Solidaridad»: ¿nuevo? opio «para» el Pueblo (V)

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puebloAristóteles [en “Política”; s. IV a. de C.]:  “Si uno observa desde su origen la evolución de las cosas, también en esta cuestión, como en las demás, podrá obtener la visión más perfecta.”(1)

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En 2004, encabezando su artículo “Proyecto para una trituración de la Idea general de Solidaridad”(2), el profesor Gustavo Bueno escribía lo siguiente: “El término «Solidaridad» está experimentando, durante los últimos años, un ascenso asombroso como Idea general en el vocabulario político, ético y humanístico.”(2) En el párrafo de cabecera del primer capítulo (titulado “El fenómeno”(2)) de su escrito nos decía don Gustavo en qué consistía tal «fenómeno»: “es el proceso mismo del ascenso del término «solidaridad» a la condición de término de la clase de términos de alta frecuencia que sirven como indicadores de los intereses e ideologías dominantes en una sociedad determinada.(2) Y que el uso no se circunscribía a un sector o ámbito específico, sino que, al contrario, el término «solidaridad» está en boca de todos: empresarios y sindicalistas, clérigos y políticos, socialistas, comunistas y «conservadores», jóvenes y viejos, varones y mujeres. Todo el mundo apela a la «solidaridad», la proclama y la alza como bandera.”(2)

Que ese «todo el mundo» (entendido tanto como el agregado colectivo «todos» como el totalizado escenario mundial para el despliegue de la «psico-ideología» religionaria de «la Solidaridad») podía ser tomado, entonces y ahora, en sentido literal (y transcendido incluso hacia la “solidaridad universal(3) invocada por el Papa Pablo VI -25/Marzo/1967-), ha sido ya suficientemente demostrado mediante citas expuestas en anteriores artículos. Y las que vendrán. De hecho, en lo relativo a la dimensión propagandística y al alcance de los efectos propagadores, no nos apartamos un ápice descriptivo de la realidad si, recurriendo expresamente al estricto significado original de la palabra «católico» (= universal -que comprende o es común a todos-“(4)), decimos que «la Solidaridad» psico-ideológica a que nos estamos refiriendo es una «Solidaridad católica»; o pretende serlo; o está siendo postulada para que lo sea: para hacerse o «convertirse» en «católica»; en «su Majestad la católica Solidaridad».

Importante es recordar ahora que las palabras «solidaridad» y «católico/ca» comparten la misma raíz del protoindoeuropeo: la raíz «sol-»(5), que significaba «entero»(5). De ese «sol-» protoindoeuropeo procedía el griego «ôλος»(5)  (-hólos- = «todo, entero, total, completo»(6)); «ôλος» que, antecedido por la preposición «κατά» -=«καθά»(6)– (-katá o kathá-, que añade un sentido distributivo de partes o unidades), originó el «καθολικός» (katholikós) griego; y, de éste, el «catholicus/-a/-um»(7) latino. Este significado de «la totalidad de las partes/unidades» (es decir, de «todos» en el sentido «todos y cada uno») es la acepción de la palabra «catholica» en la expresión de Plinio (s. I d. C.): “catholica siderum errantium” (= «todas o la totalidad de las estrellas errantes»).

Y es importante lo anterior para comprender el origen «psico-ideológico» de «la Solidaridad» en la mente del «padre político» de esa palabra: el visionario Pierre Leroux; el gran «Pater» «social-solidario» («et filius insignitus» -e hijo insigne- de la «Revolución-Reacción» francesa). Pues el proceso que cabe denominar como «racionalización político-moral», cuya eclosión «histórico-institucional» tiene lugar en la Revolución francesa, guarda estrecha relación con el complejo conjunto de relaciones «todo/parte» típico de los usos y procesos asignados a esa facultad psíquica que llamamos «razón». Don Gustavo Bueno, en su libro «El mito de la izquierda» (2003) examina muy bien el proceso de «racionalización» política por «holización» (= «totalización») que tuvo lugar durante la Revolución francesa, culminado con el ascenso de Napoleón al Poder del «Estado administrativo» (burocrático) que él mismo fundó. Y nos dice Gustavo Bueno (2003): “La idea de izquierda política ha sido siempre asociada al racionalismo, y no de un modo externo, circunstancial y oblicuo, sino interno, esencial y directo. […] Lo cierto es que la izquierda, desde sus orígenes, se presentó como abanderada de la razón.”(8)

