España es, por eso se siente Es clave saber y entender que la nación y el Estado son cosas distintas y que deben de estar, no sólo separadas, sino enfrentadas y odiarse de forma irreconciliable

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Lo normal es que uno sienta lo que es. Y si uno es español, es normal que lo sienta. Uno no es hijo de una madre porque lo sienta. Lo siente porque lo es.

Y es que resulta que los hechos son anteriores a los sentimientos que provocan. Y España no es un sentimiento, es un hecho objetivo de existencia. Lo normal, en personas que estén en su sano juicio, es que tengan la conciencia de lo que son. Y lo normal es que las personas sepan que no son los sentimientos los creadores de los hechos de existencia, sino que, al contrario de eso, los hechos son los que provocan sus sentimientos.

Pero en España la locura es hegemónica debido a la propaganda. Y en una sociedad de locos normales, lo normal es estar enajenado. Y pocos se atreven a estar solos frente a la masa, por miedo a no ser normales. En España lo irreal y surrealista es lo más común, es lo normal. Por eso la mayoría cree que hay democracia.

La idiocia más profunda es la que domina España actualmente, porque está instalada en el poder. Y en una sociedad de súbditos y vasallos, la masa tiende a practicar la religión de sus amos. El complejo de parecer franquista es lo dominante y por eso, y para no parecer como Franco (porque SER él, es un imposible metafísico), en lugar de odiar al Estado, que debería ser lo normal, los vasallos odian a la nación.

España, como nación histórica e incluso política, es indestructible, porque no depende de los sentimientos o de la voluntad humana; en cambio el Estado si que depende de ella. Y como yo no soy idiota, no voto, no soy cómplice de la voluntad que hunde a España en la ruina y en la miseria, debido a la corrupción. Y actúo contra la causa que nos destruye y no contra sus efectos; actúo contra todos los partidos que son del Estado y que someten a la nación.

Y esto que yo acabo de explicar antes, debería de despertar en usted, apreciado lector, la conciencia de encontrarse frente a una ruptura del paradigma político en el que hemos vivido hasta hoy. Porque resulta que al ser la nación un puro hecho de existencia objetiva, y no algo que depende de la voluntad humana, ni “un proyecto sugestivo de vida en común”, como dijo Ortega y Gasset, después Primo de Rivera, hace unos días repite Inés Arrimadas y Pablo Iglesias, el rey, y los propios separatistas catalanes, pues entonces no cabe aplicarle el sufijo -ismo. Lo mismo que uno no podría decir “arbolismo” o “planetismo”, para crear árboles o planetas.

El mal llamado, hasta ahora, “nacionalismo” (desde el XIX) es en realidad estatalismo. Hitler, Franco o Mussolini, lo mismo que hoy los separatistas vascos o catalanes, son estatalistas. Lo que quieren es poder del Estado, instituciones; algo que SI depende de la voluntad. Y para eso se suelen valer de la exaltación sentimental de la nación, algo que, en el caso de los separatistas, es artificial e impuesto por el propio Estado español, a través de la inversión de miles de millones de euros en propaganda, para hacer creer a algunos españoles que viven allí, por cuestiones accidentales y del destino, que Cataluña es “una nación” (cuando ni lo ha sido jamás, ni lo podrá ser nunca)

Creer, como ha llegado a creer la mayoría, una frivolidad como la enunciada por Ortega y Gasset en su obra “La España invertebrada”, pensar en esa cursilería idealista, como si una nación fuese una relación de enamorados, en lugar de algo dado por la historia y que por lo tanto no se debe a sentimientos de nadie, lleva a situaciones delirantes. Y ese pensamiento, heredado por Ortega y Gasset, a través de su maestro Joseph Ernest Renan, procede del mismo idealismo y romanticismo alemán que ya fue el germen y el origen del puro fascismo de entre guerras.

Es clave saber y entender que la nación y el Estado son cosas distintas y que deben de estar, no sólo separadas, sino enfrentadas y odiarse de forma irreconciliable. Porque ese es el fundamento de la separación de los poderes y por lo tanto, de la democracia. El poder legislativo de la nación, ejercido a través de los representantes de distrito, elegidos libre y uninominalmente, y el poder del Estado, ejecutivo, que ejerce el gobierno, encabezado por un presidente, elegido también, en otras elecciones distintas, de forma igualmente uninominal.

De ese modo la nación legisla (y por eso no existe BOE cuando hay democracia) y por otro lado, el Estado ejecuta y es dirigido por el gobierno. Que en España existan unos bancos azules en el Congreso es UNA MONSTRUOSIDAD.

 

Y ahora, corran, corran todos a votar…