Jesus Murciego

JESÚS MURCIEGO

El pasado 26 de Octubre tuvo lugar la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, que arrojaron el resultado que fue conocido a los pocos minutos del cierre de urnas, de la victoria de la Presidenta Rousseff, conocida en el país simplemente como Dilma, con un margen de un 3%, la mayoría de los electores ratifico su confianza en la actual gestión del país.

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Su rival, que obtuvo una gran progresión en el porcentaje de votos respecto a la primera vuelta, ya que contaba con el apoyo de la tercera en disputa, Marina da Silva, que le ofreció el apoyo para derrotar a la líder de un ejecutivo, en el que ambos habían sido ministros.

A los pocos días de conocer el resultado, nos sorprendía el expresidente Luiz Inacio Da Silva, conocido popularmente como Lula, con el anuncio de su intención de candidatarse a las próximas elecciones por su partido, el PT, queriendo reeditar lo hecho por Putin en Rusia, y carisma y apoyo popular no le faltaran.

Volviendo a la ganadora de las elecciones, al analizar su política vemos una gran tendencia socialdemócrata, aunque en sus raíces el partido de los trabajadores tenia un mayor componente socialista y revolucionario. Recordemos que la actual presidenta fue guerrillera en los tiempos de la dictadura. En las ultimas décadas experimentó un fuerte giro hacia lo que podemos considerar en Europa como SocialDemocracia, respetando casi siempre la libertades individuales e interviniendo bastante en algunas áreas de la economia, a veces con monopolios como es el caso de la Petrobras, asolada recientemente por una fuerte corrupción.

También tenemos el componente netamente sudamericano, el perfil bolivariano común a muchos regímenes políticos de la región, caracterizado, por un vociferante antiamericanismo,  sin dejar de ser este el principal socio de la mayoría de ellos, apoyo entre si, Dilma ha sido fuertemente apoyada por Maduro y otros regímenes y un ideal, aunque puesto en practica a muy diferente ritmo, un socialismo del siglo XXI, del que afortunadamente en Brasil, apenas se ven indicios, es verdad que cada día son más, pero aun nada que inquiete las libertades recuperadas no hace mucho.

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Es difícil definir perfiles ideológicos en regímenes políticos tan marcados por la corrupción, ya que la gente no deja de votar al corrupto, simplemente vota al que le parece menos corrupto. A pesar de haber una gran polarización en la izquierda social, la mayoría de la población vota y sostiene al sistema por razones mas simples:

  • Es obligatorio el voto. En Brasil el derecho al voto a sido convertido en un deber cívico, que puede costar sanciones, multas y hasta la perdida del pasaporte.
  • Existe la percepción del que el país ha mejorado en los últimos años, especialmente desde la llegada de Lula y la entrada en el grupo de los BRICS
  • Las redes clientelas son muy antiguas en este país, algunas se remontan a los tiempos de la colonización, y son como redes en las que han caído familias enteras que son coaccionadas a votar a cierto candidato para mantener sus empleos, beneficios sociales e incluso posición social dependen de este voto cautivo.
  • La pobreza, que es endémica en amplias zonas del norte y nordeste del país da fuerza a las opciones mas asistencialistas, y esta es sin duda la gran baza del PT y su megaprograma “Bolsa Familia”, que arrasa en esas zonas. Sin embargo no triunfa en el estado de Sao Paulo, principal destino de la masiva inmigración de las regiones pobres.

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Así pues, a principios del próximo mes de enero, se abrirá otro cuatrienio con el PT en el poder, y Brasil encarando una dura crisis económica en ciernes y una corrupción interna en alza y en medio de esta legislatura se celebraran los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro, será un escaparate ante el mundo para mostrar de lo que es capaz el gigante sudamericano.

MCRC

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