El demos schmittiano y la representación de la horda por aclamación

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El “Demos” de Carl Schmitt es el pueblo homogéneo que ha conseguido aplastar a su enemigo heterogéneo imponiendo su “democracia de identidad excluyente”, verdadera dictadura presidencial. El modelo de autoridad de Schmitt es un modelo jerárquico de arriba abajo, a semejanza del Papa en la Iglesia católica, cuyo Führer tiene la capacidad incuestionable de tomar las decisiones, tanto ordinarias como excepcionales.

Para Schmitt, la representación significa la personificación de los valores del “Demos” por una institución y, dentro de ella, por el caudillo de la misma, formándose una identidad indisociable entre la institución autoritaria y los valores comunitarios del pueblo homogéneo.

Schmitt diferencia entre “Vertertrung” o representación mediante elecciones, que siempre es falsa por ser una representación de intereses de las facciones, partidocráticas o no; y “Reapresentatrion” o representación espiritual, que se manifiesta no por la elección, sino por la identificación del pueblo homogéneo con su líder carismático, mediante la aclamación publica facinerosa. El líder es la identificación del pueblo porque éste es homogéneo y su interés es único y unánime, existiendo una conexión espiritual y/o mística entre el pueblo y el líder, que es transmitida mediante la aclamación de las masas, no por la votación. Representación personificada que es verdadera identidad total entre el “Demos” y el líder, con poder decisorio ultimo indiscutible en el cómo dictador presidencialista, que lo personifica de forma absoluta. La justificación teórico-jurídica de que Hitler era la Gran Alemania personificada.

Para Schmitt, la representación se realiza mediante la aclamación. Para él, su peculiar democracia es “formar parte de una multitud vociferante que aclama a un líder”, de acuerdo con la expresión de J.A. Estevez Araujo.

Es así que el fascismo italiano, para Schmitt, es la institución de una autoridad estatal superior capaz de solucionar los agudos conflictos sociales nacionales internos propios de la Europa de entreguerras mundiales y neutralizar de esta forma la amenaza de la guerra civil, subyugando los amigos homogéneos a los enemigos, a los otros heterogéneos que hay que aniquilar o excluir, dependiendo de la decisión absoluta del Führer.

Sin embargo, para Sigmund Freud (“Psicología de las masas”, pág. 70, Alianza Editorial), a colación, y en sentido contrario:

“La masa se nos muestra, pues, como una resurrección de la horda primitiva. Así como el hombre primitivo sobrevive virtualmente en cada individuo, también toda masa humana puede reconstituir la horda primitiva. Habremos, pues, de deducir, que la psicología colectiva es la psicología humana más antigua. (…)

En los albores de la historia humana, fue el padre de la horda primitiva el superhombre cuyo advenimiento esperaba Nietzsche en un lejano futuro. Los individuos componentes de una masa precisan todavía actualmente de la ilusión de que el jefe les ama a todos con un amor justo y equitativo, mientras que el jefe mismo no necesita amar a nadie, puede erigirse en dueño y señor, y aunque absolutamente narcisista, se halla seguro de sí mismo y goza de completa independencia. (…)

Es decir, según Freud, en la horda primitiva de la aclamación, no estamos ante la razón de la representación (el verdadero mandato supeditado de personificación del ausente en el negocio jurídico público– entre ellos, el político “stricto sensu” -, o privado en cuestión, en su resolución, o en sus avatares), solamente estamos ante los sentimientos grupales de la horda primaria, ante las tripas y el corazón. Es decir, ante el instinto gregario animal del seguidismo colectivo instantáneo e intestinal al líder carismático mediante su aclamación unánime por el “Demos” en el anfiteatro que por turno de reparto haya correspondido o corresponda arbitrariamente por el Goebbels manipulador de masas en cuestión. Es decir, finalmente, por el decisionismo absoluto del Führer, que es la identificación del “Demos” por aclamación dionisiaca excitada por su propaganda demagógica. Identificación por aclamación del Führer que define la representación política para Carl Schmitt.

Esto, evidentemente, no tiene nada que ver con la democracia representativa y con separación de poderes de origen. Esto es la democracia de la jauría de hienas que quiere repartirse, y después cree en ello, la carroña estatal y nacional de los cadáveres heterogéneos elegidos arbitrariamente por el Führer del “Demos”. Es la dictadura irrepresentiva de la horda endiosada en el tótem estatal de “el amigo genéticamente homogéneo aniquila al amigo heterogéneo”. Alt-Right y Carl Schmitt. Derecho nacionalsocialista. Cabe de todo, sin límite, en la batidora supremacista del Leviatán absoluto. Por cierto, que hasta Hobbes respetaba las leyes naturales y el principio “nulla poena sine previa legem”. La llamada democracia de identidad excluyente de Carl Schmitt, ni eso, no tiene límite alguno. Que se lo pregunten a los judíos, polacos, ucranianos, gitanos, homosexuales, etc, aniquilados, que ya nos ha dejado la historieta de marras.

