El asesinato del Movimiento 15M

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Movimiento 15M

Terminada la dictadura del general Franco, comienza en España el franquismo. Un sistema materializado en el Estado de los partidos, que hereda el poder anterior y se lo arrebata a la sociedad civil para impedir la libertad política.

Cuando el caudillo, en su lecho de muerte coge la mano de Juan Carlos de Borbón y le dice: “Alteza, la única cosa que os pido es que preservéis la unidad de España” lo que en realidad le está demandando es que impida la libertad política de la nación española para mantener la unidad de la oligarquía. Porque el dictador español concibe, de alguna manera, la nación como una entidad posterior al Estado y por tanto, propiedad de éste.

El monarca instaurado, contra la voluntad de su propio padre, y de forma leal y consecuente, colabora para integrar a todos los partidos en el Estado y de esta forma mantiene a la sociedad civil alejada e impotente, sin defensa posible, frente a toda la clase política. Asume así las tesis socialdemócratas alemanas, reinstauradas por los EEUU tras la II Guerra Mundial, y que se convierten en herederas del fascismo histórico haciendo suya la premisa: ‘El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado[1], virtualizando así las diferentes corrientes ideológicas en su seno e impidiendo la libertad civil para poderlas expresar o modificar.

Como consecuencia material de estas premisas, la creación de un Ministerio de Cultura, es una de las primeras medidas tomadas en julio de 1977 en España. No es necesario modificar un Ministerio de Justicia ya instaurado en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera[2] y que de forma prácticamente ininterrumpida desde entonces se ocupa de impedir la separación plena del poder judicial.

Como parte de la estrategia reformista de la transición, y que da paso al régimen del 78, se encuentra el aparentar un distanciamiento y oposición a la persona del dictador anterior y de sus principales figuras políticas; pero no de su esencia, su concepción autoritaria y vertical en el ejercicio del poder monolítico del Estado, que se realiza desde arriba hacia abajo, en sentido opuesto a lo exigido por la propia etimología de la palabra democracia. Esta exigencia meramente cosmética, parte de la iniciativas del PSOE y de un Partido Comunista que, traicionando sus principios de la mano de Santiago Carrillo, abraza enceguecido a sus enemigos naturales para participar del botín. Un partido marxista que pasa así a convertirse en una facción monárquica estatal, con estética republicana como parte de su decoración y que finalmente deviene en la actual Izquierda Unida, al borde ya de su extinción.

 

Todos los partidos, prescindiendo de ideologías e intereses particulares, confluyen en las premisas expresadas anteriormente; esto es lo que se conoce como ‘el consenso’ del régimen español, el espíritu de la transición, el orgullo de todas sus facciones y de lo que se pretende presumir ante el mundo, como ejemplo de acuerdo pacificador y dominador de las masas. Una pretendida derecha política y una supuesta izquierda, integradas ambas en el Estado, monopolizando el debate y arrebatándole la libertad política a la sociedad civil.

Un paradigma político que otorga las libertades personales y que del mismo modo, si lo estima conveniente, puede quitarlas. Unos derechos individuales que, si bien son hoy más numerosos que durante la dictadura militar de la que nace el actual régimen, han sido otorgados y no reconocidos por la mal llamada Constitución. No surgen de la libertad política colectiva de la nación, sino de unas leyes dictadas por consenso y pactos entre la oligarquía, es decir, de los partidos o facciones estatales.

En el seno de este régimen y como consecuencia lógica de su expresión material, brota la corrupción propia de todo sistema oligárquico y que en España se constituye como factor de gobierno, necesaria e inevitable para poder desarrollar la lucha política dentro del sistema. Los efectos finales y espectaculares de esta causa, en forma de crisis económica y con unos niveles alarmantes de paro, son percibidos progresivamente por la masa gobernada, la sociedad civil, estallando en forma de una multitudinaria congregación de personas en la madrileña Puerta del Sol (el 15 de mayo de 2011) y que pasa a conocerse desde entonces, como el ‘Movimiento del 15M’.

