El Errejonexit como espejo de nuestra partidocracia

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Foto: elpais.com

La reciente polémica creada por la decisión de Errejón de ser candidato a la alcaldía de Madrid junto a la plataforma de Carmena, dejando a su partido Podemos ha sido analizada de diversos modos en la prensa estándar. Los medios considerados de derecha han mostrado su regocijo por lo que consideran el principio del fin de Podemos, y se han recreado en mostrar la absoluta sorpresa de Iglesias ante la maniobra (no veo que se haya insistido mucho en el hecho de que Errejón haya elegido para hacer su anuncio el día del quinto aniversario de creación del partido morado, lo que probaría su deliberado afán de revancha), y el hecho de que se haya arrojado, según ellos, como un “macho alfa” a restablecer el orden dejándose de monsergas de baja por paternidad. La prensa considerada de izquierdas (unos y otros son, al fin, socialdemócratas al servicio del mantenimiento del statu quo) ha puesto en foco en la reacción de IU y sus posibles pasos en el futuro inmediato respecto a Podemos.
A nosotros nos interesa, en cambio, como enésima manifestación del funcionamiento de nuestra partidocracia. Dentro de un partido, como decía Antonio García-Trevijano, las luchas por el poder comienzan por diferencias ideológicas, y él veía ciertamente diferencias entre la línea más aparentemente marxista de Iglesias, y la más, digamos, transversal y homologadamente socialdemócrata de Errejón. Éste salió derrotado, por falta de carácter para plantar batalla, en Vista Alegre II, y obtuvo un premio de consolación. Ahora, que ha decidido vengarse creando una escisión profunda en su partido, presentándose a las votaciones municipales con otra plataforma, y haciéndose de querer para que lo expulsen de Podemos, con lo que podrá adoptar el disfraz de víctima, tan bienquisto a nuestra socialdemocracia, el portavoz Echenique dice que aquél no dimite como diputado, para tener ingresos hasta mayo. Con ello Echenique revela cuál es la verdadera mentalidad de estos políticos que son plantas de invernadero de nuestro régimen político, que viven por y del Estado, sin la más mínima conciencia de deber de representación hacia los súbditos que les votan (y al mismo tiempo pretende que “se pase página”, como si fueran incluso a borrar de las fotos a Errejón, tal que un Trotski redivivo).
Vemos, pues, que los medios que florecen en nuestro Estado de partidos sólo se ocupan, igual que los partidos de cuya crítica o alabanza viven, de analizar las jugadas de alianzas o rupturas de estas formaciones que parasitan el Estado sin ser capaces de ver más allá en los intereses de la sociedad civil. Así, Jesús Cacho en Vozpopuli riza el rizo del análisis típico de tertuliano del régimen al presentar a Iglesias como un “agente doble” destinado a dinamitar Podemos desde dentro con la “bomba de Galapagar”. El analista no puede entender que Iglesias ha actuado con la coherencia de un miembro de nuestra casta política, deseosa de privilegios y signos de ostentación, y que no tiene ningún problema de conciencia o de aparente “coherencia”, pues en ningún momento pensó que fuera representante de los electores de un distrito en una verdadera democracia representativa, y que las únicas obligaciones las tiene con su soberbia y sus propias ansias de poder.

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