Democracia formal en los ayuntamientos

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La República Constitucional en lo municipal

La realidad política municipal en España viene determinada por los mismos afanes y ambiciones que la política en los ámbitos estatal y nacional. La falsa Constitución del 78, -más bien carta otorgada-, y la Ley Electoral General configuran la no separación de poderes en origen y la ausencia de representación política del elector; todo ello nos lleva a concluir que en España no hay Democracia.

En el ámbito municipal estos dos factores, -la no separación de poderes en origen, y la ausencia de representación política-, unido todo ello a la Ley de Bases de Régimen Local, y a los propios reglamentos de funcionamiento y organización interna de los ayuntamientos, configura de igual manera, la ausencia de un sistema democrático en la ciudad y en el pueblo. En la esfera de lo local, la existencia de este poder ejecutivo representado en la figura del Alcalde, y la del poder normativo o de control, representada en la figura del Concejal de Distrito, es negada, y es también usurpada a través de la integración de los mismos partidos estatales en ese espacio de poder total, y acaparador .

El Alcalde, como figura representativa de ese poder Ejecutivo local, esto es, como poder estatal, debe ser controlado por una Cámara -el Pleno- que igualmente debe ser representativa de todos los convecinos residentes en los ricos y diferenciados distritos barriales que configuran el municipio. De esta manera, los vecinos electores tendrían la posibilidad de elegir en votaciones separadas al Alcalde, de un lado, y al Concejal de distrito por otro. Para elegir al primero, habría candidatos en distintas candidaturas uninominales, a doble vuelta y en distrito único de toda la ciudad o pueblo; resultando ser Alcalde electo quien obtuviera la mayoría absoluta de todos los votantes. Para elegir al Concejal de cada distrito, habría igualmente candidatos uninominales y a doble vuelta, resultando elegido también, el que obtuviere mayoría absoluta en una segunda vuelta de cada uno de los distritos o barrios en que se divide u organiza el pueblo/ciudad.

En estos momentos, -y desde la aprobación de la Constitución del 78-, los poderes municipales, el de funciones ejecutivas o gobierno, y el de representación o control, están unidos y entrelazados, atados y bien atados. Uno de ellos emana del otro, son los concejales los que eligen al Alcalde, y siempre, después de que éste haya configurado las listas de candidatos de partido que luego habrán de refrendarlo a él mismo. Esto supone que el pleno del ayuntamiento se divide en dos mitades; en una de ellas se sitúa el Alcalde con los concejales que le nombran, y en la otra se sientan los que no han logrado la mayoría para nombrar al suyo. En ninguna parte de ese Salón de Plenos toman asiento los vecinos, ellos están ausentes, nadie los representa, todos los concejales están preocupados en apoyar a su Alcalde, o en debilitar al contrario, ninguno en tomar en consideración los problemas concretos de cada uno de los barrios, de cada distrito, sector productivo, colectivo social, servicio público, etc.

La representación del elector y la participación ciudadana de abajo hacia a arriba sería una realidad potenciada y desarrollada en este sistema de democracia formal que proponemos, pero no lo es bajo este régimen poder oligárquico, de reparto de porciones de poder municipal/estatal en listas de partido.

El Alcalde, elegido en un distrito único de todo el censo municipal, a doble vuelta y por mayoría absoluta será el titular de ese poder ejecutivo bien legitimado, pero también controlable; sin obligación de pactos, ni renuncias, sin depender de chantajes se configuraría eficazmente como el Alcalde de todos. No sería por tanto el de una facción.

El Concejal de Distrito, una vez elegido en esa demarcación por mayoría absoluta y a doble vuelta, estaría vinculado indefectiblemente a los problemas y conquistas de esa comunidad barrial, coordinaría y defendería con verdadero ahínco los intereses comunes y particulares.

El Pleno del Ayuntamiento, integrado por todos los de Concejales de Distrito, sería sin duda alguna un verdadero órgano de control del Gobierno Municipal de defensa de los intereses generales del municipio y generador de normas que traerían su causa justa de la voluntad general de sus habitantes.

Vicente Carreño Carlos.

Totana, 12 de Abril de 2016

Dedicado al Alcalde y a los concejales elegidos en las Elecciones Municipales del 14 de Abril de 1931 en Totana.

Dedicado igualmente a todos los repúblicos que se afanan por conquistar la Libertad Política Colectiva, la Democracia y la República Constitucional.

Dedicado a David López Sandoval, quien hace tres años (2013) tuvo estas palabras para saludar y agradecer un comentario nuestro a un artículo suyo sobre el tema que nos ocupa.

“El mayor error que están cometiendo todos los movimientos republicanos, regeneracionistas y rupturistas, es desatender la semilla, el epicentro de toda regeneraciónn, toda república y toda ruptura: el municipio. Es ahí donde el discurso de estas se hace comprensible”.

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Luis García Abad de CorpaGonzalo Alvarez Comentaristas mas recientes
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Interesantísimo artículo, Vicente, ya que es muy necesario tratar los temas locales. Por cierto, don Vicente, ¿no cree que sobran municipios en España? Hay, creo, más de ocho mil. Muchos pueblos tienen menos de 50 habitantes, sobre todo en mi provincia, Burgos. Nosotros solos, la provincia de Burgos, tenemos el diez por ciento de los municipios españoles, más de ochocientos. La población total no llega a los 400.000.

