Manifiesto por la Libertad

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Manifiesto por la LibertadNo. No es un Estado opresor, es peor. Es un Estado que ha secuestrado, engaño mediante, a los españoles, no solo a dos millones de catalanes. Todos queremos libertad, así que ya vale de tanta hipocresía.

Libertades individuales y libertades civiles otorgadas desde arriba. Puedes expresarte, puedes casarte con alguien de tu mismo sexo, no se te va a discriminar, o eso dice nuestra Constitución, por cuestiones de raza o religión, y también puedes votar, eso sí, solo para ratificar lo que otros ya han elegido por ti en sus listas. Te han dicho que eso es democracia. Que esas concesiones hacen al pueblo libre y soberano.

Sin embargo, si piensas verás que eso no es libertad, pues donde hay una facultad otorgada que te permite hacer algo hay una concesión y, por tanto, desaparece la libertad. La libertad antecede al derecho, no al revés. No eres libre porque no te representan, pero no porque no te identifiques con sus discursos y sueldos, la representación política no tiene nada que ver con los sentimientos. No te representan porque no los eliges tú, no tienes control sobre sus actuaciones y no los puedes deponer cuando incumplen sus promesas. Votas a un símbolo acompañado de un eslogan, ratificas a ciegas la lista de otro. Tampoco eliges al presidente del Gobierno que es investido previo consenso por el Parlamento. Es un axioma y no un mero clamor popular: No nos representan.

Si piensas verás que el poder del Estado no emana de tu soberanía, sino del consenso entre los partidos. El consenso significa que todas las decisiones que afectan a tu vida y a la de los tuyos se dirimen al margen de ti, son los cuatro-cinco jefes de los trescientos cincuenta diputados los que negocian. El resto de diputados, al igual que nosotros, no pintan nada pese a bien que les pagamos su servilismo, a no menos de 3.600 € al mes. Los partidos negocian sus pactos en la sombra y llegan al Parlamento con el reparto ya hecho, ¿lo has notado? La única función del Parlamento es la de venderte su discurso de salvapatrias toda vez que ahora sí les están grabando las cámaras. La antítesis de la democracia, eso es el consenso. Por eso cada vez que oigas esa palabra espera lo peor, pues significará que están decidiendo por ti. Tu mandato solo tiene repercusión durante un día y cada cuatro años. También es un axioma, no una crítica al Contrato Social de Rousseau: El pueblo no es soberano.

Si piensas verás que en 39 años que dura esta dinámica las urnas nunca han servido para que el pueblo elija a un solo diputado o dirigente. Que las votaciones consisten en un acto de fe, en esperar a que esta vez sí que sí sea la definitiva, esa en que al fin todos acertemos a la hora de votar y salga un mandatario honrado que cambie las cosas. Si piensas verás el sinsentido de esperar que un partido vaya a limitar su poder solo porque te lo ha prometido, cuando nada le obliga a cumplir con su promesa, de pedir votaciones anticipadas cada vez que el régimen está al borde del colapso, como si las urnas sirvieran como solución para todo. He ahí el acto de fe, como si sirvieran para algo. Si piensas, en lugar de esperar, verás que las votaciones refuerzan el paradigma, que cuando participas en el régimen lo estás legitimando. Igual que cuando votas nulo estás diciendo que no te gustan las opciones, pero que estás de acuerdo con el sistema.

Nuestro futuro está en manos de media docena de corruptos y dementes que se comportan (y cobran) como divos del showtime. Parece que hay unanimidad en la sociedad civil ante este razonamiento. Sus discursos ya no convencen. Entonces la pregunta es, ¿y si en vez de pedir más y más votaciones les deslegitimásemos dejando las urnas vacías y, a renglón seguido, saliéramos a las calles y plazas a pedir un proceso constituyente que nos permita hacer (a nosotros, el pueblo, no a los políticos como en el ‘78) una nueva Constitución con la que tu voto sí valga para estar representado? Ser, no sentirse, ¿no ves que eso es lo que significa la libertad? Piensa compañero, piensa y verás.