Escribía don Gustavo que ese proceso de «racionalización» mediante «totalización» u «holización» presenta dos fases: “la fase del análisis (regressus regreso-) y la fase de la síntesis (progressus -progreso-)(8). En la «fase de análisis» se produce una «descomposición», «desintegración», «deconstrucción» o «desmembración» (trituración o corrupción) del «todo» en sus partes componentes no divisibles («individuos» o «átomos»); mientras que en la «fase de síntesis» se produce la «recomposición», «reintegración», «reconstrucción» o «corporeización» del «todo» fragmentario previamente descompuesto, desintegrado, deconstruido o desmembrado.

Ambas fases, al menos en el pensamiento, no tienen necesariamente que excluirse entre sí en cada momento. Y ambas comparten aspectos materiales o corporales, por un lado, y psico-ideológicos por otro; ambas fases son «psico-somáticas», por así decirlo. Pero la componente «psico-ideológica» o «psico-religionaria» es imprescindible y decisiva en la fase de «reintegración» o «reconstrucción». En lo que a la Libertad se refiere, la «Revolución-Reacción» francesa fue regresiva por individualizadora: desfiguró a las personas convirtiéndolas en «individuos» del «cuerpo social»; y pervirtió la Libertad (política; colectiva) reduciéndola a «libertad individual». Ese proceso pulverizador pretendió, en un primer momento, contrarrestarse mediante dos abstracciones «psico-religionarias»: la «Nación» como sede de una imaginaria «soberanía nacional»; y la fantástica «Voluntad general» rousseauniana como guía animadora del «cuerpo social».

Vestigios que testimonian inequívocamente ese proceso de «holización» o «totalización» igualitaria se encuentran en la megalómana «Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano» (París; agosto/1789; redactada por un puñado de auto-nombrados «representantes del pueblo»; y también, según parece, de ese ciclópeo engendro fantasmagórico y universal llamado «el Hombre»):

> En el «Preámbulo»: “Los representantes del pueblo francés, constituidos en asamblea nacional […] han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, con el fin de que esta declaración, constantemente presente en todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y deberes…”

> En el «Artículo III»: “El principio de toda soberanía reside esencialmente en la nación; ningún cuerpo, ningún individuo puede ejercer una autoridad que no emane de ella.”

> En el «Artículo VI»: “La ley es la expresión de la voluntad general…”

Sobre tal «Declaración», escribió Gustavo Bueno (2003): “Una declaración en la cual la sociedad humana es analizada en sus átomos, libres e iguales, del mismo modo que la Teoría cinética de los gases analizaba a éstos como compuestos de «átomos», también libres e iguales”(8) («Artículo I»: Los hombres nacen y mueren libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden fundarse más que en la utilidad común).

Pero volvamos ahora a Pierre Leroux, quien percibió explícitamente el proceso de descomposición o desintegración política (propio de la fase de «análisis» totalizador) sufrido en Francia. En un texto de 1831, originalmente titulado «Religión. A los filósofos»(11a) escribió: “Hemos llegado a una de esas épocas de renovación en las que, tras la destrucción de todo un orden social, un nuevo orden social comienza. La Revolución francesa no sólo fue una revolución en los intereses materiales*, fue también una revolución en el orden moral: sólo puede terminarse por una reorganización moral. […] La sociedad se ha vuelto polvo. Y así será mientras una fe común no alumbre las inteligencias y no colme los corazones. ¡Vean! Un solo sol alumbra a todos los hombres, y al darles una misma luz, armoniza sus movimientos; pero ¿dónde está hoy, se lo pregunto, el sol moral que brille para todas nuestras conciencias?”(11a) [(*): en 1841 Leroux sustituyó el sintagma «en los intereses materiales» por el adjetivo «política».]