Gonzalo Alvarez

Dos principios esenciales encabezan la verdad constitucional de todo Estado que pretenda ser democrático;donde no hay separación de poderes,no hay Constitución;donde no hay control del poder,no hay democracia.Los habitantes de las ciudades están siendo sacrificados en provecho del reparto de poder para los partidos políticos.Todo por el pueblo y para el pueblo,pero sin el pueblo.España requiere una Ley electoral que separe los poderes en origen,que garantice la representación de los ciudadanos y la revocabilidad del representante.

Formidable artículo, repúblico Carreño.

Lo considero así, porque pienso que se hace necesario visualizar muchísimo más, y con máxima pormenorización de múltiples detalles, cuáles y cómo podrían ser, a todos los niveles, las diferentes realidades y circunstancias en las que los ciudadanos de nuestra masacrada España viviríamos tras la implantación de la República Constitucional, en cada rincón nacional.

Entiendo que la R.C. es más formidable simiente de increibles propiedades e incuantificables efectos, que solo un fruto ya maduro y degustable, que se pueda obtener de algún árbol, solo estirando el brazo. (Lo que más se parecería a votar, sin poder elegir algo).

La gente común, como yo mismo y tantos otros, sí somos capaces de comprender más o menos, tras verdaderos esfuerzos sostenidos, las explicaciones y desarrollos teóricos que nos ofrece cada día el MCRC, magnífico en la actualidad, y en especial la sublime obra -Teoría Pura de la R(C) – de nuestro magistral repúblico, paradigma de una futura categoría del género humano que poco a poco llegará para quedarse entre nosotros.

Sin embargo, solo las teorías, por sí mismas, tienen limitado potencial para atraer más y sobre todo impulsar a la acción, no hablemos de compromiso, a los rebaños de sanchos (panza) que no acostumbramos razonar, porque apenas sabemos pensar, y mal, sobre algos que no se puedan pesar, medir y contar, y que, además, satisfagan nuestras elementales necesidades reales y superfluas apetencias y fabulaciones estúpidas.

Ser súbdito tiene su penoso precio. Y genera dependencia.

A falta de una educación básica y de cultura elemental adquirida en nuestros respectivos procesos de madurez personal y ciudadana, creo que en la actualidad se presenta como imprescindible, la necesidad y conveniencia de poder recurrir a algo más y sobre todo mejor, como podrían ser unos talleres-cursos de educación básica para la ciudadanía, solo como ejemplo.

Impartidos por quienes-finaliza mi espacio.

Luis García Abad de Corpa

Luis “er Maki” dice:
Prueba de la abierta degeneración de nuestro modelo de administración y representación política en nuestros municipios, nos lo demuestra el afán de los poderes políticos por controlar y crear capas de opacidad a la función municipal.
Ya en tiempos de la restauración, el caciquismo y fraude electoral del sistema político, generaba una preocupación a los conciudadanos de bien, no fue hasta el periodo de Calvo Sotelo que se logró una reforma que estaría llamada a alcanzar destacada influencia en la Administración española. Con el Estatuto Municipal de 1924 se crea el Cuerpo de Secretarios, ingresados por oposición. Tras la importante depuración por la II República de las leyes de Primo de Rivera, dejó sin embargo subsistente la obra de Calvo Sotelo en todo lo relativo a funcionarios municipales y provinciales. Se aprueba la ley municipal de 31 de octubre de 1935, por primera vez se habla de empleados locales, de “cuerpo nacional” y se crea una Escuela de funcionarios de Administración local. La seriedad e importancia que la República Española reconocía a la selección y formación del personal funcionarial fue seguida por el régimen franquista, que en su degenerado y dictatorial concepto de poder, no se alejó del sistema heredado de la República en lo referente a estos asuntos.
Es en tiempos de gobierno de Felipe González cuando en la ley 7/ 1985 sustituyó los “cuerpos nacionales” por la “habilitación nacional”, no obstante siguió intacto el objetivo de asegurar al Estado una selección y formación unitaria de este personal. Por desgracia, es a partir de esta modificación que deja abierta la espita a la discrecionalidad implantada, llegando a las “libres designaciones” y otras corruptelas (finales de 1991), amén del progresivo vaciamiento de competencias de tales funcionarios, especialmente lacerante en las “grandes poblaciones” (diciembre de 2003, Gobierno de Aznar), proclives a convertirse, , en campo del mas añejo caciquismo. Salú2.

Luis García Abad de Corpa

Luis “er Maki” dice:
Con objeto de facilitar el sentido de mi escrito, me permito añadir la palabra “AFORTUNADAMENTE”, al párrafo de mi anterior comentario: La seriedad e importancia que la República Española reconocía a la selección y formación del personal funcionarial “AFORTUNADAMENTE” fue seguida por el régimen franquista, que en su degenerado y dictatorial concepto de poder, no se alejó del sistema heredado de la República en lo referente a estos asuntos. Saludos repúblicos.

http://www.elmundo.es/cronica/2016/04/18/57122930ca474118338b45f0.html
Esclarecedor su comentario sobre la democracia formal y el descrédito que supone a la ciudadanía. Complementa tu comentario de Democracia formal en los ayuntamientos. SALUDOS