Necesidad de una auténtica policía judicial

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Mientras la dotación de efectivos policiales se convierte en asunto de constante conflicto entre administración central y autonómica, la inexistencia de una auténtica policía judicial sigue ausente en el debate público oficialista de este estado de poderes inseparados. Nos hemos acostumbrado al “run run” de las reivindicaciones de los responsables periféricos de la seguridad ciudadana, pidiendo al Delegado del Gobierno de turno (sobre todo si es del partido rival), cuatro o cinco mil agentes más para atajar la delincuencia local.

Ese ruido de fondo contrasta aún más con la ausencia tanto en el CGPJ, como en las asociaciones profesionales de jueces, de la exigencia de una auténtica Policía Judicial, solo dependiente de jueces y magistrados en el ejercicio de su función jurisdiccional. No es casual, se trata de un debate ausente porque ni a unos ni a otros le preocupa la independencia de la función jurisdiccional. Asumen la existencia del poder único que les crea, dividido solo orgánicamente, y aceptan  con gusto el desempeño del rol asignado.

En la actualidad, la Policía Judicial no es un cuerpo propio, sino la simple designación nominativa de unas cuantas unidades de Policía Nacional y Guardia Civil, asignadas funcionalmente a determinados Juzgados, pero dependientes orgánica y presupuestariamente del Ministerio del Interior, como el resto de las dedicadas al mantenimiento del orden público.

Así las cosas, resulta impensable que el Juez instructor investigue y controle con mínimas garantías las conductas ilícitas que nacen en el seno del Estado, pues los instrumentos que para ello tiene dependen en su organización, medios y economía de aquellos a quien supuestamente también deben investigar y controlar.

No solo los partidos, el CGPJ y las asociaciones profesionales de jueces omiten la cuestión, también los sindicatos policiales, fieles cumplidores de su función de sindicatos del Estado, contentos del papel asignado en el seno del mismo. Solo la Sociedad Civil puede denunciar la realidad de lo evidente, de la inexistencia de poderes separados y los múltiples resortes del Estado de partidos para ahogar cualquier posibilidad de Justicia independiente.

El ejercicio de la fuerza por una autoridad pública, que se vigila a sí misma, resulta ilimitada convirtiéndose en simple represión, cuando no en directa garantía de impunidad de los poderosos.

Para la existencia de una justicia independiente resulta imprescindible la existencia de una auténtica Policía Judicial, únicamente dependiente de jueces y magistrados, bajo la dirección y organización de estos y dotada presupuestariamente por un Órgano de Gobierno de los Jueces, auténticamente independiente y separado de los poderes políticos.

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Pedro M. GonzálezTeresa CepedaRaúl Cejudo González Comentaristas mas recientes
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Raúl Cejudo González
Raúl Cejudo González

Das en el clavo una y otra vez, estimado Pedro. Con tus artículos se puede hacer un manual de derecho que sería imprescindible para futuros juristas. Estoy de acuerdo contigo en todo. Con una policía dependiente de un único poder, cómo van a poder los jueces ordenarles que vigilen o detengan a sus verdaderos jefes… Impensable.
Un saludo

Teresa Cepeda
Teresa Cepeda

Estoy de acuerdo, Pedro. Asuntos internos dentro de la POLICÍA, es un grupo de policías que también se pudiera dar el caso que cayeran en la corrupción, o incluso, mirar para otro lado en casos de altos mandos corruptos. Si hasta el DIRECTOR DE LA POLICÍA es un cargo político nombrado a dedo por el partido que en ese momento esté gobernando.
Que altos mandos que nunca salen de sus despachos a “jugarse el tipo” reciban UNA CRUZ AL MÉRITO POLICIAL CON DISTINTIVO ROJO Y PENSIONADA incrementando un 10% más su salario. Eso, también es corrupción, y malversación del erario público, que al final somos los que pagamos.
Los sindicatos policiales cobran cuotas de sus afiliados, pero también reciben subvenciones del Estado. Por eso, el ESTADO es una CLOACA, y sin separación de poderes los tiene a todos controlados y supeditados.
¡Un saludo a mis repúblicos valientes!