Versalles

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De izquierda a derecha: el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés, Francois Hollande, y el presidente español, Mariano Rajoy

Miras con tiempo la foto del trío de Versalles (Hollande, Gentiloni y Mariano en las faldas de frau Merkel) y ves el futuro de la Unión Europea.

¿Seríamos los mismos, con el trío de Versalles al frente del desembarco de Normandía y Juncker & Tusk al mando de la 101, ésa a la que Obama, como los malos cazadores con los lebreles que ya no cazan, tenía pasando necesidad?

De la UE ha salido corriendo “la vieja raposa” de León Felipe. El mundo, como profetizó Tocqueville, está hoy en manos de Trump y Putin, los dos toros de la fábula de Fedro (“Las ranas y los toros”), que, como novedad, querrían dejar de pelear, y, sin embargo, son las ranas quienes los excitan a seguir peleando.

Afrancesada por La Fontaine y relatinizada por Fenelón, la fábula va de unas ranas asustadas en su pantano viendo la lucha de dos toros por una novilla blanca: otean que el perdedor será desterrado y querrá reinar en el pantano, aplastándolas a ellas. Moraleja: los pequeños sufren las tonterías de los grandes.

Pero frau Merkel se niega a verse pequeña, y, atizando el fuego, juega a ser la novilla blanca por la que se peleen los toros. El trío de Versalles, que cree que Alemania, en vez de oficialismo, pedantería y loca vanidad, es uniformes, música y cerveza, asiente.

La sociedad alemana –tiene dicho Sloterdijkreivindica rutinariamente su derecho al bienestar, pero estas almas bellas nada quieren saber de qué fuentes han de extraerse las riquezas.

El trío de Versalles ha ninguneado a Polonia para imponer a un tal Tusk, y, en palabras de Tom Paine, el gobierno con insolencia es despotismo; si se le añade desprecio se hace peor, y el pagar por el desprecio es el colmo de la esclavitud.

Esa especie de gobierno procede de Alemania, y me recuerda lo que me contaba un soldado de Brunswick tomado prisionero en la guerra americana: “América es un buen país libre, merece la pena que el pueblo luche por él; en mi país, si el príncipe dice ‘a comer paja’, comemos paja”.

 

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