La siesta, una cuestión de estado

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Una web de reservas hoteleras ha presentado las ‘SiesteSillas’, unas cápsulas del sueño que ayudarán a mantener viva una de las tradiciones más españolas: la siesta.

Un portal especializado en reservas de alojamiento hotelero ha lanzado una muestra de las denominadas ‘SiesteSillas’ en un intento de poner en valor la importancia de dormir bien por las tardes.

La iniciativa de estas sillas para echar la siesta se presentó en la Estación de Atocha de Madrid. Los viajeros que no tenían prisa pudieron probar las sillas y, así, echar una cabezada después de un día ajetreado mientras hacían transbordo de trenes a metros o de metros a trenes.

Encuesta

La propuesta no deja de tener su curiosidad, pero lo mejor de la iniciativa es una encuesta realizada entre la población. La investigación se realizaba en varias comunidades autónomas y la mitad de los encuestados afirmaba a los encuestadores que “les gustaría disponer de espacios públicos para dormir la siesta antes de trabajar”. Casi nada.

Está por ver que el delirio de los encuestados sea recogido por políticos y sindicalistas convirtiendo la siesta en un derecho constitucional. Aberraciones más grandes tenemos en la Constitución y los estatutos de autonomía. Y es que, los llamados padres de la Constitución, tuvieron las santas narices de afirmar cosas como que “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho”.

Es evidente que España no se constituye en nada. España llevaba siglos constituida. Evidente es que un Estado no puede ser democrático. Un estado es una jerarquía en la que unos mandan y otros obedecen. No hay lugar para la democracia en el estado. Ni en la policía, ni en los jueces, ni en la hacienda pública, ni en el ejército.

En fin, que unos farsantes que desconocían que una Constitución se hace para separar el poder y establecer un sistema de controles, pesos y contrapesos, redactaron una constitución que no deja de ser una carta otorgada a unos súbditos que nunca tendrán la categoría de ciudadanos.

Ahora, después del delirio y la demagogia de políticos y sindicatos verticales, ya tenemos un nuevo derecho que reivindicar: el derecho a la siesta. Un derecho más que tendrá que garantizar el Estado. Un delirio más para unos supuestos ciudadanos que son capaces de contestar a una encuesta que plantea tan atinadas preguntas.

En fin, mis queridos dormilones, concluyo: Madrid ocupa el primer puesto en el ranking de regiones donde los españoles consideran que la siesta debería ser obligatoria, seguida por Cataluña y El País Vasco.

Como verán, las autonomías más avanzadas en la conquista de derechos, tienen una población que obligará al banco azul a legislar sobre la obligatoriedad de la siesta. Y eso, justamente eso, es lo que nos faltaba. Que la Nación siga durmiendo el sueño de los justos mientras el Estado nos da un besito, nos roba la cartera y nos desea buenas noches.

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