La trampa de las listas abiertas (I)

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Que con buenas intenciones se han causado los mayores daños es una evidencia histórica difícilmente cuestionable. En el actual discurso político oficial, ante la hecatombe manifiesta de la ruindad institucional y “constitucional” típicamente defensiva de quienes apalancan este régimen de partidos, unos pocos se aferran a una reformista tabla de salvación que acabe con el déficit partidocrático que ya no se puede esconder: El cambio del sistema de listas cerradas y bloqueadas de partidos por otro de listas abiertas, también de partidos.

Se trata de una burda simplificación intelectual ajena al control ciudadano sobre el representante, ya que la adopción del sistema de listas abiertas de partido, no resuelve el problema de la representación y responsabilidad del elegido frente al elector, resultando que, en cualquier caso, para ser elegido, habría forzosamente que pertenecer a la lista de un partido concreto que lo incluya. Efectivamente, para poder ser elegido, el partido, verdadero y único sujeto de la acción política,  seguiría diseñando el “menú” de elegidos a incluir en dichas listas a través de sus cúpulas, por lo que la separación entre la sociedad civil y política se mantendría de igual forma que en el actual sistema de listas cerradas, ya que el poder último, la mal llamada “soberanía”, residiría en última instancia en el partido y no en el ciudadano. Exactamente igual que ahora.

Dar carta de validez al cambio de unas listas cerradas a otras abiertas como simple solución al problema representativo supone expreso reconocimiento de que el sujeto político sea el propio partido y no el ciudadano, que únicamente puede ejercer la acción política a través de aquel, quedando de nuevo a merced de una clase política generada por la oligarquía de partidos, donde la promoción dentro y fuera del grupo partitocrático se consigue con instrumentos tan característicos como el servilismo y el pactismo. Ello no viene a significar la maldad intrínseca de los partidos políticos, cuya utilidad vehicular de las ideas y aspiraciones ciudadanas es evidente y asumida por cualquier demócrata, sino que lo sancionable es su posición como titulares del monopolio de la política insertándose en el estado como verdaderos órganos administrativos gestores de la “cosa política”.

La oligarquía de partidos, ya sea con listas abiertas o cerradas, se caracteriza por la configuración del partido como tentáculo del estado que establece su relación con el ciudadano de arriba hacia abajo, saliendo del Estado hacia el ciudadano y no al revés como verdadera asociación ciudadana de orden político destinada a proponer una determinada acción de gobierno que es precisamente su función.

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Gonzalo AlvarezAnnett Haseryder HeferanPedro M. González Comentaristas mas recientes
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Annett Haseryder Heferan

De la España anómala (la que sea) y a, hacia la nueva Espania más actualizada. Notas y esquemas. Aclaraciones y borradoras preámbulas.
Donde dice actual: «seguiría diseñando el “menú” de elegidos a incluir en dichas listas a través de sus cúpulas», ha de decir futura: sigue delineada la Carta electora, inclusa en las papeletas, listas de las organizaciones. ¿.(.?
Donde dice hoy: «cuya utilidad vehicular de las ideas y aspiraciones ciudadanas es evidente y asumida por cualquier demócrata», ha de decir: cuya Presentación (por Representación) actúa en la función de las ideas y aspiraciones ciudanas, (admítanla) en evidente asunción demócrata, (de pueblo y aldea, de la fuerza y la capacidad). ¿.*.?
Donde dice ahora: «La oligarquía de partidos, ya sea con listas abiertas o cerradas, se caracteriza etc.», ha de decir progresista: La supremacía plural de las organizaciones políticas, sean listas abiertas, se caracteriza (la configuración) tal que garantía de la Estación pública (por Estado), que establece la relación ciudana (y aldeana), de ellas hacia la propia Estación, (refrenda, autoriza, legaliza) y tal que la verdadera asociación, sociedad de Normas, políticas ahora, cuya finalidad mayoritaria (la función y la funcionalidad) es manda, elige, hacia la acción de “su” la gobernanza, (ahora Presencias). ¿.).?
Example: La Presencia don/dona ………….. Autoridad de la República de Espania, nacional y federada y Presidencia de la Gobernanza de la Cámara Central . . .
Ya se sabe que una cosa, causa, es la teoría escrita, ideal, y otra es la verdadera práctica habitual.
Resumida en suma: brillante usted en su opinión Sr. Pedro M. González analizando las verdaderas causas (los trastornos, duelos y quebrantos más patrios y originales) y, de las próximas soluciones, actualizaciones, aplicaciones por venir. Porvenir. Fortuna. Y le saluda atte

Annett Haseryder Heferan

Es gobernancia en realidad, calidad de gobernación o gobierno, y decir España o Espania es a mi ver una forma de denominar la misma causa. Email por correo electrónico por ejemplo. Acepto “extravagante” pero, «prurito socialdemócrata de auto vergüenza realmente inexplicable» me deja sin palabras y veo que pues quizá sí me pasé bien. Pero es quitar hierro y poner distensión . . . Tiene usted la razón aquí porque éste es su espacio que merece más seriedad. Le acepto su cortesía final, y acepte usted mis disculpas. No volverá a ocurrir. Le saluda otra vez Sr. Pedro M. González.

Gonzalo Alvarez

El poder electoral último no reside en los partidos políticos colocados en el Estado,sino en sus jefecillos que controlan los aparatos de esos partidos.El sistema electoral proporcional de listas cerradas o abiertas de diputados de partido es un fraude a los administrados que con su dinero contribuyen a la Cosa Pública,por lo que TENEMOS que sustituirlo por el sistema mayoritario de candidaturas individuales por mayoría absoluta en distritos pequeños.Los verdaderos demócratas estamos en acción.