El beso de la muerte

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Ufánase un sepulcro blanqueado
Predicando el sermón de la cal viva.
Y usando del cinismo del escriba,
Disfrázase de juez el condenado.

Concluida la oración del victimado,
Asáltale impetuoso el de la giba,
Rubrica su indecencia con saliva
Y el honor a la cruz es entregado.

Propondrá a Barrabás de referente.
Será Herodes el sumo sacerdote.
¿Y el Nazareno? Ese es la serpiente.

Mañana, fariseo; y ayer, zelote.
Así es el apóstol de la gente:
Un siniestro heredero de Iscariote

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Alejandro Gigirey
Pido, y me dan; busco, y hallo; llamo, y me abren. Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen.

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Raúl Cejudo GonzálezAntonio Ramírez García Comentaristas mas recientes
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Antonio Ramírez García

Muy hermoso el soneto Alejandro. Enhorabuena, me gustó mucho más ayer: los poemas recitados siempre son más bellos.

Y con este beso, nos venden de nuevo la película de la democracia progre pseudorevolucionaria.

Raúl Cejudo González

A ver si alguien le hace llegar este soneto al siniestro heredero de Iscariote. Le gustará.