Un movimiento, no del todo espontáneo, que surge desde la indignación del ignorante que percibe los efectos desconociendo su origen y que, por lo tanto, es incapaz de aportar soluciones ni de oponer resistencia a los partidos del Estado, que inmediatamente reaccionan facilitando la llegada de Ciudadanos y Podemos, liderados por Albert Rivera y Pablo Iglesias respectivamente.

Unos partidos que, con la misma estructura orgánica de los anteriores, recogen los votos de los descontentos con otros partidos y de algunos opositores al sistema, alejándolos así de la abstención que perjudica la base de sustentación de la oligarquía. De este modo, los mal llamados ‘partidos emergentes’ anulan nuevamente la expresión de la sociedad civil y la reconducen, como un perro pastoreando a sus ovejas, por el camino del franquismo del que todos ellos son herederos directos, a pesar de sus diferentes estéticas.

El difunto Movimiento del 15M cuyos únicos mensajes certeros fueron los de ‘no nos representan’ y ‘lo llaman democracia y no lo es’, ha desaparecido completamente de la escena política española para ser fagocitado principalmente por Podemos y, en su parte menos visible, por Ciudadanos. Los partidos, paradójicamente, resultan ahora representados en la sociedad civil por sus defensores, en sentido radicalmente opuesto a lo exigido por una democracia donde es la sociedad civil la que, a través de sus representantes electos, tiene voz legislativa dentro de la composición orgánica del Estado.

La única fuerza constituyente legítima en una democracia es la de la nación en su conjunto, la que surge a través de la libertad política colectiva y que establece la separación de los poderes para defenderse y protegerse de ellos.

Porque una nación donde sus ciudadanos no cuestionan el poder, sea cual sea la ideología o doctrina política de éste, jamás podrá asumir una verdadera democracia y siempre se encontrará a merced de las pasiones que mueven, obligatoriamente, a cualquier clase política que la dirige. Porque las clases sociales, las distinciones sociológicas, las desigualdades materiales y cualquier otra clasificación de las particularidades de los individuos que la componen, son posteriores y deben nacer como consecuencia de la libertad colectiva de toda la nación. Y no es posible el Estado sin una nación previa y anterior a cualquier Constitución digna de ser designada como tal.

El Movimiento 15M, como organización política de acción civil, sin aspirar a representación alguna en los partidos del Estado, debió haber abogado por la abstención activa como forma coactiva de protesta, la ruptura con el régimen actual y la consecución de un periodo de Libertad Constituyente, donde la nación entera pudiera diseñar y aprobar una verdadera Constitución que estableciera la separación de los poderes. Donde el pueblo legisla a través de sus representantes electos (elegidos por distritos, de forma uninominal y a doble vuelta, con mandato imperativo) y el gobierno (poder ejecutivo) ejecuta las acciones propias de este órgano. Donde se garantiza la independencia del cuerpo judicial (y que ni siquiera debería considerarse como un poder) y donde, en definitiva, el pueblo gobernado, la sociedad civil en su conjunto, se protege de la pasión de poder de la clase política que, de forma inevitable, termina habitando siempre dentro de los órganos del Estado.

Porque esto es lo que constituye la base de una verdadera democracia formal y lo que la convierte en la forma más justa y avanzada (históricamente) de garantizar la libertad política, la lucha de intereses y el equilibrio de las fuerzas en conflicto. Alejada de ideas utópicas e irrealizables. Porque nada que no sea decidible en una democracia puede ser materializado y la unidad de España no se puede decidir, es un hecho dado por la historia; anterior al Estado y a cualquier Constitución (o Leyes Fundamentales del Reino ampliadas que es en realidad lo que tenemos). El separatismo existente es, en realidad, estatalismo igual que lo fue franquismo.

 

Y ahora, corran… ¡corran todos a votar!

