MARIANO FRANKENSTEIN

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PACO BONO SANZ

Los  nacionalistas catalanes defienden su derecho a decidir. Según ellos, los catalanes han de poder elegir entre si quieren seguir siendo españoles o no. Este discurso, propio de todo nacionalista, cuya única aspiración es la constitución de su propio Estado para la continuidad de su proyecto totalitario y del saqueo con impunidad, no sorprende nada de boca de un personaje como Artur Mas. Pasando por alto todos los argumentos políticos, históricos y filosóficos que invalidan el derecho a decidir del “President de la Generalitat”, su muy honorable señoría olvida que la renuncia a lo español conlleva también la renuncia a lo catalán. No es usted catalán y español, sino que es español por su condición de catalán. Condición, por cierto que no ha elegido usted, sino que le ha sido dada sin su consentimiento, al igual que su apariencia física, cada día más deformada por su ridícula lucha contra usted mismo.

 

La otra parte, el clon de la Moncloa, Mariano Rajoy, un hombre incapaz de tomar medidas de Estado, un servidor del Estado, oligarca, sometido a la ley de hierro de los partidos y a la corrupción sistemática, mantiene la tesis “orteguiana” de que sólo existe el derecho a decidir si toda la población española vota en un referéndum de ámbito nacional. Gravísimo error. Como bien dice Don Antonio García-Trevijano: incluso el propio Renan, de quien Ortega y Gasset tomó su teoría, afirmaba que el único derecho que no tiene la Nación es el de suicidarse. ¿Alguien se lo ha explicado al jefe de la oligarquía española? ¿Hay algún periodista de los medios hegemónicos que se atreva a decir la verdad sobre este asunto?

 

Me propongo, en este artículo, el desarrollo de una hoja de ruta (utilizo esta expresión para adoptar el lenguaje oficial de los vividores del Estado) del derecho a decidir nacional. Pasemos por alto la realidad objetiva de la Nación Española, pisoteemos toda la ciencia política y su pensamiento, incluido a Renan, y supongamos que se haya de realizar el cacareado referendo nacional para decidir sobre nuestra existencia como españoles. El plan se llamaría: “Operación Frankenstein”. Y no crean que me he vuelto loco, sino que me he adentrado en la locura colectiva de esta oligarquía que domina el Estado y desgobierna a la Nación.

 

La primera pregunta sería: ¿por qué esta generación de españoles y no otra habría de gozar del derecho a decidir sobre la existencia de España? Lo que jamás se ha proyectado ni decidido, sino que ha sido fruto de los hechos de la historia, de la voluntad y del azar, de las guerras, matrimonios, ambiciones, luchas de poder internas y externas, ¿cómo puede someterse a la voluntad sin contar con todas las generaciones de españoles desde los Reyes Católicos? Habrá que proponerle al Señor Baltasar Garzón que solicite el certificado de defunción de millones de españoles que lo fueron durante cinco siglos sin haber sido preguntados por ello. Una vez recabados los nombres y los certificados de todos los habitantes sin excepción cuya identidad nacional haya sido la española, se debe proceder con el estudio y desarrollo de un proyecto de resurrección colectiva con el objeto de que la suma total de españoles pueda decidir sobre su existencia. Así pues, Mariano Rajoy, el adalid del derecho a decidir de los españoles, podría ser bautizado como Mariano Frankenstein. Sólo con la resurrección esta locura tendría al menos legitimidad. Aún así, habría que repetir el referendo todos los días, porque también han de opinar los que están de camino y los que vendrán.

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