El domingo 21 de enero de 2018, nueve repúblicos estuvimos con el Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional en las puertas del Retiro, frente a la Puerta de Alcalá, en la emblemática Plaza de la Independencia, a escasos metros del palacio donde habita el Ayuntamiento de la partidocracia, donde habitan los privilegiados, hacedores y premiados de las listas –los listos de las listas–, ese estamento de privilegiados que priva a España de democracia.

Como anécdota del día, en el transcurso de la mañana transitaba por los alrededores de nuestro stand una Carolina Bescansa que también había decidido disfrutar de aquella soleada mañana madrileña, en dirección al interior del Retiro, una “lista de las listas” que mientras empujaba un carrito de bebé leía nuestra pancarta de 2 metros de largo y 1,85 de ancho y que por supuesto no ha pasado desapercibida, ni indiferente, frente a la mirada vigilante del Régimen, la mirada, en este caso, de Bescansa.

A la media hora de pasar Bescansa una pareja de policías municipales apostados a las puertas del Retiro desde primera hora de la mañana nos pedían muy amables la documentación y el permiso de ocupación de la vía pública. ¿Es casualidad? El trámite para solicitar el permiso y estar en el Retiro ha sido como un viaje al Proceso de Kafka y es además un proceso bastante arbitrario. La vía pública sólo puede estar ocupada por todo ese entramado de asociaciones, sindicatos, y organizaciones subvencionadas que ayudan al poder a crear la hegemonía cultural, o simplemente no resultan molestas para la supervivencia del Régimen. A éstos no exigen documentación alguna, basta una tienda de campaña y estar bajo la protección de algún señor feudal de la partidocracia para no ser denunciado ni perseguido. ¿Se puede campar por suelo público sin autorización, ni permiso, tal y como Pedro por su casa? Pues sí, siempre que se divulgue la religión del consenso. Sin embargo, toda aquella asociación u organizacion que sea libre, que no esté en el consenso, que esté en el disenso, es perseguida, denunciada, o bien es víctima de una burocracia kafkiana.

Cuando además crees que te has salvado de toda esa administración que dispara con pólvora ajena, todo ese aparato que crea la “voluntad general”, toda esa dictadura coercitiva del boli, aún has de tener cuidado y salvarte de que la “lista” de Carolina Bescansa no decida ir esa mañana al Retiro y quedar congelado ante su imperturbable mirada de señora feudal. ¿El azar quiso que la misma mañana que el MCRC salía a divulgar la libertad política colectiva, Carolina Bescansa saliera a pasear a su retoño? ¿Quizá daba un paseo al tiempo que contemplaba, como buena oligarca, sus dominios? Mientras empuja ese carrito de bebé que convirtió ella misma en tan famoso y público en el Congreso, quizá le susurre palabras al retoño. Es característico de las madres susurrar a los bebés entre mimos y cariños mientras los mecen, los abrazan, los besan, los quieren, les hablan al oído. Quizá ella, Carolina Bescansa, impertérrita, con gravedad y majestad, a sabiendas de que no hay ningún poder enfrente que le cuestione como instrumento del Estado que es, susurra a su retoño: ¡Hijo mío, algún día todo esto será tuyo!

Y es cierto, es su cortijo, el cortijo de la partidocracia, de la dedocracia, su propiedad, que desde luego intentará que disfrute su descendencia, porque en España no hay democracia y la partidocracia simplemente se reparte la corrupción en consenso, siempre en consenso. Sin embargo nos vio, Carolina Bescansa nos descubrió y entonces comprendió quizá que los dominios del retoño que ama, los dominios de todos los retoños de toda partidocracia, corren un inminente peligro con indeseables como nosotros, indeseables que pretenden ser libres, que pretenden cambiar la relación de poder entre gobernados y gobernantes, súbditos que pretenden ser ciudadanos libres, nos descubrió y, posiblemente, se asustara.

Eso me recuerda aquella entrevista que hizo el gran novelista Pérez Galdós a Isabel II. En ella, Isabel II se defendía del periodista Galdós contestando con estas palabras al artífice de los Episodios Nacionales: ¿Y qué iba a hacer yo? ¡Si sólo era una niña, y sólo veía a mi alrededor hombres doblados como cañas! Pues bien, Carolina Bescansa no podrá defenderse como Isabel II, Carolina Bescansa no vio hombres doblados como cañas, ella se asustó porque vio a hombres erguidos como juncos, vio al MCRC y se sintió amenazada, sintió miedo. Por ello quizá incluso avisó a la policía municipal, aunque esto no lo puedo afirmar, solo es una elucubración que se me ocurre aunque creo que bien fundamentada si pensamos que la policía municipal llevaba toda la mañana apostada a las puertas del Retiro, es más, nos vieron desde el principio montar el stand pero sólo nos requirieron la documentación después del paso de Bescansa.

Y así debe ser, es prueba de nuestro disenso, y eso esperábamos, provocar al Régimen con este tan importante entremés, es la reacción lógica de quien ve un poder enfrente, que con libertad, lealtad y verdad se va abriendo paso desde fuera y se pone frente al gran teatro de la partidocracia. Por eso es tan importante la acción en la calle del MCRC. Es un hecho trasgresor del consenso que durante 5 horas, a las puertas del Retiro y en plena Plaza de la Independencia se vea como una esperanza entre tanta confusión nuestra pancarta de 2×1.85 metros gritando libertad política colectiva. Esto no tiene precio y nos debe henchir el corazón, a sabiendas además de que proponemos una solución frente a la gran mentira.

Aparte de este episodio anecdótico, casi que gracioso, la mañana transcurrió con tranquilidad. Se acercaron al stand montones de ciudadanos curiosos con los que hablamos, les informamos y les contamos qué ocurre en España. Todos nos decían que era cierta la verdad de nuestras palabras, que votar era un fraude, que España no era una democracia, que estaban hartos de tantas mentiras y nos animaron y nos dieron aliento a continuar. También nos acompañamos de una cámara de vídeo –es la primera vez que la incorporamos a la actividad del stand– a través de la cual formulábamos tres preguntas básicas a los vecinos de Madrid: ¿qué es la democracia?, ¿qué es la representación y ¿qué se elige cuando se vota?. Sinceramente, nos sorprendieron las respuestas de los ciudadanos porque da la sensación de que la sociedad no está tan dormida como a través de los medios del Régimen nos quieren hacer pensar. A todos ellos, además, les dimos los dípticos informativos que llevamos siempre y les invitamos a seguir investigando, a descubrir, a pensar, y sobre todo a asociarse al MCRC, a nuestra asociación civil, nuestra asociación que debe ser la de toda la sociedad civil porque, ¡señores!, queremos dejar de ser cañas que se doblan, queremos ser el junco y que nadie pueda repetir de nuevo las palabras que Isabel II contestó a Benito Pérez Galdós.

Os animo a todos los grupos regionales del MCRC a desarrollar esta acción. Hubo algún momento incluso en que todos los repúblicos estábamos hablando con algún vecino de Madrid, no dábamos abasto. En serio, repúblicos, merece la pena, ha sido un gran éxito y, además, parece que molestamos. Estamos ya solicitando y tramitando el siguiente permiso municipal. Repetimos la experiencia.

Tere García
Coordinadora MCRC Madrid

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