.
El sanchismo es un narcisismo de charco cuyos ministros creen que un tal Cortés quiere hacerse famoso a cuenta de ellos.
–¿Quién barrenó los navíos y dejó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por el cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo? –pregunta Don Quijote en su dichosa cavilación sobre la fama, viendo en Cortés su par.
Pero ¿qué ministro del gobierno ha llegado nunca a la segunda parte del Quijote?

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