 

 

[1] Frases de dos discursos distintos de Benito Mussolini en 1927 y 1934

[2] Con el nombre durante la dictadura de Ministerio de Justicia y Culto y que, posteriormente, con la llegada de la II República, pasaría a llamarse simplemente Ministerio de Justicia.

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13 Comentarios en "El asesinato del Movimiento 15M"

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Gonzalo Alvarez

Los que queremos y sabemos TENEMOS que civilizar a las Organizaciones Empresariales,Partidos Políticos y Sindicatos,retirándolos del Estado.Ante la corrupción,desintegración,despìlfarro y falsedad de esta Monarquía borbónica antidemocrática,en las próximas votaciones,no elecciones,hay que practicar la ABSTENCION general para deslegitimar a todos los Partidos Políticos,succionadores del Estado,que niegan la democracia haciendo creer que en España la hay.Los españoles que quieran conquistar la libertad política tienen que AFILIARSE al M.C.R.C..

Isidro Fuentes García

Yo no digo que Podemos vaya a abrir un proceso Constituyente, lo q digo es q si se abre habrá sido gracias a la acción de detonante de Podemos(con su irrupción en las europeas de 2014) sobre el R78.Porque para implantar un nuevo sistema político,primero hay q acabar, derribar el q hay.Eso es lo q esta haciendo Podemos de una u otra manera, y lo q no ha conseguido Trevijano en 60 años ni el MCRC desde q existe. Eso son hechos, al margen de que Podemos no conozca la libertad política, su acción es la que puede permitir que esta sea conquistada. Podemos es condición necesaria-aunque no suficiente-para abrir el proceso constituyente que nos pueda traer la democracia

Rompetechos

¿Y usted es…?? Porque opiniones si, eso tenemos todos… Decir esta sandez es como decir que gracias a la corrupción del Partido Popular España alcanzará la democracia.

Pero en fin, siga usted OPINANDO alegremente 🙂

Atanasio Noriega

Gracias por su comentario Isidro Fuentes. No comparto su opinión

Ocol

El fallo del 15M no fue no abogar por la abstención activa, táctica de nula eficacia en las circunstancias actuales. El 15M no fue jamás un movimiento rupturista, y ahí estuvo el problema. Nació condenado a morir joven, al no tener un objetivo coherente con la realidad que lo generó.

Por cierto, igual no lo he interpretado bien, pero huelo un tufillo rancio en eso de que “la unidad de España no se puede decidir”. Desde luego Franco estaría más que satisfecho con esa postura.

En democracia se puede decidir todo aquello que no vulnere las libertades y los derechos fundamentales de las personas. Y una redistribución organizativa del territorio no vulnera derecho alguno. Es una mera cuestión administrativa.
Y si es un hecho histórico la existencia de España en 2016, igual de histórico sería la fragmentación de España en distintas unidades territoriales.
Y perfectamente decidible en una democracia.
Si la tuviéramos, que no es el caso.

Eso de las “democracias” donde se pueden decidir unas cosas, y otras no… a criterio de unos pocos… es nuestra realidad actual. Para eso no hace falta ni separación de poderes ni libertad constituyente. Ya lo tenemos.

Si merece la pena trabajar por una democracia real, es precisamente para que el Pueblo pueda decidir.

Atanasio Noriega

Gracias por su comentario Ocol.

Si huele un ‘tufillo’ rancio, tal vez deba limpiarse la nariz. Vuelva a leer usted el texto y comprenderá el porqué Franco no estaría satisfecho con esta postura. Creo que no ha comprendido lo escrito.

En la democracia se puede decidir cualquier cosa que sea decidible. Lo indecidible no se puede decidir. Pero en fin, ya irá usted comprendiendo con el tiempo y la lectura. El ‘derecho a decidir la nación’ no existe ni existirá jamás en política; pero no porque yo lo diga, sino porque es un imposible metafísico y que jamás ha ocurrido en toda la historia de la humanidad.

