Pedro M. González

PEDRO M. GONZÁLEZ

La vida pública dejó de ser atractiva a los profesionales honestos y válidos, que reniegan de la gran mentira de este estado de poderes inseparados. Unos sucumben al tedio, fruto de la resignación avinagrada, en una función pública cuyos usos les asquean. Otros se refugian en una carrera personal a la que dedican por entero sus fuerzas sabedores de la inanidad de su talento en el rumbo del reino de la corrupción.  A todos ellos los escrúpulos les impiden otro medio de participación en la vida pública que no sea su activa inhibición.

 

La personalidad política e institucionalmente relevante se alcanza por la promoción a través del pactismo y el comportamiento cínico. Y como sin separación de poderes la Justicia es sólo parte de la política, sometida a sus dictados, la promoción personal requiere de estómagos a prueba de bomba. Los Garzón, Dívar, Conde-Pumpido, Sala, y demás familia se convierten en modelos arquetípicos del desprestigio de la Justicia en el común de la ciudadanía, que los pone como ejemplos de su decepción y muestrario de varas de medir de distinto tamaño. Lo contrario al concepto de Justicia.

 

 

José Manuel Gómez Benítez, Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Complutense de Madrid, abogado y amigo personal de Baltasar Garzón fue vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a propuesta del PSOE. Presentó su dimisión al considerar que el sistema mediante el que él mismo resultó elegido como miembro del CGPJ se encontraba politizado, describiendo al órgano de gobierno de los jueces como simple fruto del mercadeo de los partidos. Sus compañeros, tras calificar su actitud como “berrinche infantil”, no aceptaron la dimisión. Y allí se quedó hasta el final de su mandato en una dimisión en grado de tentativa, sujeto pasivo de honores y emolumentos.

 

 

Posteriormente la prensa sacó a la luz la intervención directa de Gómez Benítez en las negociaciones frustradas con ETA durante la última tregua, figurando con fruición en diversa documentación incautada a los últimos terroristas detenidos  como representante del Gobierno en aquellas negociaciones. Es la imagen del éxito en el escalafón de la Justicia española. Iconos y adalides de la inseparación, donde el comportamiento personal no precisa ser adjetivado más que por el servicio a la Razón de Estado en lugar de por el mérito y la capacidad.

 

P.D.- Ahora es el último fichaje de Pablo Iglesias. Desde luego que PODEMOS.

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