Consenso impuro. Inmoral. Fin de siglo moral y de conciencia colectiva. Busquemos al hombre que mira a las estrellas, a nuestros compañeros y amigos del camino. No miremos a los lados. No esperemos nada de lo árboles podridos. Sigamos caminando con brío, sabemos a dónde. Pocos pueden decir eso en este tiempo. Conspiración del vicio contra la virtud, tomémosla de la mano y que sea nuestro sino. Reivindiquemos lo mejor. Nuestro camino siempre ha estado y estará en la escalera de la sabiduría, en la contemplación de lo valioso, en los bosques puros, en la quietud de la vida sencilla. Cojamos las flores que salen a nuestro camino, como decía Virgilio, pero sin detenernos, sin mirar atrás.

En las horas de decadencia afloran los espíritus fuertes y formados, disciplinados por la excelencia de carácter. En esta aventura maravillosa de la conquista de la libertad en España, se dan cita en este Movimiento, nos damos cita y no nos da vergüenza. No dejemos que el pesimismo que es hijo del vicio de la desesperanza nos alcance. Huyamos de lo peor. No es valentía dialogar con los pactistas de lo inmoral. Huir de ellos siempre es lo más sabio. Dejemos que los muertos entierren a sus muertos. Si les queda algo de decoro, que se retiren a sus casas a pedir perdón. La avanzada de la conquista de la libertad política y de la virtud en lo público no es tarea para todos. Los demás vendrán cuando nos vean firmes en lo mejor, audaces en la virtud.

Es hora de dejar atrás toda la podredumbre de estas décadas, de no confundir ambiciones personales con la única ambición que debe guiarnos, la de la libertad colectiva, la de reivindicar una nueva y, maravillosamente antigua a la vez, forma de ser y estar con dignidad en el camino común del hecho de la libertad. Es la hora de la libertad para España que siempre ha estado y estará, como nos ha enseñado el Maestro, en los prados vírgenes de los valles intactos y no contaminados de los espíritus fuertes y alejados, y con desprecio, de los bajos instintos gallináceos de la clase política. No más mentiras. No más apropiaciones indebidas de nuestra forma bella de vida colectiva. No más feísmo, no más idiotismo ni más pérdida de tiempo. Es tiempo amargamente perdido el que no se aprovechó para conquistar la libertad. Si no somos libres todos, no seremos libres ninguno. Que la palabra libertad política esté en vuestros labios y que sepamos apartar la mirada de quiénes nos impongan formas de vida indignas de nuestro ideal. Es época de un ideal bellísimo para espíritus libres. En medio de lo peor, sabemos que lo mejor está por venir.

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