Un cordial saludo!

Ocol

Allá donde el derecho a decidir la nación no ha existido ha sido no por imposibilidades metafísicas, sino por un factor muy terrenal: el mero uso de la fuerza.

En Escocia o en Canadá se realizaron sendos referéndum para “decidir la nación”. Otro tema es que estuvieran más o menos amañados o se utilizara el miedo para condicionar el resultado, pero hacerse, se hicieron.

Esa parte de la historia de la humanidad, bastante reciente, por otro lado, parece usted no conocerla, Sr. Atanasio. Tal vez debería leer más.

Álvaro

Estimado Ocol.
Si pone como ejemplos a Canadá y Reino Unido, al menos espero por su parte que entienda que son paises serios donde se cumplen las leyes y se respeta a la oposición. Lo que sucede en Cataluña, está muy lejos de la realidad anglosajona, aunque, dada la vanidad del nacionalismo catalán, creen estar a primer nivel “democrático”. Quiero decir que donde se está coaccionando al disidente, no se puede celebrar ningún referendo válido.

Ocol

Me encantaría comentar las diferencias entre la realidad política española y la inglesa, la canadiense, o la de otros muchos países donde el de mediocridad política está bastante por debajo de lo que hay en el nuestro. Y la de otros donde la cosa está todavía peor.
Pero ese es otro debate.
Y hay que cerrar un tema antes de abrir otro.

Estábamos en que los casos de Quebec o Escocia lo que demuestran es que un referéndum para “decidir la nación” no es ninguna imposibilidad metafísica, como afirma absurdamente el autor de este artículo.

Y en consecuencia, y coincidirá conmigo en ello, Álvaro, el colofón de este artículo, con esa defensa totalitaria de la Unidad de España, por decreto, tiene un tufillo rancio a franquismo que tira de espaldas.

P.D. Una noticia sobre la seriedad y el respeto del Reino Unido:
http://www.eldiario.es/theguardian/Londres-ONU-violaciones-derechos-Bahrein_0_486801541.html?utm_source=eldiario.es&utm_campaign=2b330b75ae-2016-02-21-Adelanto-Users&utm_medium=email&utm_term=0_10e11ebad6-2b330b75ae-56472557

A. Luis

Usted tiene una confusión total de ideas. Una nación no es decidible, o se es Nación o no se es. Escocia no votó ser nación, lo era antes de votar, por eso su acuerdo con UK preservaba su derecho a la separación . El Acta de Unión.

En cuanto a Quebeq, es la propia constitución del Estado canadiense -un Estado federal- la que permite la separación de los ESTADOS, puesto que la soberanía YA se encuentra dividida en su origen. En todo caso, Quebec no vota ser una nación, vota ser independiente, y es la historia -la estabilidad de las fronteras, la unidad del sujeto constituyente, el mantenimiento de su soberanía- la que con el tiempo determinará si Quebec es una nación.

Por otro lado , el concepto de pueblo o nación entendida como grupo cultural e histórico homogéneo sin soberanía propia, es un concepto sobre el que jamás se ha consensuado el debate -con la excepción de las colonias- . Es por ello que la propia ONU, aunque hace una declaración de intenciones amplia sobre el derecho de autodeterminación de todos los pueblos, después no puede concretar más allá de las colonias, que sí son una realidad definible y consensuable. Fuera de ellas, el establecimiento de qué es un pueblo o de una nación sin soberanía propia depende exclusivamente del interés del grupo que lo invoca, y ese criterio no se puede utilizar para crear derecho sin caer en el absoluto caos.

A. Luis

Por cierto. El derecho de autodeterminación -que no existe más allá de colonias y minorías étnicas oprimidas- es una vulneración de los derechos de las personas que comparten soberanía, pues convierte en extranjeros a parte de la población en su propio territorio y le arrebata su capacidad de decisión. Es decir, un vecino de la frontera de Aragón con Cataluña comparte soberanía hoy en Gerona como uno de Tarragona. Qué derecho tiene uno de Tarragona, a votar para quitarle su soberanía compartida al de Aragón?

