Histérica omnipresencia

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La comunicación sempiterna e inútil de esta aldea global entraña la idea de que quien más veces sale en el pavés de los medios, aunque sea para decir bagatelas y perogrulladas, más poder tiene, más importante es. Ello hace que la mayor parte de los políticos dediquen la mayor parte de su tiempo a subir o “descargar” sus apariciones a distintas plataformas digitales. Ya no es su agudeza o sus inteligentes propuestas, o la habilidad con que esgrimen sus argumentos en la palestra política frente a sus adversarios lo que les proporciona su fuerza electoral, sino el tiempo de presencia “corporal” en las distintas y variadas plataformas. Cuanto más su figura corporal sea vista en distintos espacios, más posibilidades, suponen, tienen de conquistar o mantenerse en el poder. Ya no se trata de hacer una buena oposición razonada y constructiva, o de gestionar el poder con proficuas tomas de decisión, sino de ser protagonista omnipresente en esta aldea global, aunque sea para hacer saber que se va de caza con los amigos, o que va a misa, o hace alpinismo, o nada en la piscina, o lleva a su hijo a la escuela, y no estrictamente para que la gente conozca sus objetivos políticos. La metafísica del ser constantemente estando triunfa sobre la acción política. Visibilizar la vida del político es más importante que la política.

Esta es una superstición bárbara que aborrecía el Mundo Clásico; esto es, Grecia y Roma. Los políticos antiguos pensaban, por el contrario, que la gente normal se podía hartar de verles en el foro político, y esta era una de las razones que les hacía repartir su poder y acción política entre los amigos. Los amigos sustituían al líder a fin de que el pueblo no llegase a cansarse de la cansina presencia del político pontificando las veinticuatro horas. Una mezcla de moderación y de pudor obligaba al político a dosificar su presencia ante el electorado. El enemigo del amor es la hartura, y un político acosando al pueblo de continuo con su prédica se hacía repulsivo e impopular, y cuando fracasaban eran motivo de alegría.

El gran político debe acercarse al pueblo cuando éste está deseoso de él y que lo eche de menos cuando no está presente. Tampoco el político en vida puede permitirse ser pintado o esculpido si no quiere ser odiado por un pueblo libre. Catón, en un momento en que Roma estaba llena de estatuas de políticos, rehusó que hicieran su propia estatua, diciendo: “Prefiero que la gente se pregunte por qué no hay una estatua mía que por qué la hay”. A falta de capacidad para presentar iniciativas políticas que mejoren la vida de los ciudadanos, el político hodierno, sin la decencia clásica, busca su gloria en la participación de un don divino, la ubicuidad. Con su tribuna ubicua y sempiterna nos castiga a todos los ciudadanos veinticuatro horas.

Pero la mejor y más segura defensa de la fama del político es su discreción, mientras que aquellas famas que son grandes, excesivas, ciclópeas y constantemente expuestas, lo mismo que las estatuas demasiado grandes que impiden la perspectiva de las calles, son pronto derribadas.

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Julián Vileya López Comentaristas mas recientes
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Julián Vileya López

Gran artículo Martin-Miguel, cortito y conciso.

En primer lugar, partiendo de la premisa de que estamos en una oligarquía de partidos de Estado pagados por todos, y que la primera consecuencia de esta oligarquía de partidos es la corrupción, que salgan políticos luchando contra ella aunque aparezcan en reiteradas ocasiones en las redes sociales, y las inunden todos los días, les muestra a los gobernados, mejor dicho, indignados, que el jefe del partido que los representan vela por sus propios intereses. Ya sabemos claramente que estos jefecillos solo representan al partido, no a los votantes, pero ellos no lo saben, viven en la más absoluta ignorancia política, y si lo saben y se dejan engañar, más nos confirma que los gobernados son unos auténticos … Lo dejo en el aire.

En segundo lugar, los gobernados ven muy normal que un político esté presente en las redes sociales, y se muestre cercano, son personas, no es solo un político, está velando por los intereses del pueblo, ¡qué maravilla! ¡Les voto! Todos los días Tweets de Garzón, Rivera, Pablo Iglesias, etc se publican en internet. A los gobernados no les importa la política que hagan estos señores socialdemócratas y la mayoría ni se han leído los programas que crean dos o tres en una sala tomando café o por el contrario los encargan, como hace Rivera, los compran, mientras éstos sean capaces de transmitir el mensaje que quieren escuchar, mayor igualdad, mayor educación, mayor sanidad, más democracia, lenguaje propio de la socialdemocracia desde la Revolución Francesa.

En resumen, tenemos lo que tenemos porque nos lo merecemos, y si votan la corrupción es porque tal vez, les beneficie de algún modo, si no, no lo entiendo en absoluto porque está más que claro que votar no arregla nada, solo cambiamos el partido que gobierna, nada más.

Un saludo, amigo repúblico.