Sobre la libertad (III): «Preparación»

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En la primera parte de estas conversaciones nos referíamos a la Personación como mutuo reconocimiento personal. Era la «pre-fase» de la Libertad, era un estar (un «estar-estando»; un «permaneciendo») sobre el umbral de una Libertad pendiente de acontecer o aparecer. En la segunda parte entramos en la fase de Personificación como un recíproco «per-feccionarse»; un hacerse «Entre-Sí»; un estar «co-siéndose» y mutuamente confirmándose. Es una situación permanente de la Comunidad que vive en libertad: cada persona es, ahora, un «ser-esse» que, además de «estar estando», «está-siendo». A ninguna otra cosa o ser vivo adulto en todo el Universo se puede aplicar, con propiedad, a secas y en verdad, la combinación verbal «estar-siendo» (un semoviente león adulto existente no «está-siendo» un león en tanto ya lo era y ya lo es; y si lo estuviera siendo, desde luego no lo sería para el semoviente león sino «para-nosotros»; además, ¡qué le importa al león el vocablo «león»!). Mucho menos aún se puede afirmar de cualquier otro ser vivo que esa condición de «estar-siendo» dependa de poner en común («Inter-esse») su propia voluntad incondicional y universalmente afirmadora.

La recíproca capacidad de «estar-siendo Entre-Sí» («co-siéndose») es una cualidad específica y voluntariamente humana, es su genericidad específica: el mejor regalo o presente del «Entre-Sí» a las personas=verdades presentes en Libertad, en tanto sea querida, tenida y sostenida como continua posibilidad de sucesivos renacimientos. [Por cierto, preguntémonos respecto ese «Sí» del «estar-siendo»: ¿sí en do? -es decir, ¿dónde el «Sí»?-; respondámonos: en el «Entre»]. Aquella combinación verbal es la que conecta, por medio del Amor («Liberamor»), a las personas libres integrantes del «Nosotros»; no para darse «la Razón», sino para intercambiar Amor. Un «Amor-Liberamor» que, por mucho que se le quiera desterrar de su Tierra (esa burbuja de magma, polvo y agua) era, es y seguirá siendo el verso del verbo universal; el silencioso, resonante y resiliente «Inter-esse» interpersonal que «re-combina» a las personas presentadas «Entre-Sí»; a ellas mismas como verdades transferibles y a la par insustituibles para su «Entre-sí». Un veraz Amor que libera Amor veraz: pura inteligencia ligada, «re-ligada» y religándose; pulcra religiosidad presentándose en Verdad; pura ligazón entre verdades personales; pura espiritualidad.

La Personificación, como fluyente situación permanente de perfeccionamiento mediante mutuas interacciones, es un acontecer diario de novedades o una continua «in-novación» personal. A ese diario proceso reticular, como fase permanente de la Libertad, lo podemos denominar, aprovechando las siglas del movimiento fundador de este innovador Diario, «MCRC»= Mutuo Conocimiento con Reconocimiento Común: un movimiento continuo de estante personación acompañada de caminante personificación. El resultado: continuas respuestas al ¿qué soy?, ¿quién soy? y ¿cómo soy?; una continua responsabilidad sobre uno mismo o continua procesión del propio ser como responsable (capaz de responder) sobre su propia verdad existente y esencial.

La Personación, por ser presupuesto y condición de la Libertad, tiene, en sentido estricto, carácter «pre-político». La Personificación, en tanto fenómeno previo y, a la vez, indisociable del desarrollo de la acción política estricta, tiene carácter «para-político». Como, a su vez, no puede hablarse propiamente de acción «líbero-política» sin que haya existido previamente la Personación (pre-política) y un mínimo suficiente de libre Personificación (para-política), ambas constituyen, verdaderamente, la «pre-para-ción» de aquella acción: son lo que «pre-para» la acción «líbero-política». Son, respectivamente, puro y potencial requisito la una; y, la otra, pura y efectiva capacidad para iniciar y continuar, responsablemente, la acción política libre.

La necesidad de reconocer a las personas como sujetos inviolables de la actividad política y del proceso «MCRC» fue la que determinó que, en los movimientos potencialmente liberadores de finales del siglo XVIII se promulgaran, con carácter previo, simultáneo o inmediato a las Constituciones, las denominadas “Declaraciones de Derechos” [la de Virginia en 1.776; la de Francia (pre-constitucional) en agosto de 1.789; las diez primeras enmiendas de la Constitución americana -«Carta de Derechos» (post-constitucional)- en 1791, dos años después de entrar en vigor la Constitución). Los gravísimos desaciertos contenidos en la «iluminada» Declaración francesa, cargada de falsedades y de prejuicios ideológicos, junto con el despliegue posterior de las «psico-ideologías» (que son prejuicios alimentarios del Poder estatal y excluyentes de toda acción «líbero-política» estricta) cerraron el paso a la Libertad política en la Europa continental. En consecuencia, interrumpieron bruscamente el proceso político de libre personificación recién comenzado, en tanto derivado de la acción política libre; esa abortiva interrupción ha durado más de doscientos años.