Una falsa representación ideal, sentimental, siempre de arriba abajo, nunca de abajo a arriba. Idealismo tan materialista, y al revés, que en su propio germen contiene su destrucción, parafraseando a Bakunin, en su “Dios y Estado”. Dios/Demos que, teología política mediante, quiere ser un Leviatán más absoluto que el de Hobbes para pisotear todos los principios del derecho en base al principio monista de homogeneidad absoluta excluyente. Dictadura total del Führer. Destrucción final de la Nación. Y, sobre todo ello, dándole forma, el miedo, la servidumbre voluntaria y el odio.

En cambio, y sin entrar en nuestra monarquía partidocrática socialdemócrata, en la que tampoco existe la representación y la separación de poderes de origen. ¿Qué es la verdadera representación y no las mentiras que nos venden unos y otros? ¿Qué es la democracia? Para empezar, lo contrario de la aclamación y la democracia de identidad excluyente de Carl Schmitt. Resumiendo a García-Trevijano, la representación política del pueblo en el poder legislativo no es por aclamación en masa de la horda primitiva considerada homogénea en estado histérico, es mediante elección reflexiva, separada de la del poder ejecutivo, a doble vuelta, de un solo representante y su suplente, que pueden ser revocados durante su mandato, por el cuerpo electoral de una monada o distrito electoral de 100.000 habitantes, aproximadamente.

¿Y qué tiene entonces que ver el derecho nacionalsocialista del “Demos” autoritario y excluyente con la libertad política colectiva, constituyente, “de con todos”, y con la democracia formal que propugnaba García-Trevijano?

Nada. Esta radicalmente en contra. Para García-Trevijano, “no se es políticamente libre sin libertad de los demás” (…) “solo se puede ser libre con la libertad de los demás. Por esto la libertad política es colectiva. Quien no sienta en su corazón esta evidencia nunca sabrá lo que es y no es libertad política.” (…) “la libertad política proclama que ella no es una libertad de algo ni para algo. Es libertad de todos para nadie en particular. Es libertad para sí misma y por sí misma.” No como medio, ni como fin, sino como medio y fin por sí misma.

Y su concepto original de la libertad política colectiva se plasma en su definición de democracia, que, literalmente, expresa que: “La democracia es una forma de gobierno constitucional, representativo y responsable, que una sociedad estatuye libremente como régimen del Estado, separando el poder ejecutivo del legislativo, asegurando la independencia de la autoridad judicial y estableciendo el derecho de apelación al pueblo en garantía institucional de su libertad política.”. Es decir, no se expresa que haya que excluirse a grupo o individuo alguno previamente al momento constituyente.

En cambio, en la democracia de identidad u homogeneidad excluyente de Carl Schmitt, por definición, hay siempre un enemigo a excluir, en nombre de su idea de nación arbitraria. Y que, por lo tanto, desemboca en la guerra perpetua o hasta la aniquilación del amigo homogéneo sobre el enemigo heterogéneo. E inmediatamente en la dictadura del Führer, aclamado por el Demos-masa enfervorecido. Dictadura basada en supuesta razón o ciencia excluyente que no existe en realidad, puesto que el móvil será siempre el incentivo estatal de un sentimiento de miedo colectivo, decidido por el Führer, cuando así lo considere oportuno para sustentar y ampliar su poder desnudo.

Ante ello, Garcia-Trevijano concluye en su Discurso del Ateneo de 13 de abril de 2007, dentro de su blog de la republica constitucional, refutando la cuestión de la siguiente manera:

“Tales absurdos, junto con el fraude de la representación proporcional, son evitados en la nueva teoría de la representación política, que está basada en el pluralismo del cuerpo social y en el carácter monádico de las unidades que lo componen. Cada distrito electoral es una mónada donde se reproduce la pluralidad social de la sociedad civil. Si el diputado de distrito es leal a su mónada local será forzosamente leal a la mónada nacional de la sociedad civil. La mónada nacional solo puede estar representada en sus funciones totales por el Parlamento y por la Presidencia ejecutiva de la República Constitucional. La voz del diputado, incluso pronunciada en el Parlamento, no es la voz de la Nación. Por eso puede estar sujeto a mandato imperativo. Y ser revocado su mandato en caso de deslealtad.”

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