Un nacionalista dirá que es que son un pueblo, pero el criterio de pueblo es algo subjetivo que depende del que lo invoque. Es la lengua? Es el baile regional el que determina que se es una nación? La realidad es que muchos de los que votarían en Tarragona no formarían parte de esa “nación cultuiral” y que la identidad de las comunidades que conforman España existe porque han estado dentro de España. Si Cataluña se hubiera mantenido en Francia tras la guerra de los Segadors seguramente sería otra comunidad, donde el catalán se hablaría mucho menos y tendría mucho menor autogobierno. Sus élites prefirieron España pues no tenían la soberanía. No se puede despedazar la historia por partes , hay que tomarla como un todo.

José María Quintana

Solo decir desde mi desconocimiento político, que me ha parecido un artículo estupendo.
He podido leer por un lado lo que pienso y no sé plasmar claramente así que para mi, ha sido como un desagravio y una reconciliación entre mi pensamiento enclaustrado y su liberación, al verlo escrito.
Me ha ordenado las ideas y a muchos les ayudaría a entender mejor la situación actual. Espero que llegue a muchas personas. Enhorabuena.

Walter
Interesantísimos los temas que propone y desarrolla D. Atanasio en sus magníficos artículos, siempre a pie del cañón y dando en el clavo con certeras palabras contra este régimen enemigo de la libertad. Cuando ocurrió el movimiento de los indignados del 15-M yo no conocía entonces a D. Antonio García-Trevijano, pero entonces era abstencionista convencido desde hacía años (sin conocer pero intuyendo las verdaderas causas de mi abstención, que descubrí gracias a los análisis de D. Antonio). Nunca participé en este movimiento, pero veía con expectación a ver en qué desembocaban estas movilizaciones que hacían frente a la autoridad. Pensaba que al final iban a realizar una serie de peticiones antes de desmovilizarse, como en el caso de una huelga indefinida de trabajadores, cosa que no sucedió. Todo se quedó en reivindicar el “derecho a la pataleta” de unos jóvenes indignados externamente a causa de la corrupción e indignados internamente a causa de su propia ignorancia de la política. Adentrándonos en el tema del movimiento 15-M, los que lo formaban y lo apoyaban, ¿quiénes eran? ¿A qué tercio pertenecían? ¿Eran rupturistas o reformistas? Desde luego no al tercio oligocrático, jamás tirarían piedras contra su propio tejado promoviendo lemas aparentemente rupturistas como “no nos representan” o “lo llaman democracia y no lo es”. Echando la vista atrás, pienso que los que lo formaban eran los mismos jóvenes que votaron a Zapatero en 2004 y que le transmitieron el mensaje de “no nos falles” cuando consiguió entró en la Moncloa por primera vez, con la esperanza de que pensaran en ellos. No fue hasta bien entrada la crisis económica cuando se hizo evidente, y así lo manifestaron públicamente, que les había fallado (téngase presente que el 15-M se produjo durante la presidencia de Zapatero). Con sus movilizaciones estos jóvenes desencantados manifestaban que no volverían a votar al PSOE (de votar al PP, ni hablar), por lo que sólo les quedaba dos opciones: la abstención o votar a partidos minoritarios. Es decir, opciones contra lo que llamaban el bipartidismo PP-PSOE. De ahí se puede entender que ambos lemas denunciaban el bipartidismo y no el régimen propiamente dicho. Todo esto reforzado con otro lema conformado por el movimiento DRY (Democracia Real Ya) como era “no les votes”, que entiendo también se refería al bipartidismo (si hubieran sido abstencionistas hubiera bastado un sencillo “no votes” o “abstencion”). Es decir, no podían ser rupturistas, todavía creían… Leer más »
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