Más adelante, en ese mismo texto, se refiere Leroux a la necesidad de una «síntesis nueva»(11a) para llevar a cabo esa «reorganización [o reconstrucción] moral»(11a). Y escribe (1831):La síntesis nueva, en la medida en que no ha sido hecha, deja por todas partes un vacío inmenso; y, para colmar ese vacío, a propósito se pone en su sitio el error, como si pudiera ocupar el lugar de la verdad, y como si el error y la verdad no fueran a combatirse, de tal manera que el todo se vuelve hueco y vacío. […] Entendemos, por hostilidad hacia el Cristianismo, que creemos en la necesidad de una nueva síntesis de todo el conocimiento humano. […] Convencidos entonces de que la religión del porvenir no será la síntesis cristiana, sino una nueva síntesis.(11a)

La palabra de cabecera, el principio fundamental, el «sol moral»(11a) de esa «nueva síntesis»(11a) integradora será, precisamente, «la Solidaridad». Así, escribe Leroux en 1840: “lo que falta es el axioma ontológico del que hablo. […] Es la comunión del género humano o, en otras palabras, la solidaridad mutua de los hombres.(9) Pero desarrollaremos los componentes explícitamente «psico-religionarios» entretejidos por Pierre Leroux (el Gran Pater «social-solidario»), en el siguiente artículo.

Concluimos haciendo referencia, por ahora sólo aludiéndolas, a las dos «psico-ideologías» que, en consonancia con el citado proceso «individualizador/atomizador» de la «Revolución-Reacción» francesa, se fueron configurando inmediatamente después de ella: el liberalismo (-supuestamente político- basado en «los derechos del individuo»; cuyo representante francés prototípico es Benjamin Constant) y el anarquismo. Ambos componen, respectivamente, lo que Gustavo Bueno (2003) denominó, izquierda de segunda generación”(8) e “izquierda de tercera generación”.(8)

Y como colofón y síntesis de todo lo anteriormente expresado, reproducimos una frase del anarquista (anarco-socialista) Mijail Bakunin (en «Dios y el Estado»; 1871): “el cristianismo es la negación más decisiva y la más completa de toda solidaridad entre los hombres, es decir, de la sociedad y, por consiguiente, también de la moral, puesto que fuera de la sociedad, creo haberlo demostrado, no quedan más que relaciones religiosas del hombre aislado con dios, es decir, consigo mismo.”(12)

 


 

(1) ARISTÓTELES. “Política”. Editorial Gredos, S.A. 2000. [escrito s. IV a de C.].

(2) BUENO, Gustavo. “Proyecto para una trituración de la Idea General de Solidaridad”. Sección “Rasguños” de Gustavo Bueno. Revista El Catoblepas”, Nº 26. Abril, 2004. [Disponible en el sitio «web» de la Fundación Gustavo Bueno -nódulo.org-].

(3) PABLO VI (MONTINI, Antonio María). Carta encíclica Populorum Progressio” >>>A los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles de todo el mundo y a todos los hombres de buena voluntad sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos.” Página «web» oficial del Estado Vaticano.

(4) REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la Lengua Española. Pág. «web» [1ª acepción del vocablo “católico, ca”]

(5) ROBERTS, Edwuard. A.; PASTOR, Bárbara. “Diccionario Etimológico Indoeuropeo de la Lengua Española”. Alianza Editorial, S.A. 1ª Ed.-1.996. 7ª Reimpresión-2.009.

(6) PABÓN, José Manuel. “Diccionario bilingüe. Manual Griego clásico-Español”. Larousse Editorial, S.L. 2014. [edic. orig. 1967].

(7) SEGURA MUNGUÍA, Santiago. “Nuevo diccionario etimológico Latín-Español, y de las voces derivadas”. Universidad de Deusto. 2013.

(8) BUENO, Gustavo. “El mito de la Izquierda. Las izquierdas y la derecha”.  Ediciones B, S.A.. 2.003.

(9) LEROUX, Pierre. De l’Humanité, de son príncipe et de son avenir, où se trouve exposée la vrai définition de la religion, et où l’on explique le sens, la suite et l’enchaînement du mosaïsme et du christianisme”. Texto en «pdf» disponible en el sitio «web» del “CDI-l’École alsacienne”. París. [ed. orig. 1840].

(10) FROMM, Erich.El miedo a la libertad”. Espasa Libros, S.L.U. 2011. [ed. original 1941].

 

(11) LEROUX, Pierre. “Cartas a los filósofos, los artistas y los políticos”. Editorial GEDISA, S.A. 2016 [ed. orig. 1831].

(11a) LEROUX, Pierre. “A los filósofos”. Publicado por 1ª vez en “La Revue enciclopédique” (1831; revisado en 1841).

(12) BAKUNIN, Mijail. “Dios y el Estado”. Will Jonson. 2013 [escrito en 1871. Ed. orig. -en francés- 1882].