El Estado revolucionario, cuando se convirtió en «donante» de derechos personales, incluyendo el derecho a la vida, se igualó al «Ser Supremo» que invocaba la Declaración francesa, convertida en oráculo por decreto: el Estado acabó siendo «pontífice-augur» endiosado; y convertido en cielo crematístico* para el tráfico de «derechos». Su pródiga donación ocultaba la previa apropiación, invirtiendo ipso facto la donación en usurpación. Lo «psico-ideológico» reconvirtió la violenta prepotencia de la autoridad del Estado (fabulosa «Psique Suprema») en fábrica de prejuicios psíquica y legalmente religionarios para naciones desintegradas en «individuos-átomos»; se tornó el Estado en zoco autorizado para interesados traficantes legalizados de derechos prebendarios; en áureo cobijo y consagrado manto para camuflar y proteger interesadas ambiciones de Poder por ocupar cargos a diestra y siniestra de la «Psique Suprema»: monumental máquina burocrática de supervivencia; sociedad anónima gestora de anónimos individuos despersonalizados.

Pero volvamos al «Nosotros» en proceso «MCRC» y a sus enemigos. El prejuicio colapsa el despliegue de la Libertad política. La persona prejuiciada (o, peor aún, un grupo organizado de personas), al plegarse a su propio poder (soberbia) o al poder ajeno (sumisión al Estado-nación o a cualquier otro foco de poder efectivo) origina una situación que se irá desquiciando, con mayor o menor rapidez, conforme el poder (que es pozo seco de «Liberamor») se vaya extendiendo y/o autoafirmando. Si el poder es total, todo se desquiciará y devendrá aberrante; todo se va falsificando (se va mintiendo) y, en consecuencia, todo se invierte.

Si una persona se aferra con lazos de hierro a un prejuicio interesado, cultural, ideológico, material, etc., se impide a sí misma ser libre y, desgraciadamente, se lo impide a los demás. Si una persona se encastilla, frente a todo y frente a todos, en una vanidad feroz, recalcitrante y permanente, se anula a sí misma y se convierte en su propio remanente (un resto de casi nada; lo que era miel deviene hiel). Toda clase de poder descontrolado es desquiciante por propia naturaleza, incluyendo el ejercido sobre o contra sí mismo, que es una forma invertida y terrible de renegar de los demás, de renegar de la vida. La humildad es el asiento del Amor.

Por su parte, cualquier juicio (sobre el pasado), o interés (sobre el futuro) diferente al Inter-esse (en tanto amor a la Libertad: «Liberamor») que se cuele en el paraíso de la Libertad recién aparecida, la extravía; ese diferente juicio/interés es la mala serpiente que difiere o retarda la Libertad (y la persona que lo consiente se resiente). Esos intereses diferentes habrán de diferirse para que se deriven de la Libertad cuando ésta, voluntariamente, vaya a ellos. Amor y Libertad, por ser como son, a ellos irán sin pérdida de tiempo, una vez inteligidos y ponderados entre sí los intereses. Esos otros intereses serán sus dulces amoríos, como necesarias amistades, si son atendidos en Libertad, pero serán amargos amormíos (una planta con flores sin olor) si se atienden por Voluntad de Poder, que es razón de juicio/interés y, por tanto, retardadora sinrazón (razón de «no-ser»). Por todo eso, el Amor ama la Libertad, porque el «Liberamor» ni quiere ni puede ser lo que no es; porque el Amor puede y quiere ser lo que quiera la Libertad; y al revés.

Personación y Personificación, presentándose y desplegándose sanamente en el «Entre-Sí» de un «Nosotros» deseoso de Libertad, preparan, alimentan y fomentan esa Libertad deseada, que se realiza mediante la acción política libre; acción engendrada y nacida públicamente en el seno común de la Comunidad política libre y responsable de «Sí»; responsable, en fin, de los «Sí-es» o verdades que no son otras sino cada una de las personas «co-responsables» que, «co-siéndose», la integran y entretejen (que «están-siendo Entre-Sí»).

 


(*) Crematístico, según diccionario R.A.E.:

Del griego «χρηματιστικός» [chrēmatistikós]; la forma femenina, de «χρηματιστική» [chrēmatistikḗ] ‘arte de ganar dinero’.

  1. adj. Perteneciente o relativo a la crematística.
  2. f. Interés pecuniario de un negocio.
  3. f. desus. economía (‖ ciencia).

Nota: este artículo, con algunas modificaciones y sin las imágenes ni las citas, fue publicado en Noviembre de 2011, en la primera etapa del Diariorc.


(1) NIETZSCHE, Friedrich. “Segunda consideración intempestiva. Sobre la utilidad y los inconvenientes de la Historia para la vida”. Libros del Zorzal, 2006. [Ed. orig. 1873].

(2) ANDREAS-SALOMÉ, Lou. “Friedrich Nietzsche en sus obras”. Editorial Minúscula, S.L. 2005. [Ed. orig. 1894].

(3) NIETZSCHE, Friedrich. “Genealogía de la moral”. Edimat Libros, S.A. 1998. [escrito en 1887].

(4) SANTAYANA, George. “La vida de la razón” (o “Fases del progreso humano”). Edit. Tecnos, (grupo ANAYA, S.A.) 2005. [ed. orig. 1905].

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